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De nuevo, en esta tarde de viernes,
una multitud de
generaciones colmó la
inmensamente emotiva
sala Che Guevara de la
Casa de las Américas. De
nuevo la alta poesía
convoca al cubano, a los
hermanos que nos
visitan, para rendir
homenaje en nuestra
memoria por Haydée Santamaría a los 50 años de Casa.
Solo dos personas tienen
en sus manos esa
complicidad mayor de
hacernos vibrar por
tanta franqueza hecha
verso: Roberto Fernández
Retamar y Silvio
Rodríguez comparten un
recital. Estar en
presencia de un Premio
Nacional de Literatura y
Premio Alba de las
Letras como Retamar es
una cualidad que lo
enaltece, pero mucho más
cuando desde la estatura
de su sencillez, declara
que se siente agradecido
a Silvio por la invitación
para este proyecto
porque es la primera vez
en 44 años como
Presidente de Casa que
ofrece una lectura de su
obra. De Silvio, los
nombres de las canciones
impresos en el programa,
nos revelan que se trata
de clásicos entre los
clásicos, pero asumidos
con la suficiente
originalidad como para
sorprender hasta al más
conocedor de su obra.
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Desde los comienzos, en esta
inolvidable tarde de
mayo, la Casa se
transforma en un Templo
de la Belleza que hace
sentirnos parte de este
homenaje que como
familia, todos como
pueblo, hemos vivido
durante estos 50 años.
Quizá solo cuando sea
editado el disco con
este memorable material,
se pueda entonces
comprender de la
tremenda suerte, del
privilegio que estos dos
titanes de la cultura
cubana hayan decidido
compartir sus artes a
partir de asombrosas
afinidades, motivados
por experiencias
análogas. En tal
sentido, los versos de Retamar en "Con las
mismas manos",
inspiraron al creador de
un himno del amor en
Revolución con esas
mismas manos de "Te doy
una canción".
Otro de los hitos del
recital es la lectura
del impactante poema
"Aniversario", una
eterna declaración de
amor que se asume como
propia no solo por la
elegancia del lenguaje
cotidiano, sino porque
esto puede haberle
sucedido a cualquiera de
nosotros en esta Isla,
poema que se engrandece
todavía más cuando
Silvio ofrece la
monumentalidad de la
delicadeza en "Te
amaré", conocidísima
canción revestida como
nueva al interpretarla
en un acento lo más
cercano posible a la
declamación. Mientras
que en "A mi amada", Retamar padre exclama el
orgullo por la hija
internacionalista, mujer
de la estirpe de
aquellas que Silvio
evoca en "Mujeres", para
el final como cierre,
está reservado lo mejor.
No podía venir otro
argumento que refleje la
necedad por el amor
extraviado que el del
"Unicornio" al terminar
Retamar la lectura del
poema. "¿Y
Fernández?",
hermosa historia de amor
entre sus padres con una
carga tal de lirismo
nada más posible de
asentar con la
intensidad fabulada del
mitológico personaje.
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Tras concluir este recital, entre la
lluvia de merecidos
aplausos, nos cubría la
certeza que entre estos
poemas y canciones, nos
íbamos un poquito
mejores seres humanos,
mucho mejores. Sin lugar
a duda. |