A lo largo y ancho de todas sus
etapas, transiciones y edades
doradas o no, el cine cubano ha
sido diseñado y puesto en
pantalla por sabedores de que la
inercia y la mediocridad nunca
serán visas posibles a la
trascendencia. Las películas
producidas en este país hace 50
años comenzaron a soltar las
amarras del nacionalismo
estrecho, entendido como rumba,
mulata y cocotero, para navegar
en la ilustración de un perfil
auténticamente nuestro,
reconocible en profundidad y
apariencia, singular y al mismo
tiempo dialéctico e inabarcable.
Dentro de los márgenes del
edificio de 23 y 10, que antes
se llamaba Atlantic, y albergaba
oficinas de abogados, se han
juntado el mágico don de
congregar y la no menos mágica
capacidad para crear, fundar
caminos, levantar escuela y
reconocer la inmensa diversidad
de lo nuestro y de las otredades
a veces ignotas. El 24 de marzo
de 1959 se publicó la ley que
confirió nombre, plataformas y
perspectivas al Instituto Cubano
del Arte e Industria
Cinematográficos. Cincuenta años
después, todos aquellos
presupuestos continúan vigentes;
desde el primer "Por Cuanto: El
cine es un arte"; hasta el
último: "Es el cine el más
poderoso y sugestivo medio de
expresión artística y de
divulgación, y el más directo y
extendido vehículo de educación
y popularización de las ideas".
Tal vez todo lo anterior se haya
repetido del mismo modo en
muchos aniversarios anteriores,
y a fuerza de consabido derive
en tópico prescindible; de
cualquier manera quiero entregar
unas 50 razones que intentan
poner en verbo lo que la buena
memoria y el agradecimiento
festejan, en este medio siglo de
historia para las siglas que
representan imborrable huella en
la cultura cubana del siglo
pasado y presente: ICAIC.
1.
Después de 1960, el más cómodo
de los cines capitalinos, la
Cinemateca, que heredara luego
el nombre de Charles Chaplin,
sería el espacio abierto para
descubrir las otras películas,
las que no embrutecen, alienan
ni tratan de legitimar la
estulticia comercialista.
2.
Y en cada década, de las cinco
que se cumplen ahora, los cines
cubanos se inundaron de su
público natural para ver
Aventuras de Juan Quin Quin,
Elpidio Valdés, Se
permuta, La bella del
Alhambra, Fresa y
chocolate, El Benny y
Los dioses rotos, que
aparecen entre los títulos más
vistos en el mismo país donde
fueron creados, porque se tuvo
el tino de empezar por casa, y
profetizar con suerte en nuestra
propia vecindad.
|

El Benny |
3.
Noticiero ICAIC Latinoamericano,
sin condiciones ni adjetivos.
Eso sí era un noticiero, colmado
de cuestionamientos, de
revelaciones, de aliento
sostenido y feraz, pero tuvo que
desaparecer, superado por las
circunstancias de escasez y las
nuevas tecnologías. Solo que en
la televisión apenas aparecen
homólogos de aquellos grandes
ejercicios periodísticos.
4.
Casi seguro no existe un niño
aquí que no se haya soñado
invencible, invulnerable,
irresistible e inmortal como
Elpidio Valdés. A eso le llaman
mitología, capacidad para
recrear la cultura mediante el
héroe positivo, y propuesta de
valores, de un sentido racional
de lo épico, en fin, arte en
dibujo animado.
5.
Muchos, por millones, se
sintieron dispuestos a perderlo
todo y ganar de más, al igual
que Elpidio Valdés, que El
hombre de Maisinicú o El
brigadista.
6.
Por Raquel-Lucía, suplicando una
gardenia que nunca le regalaría
nadie, llegada a la antología
del mejor cine mundial el mismo
año 1968 en que vimos a Sergio
escrutando el Malecón,
desentrañando las inconclusas
memorias de un pertinaz
subdesarrollo.
|

Memorias del subdesarrollo |
7.
Por el rostro infinitamente
plástico, inmarcesiblemente
expresivo de Daisy Granados en
Retrato de Teresa,
Cecilia, Plaff…
8.
…y la naturalidad inveterada de
Mirta Ibarra entre Hasta
cierto punto, Adorables
mentiras, Fresa y
chocolate, Guantanamera,
El cuerno de la abundancia…
9.
…y la mirada perdida en
lontananza de Eslinda Núñez,
llamada Lucía, y
con el segundo nombre de
Amada…
10.
… y por acceder a la región más
desgarradora del llanto, Isabel
Santos en Clandestinos,
Lejanía y Miel para
Oshún.
|

Clandestinos |
11.
Uno siempre vuelve a ver a los
18 y a los 36, y a los 50,
Memorias del subdesarrollo,
como un reto imparable a la
razón, y siempre encuentra
novedades…
12.
… y regresas a Lucía,
redactada en imágenes al modo de
esas extrañas canciones
poéticas, que siempre te
emocionan por más veces que las
escuches.
13.
¿Y las semanas de cine
soviético, luego ruso, chino,
polaco, español, francés,
italiano, indio, mexicano,
brasileño, argentino, el mundo
entero en mil y más películas?
14.
¿y las retrospectivas de
Fellini, Buñuel, Tarkovski,
Wajda, Fassbinder, el
neorrealismo italiano, la nueva
ola francesa, los independientes
de Nueva York y los
nuevos-nuevos argentinos?
15.
Porque casi todo el cine estaba,
ha estado, y ojalá siga estando
en pantallas que se proclamaron
de Arte y Ensayo. Alguna que
otra se convirtió en almacén y
en depósito de basura; se perdió
aquella fabulosa red exhibidora,
pero se mantiene la voluntad del
ICAIC por exhibir obras
progresivas estilísticamente,
inconformes, iconografía en
movimiento de todos los pueblos
del mundo.
16.
Hoy se cuentan por decenas las
salas en ruinas, irrescatables,
convertidas en depósitos de la
humedad y el olvido, pero
todavía se recuerdan aquellos
cines de estreno que fueron el
paraíso para los ojos,
catedrales cinéfilas cuyas
dimensiones maravillaron a Kevin
Costner, Roman Polanski y Liv
Ullmann.
17.
Para quienes no amábamos
demasiado la playa ni el
campismo, huíamos de la mala
televisión y preferíamos una
pantalla grande, plantada ante
nosotros mismos como un espejo,
ver cine era una fiesta
innombrable, al estilo de Por
primera vez o El elefante
y la bicicleta.
18.
Demarcación del antes y el
después, mayoría de edad de la
exhibición cinematográfica
cubana, fue el Festival
Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano, primero en La
Habana y luego en todo el país,
y que nos convirtió en el único
público del mundo capaz de
conocer a fondo el cine
brasileño, mexicano, argentino,
chileno, venezolano, compararlo
con el nuestro, y entender las
diferencias y comprender las
afinidades.
19.
Vocación integradora en perenne
ampliación, el Festival no se
quedó en los países del Bravo a
la Patagonia, incluyó el Caribe
francófono y anglófono, luego a
los independientes
norteamericanos, y más tarde a
todos los cineastas europeos,
asiáticos o africanos que
compartieran el espíritu
emancipador, humanista y plural
que caracteriza al Festival de
La Habana.
20.
Y llegaron aquí, interesados por
lo que ocurría en la vida y en
el cine cubanos, las luminarias
por decenas: Robert de Niro y
Benicio del Toro, Julie Christie
y Cecilia Roth, Marisa Paredes y
Hanna Schygulla.
21.
Pero antes de que el Festival
asentara sus predios, el ICAIC
convenció para que vinieran a
enseñarnos el arte del arte al
italiano Cesare Zavattini, al
holandés Joris Ivens, a
principios de los años 60…
22.
y diez años después, más o
menos, reunió a muchos artistas
latinoamericanos expulsados de
sus países, y aquí concibieron o
concluyeron sus filmes, y nos
dejaron, cuando menos, su
inteligencia y sensibilidad
participativas.
23.
Algunos hicieron medulares
aportes al cine continental,
influyeron, sentaron cátedra:
los chilenos Patricio Guzmán y
Miguel Littín (que adaptó la
carpenteriana El recurso del
método), el brasileño
Glauber Rocha, y fue aquí que el
Comité de Cineastas de América
Latina decidió crear la
Fundación del Nuevo Cine
Latinoamericano, dirigida por el
colombiano Gabriel García
Márquez, y luego la Escuela
Internacional de Cine y
Televisión, en San Antonio de
los Baños, elogiada por Robert
Redford y Francis Ford Coppola.
24.
Y volviendo al cine en tanto
filmes, el ICAIC produjo algunas
“interesantes variaciones
genéricas”, películas que a uno
le place recordar a fuerza de
controversiales, lo que le
llaman filmes de culto.
25.
Está en pie todavía aquel
monumento onírico, filosófico,
desenfrenado en muchos sentidos
que fue Una pelea cubana
contra los demonios, o El
otro Cristóbal, que nos legó
el francés Armand Gatti, y,
según Fernando Birri y García
Márquez, la superproducción
histórico-literaria y autorista
que es Cecilia, cuya
excelencia plástica nadie podrá
cuestionar.
26.
Incuestionables también los
catedralicios tributos de
Humberto Solás al cine histórico
mediante Un hombre de éxito
y El siglo de las luces.
|

El siglo de las luces |
27.
¿Quién se acuerda de aquella
película ambientada en un circo
de mala muerte, con brillante
fotografía y actuaciones, que se
tituló Tulipa? ¿Y de
aquel policiaco retro llamado
El extraño caso de Rachel K?
¿Y del lujoso biopic que fue
Capablanca, que cimentaba un
camino continuado años después,
en vertiente musical, por La
bella del Alhambra, Zafiros
locura azul, y El Benny?
28.
Hemos tenido cine deportivo (En
tres y dos, Redonda y
viene en caja cuadrada,
Fuera de liga), teatro
filmado (Giselle, Amor
en campo minado), intentos
por aplatanar los géneros
inherentes al cine
norteamericano (Aventuras de
Juan Quin Quin, El hombre
de Maisinicú),
29.
musicales de ficción y
documentales de los más diversos
tonos y registros (Nosotros
la música, Un día en el
solar, Now,
Patakín, La bella del
Alhambra, Zafiros locura
azul, el segundo cuento de
Tres veces dos, El
Benny),
30.
y todavía hay quienes dicen que
el cine cubano no sabe contar
historias de amor. ¿Qué será lo
que cuentan entonces las tres
Lucía, Retrato de Teresa,
Una novia para David,
Tiempo de amar, Barrio
Cuba y Los dioses rotos?
|

Los dioses rotos |
31.
Puede ser que en los años 70 y
80 se abusara de la temática
Machismo vs. Emancipación
femenina, pero positivo tiene
que haber sido cuando menos el
debate sociológico que propuso
el cine nacional cuando provocó
instantáneas tan pertinentes
como De cierta manera,
Retrato de Teresa, Hasta
cierto punto y Mujer
transparente.
32.
Curioso, cuando menos, el hecho
de que una cinematografía tan
pródiga en filmes sobre la
mujer, solo podamos contar con
un nombre a la hora de enumerar
realizadoras que acometieron
largos de ficción: Sara Gómez y
De cierta manera
constituyen una experiencia
única y exclusiva, como toda
empresa auténticamente grande.
33.
A los 50 años del ICAIC, y para
celebrarlos, se estrena
Ciudad en rojo, que dirige
la destacada documentalista
Rebeca Chávez, segunda
realizadora de un largometraje
de ficción, dentro del ICAIC, y
que contempla la adaptación de
Bertillón 166, un libro
que quisieron ilustrar en
pantalla Julio García Espinosa y
Tomás Gutiérrez Alea.
|

Ciudad en
Rojo |
34.
¿Quién sabe lo que hubiera
podido hacer Marisol Trujillo si
hubiera accedido al
largometraje, puesto que sobrada
prueba de talento y sensibilidad
late en Mujer frente al
espejo?
35.
Y cuando uno recuerda el camino
andado, salta a la vista el
matiz acendrado de cada década:
los 60 de ruptura y
experimentación; los 70 de
grisura, historicismo y
contracción; los 80 de comedias
costumbristas, incremento en la
producción y abierto rescate de
la pasividad; los 90 de período
especial, crisis de valores y
desconcierto.
36.
¿Habremos visto y gozado todo lo
que ofrecían los años 60? Seguro
que no, porque si lo supiéramos
todo jamás nos habría
sorprendido el deslumbramiento
mundial con Soy Cuba, que
nos legaron los soviéticos
Mijail Kalatozov y Serguei
Urusevski, ni la belleza y el
rigor redescubiertos en
Nosotros, la música, el
documental performático de
Rogelio París, al nivel de
cualquiera eminencia que en el
mundo pueda comparársele.
37.
¿Quién sabe cuál es el próximo
turno en la esfera de los
redescubrimientos deslumbrantes?
38.
¿Viste Despegue a las 18:00,
de Santiago Álvarez o Tulipa,
de Manuel Octavio Gómez, o
Tránsito, La ausencia,
Desarraigo, castigadas a
envejecer en las bóvedas hasta
que las recuerda algún
programador culto y ambicioso?
39.
¿Cuántos conocen ciertamente
Un día de noviembre o Una
pelea cubana contra los demonios?
|

La inútil
muerte de mi socio Manolo |
40.
¿Y el palpitar de los años 80 no
está retratado a plenitud en
Hasta cierto punto o La
inútil muerte de mi socio Manolo?
41.
¿Alguna vez será posible
considerar con mayor
objetividad, Alicia en el
pueblo de las Maravillas;
Mascaró, cazador americano;
Pon tu pensamiento en mí,
Melodrama, Madrigal?
¿Serían tan raras y
disfuncionales como algunos
dictaminaron?
42.
Hay algunos filmes que entran en
el canon asentado en su década
para convertirse en paradigmas
insuperados. El cine sobre la
colonia y el esclavismo fue
explotado en sus facetas y
acercamientos durante los años
70: El otro Francisco,
Maluala y Rancheador
crearon la marca, hasta que
llegó Tomás Gutiérrez Alea y le
puso la cúspide a ese andamiaje
del cine cubano con La última
cena.
43.
Pero hay títulos que rompen toda
catalogación. Los 80 se
vistieron de largo con
Papeles secundarios, La
bella del Alhambra y
Plaff que asumieron
respectivamente la llamada
vanguardia formal occidental, el
musical de sello teatral y sesgo
vernáculo, y la comedia de
costumbres elevada al máximo
poder de la sátira y el absurdo.
44.
Y nadie sabría decir a ciencia
cierta qué sería del cine de los
años 90 si no hubiera estado
alumbrándonos la franqueza y la
pasión de Fernando Pérez, y de
Hello Hemingway,
Madagascar, La vida es
silbar, Suite Habana…
45.
Pero a pesar de que el drama
plúmbeo y la tragedia gozan de
mayor puntaje en la
consideración de los estudiosos,
desde los griegos hasta la
última edición del Oscar, las
comedias cubanas supieron
encontrar el envés de la
carcajada, la contracara de la
sonrisa en La muerte de un
burócrata, Los
sobrevivientes, Los
pájaros tirándole a la escopeta,
Plaff, Kleines
Tropicana, Nada,
Entre ciclones, La noche
de los inocentes, El
cuerno de la abundancia.
46.
Y otros argumentos que nos
permitieron afirmar: “Cuba está
haciendo historia también en el
cine” fue la legión de camiones
con cine móviles que llevó el
deslumbramiento de imágenes a
todos el país (recordar la
emoción de Por primera vez)…
47.
las siempre renovadas escuelas
del documental —sería impensable
el cine cubano sin Santiago
Álvarez, Nicolasito Guillén
Landrián, Oscar Valdés, Enrique
Colina, Sara Gómez— y el cartel
cinematográfico, que fueron
elogiadas en toda latitud y
longitud por más que decayeran
en los últimos tres lustros;
48.
la música que acompañó las
imágenes y que aportaban los más
importantes músicos de este
país, desde Leo Brouwer, Harold
Gramatges, Carlos Fariñas, Juan
Blanco, y Sergio y José María
Vitier, hasta los Van Van y el
Grupo de Experimentación Sonora,
Edesio Alejandro, Mario Romeo,
Ulises Hernández…
49.
Cuatro nombres ratifican el
perenne rebrote de lo auténtico:
Tomás Gutiérrez Alea, Humberto
Solás, Santiago Álvarez y Juan
Padrón, tan expansivamente
anclados en la cubanía como lo
están también la música de
Cervantes, Lecuona, del Benny y
de Silvio, las letras de Lezama,
Guillén y Carpentier, los
lienzos creados por Amelia,
Portocarrero y Servando.
|

Tomás
Gutiérrez Alea (Titón) |
50.
Cincuenta razones para festejar
el ICAIC histórico, el que ha
sido. Porque tampoco puede
obviarse el potencial de
futuridad que contienen las
Muestras de Nuevos Realizadores,
donde figuran todos los años,
desde hace ocho, los jóvenes
provenientes del ISA, de los
telecentros, de San Antonio de
los Baños, ellos que pintarán
las nuevas Lucías, y seguirán
perfilando las memorias del
subdesarrollo, con el mismo
lenguaje sutil, español
cubanizado, con gusto a indiano
areíto, trasiego europeo,
asiática perseverancia y
ardoroso ritmo africano. |