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Que vengan nuevas Lucías

Rubén Sicilia • La Habana

 

En días pasados tuve la agradable e inusual experiencia de asistir a las funciones del unipersonal La cuarta Lucía, de la joven actriz Beatriz Viñas, en la Sala Llauradó, que se ha venido convirtiendo en  el hogar natural del pequeño formato en la cartelera teatral de los últimos tiempos.

Experiencia agradable e inusual porque en mi condición de creador siento más afinidad por comentar aquellos espectáculos que me permiten descubrir una perspectiva teatrológica, en la que pueden entreverse leyes o principios que de alguna manera se conectan a todo el teatro de este momento. La cuarta Lucía, me permitió de esta forma confirmar varias intuiciones. La primera y tal vez más sencilla es lo mucho que agradece el público de hoy la presencia de algún acercamiento a la comedia, ausencia significativa y notable de las actuales programaciones. Y la segunda, que no todo tiene que ser grave, lleno de mucha sustancia y experimental a ultranza. Un espectáculo para ser bueno, para dejar una huella valiosa en el espectador puede tener muchos niveles de encanto y fascinación que no pasan necesariamente por el discurso filosófico y existencial. Así como en la paleta de un pintor debe haber muchos colores, así debiera ser el panorama de nuestro teatro. Una vez más se confirma que debe haber tantas variantes de género, poética y estilo, como hacedores hay. Lo que importa, en este caso es alcanzar cierto vuelo y belleza, la razón última que tal vez subyace en todo artista.

De todo esto y más nos nutre La cuarta Lucía, un delicioso divertimento y más, que por momentos desliza una mirada penetrante sobre la realidad del actor de hoy. La situación, simple y sencilla toma proporciones que van de lo simpático a lo delirante. Una joven actriz al parecer sin muchas posibilidades de trabajo se presenta a un casting, para interpretar una nueva Lucía. Y al parecer es dudoso que la esperen. Esto desencadena sus obsesiones y libera todas sus angustias hasta el infinito. Libera también sus anhelos.

Deliciosa la interpretación de Beatriz Viñas, sus guiños gestuales y de intención a las Lucías anteriores, demuestra tener una vis cómica tal vez no suficientemente explorada, con muy hábiles matices. Transiciones y torpezas que fraguan una imagen entrañable del personaje.

Igualmente de excelencia, la inclusión del video en esta puesta en escena, con la participación de directores “en vivo” que le hablan a la protagonista como un ensamble donde el teatro dentro del teatro roza la vida.

El texto, inteligente, irónico y mesurado hace transitar todos los estados y evocaciones que poseen al atribulado personaje. La puesta en escena sobria, sencilla y muy atinada, refuerza este equilibrio general que hace al espectáculo de muy buen gusto. Eduardo Eimil, joven director demuestra aquí nuevamente una habilidad evidente para seducir al espectador, que ya otras veces ha dejado ver. Y que el público evidentemente agradece. Ojalá haya más variantes de jóvenes actores incursionando ya sea en el formato mínimo ―el unipersonal, que según apunta Osvaldo Cano, está saliendo de nuevo del letargo― o en puestas de un formato un poco más numeroso, sin límite de género o estilo. Pero con propuestas orgánicamente valiosas como esta. Todas las formas son igualmente necesarias. No hay que decir, “ese teatro ya es muy viejo y realista” o bien “este género no me gusta”, haciendo una mueca de disgusto inconsistente. Es mejor decir, sí es o no buen teatro lo que vimos. Siempre saldrá ganando el público, y al final también el teatro. Es bueno recordarlo, aunque suene obvio. A usted, querido espectador lo estamos invitando a que esté atento a la reposición. Arriésguese, no piense que tal vez todas las entradas están vendidas. La vida siempre nos sorprende.

Ficha Técnica: La Cuarta Lucía. Espectáculo unipersonal de Beatriz Viñas. Texto: Maykel Chavéz. Dirección artística: Eduardo Eimil. Grupo Teatro Pálpito: Dirección General Ariel Bouza. Sala Adolfo Llauradó, 11 e/ D y E.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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