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Desde hace un tiempo es
notorio un marcado
interés de los
defensores del sistema
de propiedad intelectual
por mostrar las
supuestas ventajas del
mismo mediante análisis
que se presentan como
realizados desde la
objetividad y la
imparcialidad, pero que
adolecen de datos e
informaciones de gran
valor para evaluar la
situación real.
Sabíamos de la
existencia de la llamada
Alianza Internacional de
la Propiedad Intelectual,
que nada tiene que ver
con los esfuerzos
articulados de muchos
países, sino de los
intereses de grandes
transnacionales que
extienden sus dominios
sobre el mercado
internacional y se unen
en la defensa de sus
intereses corporativos.
Similar reflexión
pudiéramos hacer acerca
de la celebración de la
denominada
Cumbre de los Derechos
de autor, realizada en
Bruselas en mayo de 2007
por la Confederación
Internacional de
Sociedades de autores y
compositores CISAC, bajo
el título de Los
creadores primero.
De un total de 72
oradores participantes
solo tres eran de países
del Sur y ninguno de los
temas tratados se apartó
de las redes de Internet
y los posibles
dividendos a obtener por
el uso de los
contenidos. Los temas
relacionados con el
analfabetismo y la
consiguiente falta de
lectores; los problemas
de acceso a la energía
eléctrica y a la
telefonía, y las
consecuentes
dificultades para el uso
de las nuevas
tecnologías; los bajos
presupuestos para
educación y cultura y,
por tanto, la menor
capacidad para apreciar
y desarrollar el arte y
la literatura entre los
ciudadanos; la
mercantilización de la
educación, del
conocimiento y de las
expresiones culturales
no fueron tratados en la
Cumbre de Derechos de
autor, pues a su modo de
ver, esto nada tiene que
ver con la creatividad
en el planeta.
Hace poco tiempo, apenas
un año, se daba a
conocer en los medios el
establecimiento de
un
“Observatorio
del Derechos de Autor
para Iberoamérica”
creado por iniciativa de
la Sociedad General de
Autores y Editores de
España, SGAE, y el
Centro Regional para el
Fomento del Libro en
América Latina y el
Caribe, CERLALC, como
“un espacio abierto para
monitorear todo lo que
sucede en materia de
derecho de autor y
derechos conexos en
Iberoamérica”.
Es encomiable el
intento, pero cabe la
pregunta: ¿Qué
informaciones aporta
este Observatorio para
que reflexionen
objetivamente los
latinoamericanos?
El Observatorio aporta
noticias acerca del
avance de las
iniciativas en contra de
la piratería mostrando
la capacitación a las
autoridades judiciales y
aduanales de la región,
muestra como ejemplo las
políticas adoptadas por
países como Colombia,
México y Perú, que
llevan adelante fuertes
campañas antipiratería,
promueve la creación de
alianzas nacionales,
aplaude la decisión de
algunos países de
“facilitar un fluido
comercio de bienes y
servicios” a través de
la suscripción de
Acuerdos de Libre
Comercio con los EE.UU.
(Chile, los países
centroamericanos,
República Dominicana,
Perú y Colombia), y pone
a disposición de los
interesados, entre otras
informaciones, el
Reporte Especial 301 del
Secretario de Comercio
de los Estados Unidos
,
en este caso el del año
2008 , donde,
analiza y cuestiona,
como hace cada año, la
política de los
diferentes países
respecto a la propiedad
intelectual,
clasificándolos según
protejan o no esta
materia, de la manera
conveniente para los
intereses
norteamericanos.
En la sección de
noticias podemos
encontrar la exitosa
marcha de la
compensación por copia
privada en España y su
impulso en Argentina,
las reglamentaciones
acerca de la
reprografía, los
acuerdos a los que
arriban gigantes como
Google, la Metro Goldwyn
Mayer, y otros
“ejemplos” a seguir del
ámbito latinoamericano o
europeo.
Acostumbrados como
estamos a la información
parcializada y
manipulada que nos llega
a través de los medios
hegemónicos no nos
llamaría la atención la
ausencia de mucha e
importante información
sobre los temas que
debiera abordar un
Observatorio de este
tipo si no es porque los
propósitos declarados
del mismo van mucho más
allá de “observar” la
realidad y proclama
convertirse en “ un
Proyecto Iberoamericano,
avalado como tal por los
países que conforman las
Secretaría General
Iberoamericana con el
objetivo central de
apoyar los procesos de
formulación, ejecución y
evaluación de políticas
públicas de los
gobiernos de la región”. Para cumplir tal
objetivo la información
que debe brindar sobre
la materia debe ser
fiel, responsable y
completa. Creo que
deberíamos citar algunas
importantes ausencias:
No se hace referencia en
la página web del
Observatorio de la
existencia de
muchas y variadas
críticas realizadas al
sistema de propiedad
intelectual vigente
y de las numerosas
iniciativas que han
nacido o son impulsados
desde los países de la
región para revertir las
consecuencias que su
aplicación ha producido.
Por ejemplo, no explica
cómo el fortalecimiento
legislativo y los
intentos de algunos
gobiernos neoliberales
de cumplir con las
exigencias de Washington
han afectado los
derechos de acceso de
los ciudadanos
encareciendo la
educación, como la copia
de música o de obras
audiovisuales que se ha
criminalizado es, en
muchos casos, el único
modo de acceso a estos
productos para muchos
ciudadanos
(dado los altos precios
que imponen los
monopolios)
y el modo de
supervivencia para
otros, en muchos casos
inmigrantes, sin
trabajo; no
revela el aumento de la
brecha digital;
ni el robo o fuga de
cerebros, con
cifras
verdaderamente
alarmantes en nuestro
continente,
ni el número de
analfabetos (cifra que
en el mundo aun supera a
los conectados a
Internet); ni hace
referencia a los
reclamos hechos sobre
la equidad en el acceso
a la información,
o a la lamentable
situación de la rica
cultura del continente
ahogada por la invasión
de productos
norteamericanos. Incluso
no refiere la
situación de la
producción audiovisual
española,
también en crisis por
esta causa. Intentando
reflejar el escenario
iberoamericano en cuanto
a los derechos llamados
intelectuales no es
perdonable que no se
hable de la
apropiación y el saqueo
de los conocimientos
tradicionales y las
expresiones culturales
originarias
en base a las mismas
leyes que dicen defender
la creatividad. Tampoco
de la desaparición de
las lenguas y culturas
autóctonas que
evidencian el peligro en
que se encuentra la
diversidad cultural del
planeta.
Tampoco el Observatorio
da cuenta del avance del
software libre,
alternativa surgida
frente al monopolio de
derechos que crea el
sistema responsable de
los 58 mil millones de
la fortuna personal de
Bill Gates y de la
dependencia de millones
de usuarios (que podrían
ser llevado a los
tribunales de no poder
demostrar que han pagado
a las corporaciones por
el uso de los
programas). El software
libre, surgido desde la
década de los 80 en los
EE.UU., cuenta con
fortísimas comunidades
en todos los países de
América Latina, donde se
desarrollan un sinnúmero
de iniciativas como el
Festival Latinoamericano
de Instalación de
Software Libre
que se realiza
anualmente ya en 18
naciones del continente.
Es de destacar también
el desarrollo por parte
de estas comunidades de
programas libres
adaptados a los idiomas
y las necesidades de los
diferentes pueblos y
comunidades y hasta
incluso la existencia de
la
Fundación Software Libre
de América Latina
que defiende los
principios de trabajo de
estas comunidades.
Tampoco refiere la
existencia del copyleft
y las licencias Creative
Commons, que aún sin
cuestionar el sistema en
sus esencias, se opone
al abuso de los
titulares de derechos y
promueven la creación y
circulación de
contenidos libres, ya
sea música, obras
literarias,
audiovisuales u otras.
Las
licencias Creative
Commons han sido
adaptadas a las
legislaciones de
diferentes países, entre
ellos España, Brasil,
Argentina,
Chile, Guatemala,
México, Perú, Colombia y
Ecuador.
Tampoco detalla la
iniciativa de Acceso
Abierto a la Información
científica (Open Access)
que cuenta
con el apoyo de la
comunidad científica
latinoamericana y que
promueve la creación de
archivos de información
científica abiertos para
todos. Existen archivos
de este tipo en países
como Venezuela, Uruguay,
México, Brasil, Cuba y
muchos otros.
El Observatorio da
noticias acerca del
avance del
establecimiento del
canon por copia privada
y no da cuenta del
intenso
movimiento en contra que
se está produciendo en
España por
considerarlo una burla a
los derechos de los
usuarios. Tampoco
refiere las
campañas en contra de la
eliminación del préstamo
gratuito en bibliotecas
que tiene lugar en ese
mismo país.
Respecto a los Tratados
de Libre Comercio, dista
mucho de presentarse en
el Observatorio como
polémico el escenario en
torno al
tratamiento de la
cultura dentro de estos,
al igual que se ignoran
los cuestionamientos en
contra de los excesivos
parámetros de protección
que imponen los
Acuerdos de los ADPIC y
que poco se adaptan a
las necesidades de los
países en desarrollo.
El movimiento en defensa
de los bienes comunes
también se ha
desarrollado en nuestro
continente y la
apropiación privada del
conocimiento ha sido
cuestionada fuertemente,
al igual que la
privatización del agua,
los recursos naturales y
los conocimientos
tradicionales.
Es, por tanto, el
panorama, rico en
contradicciones, las
cuales son ignoradas por
el Observatorio. Solo en
la introducción al
documento
“Diagnóstico
del Derecho de autor en
América Latina”
incluido
en la página web del
Observatorio y elaborado
por ex especialistas y
consultores de la OMPI
es que se hace
referencia y de forma
crítica a lo que llaman
“campañas
liberalizadoras que debe
enfrentar el desarrollo
de esta disciplina” y a
la existencia de una
“misteriosa corriente”
que comienza a recorrer
nuestro continente y que
“cobra cuerpo en
gobiernos que se
autoproclaman como más
comprometidos con la
causa social y que
abogan por la
democratización de la
propiedad intelectual en
aras de facilitar el
acceso de los pueblos a
la cultura”.
Cabría preguntarse, ¿se
referirán al gobierno de
Venezuela que por
primera vez ha declarado
al país territorio libre
de Analfabetismo?,
¿o a
Bolivia que también ha
alcanzado esta deseada
meta?, ¿o a
las naciones que se han
declarado
defensoras de los
derechos de los pueblos
originarios
a su cultura, sus
conocimientos
y sus lenguas?
Recordemos que el
artículo 27 de la
Declaración Universal de
los Derechos Humanos
reconoce la doble
dimensión de los
derechos de autor: el
derecho de toda persona
a tomar parte libremente
en la vida cultural de
la comunidad y a gozar
de las artes, y el
derecho a la protección
de los intereses morales
y materiales que le
correspondan por razón
de sus creaciones.
¿No son importantes las
campañas de
alfabetización como
pasos indispensables y
destacables en el camino
para lograr el verdadero
fomento del libro y la
lectura? ¿No será
excesivo, sin embargo,
el espacio otorgado por
el Observatorio a los
análisis sobre las
industrias, modelos de
negocio y los aspectos
económicos del derecho
de autor?
¿Será la "misteriosa
corriente" la que ha
llevado a Brasil,
Argentina, Cuba,
Venezuela y otros
países a suscribir la
propuesta conocida como
Amigos del Desarrollo
cuestionando la posición
parcializada de la OMPI
a favor de las
transnacionales,
y del fortalecimiento a
toda costa de los
parámetros de protección
que benefician a los
países exportadores de
productos basados en la
propiedad intelectual y
pone en desventaja y
dependencia a los países
menos desarrollados?
¿Afectan
estas posiciones
críticas el fomento de
la creatividad,
la diversidad y la
cultura, valores que
dice defender el derecho
de autor?
Sin duda, nos damos
cuenta de que hay
diversos modos de
“observar” la realidad,
que nos pueden llevar a
muy diferentes
conclusiones.
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