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La Bienal Internacional
de La Habana cumple 25 años. El
camino recorrido, aunque largo y
azaroso, ha estado impregnado de
grandes voluntades y
resistencias. De ahí la
posibilidad de sobrevivir al
acecho del mercado y a los
problemas económicos de este
pequeño país.
La X edición acoge por estos
días numerosos y complejos
proyectos bajo el
tema Integración y resistencia
en la era global, en los cuales
se aprecia la diversidad de
materiales, técnicas y
estrategias para construir un
discurso visual capaz de abordar
el problema planteado. Series
como Cultivos y Masa
crítica, de los colombianos
María Elvira Escallón y Fernando
Uhía, respectivamente, dan fe de
ello.
También destaca la cantidad de
propuestas ubicadas en barrios
como el de Lasa, en San Agustín.
Nelson Herrera Ysla, miembro de
la curaduría general del evento,
considera que esta ha sido un
encuentro muy urbano, donde la
participación y la interacción
del pueblo con el arte han
tenido un resultado valioso.
Las exposiciones colaterales al
gran evento también han
sobrepasado las expectativas.
Más de 120 muestras en diversos
puntos geográficos de la ciudad,
incluyendo talleres de artistas
como el de Rancaño, brindan un
amplio panorama del arte
contemporáneo cubano. Las casas
especializadas de la Oficina del
Historiador de la Ciudad, en la
Habana Vieja, acogen la mayoría
de los proyectos de arte
experimental y arte joven, entre
ellos Domesticaciones, de
Marianela Orozco, y Nueva
fiera, de Rocío García.
Este programa paralelo incluye
además proyectos colectivos,
pedagógicos, paneles de debate e
intervenciones públicas que
permiten a las personas sentirse
más cerca de la obra de arte e
incluso formar parte de ella.
Algo inusual que ha alterado la
vida de la ciudad es la manada
de elefantes del cubano José
Emilio Fuentes, una propuesta
titulada Memoria & Memori
que cada día amanece en un sitio
diferente. Ya los elefantes han
invadido la Plaza Vieja, las
afueras del Capitolio, la
Tribuna Antimperialista y la
escalinata de la Universidad de
La Habana, provocando una
fortuita relación con el
público.
El evento teórico en esta
oportunidad continuó siendo un
espacio imprescindible para
discutir sobre las principales
problemáticas que enfrenta la
creación artística contemporánea
en la era global.
“Ha sido una bienal de cierre,
su sentido fundamental es
resumir todos los años de
trabajo. También ha representado
un salto porque no queremos
repetirnos, ansiamos lo
novedoso. Sentimos orgullo por
las nueve ediciones anteriores,
pero de aquí en adelante nos
proponemos cambiar bastante o
completamente la estructura del
evento”, afirmó Nelson Herrera.
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