Año VII
La Habana

4 al 10 de ABRIL
de 2009

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LASA, invitación permanente a la creación

Lore Martín • La Habana

Fotos: Cortesía de los artistas


Vigencia plena tienen actualmente en San Agustín las certeras palabras martianas que aseguran: “Dondequiera que el hombre se afirma el sol brilla”. En este reparto del municipio de La Lisa y situado en la periferia de nuestra capital, un grupo de jóvenes creadores, de distintas latitudes, aúnan talento, imaginación y voluntad en un proyecto de hondo calado cultural denominado LASA.

La economía, el medio ambiente, el sistema de educación, los medios de transporte, las costumbres, las maneras de pensar y sentir, las percepciones gustativas, visuales y auditivas de los residentes en esta región, son objeto de singular escrutinio por los participantes en este Laboratorio Artístico, dirigido desde su propia creación, en julio del pasado año, por el artista de la Plástica Cubana Candelario, con quien conversamos en entrevista exclusiva.

Cande, el artista.

Hago performances para la palestra pública desde hace alrededor de un año, porque antes los hacía de una manera muy local. Nunca me había llamado la atención trabajar públicamente. Es algo que tampoco hoy me interesa. Mi mayor interés actualmente es el proyecto LASA, que salga adelante, que se consolide como tal. Si antes no tenía ningún interés público, ahora sí me interesa y mucho. No para Candelario, sino para una obra que hace Candelario: el Laboratorio Artístico de San Agustín.

¿Cómo se produce el nacimiento de LASA?

Cuando creaba mis performances aquí en La Lisa, utilizaba elementos que son indispensables para cualquier artista, como un equipo de acompañamiento, gente que se dedique a la comunicación, etc., etc. En el caso de LASA aparece cuando artistas y amigos míos me llaman para felicitarme porque, según el criterio de ellos, yo estaba preparado para hacer proyectos en San Agustín, en La Lisa, que ellos no podían  ―ni aun pueden— hacer en su propio Municipio. Esas exhortaciones me hicieron reflexionar en la posibilidad que tenía yo, como artista local de contar con “permisos” y “autorizaciones” para emprender el sugerido proyecto.

Luego viene la otra etapa que fue el momento de percatarme que en realidad era una herramienta lo que yo podía crear. Herramienta que necesitaban otros artistas. Entonces empecé con mis propios amigos. A ellos les decía: si no puedes allá, pues ven a trabajar para acá. Y sin el menor ánimo de verlo en aquel momento como proyecto, estaba naciendo LASA.

El nombre como tal surge en Berlín, en julio de 2005. En mis performances utilizo como herramienta mi propio cuerpo, utilizo la imagen del ser, no hablo de brazos, ni de cuerpo, sino convertir cada performance en un ser vivo. Así sucedió con LASA. Me di cuenta de que en la comunidad de San Agustín, de que en el contexto de este barrio, se necesitaba de un cuerpo que representara a la Comunidad como tal en las esferas más importantes.

¿Por qué precisamente este reparto de la periferia de nuestra capital?

Sucede que desde su fundación San Agustín fue tomado por la Revolución ―y de hecho sigue siendo así— como lugar donde se experimentan proyectos. En este barrio surgieron las Microbrigadas, nacieron los Laboratorios fílmicos del Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC), los Laboratorios DALMER, así como también laboratorios cárnicos, por solo citar algunos ejemplos. El reparto carecía, sin embargo, de un Laboratorio Artístico y decidí entonces que San Agustín era el lugar perfecto para nuestro experimento.

Los primeros ensayos comenzaron en agosto del pasado año. ¿Por qué la realización de ensayos?

Como Laboratorio al fin teníamos que hacer ensayos, pruebas que en su conjunto tenían como fin la búsqueda de un resultado específico.

En el caso nuestro lo primero que necesitábamos hacer era conocer la identidad de esta región. Nos encontramos que el reparto no contaba siquiera con una identidad propia, porque su población está conformada por personas provenientes de muchos lugares. Algunas de ellas trajeron sus costumbres, otras, en cambio, han decidido olvidarlas y, para peor, no se creó ninguna identidad. Actualmente no existen el barrio instituciones culturales, ni lugares de esparcimientos, tampoco cuenta con una Biblioteca. En el Municipio como tal, sí existen, pero en San Agustín, no.

Fue así como nos dimos cuenta de que lo primero que debíamos hacer era trabajar para que el reparto tuviera una identidad propia.

¿Cómo comenzar a lograr esa identidad, ese sentido de pertenencia por el lugar donde se reside?

Empezamos a explorar y, aún cuando todavía no sabemos por qué, comenzamos por el gusto. Creamos una maqueta gigante comestible donde cada vecino tenía que identificar su edificio, su casa.

Ahora, para la Bienal, tenemos previstos la presentación de otros dos ensayos continuadores del primero: el oído y la vista. Consideramos que en sentido general estamos haciendo algo que realmente aporta al barrio, que contribuirá a su sentido de integración, que seremos capaces de resaltar los valores que existen en este barrio y se encuentran ocultos por el momento. Ahora LASA aspira a descubrirlos para poder utilizarlos en beneficio de su propia comunidad. Solo con la participación de todos será posible lograr esos propósitos. Por ello invitamos  a nuestro Laboratorio a artistas, albañiles, costureras, bailarines, escritores…, en fin, a cualquiera que pueda aportar en beneficio de la comunidad, en beneficio de su identidad.

¿Qué distingue al Laboratorio Artístico de San Agustín (LASA) para ser considerado un proyecto contextual y no comunitario?

Alguien vino aquí un día y me dijo: Tengo dos niños que saben pintar y me gustaría y me gustaría que estuvieran con ustedes para que aprendieran a dibujar mejor. Le contesté que aquí no se viene a aprender, sino a pensar. Se viene a hacer algo por este lugar. ¿Qué puedes darme, qué puedes entregarme que sirva para ayudar al otro, que sirva para el bien del colectivo, para el bien común?

Así, usando esas pautas, queremos estimular a la población residente en San Agustín a que comprenda que el contexto en el cual trabajamos es San Agustín. El artista cuando viene a trabajar a este reparto lo primero que tiene que hacer es explorar el barrio, descubrir la identidad del barrio, descubrir dónde está el sentido de este barrio y a partir de ese descubrimiento y de esa investigación, crear entonces su propio proyecto; el proyecto que emplaza a San Agustín.

LASA no es un proyecto comunitario, sus acciones nada tienen que ver con Bauta, por ejemplo, o cualquier otro reparto, porque es un proyecto contextual.

Los proyectos comunitarios son más bien pedagógicos. En su mayoría tienen como finalidad la formación de jóvenes y niños dentro de los valores de las artes. Pero nosotros aspiramos a algo mayor. Aspiramos a algo que abarque el territorio entero. Nos interesa la contaminación ambiental, el transporte, la economía, el modo de vivir de la gente. Nos interesa, incluso, la mala educación que pueda existir en algunos residentes.

Por eso siempre hacemos la separación entre arte comunitario y arte contextual. Trabajamos para el espacio, para todo lo que involucre el espacio. Nos ha costado bastante trabajo hacer entender a todos ―población, instituciones, dirigentes— que no éramos un proyecto comunitario. Felizmente ahora lo entienden y no son pocos los que nos señalan, nos toman como ejemplo por ser los primeros que hacemos arte contextual.

En los ocho meses de existencia de LASA, ¿puede hablarse ya de resultados del trabajo realizado?

Por supuesto que sí y esos resultados, a mi juicio, son muy buenos. Muestra de ello ―y quizá el logro más significativo— es la existencia de este local donde podemos reunirnos, intercambiar criterios e incidir en la población. Fue tanto el batallar para conseguir este sitio, para contar con un lugar, un corazón de todas las acciones, que el hecho de tenerlo es un excelente resultado. Este lugar donde radica ahora nuestro Laboratorio, en las calles 254 y 35 en el propio San Agustín, era un ruinoso local donde antes radicó una lavandería o tintorería. Ante los ojos asombrados de los vecinos, fuimos reconstruyendo el espacio y ya disponemos de él.

Pero en realidad si me preguntaran más que por los resultados de este proyecto, por mi mayor deseo, por lo que más me interesa, diría entonces: ojalá que LASA sirva para ser sentir a los dirigentes de los distintos órganos de gobierno a que tengan un sentido de pertenencia por su propia localidad, por su Municipio y que al final escuchen y vean cuánto agradece la gente cuando se sabe dueña de un proyecto como el nuestro.

¿La Bienal?

La experiencia que tengo hasta ahora de las Bienales es como espectador. Veía su organización, su realización y siempre me repetía: algún día estaré dentro de ella. Ese día, por fin, ha llegado. LASA se encuentra en la nómina de los participantes en la Bienal no obstante su corta edad. Es decir, con menos de un año de vida.

Ello indica que en ese corto tiempo hemos sido capaces de trabajar intensamente para reunir los requisitos que exigen los organizadores del evento a los artistas participantes. Muchos me preguntan por qué no Candelario en la Bienal y LASA sí. Pero de lo que se trata es que quiero romper el binomio artista y obra. En realidad entiendo que el proyecto me está pariendo a mí y por tanto es LASA el que se ha ganado el derecho de estar en esta X edición de la Bienal.

Me alegra mucho que nuestro proyecto se encuentre entre las decenas de invitados de más de 50 naciones representativas de todas las regiones del mundo. Esa participación nuestra mostrará que estamos haciendo algo que está en el camino correcto; que estamos haciendo algo que ojalá sirva para sensibilizar a quienes nos dirigen y a la población en general.

¿Qué nos da la Bienal a nosotros y, a su vez, qué nosotros le damos a la Bienal?

La Bienal da a LASA una especie de firma, una oficialidad dentro del nivel y la clase cultura cubana; una oficialidad que es también política y que nos permite demostrar que tenemos un sentido.

Al propio tiempo LASA ofrece a la Bienal un territorio completamente virgen. Entonces LASA ofrece a la Bienal una herramienta que servirá para invitar a trabajar a los artistas cubanos y del mundo.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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