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Era ya todo un consagrado cuando llegó a
Cuba en marzo de 1956. Sus discos, junto
a los de Frank Sinatra, encabezaban la
lista de los más vendidos en los EE.UU.
“La Habana es muy bella, uno se
sorprende desde el avión.”
Es el comienzo de su diálogo con la
prensa poco antes del aguardado debut
del genial vocalista en el cabaret
Tropicana, donde su actuación hizo
época, tal como lo recordara, el
escritor Enrique Núñez Rodríguez con
estas imágenes:
“Nat King Cole en la pista. Su voz
estremecía a las damas. El bodeguero;
Quizá, quizá, quizá. La esposa de un
alto oficial, sentada en una mesa de la
pista, suspiró profundo y exclamó: Si me
lo pintan de blanco doy un millón de
pesos por acostarme con él. Nat King
Cole siguió cantando y ella bebiendo, y
quizá oliendo.
Poco después, más excitada, casi gritó:
—No me lo pinten de nada. Tráiganmelo
así mismo.
Y el alto oficial la sacó casi a rastras
del paraíso bajo las estrellas.
En la pista, Nat King Cole, negro como
el carbón, entonaba ‘Unforgattable’".
Su influencia en el filin
Su verdadero nombre era Nathaliel Cole y
había nacido el 17 de marzo de 1919 en
Montgomery, Alabama. Dos años después,
su padre, un pastor protestante, es
destinado a una parroquia de Chicago,
donde su madre canta y toca el órgano
para el coro de feligreses. En ese
ambiente el pequeño aprende a tocar el
instrumento materno y educa su magistral
voz.
No es de extrañar entonces que en el
Chicago de los años 30 el futuro Nat
King Cole se acerque al jazz y luego de
participar en varios grupos, en 1940,
funda con el guitarrista Oscar Moore y
el contrabajista Weles Price el Trío Nat
King Cole bajo una fórmula desconocida
hasta entonces en el jazz:
piano-guitarra-contrabajo.
En poco tiempo, firma contrato con el
sello Capitol ―donde permanecería hasta
su muerte― y graba con los más grandes
músicos de jazz de la época. En 1946, la
revista especializada en jazz
Metronome lo elige pianista del año.
Pero cuando debuta en La Habana, en la
década del 50, su estilo ha tomado otros
rumbos, hecho que todavía muchos
lamentan.
Para los cubanos Nat King Cole es más
que un recuerdo.
“Influyó de manera especial en el filin
―como reconoce Leonardo Acosta―, más
como cantante que como pianista, (…)
incluso después de su etapa más
jazzística con su clásico trío y en
pleno despegue comercial (años 50),
mantuvo un estilo, un timbre , una
dicción (en otros términos diríamos que
era una “forma de decir”), que fueron
característicos de los mejores cantantes
de filin como Miguel de Gonzalo, Pepe
Reyes, Reinaldo Enríquez y sobre todo
Leonel Bravet (…) Un admirador muy
especial de Nat King Cole fue José
Antonio Méndez, máximo exponente del
filin junto a César Portillo de la Luz.”
¿Quería acaso cambiar su perfil?
Siempre fue aplaudido hasta la locura
durante sus presentaciones en el cabaret
Tropicana, ―donde estuvo en varias
oportunidades―, acompañado por la
orquesta del cabaret, dirigida por el
músico cubano Armando Romeu, quien
también realizó las orquestaciones.
Pidió que le enseñaran canciones,
boleros y chachachás cantados en
español, tarea que asumió con maestría
el propio Romeu, quien le montó algunos,
y después fueron grabados en un disco,
Cole en español.
“Entre esos números ―precisa Radamés
Giro en su Diccionario Enciclopédico
de la Música en Cuba― se encuentran
“Mona Lisa”, del compositor y
guitarrista holguinero Mérido Gutiérrez
Rippe; “El bodeguero”, del flautista y
compositor Richard Egües; y “Acércate
más”, del compositor y pianista Osvaldo
Farrés”.
Una muy joven periodista, Nancy Robinson
Calvet, ―todavía felizmente en activo―,
y que se atrevió a entrevistar al genial
artista, se preguntaba: “¿Quería cambiar
acaso su perfil, su definida vocación
romántica el destacado cantante?”.
“En aquel momento, nos parecía inusitado
oír la voz exquisita del gran cantante
en tan populares melodías, pero el
asombro desató sus riendas cuando el rey
Cole interpretó con esa gracia impuesta
por el dejo inglés, ‘El bodeguero’,
chachachá rubricado por Richard Egües,
el flautista mágico de la orquesta
Aragón.”
Ella misma encontró la respuesta:
“sencilla y llanamente Nat King Cole
había tomado un clásico de la raíz
popular. Cierto es que había un
contraste mayúsculo entre su
interpretación de “Las hojas muertas” y
aquella estrofa que traía a colación…
frijoles, papa y ají”.
Un inolvidable beso al público
Dicen que Nat King Cole se enamoró de
Cuba, de los tabacos, y en sus días
habaneros se le veía a menudo con un
enorme puro en la boca. También se
cuenta que no bebía alcohol y hablaba en
voz muy baja, en un tono confidencial y
resultaba muy agradable a todo aquel que
lo trataba.
El genial intérprete de “Mona Lisa” fue
también un excelente pianista.
En sus presentaciones, solía abordar, al
final de su actuación, un soberbio solo
de piano.
El público maravillado se ponía de pie y
aplaudía hasta el cansancio.
En un hospital de Santa Mónica, en
California, moría prematuramente el 15
de febrero de 1965, a la edad de 46
años, Nathaniel Cole, víctima del
cáncer.
Su desaparición física dejó un enorme
vacío en la música popular.
Su formidable voz ―como dijera el
periodista Jorge Smith― forma parte de
los sonidos cubanos, como también la
imagen noble de, al terminar cada
actuación, inclinarse y con dos dedos de
la mano llevados a la boca lanzar un
inolvidable beso a su público. |