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Se trata de evocar a alguien que
fue muy conocido por varias
generaciones de cubanos, que fue
amigo de mucha gente, que estuvo
íntimamente relacionado con
todos nosotros. Puedo empezar a
recordar a Servando desde el año
1962 en el Consejo Nacional de
Cultura, donde formaba parte del
Consejo Asesor, discutiendo los
asuntos de la Plástica cubana.
Los demás pueden recordar a
Servando como profesor, como
amigo, como hombre que abría
las puertas de su casa a gente
muy prometedora que él
estimulaba. Si hay alguien en la
pintura cubana que tuvo lo que
bonitamente llamamos bonhomía,
fue Servando.
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Servando era un gran amigo, como
era un gran dibujante y un gran
pintor. Muchas veces se piensa
en él a partir de sus últimas
obras, que no le favorecen a su
trayectoria: la serie
Habaneras, tan criticada por
unos, tan admirada por otros y
tan agradecida por el pueblo de
Cuba, porque las Habaneras
tenían el don del buen pintor,
del buen dibujante y de la
comunicación masiva, como lo
tuvieron las Floras, de
Portocarrero. Hoy tenemos una
ocasión realmente
extraordinaria, porque Servando
fue de los pintores cubanos con
más cultura pictórica aprendida
in situ, en los lugares
donde tenía que aprender.
Podemos recorrer en la obra de
Servando la influencia cubista,
la abstracción, el
expresionismo… Podemos recorrer
en su obra la huella de Picasso,
como él mismo reconoció, y yo he
visto mucho de Gutusso también,
en el trazo sobre todo y en la
composición espacial. Tenía
conocimiento táctil de la
pintura, por haberla estudiado
seriamente en los museos, por
haberla confrontado y reflejado
en esas tantas etapas de su
obra.
Fue un hombre muy, muy inquieto,
con una movilidad extrema en la
pintura, en las búsquedas; muy
deseoso de hacerse de la
pintura, de poner en su vida la
pintura que vio en los museos y
que pudo conocer en las
academias tanto aquí, con
Romañach y la gente de la
academia San Alejandro, como
después en Nueva York y en sus
viajes a París y su gran empatía
con España y con lo mejor de la
pintura española.
Hoy vamos a ver una parte de esa
obra en la exposición Pasión
por lo humano, la que el
Museo-Biblioteca Servando
Cabrera Moreno ha seleccionado y
los dueños han prestado, porque
además la obra de Servando ha
sido muy generosa. Está en casi
todas las casas de las personas
que lo quisieron y que él quiso.
Vemos el momento del gran
dibujante: los carboneros, los
guerrilleros, la juventud y unos
dibujos que en particular me son
muy queridos. Servando estaba
haciendo estos dibujos en sus
viajes por los países
socialistas, y aprende mucho de
la gestualidad. Hay gente que no
sabe a veces apreciar lo difícil
que es captar el gesto social
que tanto quiso Bertolt Brecht,
que tanto marcó el gran escultor
alemán Ernst Barlach, y en Cuba
no siempre nuestros pintores
apresaron ese gesto social como
lo hizo Servando. En esta
exposición se ve muy bien, en
estos soldados que están como en
descanso, estas vecinas al lado
de un río, este mundo de
observación tan detallista, que
solamente habiendo bebido más
que visto la pintura
internacional, la gran historia
de la pintura, se puede
interiorizar como lo hizo
Servando.
La exposición consta de dos
partes. Una es lo que Servando
vivió y quiso recrear de la
épica revolucionaria. Hay un
momento que es la muerte del
maestro, que es como el descenso
de la cruz, en el que hay un
aprendizaje tremendo. Hay que
estar muy metido en la pintura
para que esto nazca, es como el
que canta de oído, pero que
detrás tiene un conocimiento
táctil de la vida musical que ya
está entronizado en su vida, es
lo que ocurre con Servando.
Gracias a esta exposición vamos
a poder ver después cómo en las
otras etapas de Servando sus
cuadros beben de aquí, del gran
dibujante y del gran plumillista.
Son increíbles los matices y el
dramatismo que logra dar
solamente con el juego de la
plumilla, exalta el goce
estético.
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Recuerdo tantas cosas de
Servando que no me gusta hacer
las presentaciones a base de
anécdotas, no me parece lo más
lógico desde el punto de vista
del arte. Lo que recuerdo y
quiero que se recuerde de
Servando es la maestría de este
hombre que era pintura viva y
sobre todo dibujo vivo. Yo
admiraba mucho de Servando el
dibujo y después el colorismo,
cuando llegó a manejar el color
con una libertad que antes no
tenía. Tenemos estos dos valores
en la exposición y tenemos el
recuerdo. Hay que agradecer que
exista este museo que nos
devuelve un grande y que nos
hace convivir con él, que impide
que haya muerto. Visitar esta
casa, visitar el coleccionismo
de Servando, es visitar a
Servando caminando por Sevilla,
comprando un cacharro aquí,
llegando a una tendera por allá.
Ya me lo imagino frente al
Albáis in, ya me lo imagino
caminando por las ciudades
españolas y llevando su
experiencia a ese mundo interior
que aquí nos regala. Así que no
debo decir más.
Palabras de presentación a la
exposición Pasión por lo
humano, octubre de 2008,
Museo- Biblioteca Servando
Cabrera Moreno.
Este dossier se
realizó con la colaboración del
Museo-Biblioteca Servando
Cabrera Moreno
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