Año VIII
La Habana
  30 de MAYO al 
5 de JUNIO de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Tres maestros

Rosemary Rodríguez • La Habana

 Fotos: Cortesía del Museo-Biblioteca Servando Cabrera

 

Unir a Servando Cabrera, Antonia Eiriz y Tomás Sánchez en una exposición pudiera parecer un suceso al límite de la utopía. La quimera radicaba no en hacerle una retrospectiva a Antonia Eiriz —que bien se lo merece— sino en mostrar obras de estas figuras imprescindibles de las artes plásticas cubanas que durante muchos años no habían sido exhibidas. Los reclamos de un proyecto como este, parecían oírlos todos aquellos que nos abrieron las puertas. Sin dudar, se sumaron a la muestra el querer hacer de otras instituciones y personas que gentilmente nos han cedido sus obras. 
 


 "Columna humana", Servando Cabrera

Lejana la fecha, la vida propició el encuentro, la comunión y feliz comprensión de estos creadores. Seguramente un fluir de fuerzas afines lo provocó: los astros a su favor y la realidad de que la relación Géminis-Aries —debida a la comunidad de cualidades que poseen— resulta una de las mejores amistades del zodiaco. Para Tomás, Antonia fue la profesora, la persona con la que tendrá eternas deudas, la que lo enseñó a ver. Para Servando, fue más que una colega, una confidente. Para ambos, amiga.

La influencia que tanto Antonia, como Servando ejercieran sobre numerosos creadores que fueron o no sus alumnos, es indiscutible. Muchos, como Tomás, reverenciaban sus sabidurías y sus dotes profesorales.

Servando Cabrera, Antonia Eiriz y Tomás Sánchez se valieron del expresionismo para enunciar “la complejidad de la condición humana, la necesidad de ofrecer una nueva imagen del hombre inmerso en las contradicciones del mundo”[1]. De la excelencia y la particularidad de cada una de sus concepciones expresionistas va esta exposición; cada discurso, portador de dimensiones semánticas diversas.

Este neoexpresionismo  aparece en los tres cuando más necesario les fue. En Antonia, precursor y definitivo; en Tomás y Servando, más allá de ser un vehículo o camino hacia la consolidación de lo que los distinguirá, será un período para encauzar reflexiones.
La conciencia del testigo es otro de los muy oportunos y agradecidos reencuentros con ella, con esos lienzos, grabados y ensamblajes desobedientes, llenos de una sensibilidad otra, con el acento mordaz de las obras de Tomás, con un Servando más violento e impulsivo.

El acto creativo de Antonia pareciera estar presidido por el ambiente que provocaría la ruptura del sexto sello, en sus obras “el sol se vuelve negro, como ropa de luto, el cielo desaparece como un papel que se enrolla y todo, es removido de su lugar”[2]. Sus  creaciones son ruginosas, construidas con restos: es que tiene poca tienda y mucha alma. Ejecuta, desgarra y transita por las grietas, cicatrices, marcas y huellas que todo ser posee.

En la apariencia del silencio semejan clamar y extirpar de las entrañas lo que les inquieta, figuras repletas de vacíos, de gritos ahogados, de ojos que no perciben. Ante sus piezas, lo simbólico de la incertidumbre; ellas conmueven, envuelven, aferran,  atrapan. En cada manifestación aparece un ser que hace una llamada a alguna fuerza divina que viene de lo alto,  requerido de ayuda  y comprensión. 


S/T, Antonia Eiriz

Definitivamente sí había una correspondencia amorosa, pero no con pintura sino con arte, rebosada de pasión y entrega. Cada pieza es una lección de maestría, de dominio absoluto de las técnicas desplegadas, rasgo que reafirma su condición de artista magistral.

Tomás, como Antonia, supo declarar su pericia litográfica. Permeada por la impronta y las circunstancias en que fue concebida, esta serie expresionista, nos presenta a un artista  espontáneo, gestual, hábil utilizando o no el color; asimismo, nos conduce a reparar en el ingenioso proceso de creación. Sus grabados revelan, lugares de encuentros y desencuentros, de actitudes e ideas, de realidades y sueños. Supera las escenas y prefiere recrear ambientes y atmósferas.

Tomás sabiamente  aprendió  a redescubrir, como Antonia decía: “el mundo mágico de lo cotidiano”. Es el diario bregar. Animales, personas, santos y vírgenes prefieren empastarse en forma y color para sobrepasar, con notable desembarazo, lo profano y lo divino. Aunque en ocasiones es la suya una mirada testimonial, no deja de ser igualmente legítima y pertinente.

Si Tomás consiguió manipular su paleta, Servando lo logró con vehemencia.   En este período, las formas poseerán matices que será imposible visualizarlos en etapas posteriores. Refuerza sus desenfadadas representaciones con pinceladas vigorosas, debidamente enfáticas y marcadas. Despoja a la figura de un contexto para ser únicamente ella. Lejos de fragmentar, prefiere mutilar, violentar, acumular.  Cabezas y torsos serán parte de un todo que nunca se esboza.

Cabrera Moreno hace ostensible las contradicciones del individuo. Lo terrible será otras de las comunes formas de plasmación de lo humano —o deshumano.  En esta corta etapa dentro de la amplia creación de tan fértil autor, Servando nos habla de relaciones, de rincones, de inexpresividades, de  conflictos desgarrantes.

“La conciencia del testigo refiere el estado de quietud absoluta en el cual uno percibe la unidad y a la vez la diversidad del mundo en continuo movimiento[1]. Conduce a la introversión constante, el hurgar en el desasosiego, el autorreconocimiento, la irresolución de cada uno de los que hacemos posible la obra. Cada quien desde su peculiaridad es un testigo, con motivaciones y creencias que le son privativos. A un estado de afirmación-negación, de duda, de confrontación con lo pasado, nos traslada lo grotesco expresivo de estos autores que aquí se dan cita; cada conformación es un enfrentamiento con el testigo-espectador, un desafío, un llamado a la conciencia.


"La virgen de paso", Tomas Sánchez

La vida, como apuntara Retamar —y yo diría que el arte— es el lugar “donde se cruzan ciertas relaciones, se adquiere conciencia de ellas, sucede, sin embargo, que esa conciencia vive cosas específicas, cosas propias. Y se establece una comunicación entre lo visto y el ojo, entre la suma de las relaciones y el añadido individual.

Sin más, como lo hiciera un amigo cuando le comentábamos el proyecto expositivo en cuestión, nos persignamos y luego decimos, “así sea”.

Marzo de 2009
 

Texto del catálogo de la exposición La conciencia del testigo, en el Museo-Biblioteca Servando Cabrera Moreno.

Notas:

[1] Saura Antonio, en  Exposición Cabrera Moreno, pinturas y dibujos, (Catálogo), Galería Habana 1966. (s/p).

[2] Tomado de La Biblia. Ap 6.12-14.  STC i Avesta AB. 1995. Segunda Edición p. 276. 

[3] Sullivan Edward  J.   Entrevista realizada con Tomás Sánchez,  publicada en el Libro catálogo Tomás Sánchez. Editorial Skira. 2003. p.22. 
 

Este dossier se realizó con la colaboración del Museo-Biblioteca Servando Cabrera Moreno

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600