Año VIII
La Habana
2008

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Nat King Cole, más que un recuerdo
Josefina Ortega • La Habana
Foto: Cortesía de la autora
 

Era ya todo un consagrado cuando llegó a Cuba en marzo de 1956. Sus discos, junto a los de Frank Sinatra, encabezaban la lista de los más vendidos en los EE.UU.

“La Habana es muy bella, uno se sorprende desde el avión.”

Es el comienzo de su diálogo con la prensa poco antes del aguardado debut del genial vocalista en el cabaret Tropicana, donde su actuación hizo época, tal como lo recordara, el escritor Enrique Núñez Rodríguez con estas imágenes:

“Nat King Cole en la pista. Su voz estremecía a las damas. El bodeguero; Quizá, quizá, quizá. La esposa de un alto oficial, sentada en una mesa de la pista, suspiró profundo y exclamó: Si me lo pintan de blanco doy un millón de pesos por acostarme con él. Nat King Cole siguió cantando y ella bebiendo, y quizá oliendo.

Poco después, más excitada, casi gritó:

—No me lo pinten de nada. Tráiganmelo así mismo.

Y el alto oficial la sacó casi a rastras del paraíso bajo las estrellas.

En la pista, Nat King Cole, negro como el carbón, entonaba ‘Unforgattable’".

Su influencia en el filin

Su verdadero nombre era Nathaliel Cole y había nacido el 17 de marzo de 1919 en Montgomery, Alabama. Dos años después, su padre, un pastor protestante, es destinado a una parroquia de Chicago, donde su madre canta y toca el órgano para el coro de feligreses. En ese ambiente el pequeño aprende a tocar el instrumento materno y educa su magistral voz.

No es de extrañar entonces que en el Chicago de los años 30 el futuro Nat King Cole se acerque al jazz y luego de participar en varios grupos, en 1940, funda con el guitarrista Oscar Moore y el contrabajista Weles Price el Trío Nat King Cole bajo una fórmula desconocida hasta entonces en el jazz: piano-guitarra-contrabajo.

En poco tiempo, firma contrato con el sello Capitol ―donde permanecería hasta su muerte― y graba con los más grandes músicos de jazz de la época. En 1946, la revista especializada en jazz Metronome lo elige pianista del año.

Pero cuando debuta en La Habana, en la década del 50, su estilo ha tomado otros rumbos, hecho que todavía muchos lamentan.

Para los cubanos Nat King Cole es más que un recuerdo.

“Influyó de manera especial en el filin ―como reconoce Leonardo Acosta―, más como cantante que como pianista, (…) incluso después de su etapa más jazzística con su clásico trío y en pleno despegue comercial (años 50), mantuvo un estilo, un timbre , una dicción (en otros términos diríamos que era una “forma de decir”), que fueron característicos de los mejores cantantes de filin como Miguel de Gonzalo, Pepe Reyes, Reinaldo Enríquez y sobre todo Leonel Bravet (…) Un admirador muy especial de Nat King Cole fue José Antonio Méndez, máximo exponente del filin junto a César Portillo de la Luz.”

¿Quería acaso cambiar su perfil?

Siempre fue aplaudido hasta la locura durante sus presentaciones en el cabaret Tropicana, ―donde estuvo en varias oportunidades―, acompañado por la orquesta del cabaret, dirigida por el músico cubano Armando Romeu, quien también realizó las orquestaciones.

Pidió que le enseñaran canciones, boleros y chachachás cantados en español, tarea que asumió con maestría el propio Romeu, quien le montó algunos, y después fueron grabados en un disco, Cole en español.

“Entre esos números ―precisa Radamés Giro en su Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba― se encuentran “Mona Lisa”, del compositor y guitarrista holguinero Mérido Gutiérrez Rippe; “El bodeguero”, del flautista y compositor Richard Egües; y “Acércate más”, del compositor y pianista Osvaldo Farrés”.

Una muy joven periodista, Nancy Robinson Calvet, ―todavía felizmente en activo―, y que se atrevió a entrevistar al genial artista, se preguntaba: “¿Quería cambiar acaso su perfil, su definida vocación romántica el destacado cantante?”.

“En aquel momento, nos parecía inusitado oír la voz exquisita del gran cantante en tan populares melodías, pero el asombro desató sus riendas cuando el rey Cole interpretó con esa gracia impuesta por el dejo inglés, ‘El bodeguero’, chachachá rubricado por Richard Egües, el flautista mágico de la orquesta Aragón.”

Ella misma encontró la respuesta: “sencilla y llanamente Nat King Cole había tomado un clásico de la raíz popular. Cierto es que había un contraste mayúsculo entre su interpretación de “Las hojas muertas” y aquella estrofa que traía a colación… frijoles, papa y ají”.

Un inolvidable beso al público

Dicen que Nat King Cole se enamoró de Cuba, de los tabacos, y en sus días habaneros se le veía a menudo con un enorme puro en la boca. También se cuenta que no bebía alcohol y hablaba en voz muy baja, en un tono confidencial y resultaba muy agradable a todo aquel que lo trataba.

El genial intérprete de “Mona Lisa” fue también un excelente pianista.

En sus presentaciones, solía abordar, al final de su actuación, un soberbio solo de piano.

El público maravillado se ponía de pie y aplaudía hasta el cansancio.

En un hospital de Santa Mónica, en California, moría prematuramente el 15 de febrero de 1965, a la edad de 46 años, Nathaniel Cole, víctima del cáncer.

Su desaparición física dejó un enorme vacío en la música popular.

Su formidable voz ―como dijera el periodista Jorge Smith― forma parte de los sonidos cubanos, como también la imagen noble de, al terminar cada actuación, inclinarse y con dos dedos de la mano llevados a la boca lanzar un inolvidable beso a su público.

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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