Año VII
La Habana

4 al 10 de ABRIL
de 2009

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El nombre de Liborio está ligado a la cultura visual cubana desde los inicios de la República. Este personaje caricaturesco devino símbolo del cubano durante más de 30 años. Pero lo que no pudo imaginar su creador, el caricaturista Torriente, es que, tiempo después, otro Liborio, con una nueva “arma” de trabajo: la cámara fotográfica, y una realidad muy distinta: la Revolución Cubana, se inscribiría entre los nombres reconocidos de la nueva cultura visual del país.

A este protagonismo de Liborio Noval, rinde homenaje La Jiribilla, este viernes 3 de abril, con la exposición Instantáneas de Liborio, como parte de las actividades que dicha publicación viene realizando con motivo del  Aniversario 50 de la Revolución Cubana.
 

Liborio se inserta en el grupo de fotógrafos que dieron testimonio por la lente del día a día del proceso revolucionario en marcha a partir de 1959. Al igual que sucedió con la obra de otros colegas, la suya se encausó desde el primer momento por una temática de aliento épico a tenor con la propia dinámica y dramática de los acontecimientos. En esta línea, tendría un destaque mayor sus fotografías de los líderes de la Revolución, en particular, las hechas a Fidel Castro y Ernesto Che Guevara.
 

Los cultores de esta fotografía como los de todas las manifestaciones que iniciaron el mejor arte de la Revolución, no habrían sido lo que fueron si no se repara en los esfuerzos, conocimientos y experiencias precedentes que le posibilitaron su entronización en el nuevo contexto artístico y hasta mediático de los 60. Nada nace de la Nada. Y así como la Revolución Cubana tuvo en la llamada Generación del Centenario su vanguardia política, así también sus demás manifestaciones artísticas y literarias tuvieron sus respectivas “generaciones del centenario”, entendiéndose estas como las de aquellos intelectuales y artistas que, iniciados en sus respectivas manifestaciones o ya formados en ellas desde las décadas de los 40 y 50, se integraron a partir del primero de enero de 1959 al proceso revolucionario, con lo cual se garantizó la necesaria continuidad profesional indispensable a todo cambio social, político y estético.

Desde entonces y hasta la fecha, la obra de Liborio Noval ha ido creciendo en paralelo con los períodos más notables de este medio siglo de Revolución. A sus aportes a la iconografía de sus hombres emblemáticos, se ha sumado otra línea temática más relacionada con las situaciones coyunturales propias de un saber ver desde la cotidianidad los momentos que le ha tocado testimoniar. Más hecha a la narrativa, al encuentro fortuito, al objet trouvé de la fotografía experimental surrealista ―común a una buena parte de la fotografía cubana de estos años―, las fotos que la particularizan, y que constituyen el conjunto mayor de la presente exposición, son el testimonio otro de un mismo tiempo de Revolución, en el cual se cualifica la observación más involucrada con la poesía de la realidad, sin que quede del todo fuera la reflexión inteligente, apta siempre para darnos una visión ampliada y renovada de la misma.
 

Tampoco le ha faltado a esta visión muy personal de Liborio, el paisaje. Tema que viene a eclosionar en la madurez de su desempeño periodístico como fotógrafo. El paisaje, por lo general, siempre se manifiesta en los inicios de toda evolución personal. En esta exposición, al menos, se manifiesta como colofón de una trayectoria generalmente comprometida con la visualidad de un quehacer político y social. Este paisaje, sin embargo, tiene una particularidad, son también instantáneas, lo que le da una mayor unidad a la muestra. Es decir, no es el paisaje en su soberanía contemplativa, para el cual posa el ojo del fotógrafo, sino aquel que es aprehendido al paso, entre un reportaje y otro, cuando el arco iris lo recorre o la nevada cae.
 

Accidentes, sin duda, que de alguna manera nos remiten a un cierto paisajismo cosmopolita —llamémoslo así, por ahora—, no por más urbano menos natural ―tal y como observamos en otras fotos de interés social, tomadas en el metro o frente a la vidriera de alguna ciudad extranjera―, en perpetuo vínculo con lo captado durante sus largas jornadas como fotorreportero en eventos y misiones del estado cubano.    

Con la presente exposición, tiene La Jiribilla una propuesta a la cual nunca estará de más acercarse. Las dos caras de una misma moneda, son también aquí los dos temas de un único y solidario fotógrafo, sin el cual la historia de la fotografía cubana ya no puede pasarse.

 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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