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Traducir a Hemingway para el
lector cubano de la actualidad
no es tarea fácil. La frase, a
pesar de la manida simpleza que
se le pueda achacar, no es
tampoco verdad de Perogrullo. Se
trata de una responsable labor
para cualquier avezado
intérprete literario con oficio
reconocido, que implica, al
decir del curtido traductor
español Miguel Martínez-Lage,
diestro en tales lides con la
obra hemingwayana, “una gran
dificultad por su concisión
extrema, con frases cortas y
secas no muy del gusto del
lector español, pero hay que
mantenerlo a toda costa porque
es un estilo muy propio y muy
suyo”1
Hacer a Hemingway legible en
nuestro rico idioma es, sin duda,
un cometido que va más allá de
las palabras. En Hemingway se da
al mismo tiempo la simplicidad y
la complejidad estilísticas que
coexisten en un molde único que
es además inimitable, aunque más
de un moderno creador haya
intentado, sin éxito, hacerlo
suyo. Al decir del propio
Martínez-Lage quien aboga,
hic et
nuc,
por una revisión exhaustiva de
las traducciones disponibles del
Maestro se trata de corregir:
“Sin alterar el estilo de
Hemingway ni añadir una palabra
innecesaria, porque él mantenía
el principio del iceberg, y le
gustaba nada más que sugerir”.2
Más que nada, se precisa
respetar ese nunca bien
ponderado entramado estilístico
y conceptual, en un caso como el
de Hemingway, que era “un
escritor que trasladaba con gran
precisión la realidad a sus
textos”3
según sigue acotando el propio
Martínez-Lage. Un autor cuyas
palabras puestas en conexión por
una magia de naturaleza
ciclópea, lo hacían dueño de un
talante que trasciende el tiempo
y la propia literatura, la
propia de Norteamérica y la más
universal.
Acometer este empeño4
en este aquí y ahora cubanos,
además de necesario (ambas obras
permanecieron inéditas hasta el
año 1987), implicaría añadir, al
ya largo opus literario
hemingwayano, bien conocido
entre nosotros, una nueva
coordenada del autor de
Fiesta en su larga y
fructífera estadía cubana, en la
que se concentran casi 20 años
de duro bregar con el oficio más
solitario del mundo. En tal
línea, que incluiría piezas de
magistral hondura como su
noveleta El viejo y el mar,
que vería la luz primera en su
Finca Vigía, se suman también
estas dos piezas al parecer
“menores” y mayormente
desconocidas, de su dilatada
cuentística que también fueron
concebidas, ambientadas y
finalmente dotadas de vida en el
contexto siempre subyugante de
su casa cubana, ese sitio tan
suyo, pero a la vez tan de todos
los que amamos su obra.
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“I Guess Everything Reminds You
of Something” y “Great
News from the Mainland”5
son dos textos
“cubanos”, a los que para nada
les resta cubanía detalles tan
incontestables como el hecho de
haber sido escritos en el inglés
y en el estilo más hemingwayanos
posibles. Recrean ambos ese
espacio vitalísimo ya acotado
que fuera Finca Vigía, y en
menor medida otros espacios
citadinos, donde Hemingway había
puesto su cuartel general, y
donde discurre su vida de
ejemplar y laborioso artesano de
las letras, a la par que la
vital existencia de alguien que
no renuncia a los amigos, y
mucho menos a la gente que lo
circunda y vitaliza en ese por
entonces suburbio de La Habana
en las décadas del 40 y el 50
del pasado siglo XX. Ese
setting6
tan especial donde
transcurren estas historias
tiene, sin duda, un alcance y un
referente muy especial a la hora
de datar la génesis y la
importancia literaria de ambas
piezas. Si bien no llevan la
emblemática impronta de sus
cuentos más acabados7,
son sin lugar a duda piezas que
nos ayudan a clarificar la
huella creativa de un narrador
al que las short stories
le quedaban justo a su medida,
sin dejar de reconocer sus
inestimables alcances como
novelista y periodista, todos a
una en su dilatada carrera
literaria.
Como historias cortas émulas de
otros tantos títulos
emblemáticos de la misma finura
de: Fathers and sons,
A Days's Wait, o Indian
Camp8,
estos dos cuentos tienen el
referente de un narrador que
trasuda inexorablemente al
autor, al Hemingway más vital, y
que lo conectan en ambos casos
con situaciones de su propio
entorno familiar. Por esta vez,
uno de sus hijos hábilmente
ficcionalizado bajo el nombre de
Stephen (Stevie), mientras el
hábil narrador es, en uno de
ellos, un oscuro Mr. Wheeler, y
en el otro, un silenciado
escritor que quiere aupar a su
joven retoño, presumiblemente un
debutante con cierto éxito, en
las lides literarias y mejor
tirador al pichón. Aparentemente
inconexas, estas dos historias
tienen, sin embargo, el inevitable
hilo conductor de los personajes
de Steve y su padre, primero, un
imberbe adolescente9
dotado también de gran talento
para el tiro deportivo, (“I
Guess Everything Reminds You of
Something”), y luego un
joven que debuta con algún
trastorno de índole
psiquiátrico, presumiblemente
esquizofrenia10,
(“Great News from the Mainland”),
y que perfectamente se
deduce de la lectura atenta del
cierre del primer relato, cuando
el padre descubre que la
impostura literaria del pequeño
tiene un claro componente de la
ya acechante enfermedad mental
cuando acota:
"En los últimos cinco años, de
los siete que pasaron desde el
verano de la historia premiada,
y el día en que dio con el
libro, el niño se había
comportado de manera odiosa y
estúpida. Pero eso se debía a su
enfermedad, su padre se lo había
dicho. Su vileza provenía de su
enfermedad. Ya estaba mejor
después de aquello. Pero todo
aquello había empezado un año o
más después de aquel verano."
11
Tal imbricación en el tiempo
literario hace de las historias
como un claro continuum12
donde la vertebración de las
anécdotas, se vinculan
notoriamente con la relación del
binomio padre-hijo, y a mi
juicio, centran mucho más el
discurso en este par que, sin
duda, marca el centro de la
historia ficcionalizada.
Ubicadas en tal conexión
literario-temporal y espacial,
tales narraciones se hacen mucho
más creíbles como trasuntos de
la realidad al ficcionalizarse
de un modo muy peculiar.
Hemingway el narrador, aunque
queda siempre protegido a buen
recaudo en sus historias, no
puede evitar empero, que su
propio mundo vital trasude en
sus narraciones.
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Traducir estas dos piezas de
valor singular ha redundado en
una tarea apasionante. El
cometido de tal labor tiene la
marca indeleble que tan
comprometido oficio lleva
implícito. Pero tiene también el
encanto sobreañadido del
disfrute, ese mismo que Cabrera
Infante define desde las
coordenadas de la admiración que
todo traductor le manifiesta a
la pieza traducida, por lo que
no hay inconveniente para ser
ambas cosas: “…admirador y
tradictor”13.
De tal suerte, este Hemingway
desconocido, pero absoluta e
imprescindiblemente nuestro, nos
revela y nos confirma esas
mismas coordenadas vitales que
lo acercan cada vez más a los
espacios emblemáticos de su
andadura cubana, la que recrea
con fruición, y trasvasa, en su
literatura, haciéndola más
nuestra. Por esos textos seguirá
pasando la frescura de cualquier
atardecer, o el ambiente
bucólico que serena el espíritu
en esa Finca Vigía, en la que el
hábil narrador supo hacer
convivir la ficción y la
realidad con absoluta y
definitiva pericia.
Notas:
1
Citado por José Luis
Picón en "Las
traducciones de
Hemingway precisan una
revisión para corregir
los errores", [en
línea]. Malagahoy.es
14 de mayo del 2009.
http:www.malagahoy.es/article/ocio/424132/mig
uel/martinezlage/u rge/revisa
r/las/trad ucciones/hemingway.html
[Consulta: 14 de mayo
2009].
4
Las traducciones
precedentes de la obra
de Ernest Hemingway
entre nosotros destacan
por su excelencia de la
mano de traductores de
oficio altamente
reconocido: Lino Novás
Calvo (El viejo y el
mar); Guillermo
Cabrera Infante ( “La
Educación
Revolucionaria”, título
original: Nobody Ever
Dies); Aitana
Alberti León (París
era una Fiesta) y
María Isabel Gustavino y
Héctor Quesada Zaperia (Islas
en el Golfo). Hasta
donde hemos podido
indagar, esta
experiencia traductiva
que acometemos es
totalmente inédita entre
nosotros y posiblemente
también en otras
coordenadas de este
mundo plural. Al
respecto hemos
consultado el Index
Traslationum http://
www.unesco.org/culture/xtrans,
repertorio bibliográfico
internacional y
multidisciplinar,
auspiciado y gestionado
por la UNESCO, que
recoge las obras de unos
250 000 autores clásicos
y contemporáneos. La
búsqueda no ha aportado
resultados
confirmatorios de que se
haya acometido hasta el
momento tal empeño.
5
The Complete Short
Stories of Ernest
Hemingway.
The Finca Vigía Edition.
Scribner Paperback
Fiction. New York, 1987.
pp 597-604
6
Las alusiones a Finca
Vigía que se respiran en
estas historias
encuentran eco en las
obras referativas de dos
estudiosos de la obra de
Papa: E. Hotchner autor
de Papa Hemingway
y Carlos Baker y su
conocida biografía:
Ernest Hemingway.
A Life Story.
Del primero citado sirva
este pequeño botón de
muestra: "The little
town of San Francisco de
Paula, where Ernest's
Finca Vigía (Lookout
Farm) was located, was
itself a
poverty-stricken
shambles. But the
Hemingway property was
fence-enclosed and
consisted of thirteen
acres of of flower and
vegetable gardens, a cow
pasture with a half
-dozen cows, fruit
trees, a defunct tennis
court, a large swimming
pool, and a low,
once-white limstone
villa which was a bit
crumbled but dignified.
Eighteen kinds of
mangoes grew on the long
slope from the main gate
up to the house that
Ernest called his
"charming ruin."
Contrástese esta
descripción con la que
Hemingway hace en “Great
News from the Mainland”,
obra ya aludida: "El
viento volvió a soplar
del sur el jueves. Ya no
había mucho que afectar
en los árboles, excepto
tumbar las pencas secas
de las palmas, y secar
las pocas flores de
mango cuyos tallos no
habían muerto todavía.
Pero siguió amarillando
las hojas de los álamos,
y lanzó hojas y polvo a
la piscina. Había polvo
en los libros y en los
cuadros. Las vacas
yacían con sus ancas
contra el viento, y el
pasto que rumiaban
estaba seco y arenoso
"(. . .) " Se había
resistido a escribir
sobre el aroma de las
flores de mango cuando
habían caminado juntos,
la noche anterior a la
llegada del viento, ni
sobre el zumbido de las
abejas sobre ellas, más
allá de su ventana"
Buenas noticias del
continente. (texto
traducido) p.603
7
Solo por mencionar
algunas de sus mejores
realizaciones,
clasificarían en ese
improvisado top five
cuentos de tanto calado
como "Las Nieves del
Kilimanjaro", "La corta
breve vida feliz de
Francis Macomber", "Un
lugar limpio y bien
iluminado”, "El jugador,
la monja y la radio" o
"Los Asesinos",
selección por demás
siempre discutible a la
hora de conceptuar sus
creaciones de más valía
para cualquier crítico.
8
En estas tres historias
se incluyen en la
ficción alusiones a
padres e hijos que
inevitablemente nos
conectan con las
particulares coordenadas
de Ernest Hemingway y
que muchas veces aluden
a su controvertida
relación con su padre.
La primera y la última
en particular pertenecen
a la saga de Nick Adams,
claro alter ego del
autor.
9 En
Hemingway en Cuba,
de Norberto Fuentes
encontramos una
interesante referencia a
la participación de Gigi,
hijo menor del escritor
junto a su padre, en las
competiciones de tiro al
pichón en el
desaparecido Club de
Cazadores del Cerro. p
536.
10
Nuevamente Norberto
Fuentes acota también
sobre un episodio
psiquiátrico que
aquejara a Patrick, hijo
mediano del autor, en
1947, a raíz de que
sufriera aquel un
accidente
automovilístico. Resulta
curioso igualmente que
el suceso acarreara
otros trastornos que
fueran catalogados por
el médico Herrera
Sotolongo, íntimo de
Hemingway como "predemenciales".
Tal coincidencia pudiera
llevarnos a considerarlo
como un claro alter ego
de Steve, aunque no
necesariamente englobe
todos los detalles a los
que alude el caso. O
simplemente haya sido
ficcionalizado por
Hemingway tomando
detalles de uno u otro
carácter. P. 131.
11
“I Guess Everything
Reminds You of
Something” (“Me parece
que a ti todo te
recuerda algo”) p. 601.
12
Ambas historias pudieran
ser consideradas
entonces como un todo,
conformando como dos
entregas, en momentos y
circunstancias
distintas, pero donde el
elemento narrativo pasa
por los mismos
personajes y los mismos
ambientes. Tal
perspectiva la dotaría
singularmente de un
valor añadido que
tendría un inequívoco
signo extra literario.
13
Guillermo Cabrera
Infante. Mea Cuba,
Alfaguara, Madrid, 1999.
Trabajo
leído en el 12° Coloquio
Internacional Ernest
Hemingway, celebrado en
Ciudad de La Habana bajo
los auspicios del Museo
Ernest Hemingway de
Finca Vigía en
coordinación con la
Cátedra Hemingway del
Instituto Internacional
de Periodismo José
Martí del 18 al 21 de
junio de 2009.
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