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Hace una semana se inauguró
oficialmente la X Bienal de La
Habana bajo el lema Integración
y resistencia en la era global y
aunque las exposiciones y
actividades relacionadas con el
evento se mantendrán hasta el 30
de abril, han bastado estos días
para catalogarla como un evento
determinante para las artes
plásticas, no solo cubanas sino
de toda Latinoamérica.
En un momento en el cual, según
muchos teóricos, el concepto
bienal está en crisis, Cuba
—como afirma Rubén del Valle,
presidente del Consejo Nacional
de Artes Plásticas— “persevera
en la convicción del
protagonismo del arte y los
artistas, y en la imprescindible
necesidad de propiciar un
espacio donde confluyan
estéticas, culturas que se
mezclen, se nieguen o reafirmen
en un terreno físico real.
Terreno donde el público sea
gestor y participante, actuante
de primera línea, destino
fundamental de tales empeños.”
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Siguiendo ese objetivo La Habana
se ha convertido en una
gigantesca galería, pues los
espacios donde se pueden
apreciar las más de 300 obras
expuestas están distribuidos
geográficamente por toda la
ciudad; encabeza la lista el
recinto ferial Morro-Cabaña,
principal sede del evento, le
siguen numerosas instituciones
en el centro histórico de la
ciudad como el Centro de Arte
Contemporáneo Wifredo Lam, el
Museo Nacional de Bellas Artes,
la Fototeca de Cuba, el Centro
Provincial de Artes Plásticas y
Diseño, la Galería de la
Biblioteca Rubén Martínez
Villena, el Centro de Desarrollo
de las Artes Visuales, el Centro
Hispanoamericano de Cultura, y
se suman otras en el Vedado como
la Casa de las Américas, el
Pabellón Cuba, la Galería Habana
y el Centro Cultural Bertolt
Brecht, amén de las
intervenciones en dos
comunidades de la ciudad:
Cojímar y San Agustín.
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Sobrevivientes, Roberto
Fabelo |
Si hubiese que destacar las dos
características principales de
esta edición de la Bienal serían
en primer lugar la alta
participación internacional
—pues se cuenta con obras de
artistas provenientes de 54
países— y en segunda instancia
su carácter abierto y plural
evidenciado en la posibilidad de
diálogo entre artistas, no solo
de tan diversas procedencias,
sino también de diferentes
generaciones, lenguajes y
tendencias.
Aunque oficialmente se inauguró
el viernes 27 de marzo, la
Bienal había tenido desde antes
algunas “anunciaciones” que
prefiguraban la calidad y el
impacto que tendría este evento
de las artes plásticas. Una
exposición de Servando Cabrera,
Antonia Eiriz y Tomás Sánchez —La
conciencia del testigo—
inaugurada en la Casa Museo
Servando el jueves 19, fue el
disparo de arrancada de las
innumerables muestras
colaterales. El lunes 23 de
marzo tuvo lugar la apertura del
taller Grabaciones e
impresiones: música, palabra e
imagen del destacado artista
puertorriqueño
Antonio
Martorell. Muy activo resultó el
jueves 26, cuando se inauguraron
cuatro exposiciones en el Museo
de Bellas Artes:
Resistencia
y Libertad, de Wifredo Lam,
Raúl Martínez y José Bedia;
La enmienda que hay en mí,
de Carlos Garaicoa; Lost, de
Esterio Segura y
Sobrevivientes, de Roberto
Fabelo.
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"Boomerang", Esterio
Segura |
La presencia internacional
volvió a hacerse sentir a partir
del viernes 27 cuando abrió sus
puertas oficialmente la Bienal y
se inauguraron varios
perfomances y video arte de
artistas de Brasil, Colombia,
Australia y Argentina. Una
exposición de Luis Camnitzer, de
Uruguay, acompañada por otra de
Hervé Fischer, de Canadá y una
tercera de Sue Williamson, de
Sudáfrica, así como la primera
expo homenaje que se le realiza
a Shigeo Fukuda fuera de Japón
luego de su muerte, abrieron las
compuertas de la Bienal el
sábado 28.
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Sue Williamson |
Como una avalancha se sucedieron
entonces en los diferentes
espacios de la ciudad
exposiciones de artistas de todo
el continente: el brasileño
Paulo Bruscky, el colombiano
Fernell Franco, el mexicano
Guillermo Gómez Peña y el
argentino León Ferrari, junto a
los cubanos Manuel Mendive y
Alexis Leyva Machado (Kcho) son
algunos de los nombres que en
esos días resultaron noticias.
Un evento teórico donde se
analizaron los problemas
generales que enfrentan el arte
y los artistas en la actualidad,
a partir de postulados generales
o casos específicos, estuvo
sesionando en el teatro del
Museo Nacional de Bellas Artes
desde el martes 31 de marzo
hasta el viernes 3 de abril.
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"Cabeza y
búcaro con flores",
Manuel Mendive |
Cuando en 1984 surgió la Primera
Bienal de La Habana, lo hizo, al
decir de Rubén del Valle, “como
escenario para propiciar zonas
de encuentro entre los creadores
del Caribe y América Latina,
abriendo las puertas a un nuevo
tipo de confrontación, reflexión
estética e ideológica, y a la
posibilidad de afirmarse como
intérpretes de una realidad
geográfica, histórica y cultural
común, resquebrajada por el
coloniaje intelectual”, con lo
que “se favorecía una nueva
forma de percepción de nuestras
creaciones desde una óptica
discrepante, paralela a la que
regía el mainstream.”
Siguiendo esta línea de
pensamiento, el propio tema de
estas jornadas, Integración y
resistencia en la era global, ha
pretendido tornarse en una
suerte de síntesis de los temas
abordados en las anteriores
ediciones. Tal como lo soñó
Fidel al inaugurar la primera
Bienal, esta ha conseguido
convertirse en un referente para
los acontecimientos de su tipo,
un evento alternativo, con sus
propias dinámicas, que se ha
erigido en una plaza fuerte del
arte del Tercer Mundo. |