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Unir a Servando Cabrera, Antonia
Eiriz y Tomás Sánchez en una
exposición pudiera parecer un
suceso al límite de la utopía.
La quimera radicaba no en
hacerle una retrospectiva a
Antonia Eiriz —que bien se lo
merece— sino en mostrar obras de
estas figuras imprescindibles de
las artes plásticas cubanas que
durante muchos años no habían
sido exhibidas. Los reclamos de
un proyecto como este, parecían
oírlos todos aquellos que nos
abrieron las puertas. Sin dudar,
se sumaron a la muestra el
querer hacer de otras
instituciones y personas que
gentilmente nos han cedido sus
obras.
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"Columna
humana",
Servando
Cabrera |
Lejana la fecha, la vida
propició el encuentro, la
comunión y feliz comprensión de
estos creadores. Seguramente un
fluir de fuerzas afines lo
provocó: los astros a su favor y
la realidad de que la relación
Géminis-Aries —debida a la
comunidad de cualidades que
poseen— resulta una de las
mejores amistades del zodiaco.
Para Tomás, Antonia fue la
profesora, la persona con la que
tendrá eternas deudas, la que lo
enseñó a ver. Para Servando, fue
más que una colega, una
confidente. Para ambos, amiga.
La influencia que tanto Antonia,
como Servando ejercieran sobre
numerosos creadores que fueron o
no sus alumnos, es indiscutible.
Muchos, como Tomás,
reverenciaban sus sabidurías y
sus dotes profesorales.
Servando Cabrera, Antonia Eiriz
y Tomás Sánchez se valieron del
expresionismo para enunciar “la
complejidad de la condición
humana, la necesidad de ofrecer
una nueva imagen del hombre
inmerso en las contradicciones
del mundo”.
De la
excelencia y la particularidad
de cada una de sus concepciones
expresionistas va esta
exposición; cada discurso,
portador de dimensiones
semánticas diversas.
Este neoexpresionismo aparece
en los tres cuando más necesario
les fue. En Antonia, precursor y
definitivo; en Tomás y Servando,
más allá de ser un vehículo o
camino hacia la consolidación de
lo que los distinguirá, será un
período para encauzar
reflexiones.
La conciencia del testigo
es otro de los muy oportunos y
agradecidos reencuentros con
ella, con esos lienzos, grabados
y ensamblajes desobedientes,
llenos de una sensibilidad otra,
con el acento mordaz de las
obras de Tomás, con un Servando
más violento e impulsivo.
El acto creativo de Antonia
pareciera estar presidido por el
ambiente que provocaría la
ruptura del sexto sello, en sus
obras “el sol se vuelve negro,
como ropa de luto, el cielo
desaparece como un papel que se
enrolla y todo, es removido de
su lugar”.
Sus creaciones son ruginosas,
construidas con restos: es que
tiene poca tienda y mucha alma.
Ejecuta, desgarra y transita por
las grietas, cicatrices, marcas
y huellas que todo ser posee.
En la apariencia del silencio
semejan clamar y extirpar de las
entrañas lo que les inquieta,
figuras repletas de vacíos, de
gritos ahogados, de ojos que no
perciben. Ante sus piezas, lo
simbólico de la incertidumbre;
ellas conmueven, envuelven,
aferran, atrapan. En cada
manifestación aparece un ser que
hace una llamada a alguna fuerza
divina que viene de lo alto,
requerido de ayuda y
comprensión.
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S/T,
Antonia
Eiriz |
Definitivamente sí había una
correspondencia amorosa, pero no
con pintura sino con arte,
rebosada de pasión y entrega.
Cada pieza es una lección de
maestría, de dominio absoluto de
las técnicas desplegadas, rasgo
que reafirma su condición de
artista magistral.
Tomás, como Antonia, supo
declarar su pericia litográfica.
Permeada por la impronta y las
circunstancias en que fue
concebida, esta serie
expresionista, nos presenta a un
artista espontáneo, gestual,
hábil utilizando o no el color;
asimismo, nos conduce a reparar
en el ingenioso proceso de
creación. Sus grabados revelan,
lugares de encuentros y
desencuentros, de actitudes e
ideas, de realidades y sueños.
Supera las escenas y prefiere
recrear ambientes y atmósferas.
Tomás sabiamente aprendió a
redescubrir, como Antonia decía:
“el mundo mágico de lo
cotidiano”. Es el diario bregar.
Animales, personas, santos y
vírgenes prefieren empastarse en
forma y color para sobrepasar,
con notable desembarazo, lo
profano y lo divino. Aunque en
ocasiones es la suya una mirada
testimonial, no deja de ser
igualmente legítima y
pertinente.
Si Tomás consiguió manipular su
paleta, Servando lo logró con
vehemencia. En este período,
las formas poseerán matices que
será imposible visualizarlos en
etapas posteriores. Refuerza sus
desenfadadas representaciones
con pinceladas vigorosas,
debidamente enfáticas y
marcadas. Despoja a la figura de
un contexto para ser únicamente
ella. Lejos de fragmentar,
prefiere mutilar, violentar,
acumular. Cabezas y torsos
serán parte de un todo que nunca
se esboza.
Cabrera Moreno hace ostensible
las contradicciones del
individuo. Lo terrible será
otras de las comunes formas de
plasmación de lo humano —o
deshumano. En esta corta etapa
dentro de la amplia creación de
tan fértil autor, Servando nos
habla de relaciones, de
rincones, de inexpresividades,
de conflictos desgarrantes.
“La conciencia del testigo
refiere el estado de quietud
absoluta en el cual uno percibe
la unidad y a la vez la
diversidad del mundo en continuo
movimiento.
Conduce a la introversión
constante, el hurgar en el
desasosiego, el
autorreconocimiento, la
irresolución de cada uno de los
que hacemos posible la obra.
Cada quien desde su peculiaridad
es un testigo, con motivaciones
y creencias que le son
privativos. A un estado de
afirmación-negación, de duda, de
confrontación con lo pasado, nos
traslada lo grotesco expresivo
de estos autores que aquí se dan
cita; cada conformación es un
enfrentamiento con el
testigo-espectador, un desafío,
un llamado a la conciencia.
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"La
virgen de paso", Tomas
Sánchez |
La vida, como apuntara Retamar
—y yo diría que el arte— es el
lugar “donde se cruzan ciertas
relaciones, se adquiere
conciencia de ellas, sucede, sin
embargo, que esa conciencia vive
cosas específicas, cosas
propias. Y se establece una
comunicación entre lo visto y el
ojo, entre la suma de las
relaciones y el añadido
individual.
Sin más, como lo hiciera un
amigo cuando le comentábamos el
proyecto expositivo en cuestión,
nos persignamos y luego decimos,
“así sea”.
Marzo de 2009
Texto del catálogo de la
exposición La conciencia del
testigo, en el
Museo-Biblioteca Servando
Cabrera Moreno.
Notas:
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