Año VIII
La Habana

30 de MAYO al 
5 de JUNIO de 2009

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Premio La Joven Estampa

El placer de grabar

Toni Piñera • La Habana

Fotos: Cortesía Casa de las Américas

 

En el grabado encontramos siempre algo diferente que la pintura no dice, y que toca con la escritura y bordea la poesía y la literatura. Sin embargo, “solemos quedar obcecados por la majestuosidad de la pintura y por el prestigio de la obra única. Hasta podemos llegar a dejar de lado las más altas confidencias y raras visiones confiadas a sutiles hojas de papel, para dar una importancia exclusiva a los cuadros rimbombantes...”, expresaba Henri Focillon en sus “Maestros de la estampa” (1930).
 

Por suerte nunca se ha dejado de grabar, que es como atravesar el umbral de los misterios del arte y de los sueños... En esta dimensión, sobre el tablero de los sueños, el destacado artista puertorriqueño Antonio Martorell ha regresado —aunque dejó sus huellas hace poco en la X Bienal— a las andanzas del Premio La Joven Estampa, de Casa de las Américas, con un original Taller Internacional de Intervenciones de Espacios Exteriores: Camino a Casa.

El encuentro sesiona desde el 18 de mayo en el Taller Experimental de la Gráfica de la Plaza de la Catedral que se ha transformado en estos días de mayo en una inmensa colmena donde han “libado” de los néctares de esa manifestación que es el grabado un conjunto de  artistas nuestros, entre los que se pueden contar nombres como los de Ibrahim Miranda, Yamilis Brito, Julio César Peña, Eduardo Abela, Orlando Montalbán, Carlos del Toro, Frank Ernesto Martínez, Octavio Irving hasta un total de 34, quienes desandan por los terrenos de las técnicas gráficas de la litografía y la colografía, principalmente para hacer realidad el objetivo del encuentro; un paseo por algunas áreas del Malecón hasta la Casa de las Américas mostrando las creaciones realizadas.

El desfile sui generis mostró el grabado en la piel de objetos móviles, máscaras, patinetas, múltiples disfraces (ropas impresas con grabados), carriolas… toda una fiesta que llevó música, plástica y mucha alegría, enfocado al aniversario 50 de la Casa de las Américas en esta décima edición del Premio La Joven Estampa. Los momentos previos a la “fiesta” fueron de un febril trabajo en los espacios del inmenso Taller Experimental de la Gráfica, donde encontramos a Antonio Martorell con la sonrisa a flor de piel, como es habitual en el grabador, pintor, diseñador, escenógrafo, maestro… (San Juan, 1939) y cuyo quehacer plástico es, sin lugar a duda, uno de los más reconocidos en el ámbito caribeño y latinoamericano desde hace casi 40 años.

Como invitado especial a la X Bienal de La Habana que cruzó en marzo y abril por La Habana, Martorell realizó en el propio Taller Experimental de la Gráfica el encuentro Grabaciones e impresiones: música, palabra e imagen, momento en el que recibió muchas alegrías: fue inscrito como miembro de honor de la UNEAC, amén que le fue entregado el Doctorado Honoris Causa del ISA y la medalla Haydée Santamaría, de Casa de las Américas, por su apoyo siempre presente a esta institución y la plástica en general. Por tanto, feliz de regresar a Casa —doblemente— institución y país, Antonio Martorell recordó muchas anécdotas en Premios anteriores donde ha sido jurado y en el que ha dejado también muchas marcas artísticas en talleres, intervenciones, exposiciones… Pero su palabra enfocó este encuentro de hoy. 


Martorell de los caminos

Antonio Martorell bien podría apellidarse de los Caminos, abiertos a la diversidad “sirena del  mundo”, como diría Goethe. Caminos, rutas  abiertas al infinito, que es, por ventura, un riesgo, algo que le atrae sobremanera. O, dicho al revés, le cansa lo sabido, la respuesta siempre igual a la siempre igual pregunta. Por eso lo variopinto de temas y superficies donde plasmar sus inquietudes.

Estamos en presencia, pues, de un grabador inteligente, culto, dominador de su oficio. Cada género es tratado aquí ortodoxamente (paisaje, retrato, composición de figuras...), pero situándolo en su momento. Sabe muy bien el creador por dónde anda el arte de nuestro tiempo, y sigue su paso, sin olvidar, pero desde el oficio de grabar. Pero el oficio, en él, no es un fin en sí mismo (cuando lo es no pasa de treta académica); el oficio es el medio expresivo que el grabador, pintor y dibujante utiliza para proyectar su estilo, su manera personal, su polinizada sensibilidad.

Martorell, quien tiene entre otros premios, el de la Bienal de San Juan del Grabado de América Latina y el Caribe, 1974, la Bienal Internacional de Frechen (Alemania) en 1974 y 1981, la Bienal Internacional de Firenze (Italia), 1974, la 1era. Bienal Latinoamericana del Grabado en Nueva York, 1986, entre muchos otros, tiene a su haber una vasta obra que está marcada por la diversidad de técnicas con una permanente voluntad de renovación y comprensión del arte que es para él un inmenso compromiso con su contexto sociocultural, como lo ha demostrado siempre.

Todo cuanto se mueve en los grabados del creador, aún pueden verse algunas obras colgadas en las paredes del Taller Experimental de la Gráfica, no es más que lo que la mirada pone en relación: signos, atisbos, señales que llegan desde el tiempo. Fauna del subconsciente, teatro mental, y también del teatro completo de la vida contado con el estilo de la epopeya, a la manera de un misterio medieval o de un cuento de Voltaire.

A fuerza de sabios empeños, sus obras han logrado un estado de gracia confortable a simple vista, aunque su mejor momento es el de las segundas miradas, aquellas que se entretienen con morosidad en el aprecio de las calidades, las que le sacan el verdadero gusto al grabado. No es solo de ir empapándose de un efecto de conjunto, sino de ir rastreando detalles, matices, intensidades, siempre con provecho. A su aire, sin alteraciones, insistiendo todo lo que le haga falta, Antonio Martorell llega a una intimidad con el grabado que es intemporal. A tal punto que se olvida cualquier identificación anecdótica, cualquier distracción. Es grabado puro realizado por alguien que no ama otra cosa que grabar bien.

Todos sus grabados son una representación, pero lo que nos brindan son fragmentos de sueño: algo más nítido que la realidad, prolija y confusa. Algo que está regido por una lógica distinta y, sin embargo, transmite siempre, como un eco, todo aquello de lo que proviene. Inmediata, perceptible, dotada de una nueva frescura, la realidad está ahí, vista por primera vez. El desconocido es real. Martorell no existe... 

Últimas jornadas del Taller

Camino a Casa es un taller singular porque a pesar de ser básicamente de grabado, se combina con el performance, es una fusión de las artes y técnicas para resaltar el hecho plástico y cultural, artístico en uno solo, celebrando además las cinco décadas de vida de esta institución cubana, latinoamericana e internacional que es Casa de las Américas. Entre tintas, piedras legendarias, risas, calores… las obras van saliendo de las entrañas de cada creador dentro del Taller, vigilado por la mirada diestra del maestro que va armando así el espectáculo que tuvo lugar el 28 de mayo. Martorell señaló que de alguna manera este Taller era una continuación del que realizó en la Bienal hace muy poco. “La Joven Estampa ha llegado a su mayoría de edad, podemos decir, y es y será siempre una Estampa Joven, donde participan artistas de todas las generaciones y no solo de lo más novel. Han sido días maravillosos, toda una fiesta dentro del Taller”.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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