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Bienvenidas y
bienvenidos a la Joven
Estampa camino a Casa.
La Joven Estampa ya ha
llegado a su mayoría de
edad. Cada año que pasa
es más fuerte, más
decidida la huella, más
firme la pisada camino a
Casa. Su juventud
radica, no tanto en la
edad de los caminantes,
como en lo infinito de
su futuro, en el
entusiasmo de su
quehacer, en la
esperanza cifrada de la
incisión y el relieve,
de la entintada y la
impresión, de la
estampa, su
multiplicidad y
complicidad.
Un camino se hace tanto
en el tiempo como en el
espacio, se marca en
ambos, se cuenta en
forma tan progresiva
como regresiva,
dependiendo del origen y
del destino, de la
herramienta y la
superficie, del deseo y
su limitación.
No obstante, la huella
en el camino, al igual
que la imagen impresa,
reclaman un hogar, una
comunidad a la vez
diversa y unitaria como
la mano creadora, cuyos
dedos, singularizados
cada uno con su función
y su digital impronta,
pueden abrirse en saludo
o cerrarse en desafío.
Nos esperan sorpresas,
en eso confiamos, viejos
y nuevos senderos,
revisitados o
extrañados, nunca los
mismos. Y tampoco por
afán de novedad, que
esta cansa y hasta
aburre en su empecinada
reiteración. Digamos que
el camino será tan
diferente como el
caminante, la estampa
tan fina o vasta como la
mano que la genera.
Hace algunos años en
este mismo marco de la
Joven Estampa iniciamos
un ascenso al Paraíso.
Hoy somos más modestos y
más ambiciosos a la vez.
No pretendemos el
Paraíso, ansiamos llegar
a Casa. ¿Pero acaso no
es la casa el paraíso,
tantas veces perdido y
vuelto a rescatar? La
casa, la taza de café
con asa o sin ella, el
olor, el sabor de la
casa primaria, el calor
y el color del hogar
donde el pie se
descalza. La casa.
Estampemos nuestro
aliento en la casa,
hagamos de ella el
camino. En el camino
está la casa.
Antonio Martorell,
13 de mayo de 2009.
Taller de la Playa,
Ponce, Puerto Rico. |