Año VII
La Habana

4 al 10
de ABRIL
de 2009

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La conciencia del testigo

Rosemary Rodríguez Cruz • La Habana

Fotos: Kike (La Jiribilla)


Unir a Servando Cabrera, Antonia Eiriz y Tomás Sánchez en una exposición pudiera parecer un suceso al límite de la utopía. La quimera radicaba no en hacerle una retrospectiva a Antonia Eiriz
―que bien se lo merece― sino en mostrar obras de estas figuras imprescindibles de las artes plásticas cubanas que durante muchos años no habían sido exhibidas. Los reclamos de un proyecto como este, parecían oírlos todos aquellos que nos abrieron las puertas. Sin dudar, se sumaron a la muestra el querer hacer de otras instituciones y personas que gentilmente nos han cedido sus obras.


S/T. Tomás Sánchez

Lejana la fecha, la vida propició el encuentro, la comunión y feliz comprensión de estos creadores. Seguramente un fluir de fuerzas afines lo provocó: los astros a su favor y la realidad de que la relación Géminis-Aries ―debida a la comunidad de cualidades que poseen― resulta una de las mejores amistades del zodiaco. Para Tomás, Antonia, la profesora, la persona con la que tendrá eternas deudas, la que lo enseñó a ver. Para Servando, más que una colega, una confidente. Para ambos, amiga.

La influencia que tanto Antonia como Servando ejercieran sobre numerosos creadores que fueron o no sus alumnos, es indiscutible. Muchos, como Tomás, reverenciaban sus sabidurías y sus dotes profesorales.

Servando Cabrera, Antonia Eiriz y Tomás Sánchez, se valieron del expresionismo para enunciar la complejidad de la condición humana, la necesidad de ofrecer una nueva imagen del hombre inmerso en las contradicciones del mundo1. De la excelencia y la particularidad de cada una de sus concepciones expresionistas va esta exposición; cada discurso es portador de dimensiones semánticas diversas. Este neoexpresionismo aparece en los tres cuando más necesario les fue. En Antonia, precursor y definitivo; en Tomás y Servando, más allá de ser un vehículo o camino hacia la consolidación de lo que los distinguirá, será un período para encauzar reflexiones.

La conciencia del testigo es otro de los muy oportunos y agradecidos Re-encuentros con ella, con esos lienzos, grabados y ensamblajes desobedientes, llenos de una sensibilidad otra, con el acento mordaz de las obras de Tomás, con un Servando más violento e impulsivo.


"El crucificado". Antonia Eiriz

El acto creativo de Antonia pareciera estar presidido por el ambiente que provocaría la ruptura del sexto sello, en sus obras el sol se vuelve negro, como ropa de luto, el cielo desaparece como un papel que se enrolla y todo, es removido de su lugar2. Sus creaciones son ruginosas, construidas con restos: es que tiene poca tienda y mucha alma. Ejecuta, desgarra y transita por las grietas, cicatrices, marcas y huellas que todo ser posee.

En la apariencia del silencio semejan clamar y extirpar de las entrañas lo que les inquieta, figuras repletas de vacíos, de gritos ahogados, de ojos que no perciben. Ante sus piezas, lo simbólico de la incertidumbre; ellas conmueven, envuelven, aferran, atrapan. En cada manifestación aparece un ser que hace una llamada a alguna fuerza divina que viene de lo alto, requerido de ayuda y comprensión.

Definitivamente sí había una correspondencia amorosa, pero no con pintura sino con arte, rebasada de pasión y entrega. Cada pieza es una lección de maestría, de dominio absoluto de las técnicas desplegadas, rasgo que reafirma su condición de artista magistral.

Tomás, como Antonia, supo declarar su pericia litográfica. Permeada por la impronta y las circunstancias en que fue concebida, esta serie expresionista, nos presenta a un artista espontáneo, gestual, hábil utilizando o no el color; asimismo, nos conduce a reparar en el ingenioso proceso de creación. Sus grabados revelan, lugares de encuentros y desencuentros, de actitudes e ideas, de realidades y sueños. Supera las escenas y prefiere recrear ambientes y atmósferas.

Tomás sabiamente aprendió a redescubrir, como Antonia decía: el mundo mágico de lo cotidiano. Es el diario bregar. Animales, personas, santos y vírgenes prefieren empastarse en forma y color para sobrepasar, con notable desembarazo, lo profano y lo divino. Aunque en ocasiones es la suya una mirada testimonial, no deja de ser igualmente legítima y pertinente.


El pintor Adigio Benítez observa un cuadro de Servando Cabrera.

Si Tomás consiguió manipular su paleta, Servando lo logró con vehemencia. En este período, las formas poseerán matices que será imposible visualizarlos en etapas posteriores. Refuerza sus desenfadadas representaciones con pinceladas vigorosas, debidamente enfáticas y marcadas. Despoja a la figura de un contexto para ser únicamente ella. Lejos de fragmentar, prefiere mutilar, violentar, acumular. Cabezas y torsos serán parte de un todo que nunca se esboza.

Cabrera Moreno hace ostensible las contradicciones del individuo. Lo terrible será otras de las comunes formas de plasmación de lo humano ―o deshumano―. En esta corta etapa dentro de la amplia creación de tan fértil autor, Servando nos habla de relaciones, de rincones, de inexpresividades, de conflictos desgarrantes.

La conciencia del testigo refiere el estado de quietud absoluta en el cual uno percibe la unidad ya la vez la diversidad del mundo en continuo movimiento3. Conduce a la introversión constante, el hurgar en el desasosiego, el autorreconocimiento, la irresolución de cada uno de los que hacemos posible la obra. Cada quien desde su peculiaridad es un testigo, con motivaciones y creencias que le son privativos. A un estado de afirmación­-negación, de duda, de confrontación con lo pasado, nos traslada lo grotesco expresivo de estos autores que aquí se dan cita; cada conformación es un enfrentamiento con el testigo-espectador, un desafío, un llamado a la conciencia.

La vida, como apuntara Retamar, ―y yo diría que el arte― es el lugar donde se cruzan ciertas relaciones, se adquiere conciencia de ellas, sucede sin embargo, que esa conciencia vive cosas específicas, cosas propias. Y se establece una comunicación entre lo visto y el ojo, entre la suma de las relaciones y el añadido individual.

Sin más, como lo hiciera un amigo cuando le comentábamos el proyecto expositivo en cuestión, nos persignamos y luego decimos, "así sea".
 

Notas:

1-Saura Antonio, en Exposición Cabrera Moreno, pinturas y dibujos, (Catálogo), Galería Habana 1966. (s/p)2-Tomado de La Biblia. Ap 6.12-14. STC i Avesta AB. 1995. Segunda Edición p. 276.
3-Sullivan Edward J. Entrevista realizada a Tomás Sánchez, publicada en el Libro catálogo Tomás Sánchez. Editorial Skira. 2003. p.22.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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