|
 |
Existe una tendencia a
considerar las ediciones de
un evento marcadas por
números redondos como
momentos de recapitulación y
resumen. La Décima Bienal de
La Habana subraya en alguna
medida esa propensión, al
designar eje articulador de
su discurso lo que ha
anunciado como
Integración y Resistencia
en
la era global,
cuyo alcance abarcador
ofrece la posibilidad de
revisitar tópicos ya
contemplados en
convocatorias anteriores,
ahora con inédita
pertinencia. Así aparecen de
vuelta aspectos implicados
en la dinámica
tradición-contemporaneidad,
en el debate crítico en
torno a la condición
poscolonial, contenidos e
imaginarios relativos a la
memoria individual y
colectiva, y de un modo
particular, el binomio
arte-vida, tendiente más al
destaque de actitudes
asumidas ante la creación
que al interés de cualificar
la producción artística
misma. Es precisamente a la
luz de este último par ―en
algunos momentos
pretendidamente dicotómico―
que el quehacer del
brasileño Paulo Bruscky se
concreta como un resultado
donde convergen, de manera
eficaz, posturas de
integración y resistencia.
Las dificultades del
contexto político, económico
y social en América Latina,
han contaminado la
contemporaneidad artística
de sus países. En las
últimas décadas una parte
significativa de quienes
trabajan en el
subcontinente, lejos de
dirigir sus búsquedas y
energía creativa hacia la
consecución de un lenguaje
atemporal y autónomo, ha
convertido su cotidiano de
vida en fuente de materia
prima y lugar idóneo para la
concreción de sus
proposiciones, que se
resisten a seguir los
cánones impuestos por las
jerarquías legitimadoras del
sistema institucional del
arte.
Paulo Bruscky es uno de esos
artistas que inscribe su
obra en el espacio de su
propia cotidianidad. Su
predisposición recursiva y
habilidad para el reciclaje,
su apertura hacia el uso de
los más diversos medios de
expresión, y su oportuna
apropiación y readecuación
de los planteos y
estrategias de matriz
conceptual, le han permitido
viabilizar su actividad
creadora en circunstancias
complejas, e incluso, en la
rutina laboral, donde
pareciera que el arte no
tiene cabida. Bruscky
pertenece a ese núcleo de
artistas que ya hacia
finales de los años sesenta
impugnó, también desde
contextos periféricos, el
papel del museo, el mercado
del arte y los paradigmas
tradicionales de la
visualidad, al ponderar la
efectividad de los
materiales efímeros y
precarios, la mixtura de
operatorias artísticas, y
múltiples procedimientos,
tipologías y canales
alternativos de circulación,
hasta entonces ajenos al
arte.
|
 |
En su propuesta se traslapan
constantemente actitudes de
integración y resistencia,
reflejadas, más que en el
orden de los contenidos
manejados, en las tácticas
utilizadas para incentivar
la participación social,
promover otras formas de
ocupación del espacio
público, expandir los
límites de la sensibilidad
común y ensanchar las
fronteras de la
comunicación; posibilidades
coartadas por el régimen
militar que gobernó Brasil
desde mediados de los
sesenta hasta
1983
y bajo el cual este autor
produjo un segmento
importante de su obra. En
este contexto, modalidades
artísticas que implicaran la
acción en calle, el uso de
la palabra escrita, el
intercambio, lo lúdico, la
deriva... devenían
fácilmente gestos
provocadores, trasgresores o
de resistencia a la
autoridad institucional. El
performance, la acción, la
poesía visual, la
intervención, el arte
postal, así como otras
tipologías asociadas a las
poéticas conceptuales de
amplia práctica en
Latinoamérica, resultaron
entonces experiencias de
libertad en el quehacer de
Bruscky, emprendidas desde
su natal Pernambuco. Cabe
destacar que junto con
Clemente Padín, Horario
Zabala, Eduardo A. Vigo y
Julio Plazaentre otras
figuras ―fue un activo
protagonista del
movimiento de arte
correo, mediante el cual se
hizo efectivo el
intercambio artístico y el
flujo de información en el
área por aquellos años. Este
ejercicio le condujo a
participar en el proyecto
"Te queremos Paraguay"
organizado por Padín para la
Tercera Bienal de La Habana.
En su aproximación a esta
muestra, el espectador
precisa situarse en la
acertada perspectiva
temporal. A la par de
trabajos recientes, tratará
aquí con fragmentos,
residuos y documentos
procedentes de una práctica
cuyo espíritu y potencia
resultan irreductibles al
modelo ex positivo; valgan,
pues, como complementos
imprescindibles para la
mejor comprensión de una
trayectoria de vocación
subversiva e integradora.