Año VII
La Habana

28 de MARZO al
3 de ABRIL
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Si hay que hablar de "muñequitos"…

Mario Masvidal • La Habana

Fotos: La Jiribilla


Hay una historia de narración en la animación cubana. Sus fundadores, en su mayoría provenientes de la historieta gráfica, tenían, gracias a ella, un cierto bagaje en la realización de guiones. Aprendieron a machetazos, pero algo sabían ya y de alguna manera este saber contar era algo que ya los ayudaba, que tenían a su favor. Incluso hasta para hacer los trabajos por encargo, donde el tema es obligado, hay que saber cómo se va a narrar, eso es muy importante.

Creo que hoy los jóvenes realizadores de la animación tienen mucha más riqueza estilística y estética que los fundadores consagrados. Hasta se puede diferenciar los que son del ICAIC de los que entrarán  y que participaron en la reciente Muestra de Nuevos Realizadores. Pero el problema fundamental lo sigo viendo en que muchas veces los muchachos que vienen de estudiar diseño gráfico en el ISDI, o del ISA, o incluso de la Facultad de Artes Plásticas —no tanto de radio, cine o televisión—, aún no saben narrar. En sus trabajos el discurso narrativo de guiones originales se pierde, no están bien estructurados. A veces se ve el conflicto y otras no. Además, no todo realizador está obligado a escribir sus propios guiones. Eso es una especialidad que se paga en el mundo y que requiere no solo saber narrar, sino también una cultura general profunda, de lo contrario lo que sale es un cuentecito malo. Eso pasa en muchas realizaciones que ustedes ven, pero es algo que se puede perfeccionar y que acompañaría esta limpieza estilística y estética que se ve hoy en los jóvenes de modo extraordinario, que tienen además el dominio de las nuevas tecnologías.

También existe la exigencia por parte de los que dirigen todo este proceso de hacer trabajos que parezcan cubanos. Yo creo que ni haciéndolos para que parezcan extranjeros nos salen así; siempre nos salen cubanos. Si usted vive aquí, nació aquí y produce aquí, le va a tener que salir un animado cubano. Es todo lo contrario de lo que pasaría si nació en Cuba y se desarrolló en París. Ahí le sale parisino. Pienso que ni siquiera renunciando a ser cubano puede hacerse de otro modo, es muy difícil, y no porque seamos cubanos y sea un chovinismo esto que estoy diciendo, es lo que pasa con cualquier nacionalidad.

El tema está en que no solamente porque aparezcan en la superficie los estereotipos que representan la nacionalidad, incluso los políticos ideológicos, es más cubano el animado. Así lo ven las instituciones oficiales, pero no es necesariamente así. Hace poco pusieron por la televisión un viejo animado que se llama La frontera, de los años 60 o principios de los 70, que era totalmente abstracto, pero transmitía un mensaje claro y profundo. No había un machete ni un sombrero de yarey, ni siquiera había personas, tampoco identificabas la música con un bongó y una clave y no por eso dejaba de sonar cubana. En este animado lo cubano fue buscado a un nivel otro más abstracto y más profundo que esta visión del mundo de la mezcla, la hibridación y el escapar de los extremos, aunque muchas veces nos movemos entre ellos.

Además está la búsqueda de lo moderno. Ya otros han apuntado que una de las marcas más fuertes de la cubanidad, por llamarlo de alguna manera, es su vocación de modernidad, el aquí y el ahora y el mirar para adelante. Esto adquiere relevancia sobre todo ahora que todavía se estructura como política cultural mirar hacia el pasado y hacia las tradiciones, que no está mal, pero pienso que no debe ser lo único.

Esencialmente desde el siglo XVIII en adelante hay una vocación de modernidad. Aquí no tenemos un pasado muy largo, ni tampoco hay una historia muy rica en combinaciones. Nos la pasamos resaltando la riqueza de la cultura cubana, pero cualquier otro país tiene una combinación de razas, de etnias o de religiones mucho más rica que la nuestra. Esto no los hace mejor, sencillamente diferentes. No es que haya que sentirse avergonzados de eso.

Tampoco tenemos una historia tan larga. Es más, para muchos historiadores la historia de Cuba empieza en el siglo XVIII con la toma de La Habana por los ingleses. No solamente porque Pepe Antonio se alzó y hubo un sentimiento de criollismo en muchos ingenios, lo cual es importante, sino por cómo asimilamos después lo que los ingleses nos trajeron. Tanto fue así que los españoles tuvieron que renegociar la forma de tratar a Cuba como colonia. No era la misma Isla que antes de los ingleses, paradigma de modernidad de su momento (criticable o no), superior al español. La búsqueda del aquí y del ahora fue nuestra marca hasta el triunfo de la Revolución, que fue pensada y desarrollada como un proyecto de modernidad.

El animado busca dialogar con los estilos, las formas y las vanguardias de la época, lo cual sigue pasando ahora. La influencia del manga, del anime y de la animación europea sigue siendo atendida por los jóvenes realizadores. No solamente de la norteamericana. No porque sea mala, al contrario, es muy buena y tiene una calidad tremenda, pero hemos tomado también de las vanguardias de animados que han existido y existen hoy, más allá de la nostalgia por los muñequitos rusos que son históricos.

Esta vocación de modernidad sigue siendo una característica de lo cubano. Pienso que el animado es el espacio donde eso se manifiesta de una manera casi natural, automática —cuando no es por encargo—. Si nos preguntamos dónde buscar lo cubano, nos podemos responder: ahí mismo, ahí donde no lo parece.

Cuando miramos los últimos 50 años tendemos a evaluarlos por el último año que se ha vivido. Seguro que muchos de ustedes no recuerdan otros fenómenos. Por supuesto, no habían nacido. Primeramente, Cuba no es un país productor de cine, aunque estábamos entre las tres primeras potencias latinoamericanas (junto con México y Argentina, después apareció Brasil, pero un momento en que estaba Cuba).

En algún momento el amigo Raúl Rodríguez, ya desaparecido, nos hizo ver que había un cine prerrevolucionario y después algunas películas que se hacían en los estudios cubanos o en coproducción con México, pero no éramos un país productor. Aunque sí se hacía y estuviéramos en el tercer lugar, había una enorme distancia con Argentina y México. Ya la animación, que tuvo más fuerza que el dibujo animado para la publicidad, adquiere ese carácter artístico y de apoyo oficial en los años 60 y 70, donde hubo mucha experimentación y mucho trabajo (malos, regulares y buenos).

Si no me equivoco, el momento de mayor producción en Cuba fue en el año 1953, con 19 películas producidas en el país. Yo creo que el ICAIC no ha vuelto a igualar esa cantidad en su historia. Comparado con Hollywood y cualquier casa norteamericana productora de animados, no tenemos tanta producción. Pienso que en este punto tenemos que contar con las posibilidades reales que tenemos. Yo pienso que estos animados del ICAIC de los años 60 y 70 tuvieron mucha experimentación e incluso que fueron más libres que el mismo cine, en el sentido de poder crear lo que les pareciera. Había menos encargos que en el cine de ficción y documental, porque el animado es un espacio menos controlado por el encargo y la censura. Todavía el ICAIC no tenía este edificio de estudios de animación que aparece después, por lo que ahora tiene condiciones para producir más. Habría que ver cuáles son los planes. Jóvenes realizadores hay allí suficientes, y también unas ganas de hacer que verdaderamente desbordan las posibilidades de lo que podemos asumir como producción.

Hay otros estudios de animación importantes, como son los del ICRT, donde también fueron a parar muchos historietistas, y los cuales ahora están tratando de reanimar. Creo que ahí pueden influir las condiciones económicas concretas de producción, condiciones subjetivas de tipo social, políticas e ideológicas que pueden estar lastrando la producción, aunque no lo puedo asegurar.  Esta joven generación se ha formado a sí misma, sola, mirando muñequitos. Cuando nos visitó uno de los grandes historiadores de animados de Japón, resultó que él salió más impresionado con nosotros que nosotros con él. Realmente él no nos enseñó mucho y sin embargo se llevó en su maleta muchísimos proyectos de nuestros jóvenes, porque no se podía imaginar que en Cuba todo el mundo había visto animados japoneses que en Japón ya no se ven, y que aquí ya habían corrido por ese otro circuito paralelo que son las computadoras personales, a pesar de que nuestras posibilidades tecnológicas siempre son limitadas y restringidas. Es tan interesante o más, en cuanto a ideas y estilo, lo que se hace por fuera que lo que está saliendo a través de instituciones.

Hemos hablado de animación en el ICAIC, no solamente en el ICRT, pero se puede hacer animación desde la computadora de la casa con infinidad de programas. Hay muchísima gente involucrada en este proceso y no tienen que ser precisamente jóvenes. Además de otras universidades como la CUJAE o la UCI donde también hay gente haciendo animación. Quizá más pedestre y con menos imaginación, pero ya no es un fenómeno de elite, ya no son solamente historieticas gráficas, lo cual tiene un costo en mi opinión: el costo del guión, o del entrenamiento de contar historias.

Fragmentos de la conferencia ofrecida como parte del ciclo Cine y Revolución, organizado por el Centro Juan Marinello y el ICAIC.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600