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Hay una historia de narración en
la animación cubana. Sus
fundadores, en su mayoría
provenientes de la historieta
gráfica, tenían, gracias a ella,
un cierto bagaje en la
realización de guiones.
Aprendieron a machetazos, pero
algo sabían ya y de alguna
manera este saber contar era
algo que ya los ayudaba, que
tenían a su favor. Incluso hasta
para hacer los trabajos por
encargo, donde el tema es
obligado, hay que saber cómo se
va a narrar, eso es muy
importante.
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Creo que hoy los jóvenes
realizadores de la animación
tienen mucha más riqueza
estilística y estética que los
fundadores consagrados. Hasta se
puede diferenciar los que son
del ICAIC de los que entrarán y
que participaron en la reciente
Muestra de Nuevos Realizadores.
Pero el problema fundamental lo
sigo viendo en que muchas veces
los muchachos que vienen de
estudiar diseño gráfico en el
ISDI, o del ISA, o incluso de la
Facultad de Artes Plásticas —no
tanto de radio, cine o
televisión—, aún no saben
narrar. En sus trabajos el
discurso narrativo de guiones
originales se pierde, no están
bien estructurados. A veces se
ve el conflicto y otras no.
Además, no todo realizador está
obligado a escribir sus propios
guiones. Eso es una especialidad
que se paga en el mundo y que
requiere no solo saber narrar,
sino también una cultura general
profunda, de lo contrario lo que
sale es un cuentecito malo. Eso
pasa en muchas realizaciones que
ustedes ven, pero es algo que se
puede perfeccionar y que
acompañaría esta limpieza
estilística y estética que se ve
hoy en los jóvenes de modo
extraordinario, que tienen
además el dominio de las nuevas
tecnologías.
También existe la exigencia por
parte de los que dirigen todo
este proceso de hacer trabajos
que parezcan cubanos. Yo creo
que ni haciéndolos para que
parezcan extranjeros nos salen
así; siempre nos salen cubanos.
Si usted vive aquí, nació aquí y
produce aquí, le va a tener que
salir un animado cubano. Es todo
lo contrario de lo que pasaría
si nació en Cuba y se desarrolló
en París. Ahí le sale parisino.
Pienso que ni siquiera
renunciando a ser cubano puede
hacerse de otro modo, es muy
difícil, y no porque seamos
cubanos y sea un chovinismo esto
que estoy diciendo, es lo que
pasa con cualquier nacionalidad.
El tema está en que no solamente
porque aparezcan en la
superficie los estereotipos que
representan la nacionalidad,
incluso los políticos
ideológicos, es más cubano el
animado. Así lo ven las
instituciones oficiales, pero no
es necesariamente así. Hace poco
pusieron por la televisión un
viejo animado que se llama La
frontera, de los años 60 o
principios de los 70, que era
totalmente abstracto, pero
transmitía un mensaje claro y
profundo. No había un machete ni
un sombrero de yarey, ni
siquiera había personas, tampoco
identificabas la música con un
bongó y una clave y no por eso
dejaba de sonar cubana. En este
animado lo cubano fue buscado a
un nivel otro más abstracto y
más profundo que esta visión del
mundo de la mezcla, la
hibridación y el escapar de los
extremos, aunque muchas veces
nos movemos entre ellos.
Además está la búsqueda de lo
moderno. Ya otros han apuntado
que una de las marcas más
fuertes de la cubanidad, por
llamarlo de alguna manera, es su
vocación de modernidad, el aquí
y el ahora y el mirar para
adelante. Esto adquiere
relevancia sobre todo ahora que
todavía se estructura como
política cultural mirar hacia el
pasado y hacia las tradiciones,
que no está mal, pero pienso que
no debe ser lo único.
Esencialmente desde el siglo
XVIII en adelante hay una
vocación de modernidad. Aquí no
tenemos un pasado muy largo, ni
tampoco hay una historia muy
rica en combinaciones. Nos la
pasamos resaltando la riqueza de
la cultura cubana, pero
cualquier otro país tiene una
combinación de razas, de etnias
o de religiones mucho más rica
que la nuestra. Esto no los hace
mejor, sencillamente diferentes.
No es que haya que sentirse
avergonzados de eso.
Tampoco tenemos una historia tan
larga. Es más, para muchos
historiadores la historia de
Cuba empieza en el siglo XVIII
con la toma de La Habana por los
ingleses. No solamente porque
Pepe Antonio se alzó y hubo un
sentimiento de criollismo en
muchos ingenios, lo cual es
importante, sino por cómo
asimilamos después lo que los
ingleses nos trajeron. Tanto fue
así que los españoles tuvieron
que renegociar la forma de
tratar a Cuba como colonia. No
era la misma Isla que antes de
los ingleses, paradigma de
modernidad de su momento
(criticable o no), superior al
español. La búsqueda del aquí y
del ahora fue nuestra marca
hasta el triunfo de la
Revolución, que fue pensada y
desarrollada como un proyecto de
modernidad.
El animado busca dialogar con
los estilos, las formas y las
vanguardias de la época, lo cual
sigue pasando ahora. La
influencia del manga, del
anime y de la animación
europea sigue siendo atendida
por los jóvenes realizadores. No
solamente de la norteamericana.
No porque sea mala, al
contrario, es muy buena y tiene
una calidad tremenda, pero hemos
tomado también de las
vanguardias de animados que han
existido y existen hoy, más allá
de la nostalgia por los
muñequitos rusos que son
históricos.
Esta vocación de modernidad
sigue siendo una característica
de lo cubano. Pienso que el
animado es el espacio donde eso
se manifiesta de una manera casi
natural, automática —cuando no
es por encargo—. Si nos
preguntamos dónde buscar lo
cubano, nos podemos responder:
ahí mismo, ahí donde no lo
parece.
Cuando miramos los últimos 50
años tendemos a evaluarlos por
el último año que se ha vivido.
Seguro que muchos de ustedes no
recuerdan otros fenómenos. Por
supuesto, no habían nacido.
Primeramente, Cuba no es un país
productor de cine, aunque
estábamos entre las tres
primeras potencias
latinoamericanas (junto con
México y Argentina, después
apareció Brasil, pero un momento
en que estaba Cuba).
En algún momento el amigo Raúl
Rodríguez, ya desaparecido, nos
hizo ver que había un cine
prerrevolucionario y después
algunas películas que se hacían
en los estudios cubanos o en
coproducción con México, pero no
éramos un país productor. Aunque
sí se hacía y estuviéramos en el
tercer lugar, había una enorme
distancia con Argentina y
México. Ya la animación, que
tuvo más fuerza que el dibujo
animado para la publicidad,
adquiere ese carácter artístico
y de apoyo oficial en los años
60 y 70, donde hubo mucha
experimentación y mucho trabajo
(malos, regulares y buenos).
Si no me equivoco, el momento de
mayor producción en Cuba fue en
el año 1953, con 19 películas
producidas en el país. Yo creo
que el ICAIC no ha vuelto a
igualar esa cantidad en su
historia. Comparado con
Hollywood y cualquier casa
norteamericana productora de
animados, no tenemos tanta
producción. Pienso que en este
punto tenemos que contar con las
posibilidades reales que
tenemos. Yo pienso que estos
animados del ICAIC de los años
60 y 70 tuvieron mucha
experimentación e incluso que
fueron más libres que el mismo
cine, en el sentido de poder
crear lo que les pareciera.
Había menos encargos que en el
cine de ficción y documental,
porque el animado es un espacio
menos controlado por el encargo
y la censura. Todavía el ICAIC
no tenía este edificio de
estudios de animación que
aparece después, por lo que
ahora tiene condiciones para
producir más. Habría que ver
cuáles son los planes. Jóvenes
realizadores hay allí suficientes, y también unas
ganas de hacer que
verdaderamente desbordan las
posibilidades de lo que podemos
asumir como producción.
Hay otros estudios de animación
importantes, como son los del
ICRT, donde también fueron a
parar muchos historietistas, y
los cuales ahora están tratando
de reanimar. Creo que ahí pueden
influir las condiciones
económicas concretas de
producción, condiciones
subjetivas de tipo social,
políticas e ideológicas que
pueden estar lastrando la
producción, aunque no lo puedo
asegurar. Esta joven generación
se ha formado a sí misma, sola,
mirando muñequitos. Cuando nos
visitó uno de los grandes
historiadores de animados de
Japón, resultó que él salió más
impresionado con nosotros que
nosotros con él. Realmente él no
nos enseñó mucho y sin embargo
se llevó en su maleta muchísimos
proyectos de nuestros jóvenes,
porque no se podía imaginar que
en Cuba todo el mundo había
visto animados japoneses que en
Japón ya no se ven, y que aquí
ya habían corrido por ese otro
circuito paralelo que son las
computadoras personales, a pesar
de que nuestras posibilidades
tecnológicas siempre son
limitadas y restringidas. Es tan
interesante o más, en cuanto a
ideas y estilo, lo que se hace
por fuera que lo que está
saliendo a través de
instituciones.
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Hemos hablado de animación en el
ICAIC, no solamente en el ICRT,
pero se puede hacer animación
desde la computadora de la casa
con infinidad de programas. Hay
muchísima gente involucrada en
este proceso y no tienen que ser
precisamente jóvenes. Además de
otras universidades como la
CUJAE o la UCI donde también hay
gente haciendo animación. Quizá
más pedestre y con menos
imaginación, pero ya no es un
fenómeno de elite, ya no son
solamente historieticas
gráficas, lo cual tiene un costo
en mi opinión: el costo del
guión, o del entrenamiento de
contar historias.
Fragmentos de la conferencia
ofrecida como parte del ciclo
Cine y Revolución, organizado
por el Centro Juan Marinello y
el ICAIC. |