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Buen aniversario para el ICAIC

Paquita Armas Fonseca • La Habana
Foto Cortesía de la Cinemateca de Cuba

 

En Cuba decir que “el cine es arte” tiene una connotación especial: la frase se inserta en la primera ley referente a la actividad político-cultural decretada por el gobierno revolucionario en 1959.

Así reza en la ley 169 del 24 de marzo de aquel año triunfal cuando se constituyó el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). En el primigenio documento se subraya: “El Cine constituye por virtud de sus características un instrumento de opinión y formación de la conciencia individual y colectiva y puede contribuir a hacer más profundo y diáfano el espíritu revolucionario y a sostener su aliento creador.

“La estructura de la obra cinematográfica exige la formación de un complejo industrial altamente tecnificado y moderno y un aparato de distribución de iguales características.

“El desarrollo de la industria cinematográfica cubana supone un análisis realista de las condiciones y posibilidades de los mercados nacional y exterior y en lo que al primero se refiere, una labor de publicidad y reeducación del gusto medio seriamente lastrado por la producción y exhibición de filmes concebidos con criterio mercantilista, dramática y éticamente repudiables y técnica y artísticamente insulsos.

“El cine debe constituir un llamado a la conciencia y contribuir a liquidar la ignorancia, a dilucidar problemas, a formular soluciones y plantear, dramática y contemporáneamente, los grandes conflictos del hombre y la humanidad.”

Cincuenta años después de promulgadas las bases del ulterior desarrollo cinematográfico la obra es amplia: unos 183 largometrajes de ficción, más de mil 140 documentales y las mil 493 emisiones de los emblemáticos Noticieros ICAIC, nominados como Memoria del mundo, han sido producidos y exhibidos en Cuba.

 

Luis Alberto González Nieto, vicepresidente del ICAIC, al abundar sobre lo realizado dijo que actualmente se acometen importantes inversiones para actualizar esa industria, con  énfasis en la reparación de principales salas. Tal meta significa un esfuerzo económico de consideración por parte del estado.

 

Como también lo ha sido el interés por conservar y restaurar seis mil 511 películas y otros materiales fílmicos extranjeros, que atesora la Cinemateca de Cuba. En  tal sentido, el vicepresidente Pablo Pacheco, explicó que con la contribución del ICAIC, “la Cinemateca ha restaurado y pasado a material de seguridad todos los filmes de largo y cortometraje que pudo rescatar de los producidos en el país antes de su fundación en 1960”.

Un ambicioso plan prevé restaurar más del 90% del patrimonio fílmico con que cuenta la nación.

La terminación de más de 650 piezas el pasado año en producción de animados, cantidad que significa un récord para ese renglón, ha sido un paso importante en restaurar la esfera productiva del ICAIC.

Claro que si existieran esas cantidades de filmes, sin un aval de calidad, de poco valdría el esfuerzo.

Hace 50 años, paso a paso, con mucha entrega y talento, el nuevo cine cubano fue naciendo para orgullo de quienes lo hacían y de quienes lo disfrutaban.

En torno a Alfredo Guevara, entonces presidente del ICAIC, se reunió un grupo fundador ―Tomás Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa, Humberto Solás y otros artistas― que labraron un camino importante en la defensa de la nacionalidad y de los mejores valores de la cultura.

El ICAIC ha sido por mucho tiempo un reconocido centro donde se ha aglutinado un pensamiento de vanguardia dentro de la sociedad cubana. Allí nació, por ejemplo, el Grupo de Experimentación Sonora que acogió a jóvenes de la Nueva trova con su manera distinta de cantar y aprehender la realidad.

En los tiempos fundacionales el cine cubano se aglutinaba en tres grupos: didáctico, documental y de ficción. Existía ya desde 1960 el departamento de dibujos animados, y también el Noticiero ICAIC Latinoamericano, realizado por Santiago Álvarez que sentó pautas por su realización.

Como no había escuelas de cineastas en general el oficio se aprendía transitando del género didáctico al documental y de ahí a la ficción. Convocados por el ICAIC y atraídos por la Revolución triunfante llegaron a Cuba importantes creadores de las más diversas latitudes: Roman Karmen, Chris Marker, Joris Ivens, Mijail Kalatozov, Agnes Varda, Cesare Zavattini y muchos otros.

El primer largometraje de ficción Historias de la Revolución  lo realizó Tomás Gutiérrez Alea, Titón, quien en años subsiguientes aportaría filmes memorables como Las doce sillas, La muerte de un burócrata y Memorias del subdesarrollo. A esas antológicas piezas se unen Aventuras de Juan Quinquín,  de Julio García Espinosa; Manuela y Lucía,  de Humberto Solás  y La primera carga al machete, de Manuel Octavio Gómez.


Titón

Aunque las encuestas no dicen siempre la última verdad, es alentador que en una realizada recientemente por el portal Noticine para seleccionar lo mejor del cine iberoamericano de todos los tiempos aparezca en primer lugar Memorias del subdesarrollo de  Titón, filmada en 1968.

Otras cintas y diferentes directores están también entre los reconocidos por especialistas que respondieron la encuesta.

Ahora bien, si no hubieran existido aquella primigenia ley sobre cine, el ICAIC y la respetable producción de filmes, Cuba no sería la sede  de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL), nacida en diciembre de 1985, bajo el auspicio del Comité de Cineastas de América Latina y presidida, desde sus inicios, por el escritor colombiano Gabriel García Márquez.

Tampoco sin el apoyo del estado cubano hubiera sido posible cumplir uno de los primeros acuerdos de esa institución: crear la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, inaugurada en diciembre de 1986 y que desde hace algunos años puede mostrar como blasón a egresados que se han destacado en el oficio de hacer cine, bien como directores, productores, editores o en las distintas técnicas que conforman el séptimo arte.

Pero antes de esa década, el 3 de diciembre de 1979, nacía el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Más de 600 creadores fueron convocados por el ICAIC y al poco tiempo los diciembres pasaron a ser de festival, así sin apellido. Los Corales que se han entregado desde el principio devinieron altamente anhelados por los hacedores del séptimo arte en el continente.

Además de los más importantes cineastas de América Latina Fernando Pino Solanas, Paul Leduc, Eliseo Subiela, Arturo Ripstein y muchos más, actores y directores de Hollywood Robert Reford y De Niro, Kevin Kostner, Jack Lemmon, Francis Ford Coppola, entre otros tantos―, de Europa Pedro Almódovar, Vitoria Abril, Marisa Paredes, Javier Bardem, Kosta Gavras, y otros importantes hacedores del séptimo arte han visitado La Habana en días de festival.

No han faltado además destacados investigadores que han ofrecido conferencias o impartido clases magistrales en los seminarios que cada año se organizan para escudriñar el entorno no solo cinematográfico, sino socioeconómico, porque sin conocer del mundo en el que se vive es imposible tener una idea de lo que podemos aspirar.

Con la sistemática convocatoria del Universo audiovisual del niño latinoamericano, siempre ha existido un espacio para pensar en los más pequeños de este continente y cómo el cine puede hacerlos mejores.

Sin duda, los días de festival son un verdadero banquete para ver películas que por sus costos u otras razones no pueden exhibirse en Cuba, a no ser en tiempo de esta cita.

Buen aniversario entonces para el ICAIC, una institución de vanguardia en la cultura en Cuba, que ha sabido defender el arte como expresión  suprema del hombre.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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