|
Ernest Miller Hemingway, ilustre
e importantísimo escritor
norteamericano, toca tierra
cubana por vez primera, a bordo
del vapor Orita, unos
meses antes de cumplir los 28
años.
Cierto que solo estuvo de paso
en esa ocasión, pero este breve
espacio de tiempo marcará un
hecho importante para su vida y
lo será, posteriormente, para su
obra.
Fueron 12 en total los viajes
realizados a Cuba por Ernest
Hemingway entre el primero (1º
de abril de 1928) y el último ya
con todas sus pertenencias (24
de diciembre de 1939). Vale
destacar que desde mayo de este
mismo año, él y Martha Gellhorn,
quien se convertiría en su
tercera esposa, habitan en Finca
Vigía.
Hemingway conoció muy
profundamente Cuba. La Habana y,
muy en especial Finca Vigía y el
pueblo de Cojímar, representaron
para el escritor su
consolidación como artista, su
reafirmación como ser humano, su
identificación con el pueblo
cubano y su idiosincrasia. Y es
en Cuba donde perfeccionó una
disciplina extrema en su labor
creativa. Es también el sitio
desde donde obtuvo lo mejor en
su vida como creador, el Premio
Pulitzer (1953) y el Premio
Nobel de Literatura (1954) por
la obra de la vida pero,
fundamentalmente, por El
viejo y el mar. "Siempre
tuve suerte escribiendo en
Cuba", afirmó una vez.
En su bibliografía pasiva,
lamentablemente, todavía Cuba se
menciona demasiado aprisa,
restando la importancia que
realmente tuvo su estancia en
nuestro país para el escritor.
Se ha escrito, a menudo, incluso
por autores cubanos, sobre la
falta de contacto de Ernest
Hemingway con la intelectualidad
cubana. Inclusive se le impugna
el desconocimiento de la obra de
otros artistas contemporáneos de
La Habana.
Gabriel García Márquez, en el
prólogo que escribe al libro
Hemingway en Cuba, de
Norberto Fuentes,
expresa: “No hay indicios de que
hubiera intentado alguna vez
hacer algún contacto con el
ambiente intelectual y artístico
de La Habana, que en medio del
envilecimiento oficial y la
concupiscencia pública seguía
siendo uno de los más intensos
del continente”.
Como este Hemingway continúa aún
desconocido, con estas
aproximaciones al tema solo
pretendemos dar a conocer
algunos aspectos ni tan
conocidos ni tan divulgados por
los principales biógrafos del
autor norteamericano, aunque sí
tratados de alguna manera, en
los últimos años, por algunos
críticos e investigadores
cubanos de la vida y la obra del
escritor norteamericano en Cuba.
En el pueblo de Cojímar,
inmortalizado en su genial El
viejo y el mar, su memoria
está perpetuada no solo en el
busto del escultor José Boada
sino también en la memoria
histórica de ese sitio. Y en San
Francisco de Paula, a solo 12 ½
kilómetros del centro de la
capital, se encuentra Finca
Vigía donde continúa vigente la
figura de aquel americano que
permitió a los niños pobres del
pueblo jugar con sus hijos,
formar parte del equipo de
pelota Las estrellas de
Guigui y donde también
asistiera, algunas veces, a misa
en la pequeña Ermita del pueblo.
Su vida en Cuba transcurre,
fundamentalmente, entre estos
dos pueblos: San Francisco de
Paula y Cojímar. Sitios donde la
pobreza campeaba por sus
respetos y donde cada uno de sus
habitantes debía luchar por la
subsistencia diaria. Y los
muchachos de aquella época, en
ambos sitios, recuerdan los
esfuerzos que ocasionalmente
brindaba para aliviar de algún
modo sus diarios problemas.
Reconocer cuánto conocía de las
costas cubanas, muy
especialmente de la
noroccidental, de las especies
de peces que aún pueblan sus
aguas, es un honor que merece el
escritor, quien fue a la vez
excelente pescador y buen piloto
de altura.
Reconocer también que en su
Biblioteca de Finca Vigía sí
está presente la obra de autores
cubanos, es un modo de ser
justos con el Hemingway que aún
muchos desconocen. Hemingway
siempre se mostró fiel a la
amistad: “los escritores cubanos
Enrique Serpa, Fernando G.
Campoamor y Carlos Montenegro
elogiaban la generosidad,
lealtad y camaradería del gran
escritor".
Con ellos compartió momentos
especiales de su vida: gustos
literarios, similitud en algunos
temas tratados, la pesca a bordo
del Pilar.
De Serpa permanecen en los
libreros de la Biblioteca de
Ernest, en Finca Vigía, las
primeras ediciones de sus obras,
algunas de ellas dedicadas al
escritor norteamericano.
Noche de fiesta, Contrabando, La
Trampa, Norteamérica en guerra
y Presencia de España,
por solo citar alguna de
ellas.
|
 |
Es necesario adentrarse aún más
en estos aspectos que tan
profundamente ligan a Hemingway
con la literatura cubana. Es en
la crónica En las aguas
azules (1936) donde se
refiere por primera vez al tema
que desarrollará finalmente en
El viejo y el mar (1952).
Este antecedente ha sido
señalado por dos críticos
cubanos: Mary Cruz
y Luis Rafael
Hernández.
Este último revela con acierto
que Enrique Serpa,
en el cuento “La aguja”
(publicado en la revista
Carteles el 6 de mayo de
1934) narra la historia de un
viejo pescador, quien a pesar de
sus salidas diarias al mar no
lograba llevar a bordo aguja
alguna. El pescador se hace
acompañar de su hijo Carlos.
Padre e hijo insisten en la
faena hasta encontrar “un
hermoso castero” con el que
entablan una pelea definitiva
que les cuesta la vida. Tengamos
en cuenta la fecha del cuento de
Serpa y la crónica de Hemingway:
“La aguja” (1934) y “En las
aguas azules” (1936).
“La aguja” y El viejo y el
mar coinciden en el tema.
Hay una diferencia de 18 años
entre una y otra obra, a favor
de Enrique Serpa. También la
novela Contrabando (1938)
de Serpa, posee
algunos puntos de contacto con
To Have and Have Not
(1937) de Ernest Hemingway. En
esta la diferencia es de un año,
a favor de Hemingway.
No pretendo ni remotamente
sugerir que una u otra fueran
producto de plagio literario.
Nada más alejado de la realidad,
sobre todo si tenemos en cuenta
que entre la fecha de
publicación de una obra y el
período en que está siendo
creada por el escritor puede
mediar muchísimo tiempo. Lo que
pretendo probar es que ambos
escritores estuvieron en
estrecho contacto, hay mucha
coincidencia entre ellos y,
además de la amistad que se
profesaron mutuamente, también
se entendieron a la perfección
en el plano literario.
Estilos y tesis en ambos autores
difieren pero, sin lugar a duda,
lograron el reflejo auténtico y
legítimo de la realidad cubana.
Hemingway y Serpa escriben de lo
que conocen, algo que Hemingway
repitió en muchas oportunidades.
Uno y el otro viven y participan
de algún modo en la realidad
histórica, política y social de
la Cuba de los años 30. La pesca
es una afición que comparten y
conocen profundamente, luego es
lógico que coincidan en muchos
aspectos de su vida y su obra.
Ambos fueron periodistas
impenitentes. Ambos fueron
escritores de éxito que
resultaron galardonados por su
obra literaria.
Hay similitud en el estilo
descarnado y brutal y la
determinada tendencia pesimista
utilizados por ambos escritores
en su narrativa. El estilo
literario de Lino Novás es
realista, rico y contradictorio.
Según Max Enríquez Ureña, su
técnica es novedosa y recuerda a
Ernest Hemingway.
Pero tenemos también otro autor
cubano no menos importante en la
vida de Hemingway en La Habana y
en sus contactos con los
escritores del archipiélago
cubano. Me refiero a Carlos
Montenegro,
quien insertado en la vanguardia
del siglo XX, mantiene en su
obra cierto objetivismo,
determinada influencia del
naturalismo válida para esa
generación, pero que en algunos
aspectos no es posible
establecer una barrera entre el
naturalismo y el realismo.
De su experiencia en prisión
sacó provecho. Allí escribió
El remero y otros cuentos
(1929) y, además, fue
capaz de trazar toda la trama de
Hombres sin mujer (1938),
novela en la que denuncia el
sistema penitenciario existente
en Cuba en esa época y su obra
más famosa, no solo por la
trascendencia de la acusación
sino también por la repercusión
que esta tuvo en diferentes
clases de la población cubana.
Es el destino difícil de ese
hombre sencillo y humilde que
atrapado por las normas de la
sociedad comete un delito y va a
parar a la cárcel. Pero allí las
propias autoridades y el sistema
existente permiten que el abuso
de poder lo oprima y destruya.
Muestra, crudamente, cómo la
ausencia de un régimen
carcelario más humano,
posibilita el abuso sexual de
los más débiles por los más
fuertes y la eliminación de
aquellos que se resisten al
hecho. Un ejemplar de esta obra
reposa en otro de los libreros.
Hombres sin mujer
(1927), es el segundo libro de
cuentos publicado por Hemingway.
A pesar de la coincidencia de
títulos entre ambos autores y la
diferencia de años entre la
publicación de uno y otro texto,
nos enfrentamos a un enfoque
diferente. En ambas obras el
hombre carece de suerte, se
mueve dentro del desarraigo y la
desolación. El hombre está
atrapado en un callejón sin
salida. Pero Hemingway solamente
comunica al lector lo que está
sucediendo a sus personajes.
Por supuesto, no todos los
autores cubanos que tuvieron
contacto con Hemingway
disfrutaron del raro privilegio
de su amistad, aunque se mostró
respetuoso y considerado con
aquellos conocimientos que
engrandecían a estos. En uno de
sus libreros de Finca Vigía
descansa un tomo de un autor,
olvidado incluso por los cubanos
y que muchos desconocen en la
actualidad. Lo salva de esta
ignorancia total el Diccionario
de la Literatura Cubana.
Me refiero a Juan Manuel Planas
y su obra La corriente del
Golfo (1920), cuya primera
edición aparece dedicada por el
autor a Ernest Hemingway, y
fuera la primera novela de
ficción científica escrita en
Cuba. Su obra, que no goza de la
mayor calidad artística, es
fruto de un científico cubano
que se dedicara a las ciencias y
fuera un buen conocedor de la
geografía y los mares que rodean
a la isla de Cuba, aspecto nada
alejado de los intereses de
Ernest en nuestra isla.
Norberto Fuentes señala la
“notable ausencia de arte cubano
en las paredes de la casa de
Hemingway”.
Sin embargo, desde nuestro punto
de vista esta ausencia no es
sinónimo de desconocimiento.
Cómo explicar entonces su
amistad con Antonio Gattorno, el
pintor cubano. Para él escribió
una monografía bajo el título de
Gattorno.
Este trabajo deviene un
excelente análisis de la
situación social y económica que
enfrentaban los artistas cubanos
de la plástica en aquella época.
Luego de detallarnos el largo
viaje de estudios que durante
siete años realizara el pintor
por el continente europeo
penetra en el mundo de este a su
regreso a Cuba y nos revela que
“No pintó negros, ni rumbas
porque no quería invadir los
dominios de la música. Pintó a
los habitantes de una isla
larga, triste, de verdor
exuberante… Luego todo terminó;
porque Cuba es un lugar más para
dejarlo que para regresar a él…
Porque un pintor no puede
ganarse allí la vida”. Luego
acota que, sin embargo, debe
regresar a Cuba: “Porque él
nació allí, y todo artista debe
al lugar que más conoce
destruirlo o perpetuarlo”.
Recordemos que recién en 1933
había sido derrocada la tiranía
de Gerardo Machado y el país
enfrentaba una dificilísima
situación tanto política como
económica, percibimos entonces a
un Hemingway buen conocedor de
la pintura y la realidad cubanas
pero, a la vez, con dominio del
desarrollo de la música.
Recordemos que el escritor ha
estado en constante contacto con
la situación política cubana. Su
interés lo lleva a pedir al
periodista norteamericano del
Havana Elegant, Dick
Amstrong, que lo mantenga
informado sobre todo lo que se
publica con relación a esta y le
remita la mayor cantidad de
recortes de prensa con esta
información.
Otros autores cubanos también
tuvieron contacto con Hemingway,
entre ellos Nicolás Guillén,
Poeta Nacional de Cuba, y Alejo
Carpentier,
galardonado con el Premio
Cervantes. El primer encuentro
transcurre en el París de los
años 30. El segundo, en España,
durante la Guerra Civil
Española.
En el caso de Nicolás Guillén
hay un tercer encuentro
importante y este tiene lugar en
Finca Vigía, durante la visita a
Cuba de los poetas españoles
Rafael Alberti y su esposa María
Teresa León, en 1960, a raíz del
triunfo de la Revolución Cubana.
Carpentier incluso compara a
Hemingway con el periodista y
escritor cubano Pablo de la
Torriente Brau,
muerto en Majadahonda durante la
Guerra Civil Española, al
considerar que el estilo de
Pablo tenía muchos paralelos con
el “estilo brutal” de Hemingway.
Existen en Cuba algunos estudios
realizados con relación al
estilo de ambos escritores.
Indudablemente el archipiélago
cubano resultó muy importante en
la consolidación artística de
Ernesto. Su obra madura, en la
que muestra su consolidación
artística y literaria, fue
concebida en Cuba. Es justamente
en Cuba y con El viejo y el
mar, la obra más cubana de
Ernest Hemingway, con la que
logra los mejores y mayores
lauros, aquellos con los que
sueña cualquier escritor: el
Premio Pulitzer, en 1953 y el
Nobel de Literatura, en 1954.
Pero tampoco debemos dejar de la
mano que en toda su obra
“cubana” siempre está presente
el aspecto humano que le
permitió su identificación con
el pueblo de Cuba.
|
 |
Otro aspecto a tener en cuenta
es la presencia de la Mayor de
las Antillas en una buena parte
de la obra hemingwayana. A veces
está presente de modo
subliminal, otras es mucho más
directa. Cuando, cubanos al fin,
releemos la obra de Ernest,
vamos reencontrando la
recreación de hechos que se
relacionan con la historia de
Cuba antes de 1959. En muchas de
sus crónicas aborda el tema
cubano, sobre todo en aquellas
vinculadas al mar y a la
abundante pesca existente. Pero,
indudablemente, a partir de su
estancia en Cuba, esta siempre
estuvo presente en su obra.
En Las verdes colinas de
África (1935), aparece un
enorme parlamento donde habla de
la sufrida isla de Cuba. Al leer
La Quinta Columna (1938),
su única obra de teatro, vuelve
Cuba a tomar un espacio en el
escenario. En Nadie muere
nunca, toda la descripción
se corresponde con Cuba. Nos
percatamos que los hechos tienen
lugar en la Isla, aunque nunca
se dice explícitamente.
Resulta increíble que en los
cuentos “I Guess Everything
Reminds You of Something”
y “Greats News from the Mainland”
la proximidad al paisaje
cubano haya pasado desapercibida
por largo tiempo. Y este
descubrimiento se lleva a cabo
por un joven investigador
camagüeyano, Carlos Peón.
La causa más inmediata se
vincula con la inexistencia de
una traducción, al menos en
Cuba, por lo que Peón decidió
hacerla. Descubrió la cercanía
cubana que existía en estas
“…historias, de un Hemingway a
quien los cubanos también
consideramos nuestro.
Consideraré… en esta cercanía
los detalles de esa cubanidad
que pasa inexorablemente por
ambas historias, donde no falta
el hálito mágico y siempre
sugeridor de su hermosa Finca
Vigía”.
“En ambas, el paisaje cubano
transpira sugeridor, aunque en
una de ellas se haga de una
manera explícita (“Great News
from the Mainland”) y en
la otra quede ciertamente
implícito. Sucede como pocas
veces en la obra cuentística
hemingwayana, que los mismos
personajes habitan el mismo
espacio temporal de las acciones
narradas. Este detalle hace de
ambas narraciones un
continuum en el que el
paisaje referido tiene un peso
circunstancial para acomodar las
acciones de tales personajes. Y
ese paisaje es Cuba”.
Y ese paisaje, según Carlos
Peón, “…se refiere en ambas
narraciones al espacio vital de
Finca Vigía, del Hemingway,
narrador y alter ego
ineludible de uno de los
personajes retratados. El otro
es inevitablemente uno de sus
hijos, para mi gusto el siempre
controversial Gregory, fallecido
en 2001 en una cárcel de la
Florida”. Y, ciertamente,
cuando se leen los cuentos, una
va encontrando todos los
detalles de Finca Vigía: las
construcciones, la piscina, los
jardines y hasta los hábitos de
sus moradores.
El viejo y el mar,
la más importante, la más
premiada, la más madura, fue
pensada y creada en Cuba, “con
su gente de Cojímar”, como decía
Hemingway.
|
 |
Leer Islas en la corriente
nos permite adentrarnos en
La Habana de los años 40.
Hemingway nos conduce desde los
hechos de la crónica roja más
trascendentales de aquella
época: por ejemplo, el caso de
la descuartizada. Aquel hecho
conmovió a toda la capital y fue
comentado por la prensa y las
emisoras de radio de todo el
país. La descripción del paisaje
mientras viaja en auto desde
Finca Vigía hasta el centro de
la capital puede comprobarse
todavía hoy. Y una va
descubriendo cómo el ojo
incalculable de este hombre fue
capaz de plasmar hasta en los
detalles mínimos cuanto
encontraba a su paso. Descubro
desde una colina, por la Calzada
de Güines, una vista del
municipio 10 de Octubre con la
Iglesia de los Pasionistas de la
Víbora y me percato que es esta
la parte de la ciudad que le
recuerda a Toledo, pero no al
“Toledo antiguo sino al
moderno”. Es increíble.
Si continúo el viaje me enfrento
a Tallapiedra, sitio desde donde
se generaba la mayor parte de la
energía eléctrica. Aún se
mantienen activas algunas de sus
partes. Continúa en pie todo el
inmueble. También sus cercas. Y
es ahí donde imagino a la pareja
de ancianos delgados, mugrientos
y tan hambrientos como su perro,
que viven en una choza
construida recostada a la cerca
de Tallapiedra. Y más adelante
está el cuartel de San Ambrosio
y puedo ver, nuevamente, aquel
soldado, que a pesar del hambre
que existía en Cuba en esa etapa
vivía un poco mejor que los
otros ciudadanos, porque esa
realidad se mantuvo vigente
hasta 1959.
Sí estoy segura y totalmente de
acuerdo con todos aquellos que
han señalado a Hemingway como el
más popular de los escritores
norteamericanos del siglo XX,
porque fue y es, realmente, uno
de los mejores. Pero también
creo que, sin lugar a duda, sin
la presencia de Cuba en su obra
y de su obra en Cuba, sin la
existencia de Finca Vigía, tal
vez la vida y la obra de Ernest
Hemingway hubieran sido otras.
Notas:
|