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Como parte del programa
de La Jiribilla
por el aniversario 50 de
la Revolución, podemos
acceder hoy al DVD que
registra 400 ediciones
digitales de La
Jiribilla, y 80 en
papel, formato tabloide,
lo cual dice mucho. En
realidad fue un desafío
echar a andar esta
publicación digital que
ha cumplido ocho años.
Según un viejo
proverbio, para llegar a
un lugar hay que dar el
primer paso. Eso es
cierto, pero no siempre
luego del primer paso se
llega a un lugar cimero.
Esta tarde, los que
asistimos al acto de
concreción del primer
DVD de las 400 ediciones
de La Jiribilla,
estamos en presencia de
la culminación y
afianzamiento de un
desafío revolucionario
en el campo de la
cultura.
El DVD —hemeroteca
digital— llegará en
breve a las bibliotecas,
centros de Joven Club y
otros destinos, y con
este disco numerosas
personas en Cuba y en
cualquier parte del
mundo podrán comenzar a
armar una biblioteca
digital que comprende
muchos temas, tantos
como los que ha
difundido La
Jiribilla en apenas
ocho años.
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Una de las virtudes de
esta publicación
digital, que
recientemente se
actualiza cuanto sea
necesario, sin esperar
el día y la hora
habitual de la semana,
es que en ella, desde su
comienzo, hemos podido
encontrar materiales
diversos: la literatura
—prosa y verso—, la
fotografía, entrevistas,
la crónica, el debate,
la información
internacional en materia
de cultura, y temas
específicos de carácter
histórico e ideológico,
componen cada número.
Agreguemos que el diseño
tanto en La Jiribilla
digital, como en La
Jiribilla de Papel,
desempeña también un rol
esencial, es un mérito
más a tener en cuenta en
este —que pudiéramos
llamar— primer balance
de una obra intelectual
de la era electrónica,
realizada en Cuba, en
dificilísimas
condiciones a la hora de
su nacimiento y
desarrollo.
Me refiero a condiciones
materiales propias, y no
solo a las que tienen
que desafiar las
instituciones
culturales, y el país
todo en Cuba bloqueada y
sitiada, sino aquellas
específicas, incluso de
espacio para trabajar.
Nació en un bendito
rincón del edificio del
Segundo Cabo, sede hasta
hoy del Instituto del
Libro. Sin que se tome
como frase manida debo
afirmar que el resultado
del intento, de aquel
primer paso, es una
perfecta, profunda y
duradera obra de amor.
Amor a la cultura y amor
al trabajo, dedicación
del equipo que, no
debemos olvidar, ha
contado siempre con el
apoyo del ICL, de hecho
institución fundadora también de
La Jiribilla.
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La
dirección de la revista, desde el
comienzo ha
sabido aglutinar,
organizar y trasladarles
a los nuevos
trabajadores, o los más
recientes incorporados
al equipo, la misma
responsabilidad y
entusiasmo que tuvieron
y tienen los fundadores.
La innovación en su
compleja y moderna
técnica; la búsqueda
constante de elementos
cada vez más atractivos
en el diseño, es
igualmente algo que
identifica a La
Jiribilla.
Por si todo ello fuera
poco, los que una u otra
vez colaboramos con
La Jiribilla
digital, vientre donde
se gesta La Jiribilla
de Papel, nos
sentimos parte de ella.
Tanto los colaboradores
fijos, cuyas secciones
esperamos leer con
interés cada semana,
como aquellos que
eventualmente
colaboramos a pedido o
por iniciativa propia en
este periódico cultural
de primer orden,
merecedor este año del
Premio Juan Gualberto
Gómez.
La ¡última hora! que
debe caracterizar a una
publicación informativa,
es un magnifico ejemplo
en La Jiribilla y
el hecho más reciente lo
vimos con el despliegue
pronto y profundo que le
dio la revista —como
merecía— a Benedetti,
con motivo de su
lamentable
fallecimiento; aunque no
ha sido la única vez que
semejante urgencia ha
aparecido en las páginas
digitales. En este DVD
hay suficientes muestras
de ello.
Muchas gracias y
felicitaciones a los
trabajadores y a la
dirección de la Base del
Monumento a José Martí,
el más relevante ejemplo
de intelectual, poeta,
periodista y fundador de
una nación: Cuba.
Gracias.
28 de mayo 2009. |