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El pasado domingo 29 de
marzo, en el Centro de
Arte Contemporáneo
Wifredo Lam, varias
personas ajenas a la
cultura, encabezadas por
una “disidente”
profesional fabricada
por el poderoso grupo
mediático PRISA,
aprovecharon un
performance de la
artista Tania Bruguera
para realizar una
provocación contra la
Revolución Cubana. Se
trata de individuos al
servicio de la
maquinaria
propagandística
anticubana, que
repitieron el desgastado
reclamo de “libertad” y
“democracia” exigido por
sus patrocinadores.
Hablaron —o actuaron más
bien— para las cámaras;
y hoy varios medios de
la Florida convertían el
incidente en una gran
noticia.
El Comité Organizador de
la Décima Bienal de La
Habana, considera este
hecho un acto
anticultural, de
oportunismo vergonzoso,
que ofende a los
artistas cubanos, a los
artistas extranjeros que
han venido a ofrecernos
sus obras y su
solidaridad y a todos
los que hemos trabajado
durante tantos meses, en
condiciones muy
difíciles, para llevar
adelante un evento de
tanta trascendencia.
Ofende también a nuestro
pueblo, que ha
desbordado las
instalaciones y áreas de
la Bienal y disfrutado
de un arte inteligente,
crítico y humanista, de
innegable vanguardia.
Resulta particularmente
ofensivo que usen el
espacio libre y plural
de nuestro evento,
asalariados de quienes
manipulan la opinión
pública, mienten,
censuran, mutilan y
coartan sistemáticamente
la libertad de expresión
y de pensamiento.
La obra de Tania
Bruguera corresponde a
la serie “El susurro de
Tatlin”, que se ha
venido presentando en
diversas ciudades de
Europa y Estados Unidos,
y, en su presentación en
La Habana, estaba
concebida como un mano a
mano en el propio Centro
Lam con “Cuerpo
ilícito”, del artista
chicano Guillermo Gómez
Peña. Contrasta de
manera lastimosa el
extraordinario
performance
anticolonial, en defensa
de las minorías
excluidas y
despreciadas, que
ofreció la noche del
domingo Gómez Peña, con
el espectáculo
protagonizado por unos
pocos buscadores de
notoriedad y de dinero
fácil, sin ideas ni
decoro.
Esta mediocre
instrumentalización
política de una obra
artística, demuestra el
desprecio por la cultura
de estos personajes y de
quienes los alientan.
En cambio, nuestras
instituciones y nuestros
artistas, acusados
constantemente por esa
misma maquinaria de
politizar la cultura,
continuaremos
defendiendo la creación
artística más libre y
diversa y el acceso a
ella de nuestro pueblo.
Por encima de estas
provocaciones, la
Bienal continuará
siendo ese espacio de
rebeldía antihegemónica,
de herejía y auténtica
disidencia que conquistó
definitivamente la
Revolución Cubana para
los artistas de Cuba y
del mundo.
Comité Organizador de la
Décima Bienal de La
Habana
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