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Hay ciudades como
Camagüey, Venecia, Madrid o
Budapest que me proporcionan un
gran misterio. Pero ninguna
como Sevilla. Es la ciudad a la
que siempre tengo que volver, la
ciudad hecha a mi medida, quizá
por el parentesco que pueda
tener con La Habana Vieja de mi
infancia. Es un símbolo del amor
para mí.
Cabrera Moreno
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"Y Sevilla!", 1974 |
No en pocas ocasiones, al
visitar una galería o un museo,
se nos revelan nuevas facetas o
rasgos de un artista y su obra.
Tratándose de Servando Cabrera
Moreno, algo así nos puede
suceder. De él recordamos al
alumno que con tanto éxito
desempeñó la academia, lo
reconocemos por la maestría con
que abordó el tema social y
sobre todo, por sus populares
representaciones de la épica
revolucionaria. Su incursión en
el expresionismo, momento
polémico, cobra también gran
importancia dentro de su
pintura. Siempre estuvo motivado
por la belleza y posibilidades
expresivas de la figura humana,
por lo que privilegió en su obra
como cualidades máximas
inherentes al ser humano la
sensualidad y el erotismo,
elementos que podemos rastrear
desde los momentos iniciales de
su creación.
Cuando los torsos desnudos y las
extremidades abrazadas se hacen
cada vez más frecuentes,
Servando inicia una singular
serie pictórica circunscrita
dentro de este tema, pero
diferente de trabajos anteriores
por el sentido tan personal que
encierra. Se trata de un grupo
de obras concebidas en honor a
Sevilla, ciudad con la cual se
identifica hondamente y por lo
tanto, decide pintar todos los
años un cuadro para ella. El
proyecto original se extendía
hasta el 2014, pero se
interrumpe en 1981, a causa de
la muerte repentina del pintor.
Cabrera Moreno fue un viajero
experimentado. En sus numerosas
travesías, muchas ciudades lo
atraen, pero Sevilla lo cautiva
con su encanto y nobleza
llegando a convertirse en lo que
él llamó “un símbolo del amor”.
Entre el artista y la ciudad se
establece una relación que se
profundiza en cada viaje. En
ella se siente acogido, se
siente como en casa, hecho
relacionado con el cercano
parentesco que existe entre la
Habana Vieja, donde nació, y la
ciudad andaluza.
Los primeros años de vida de
Servando transcurrieron entre
animadas plazas, iglesias,
palacios y calles estrechas,
entorno que recuerda el sur
andaluz, por su arquitectura y
cercanía al mar. Estimulado por
la riqueza de este ambiente, el
joven artista se convierte en un
amante y conocedor del arte
español en todas sus variantes y
épocas, aspectos que se afianzan
en sus numerosas estancias en la
península.
Abre la serie Saludos eternos
para Sevilla en 1970; en los
años sucesivos aparecen uno tras
otro los nuevos óleos previstos.
En 1981 fallece el autor pero
La soledad y Sevilla logra
ver la luz y cierra de esta
manera el homenaje. Todas las
obras realizadas, más que una
aproximación realista de la
ciudad, ilustran un viaje al
interior del cuerpo y las
relaciones humanas. Por
separado, cada una cobra una
carga emotiva diferente; deseo,
nostalgia, admiración. La
vehemencia y la poesía son
elementos apreciables no solo en
términos plásticos sino también
en los títulos de las
composiciones. Mediante ellos,
podemos reconocer el ánimo del
artista.
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"Arenal de Sevilla",
1980 |
La correspondencia que Servando
sostenía con sus familiares y
amigos durante sus viajes
también nos permite descubrir a
fondo sus sentimientos a
propósito de Sevilla, como
ilustra este fragmento tomado de
una postal dirigida a sus padres
a finales de los años de 1970:
“Aquí les mando estas dos
postales de la nunca bien
ponderada Andalucía, y en este
caso desde Sevilla, la más
fabulosa ciudad del Sur de
España. Hoy precisamente estuve
recorriendo todo el parque María
Luisa que es un pulmón de buenos
olores fragantes que van desde
las rosas de todo tipo hasta los
castaños… Yo ya me estoy
despidiendo de esta ciudad donde
dejo recuerdos muy queridos de
mi juventud…”
Fiel al ánimo de las palabras
anteriores, Todos los
recuerdos de Sevilla,
nombre con que Servando pensaba
denominar el cuadro que quería
hacer este año 2008, nos invita
a admirar, por primera vez en su
conjunto, los diez majestuosos
óleos que integran la serie,
acompañados de documentos y
objetos que son parte de las
memorias de sus viajes.
Servando estuvo íntimamente
unido a Sevilla. Su pintura nos
revela la historia.
Nota
Si
nos remontamos al siglo XVI
habanero, de inmediato
recordaremos la romántica que da
origen a nuestra Giraldilla. Se
dice que el Gobernador de la
Isla Juan Bitrián Viamonte,
natural de Sevilla, enterado de
la leyenda de amor protagonizada
por Doña Isabel de Bobadilla,
motivo de inspiración de esta
escultura realizada por Jerónimo
Martín Pinzón, ordena colocarla
como veleta en la torre de La
Fuerza, rememorando la Giralda
de su ciudad natal.
Este dossier se
realizó con la colaboración del
Museo-Biblioteca Servando
Cabrera Moreno |