|
Vigencia plena tienen
actualmente en San Agustín las
certeras palabras martianas que
aseguran: “Dondequiera que el
hombre se afirma el sol brilla”.
En este reparto del municipio de
La Lisa y situado en la
periferia de nuestra capital, un
grupo de jóvenes creadores, de
distintas latitudes, aúnan
talento, imaginación y voluntad
en un proyecto de hondo calado
cultural denominado LASA.
La economía, el medio ambiente,
el sistema de educación, los
medios de transporte, las
costumbres, las maneras de
pensar y sentir, las
percepciones gustativas,
visuales y auditivas de los
residentes en esta región, son
objeto de singular escrutinio
por los participantes en este
Laboratorio Artístico, dirigido
desde su propia creación, en
julio del pasado año, por el
artista de la Plástica Cubana
Candelario, con quien
conversamos en entrevista
exclusiva.
Cande, el artista.
Hago performances para la
palestra pública desde hace
alrededor de un año, porque
antes los hacía de una manera
muy local. Nunca me había
llamado la atención trabajar
públicamente. Es algo que
tampoco hoy me interesa. Mi
mayor interés actualmente es el
proyecto LASA, que salga
adelante, que se consolide como
tal. Si antes no tenía ningún
interés público, ahora sí me
interesa y mucho. No para
Candelario, sino para una obra
que hace Candelario: el
Laboratorio Artístico de San
Agustín.
¿Cómo se produce el nacimiento
de LASA?
Cuando creaba mis performances
aquí en La Lisa, utilizaba
elementos que son indispensables
para cualquier artista, como un
equipo de acompañamiento, gente
que se dedique a la
comunicación, etc., etc. En el
caso de LASA aparece cuando
artistas y amigos míos me llaman
para felicitarme porque, según
el criterio de ellos, yo estaba
preparado para hacer proyectos
en San Agustín, en La Lisa, que
ellos no podían ―ni aun pueden—
hacer en su propio Municipio.
Esas exhortaciones me hicieron
reflexionar en la posibilidad
que tenía yo, como artista local
de contar con “permisos” y
“autorizaciones” para emprender
el sugerido proyecto.
Luego viene la otra etapa que
fue el momento de percatarme que
en realidad era una herramienta
lo que yo podía crear.
Herramienta que necesitaban
otros artistas. Entonces empecé
con mis propios amigos. A ellos
les decía: si no puedes allá,
pues ven a trabajar para acá. Y
sin el menor ánimo de verlo en
aquel momento como proyecto,
estaba naciendo LASA.
El nombre como tal surge en
Berlín, en julio de 2005. En mis
performances utilizo como
herramienta mi propio cuerpo,
utilizo la imagen del ser, no
hablo de brazos, ni de cuerpo,
sino convertir cada performance
en un ser vivo. Así sucedió con
LASA. Me di cuenta de que en la
comunidad de San Agustín, de que
en el contexto de este barrio,
se necesitaba de un cuerpo que
representara a la Comunidad como
tal en las esferas más
importantes.
¿Por qué precisamente este
reparto de la periferia de
nuestra capital?
Sucede que desde su fundación
San Agustín fue tomado por la
Revolución ―y de hecho sigue
siendo así— como lugar donde se
experimentan proyectos. En este
barrio surgieron las
Microbrigadas, nacieron los
Laboratorios fílmicos del
Instituto Cubano del Arte e
Industrias Cinematográficos
(ICAIC), los Laboratorios DALMER,
así como también laboratorios
cárnicos, por solo citar algunos
ejemplos. El reparto carecía,
sin embargo, de un Laboratorio
Artístico y decidí entonces que
San Agustín era el lugar
perfecto para nuestro
experimento.
Los primeros ensayos comenzaron
en agosto del pasado año. ¿Por
qué la realización de ensayos?
Como Laboratorio al fin teníamos
que hacer ensayos, pruebas que
en su conjunto tenían como fin
la búsqueda de un resultado
específico.
En el caso nuestro lo primero
que necesitábamos hacer era
conocer la identidad de esta
región. Nos encontramos que el
reparto no contaba siquiera con
una identidad propia, porque su
población está conformada por
personas provenientes de muchos
lugares. Algunas de ellas
trajeron sus costumbres, otras,
en cambio, han decidido
olvidarlas y, para peor, no se
creó ninguna identidad.
Actualmente no existen el barrio
instituciones culturales, ni
lugares de esparcimientos,
tampoco cuenta con una
Biblioteca. En el Municipio como
tal, sí existen, pero en San
Agustín, no.
Fue así como nos dimos cuenta de
que lo primero que debíamos
hacer era trabajar para que el
reparto tuviera una identidad
propia.
¿Cómo comenzar a lograr esa
identidad, ese sentido de
pertenencia por el lugar donde
se reside?
Empezamos a explorar y, aún
cuando todavía no sabemos por
qué, comenzamos por el gusto.
Creamos una maqueta gigante
comestible donde cada vecino
tenía que identificar su
edificio, su casa.
Ahora, para la Bienal, tenemos
previstos la presentación de
otros dos ensayos continuadores
del primero: el oído y la vista.
Consideramos que en sentido
general estamos haciendo algo
que realmente aporta al barrio,
que contribuirá a su sentido de
integración, que seremos capaces
de resaltar los valores que
existen en este barrio y se
encuentran ocultos por el
momento. Ahora LASA aspira a
descubrirlos para poder
utilizarlos en beneficio de su
propia comunidad. Solo con la
participación de todos será
posible lograr esos propósitos.
Por ello invitamos a nuestro
Laboratorio a artistas,
albañiles, costureras,
bailarines, escritores…, en fin,
a cualquiera que pueda aportar
en beneficio de la comunidad, en
beneficio de su identidad.
¿Qué distingue al Laboratorio
Artístico de San Agustín (LASA)
para ser considerado un proyecto
contextual y no comunitario?
Alguien vino aquí un día y me
dijo: Tengo dos niños que saben
pintar y me gustaría y me
gustaría que estuvieran con
ustedes para que aprendieran a
dibujar mejor. Le contesté que
aquí no se viene a aprender,
sino a pensar. Se viene a hacer
algo por este lugar. ¿Qué puedes
darme, qué puedes entregarme que
sirva para ayudar al otro, que
sirva para el bien del
colectivo, para el bien común?
Así, usando esas pautas,
queremos estimular a la
población residente en San
Agustín a que comprenda que el
contexto en el cual trabajamos
es San Agustín. El artista
cuando viene a trabajar a este
reparto lo primero que tiene que
hacer es explorar el barrio,
descubrir la identidad del
barrio, descubrir dónde está el
sentido de este barrio y a
partir de ese descubrimiento y
de esa investigación, crear
entonces su propio proyecto; el
proyecto que emplaza a San
Agustín.
LASA no es un proyecto
comunitario, sus acciones nada
tienen que ver con Bauta, por
ejemplo, o cualquier otro
reparto, porque es un proyecto
contextual.
Los proyectos comunitarios son
más bien pedagógicos. En su
mayoría tienen como finalidad la
formación de jóvenes y niños
dentro de los valores de las
artes. Pero nosotros aspiramos a
algo mayor. Aspiramos a algo que
abarque el territorio entero.
Nos interesa la contaminación
ambiental, el transporte, la
economía, el modo de vivir de la
gente. Nos interesa, incluso, la
mala educación que pueda existir
en algunos residentes.
Por eso siempre hacemos la
separación entre arte
comunitario y arte contextual.
Trabajamos para el espacio, para
todo lo que involucre el
espacio. Nos ha costado bastante
trabajo hacer entender a todos
―población, instituciones,
dirigentes— que no éramos un
proyecto comunitario. Felizmente
ahora lo entienden y no son
pocos los que nos señalan, nos
toman como ejemplo por ser los
primeros que hacemos arte
contextual.
En los ocho meses de existencia
de LASA, ¿puede hablarse ya de
resultados del trabajo
realizado?
Por supuesto que sí y esos
resultados, a mi juicio, son muy
buenos. Muestra de ello ―y quizá
el logro más significativo— es
la existencia de este local
donde podemos reunirnos,
intercambiar criterios e incidir
en la población. Fue tanto el
batallar para conseguir este
sitio, para contar con un lugar,
un corazón de todas las
acciones, que el hecho de
tenerlo es un excelente
resultado. Este lugar donde
radica ahora nuestro
Laboratorio, en las calles 254 y
35 en el propio San Agustín, era
un ruinoso local donde antes
radicó una lavandería o
tintorería. Ante los ojos
asombrados de los vecinos,
fuimos reconstruyendo el espacio
y ya disponemos de él.
Pero en realidad si me
preguntaran más que por los
resultados de este proyecto, por
mi mayor deseo, por lo que más
me interesa, diría entonces:
ojalá que LASA sirva para ser
sentir a los dirigentes de los
distintos órganos de gobierno a
que tengan un sentido de
pertenencia por su propia
localidad, por su Municipio y
que al final escuchen y vean
cuánto agradece la gente cuando
se sabe dueña de un proyecto
como el nuestro.
¿La Bienal?
La experiencia que tengo hasta
ahora de las Bienales es como
espectador. Veía su
organización, su realización y
siempre me repetía: algún día
estaré dentro de ella. Ese día,
por fin, ha llegado. LASA se
encuentra en la nómina de los
participantes en la Bienal no
obstante su corta edad. Es
decir, con menos de un año de
vida.
Ello indica que en ese corto
tiempo hemos sido capaces de
trabajar intensamente para
reunir los requisitos que exigen
los organizadores del evento a
los artistas participantes.
Muchos me preguntan por qué no
Candelario en la Bienal y LASA
sí. Pero de lo que se trata es
que quiero romper el binomio
artista y obra. En realidad
entiendo que el proyecto me está
pariendo a mí y por tanto es
LASA el que se ha ganado el
derecho de estar en esta X
edición de la Bienal.
Me alegra mucho que nuestro
proyecto se encuentre entre las
decenas de invitados de más de
50 naciones representativas de
todas las regiones del mundo.
Esa participación nuestra
mostrará que estamos haciendo
algo que está en el camino
correcto; que estamos haciendo
algo que ojalá sirva para
sensibilizar a quienes nos
dirigen y a la población en
general.
¿Qué nos da la Bienal a nosotros
y, a su vez, qué nosotros le
damos a la Bienal?
La Bienal da a LASA una especie
de firma, una oficialidad dentro
del nivel y la clase cultura
cubana; una oficialidad que es
también política y que nos
permite demostrar que tenemos un
sentido.
Al propio tiempo LASA ofrece a
la Bienal un territorio
completamente virgen. Entonces LASA ofrece a
la Bienal una herramienta que
servirá para invitar a trabajar
a los artistas cubanos y del
mundo. |