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A lo largo de febrero y lo que va de
marzo, la Escuela Internacional de Cine
y Televisión, en San Antonio de los
Baños ha recibido casi una decena de
grandes creadores relacionados con lo
mejor del universo audiovisual
contemporáneo en los últimos años: el
cineasta francés Laurent Cantet (La
clase), el fotógrafo y cineasta
norteamericano William Klein, la actriz
alemana Hanna Schygulla, el productor
norteamericano Michael Hausman, la
fotógrafa francesa Agnes Godard y el
crítico y escritor catalán Román Gubert.
Uno de los cineastas más reconocidos de
Europa en este momento, Laurent Cantet
ofreció en la Escuela un taller de
dirección a los estudiantes de tercer
año, además de sendas clases magistrales
para todos los interesados. Nacido el 15
de junio de 1961, de padre y madre
ocupados en el magisterio, Laurent
Cantent se graduó en 1996 en la escuela
de cinematografía del IDHEC, en París.
Se dio a conocer nacionalmente con
Les sanguinaires, de la
serie concebida para televisión,
2000 Seen By…. Anteriormente
había realizado dos cortos, uno en 1994,
Tous à la manif, y otro al
año siguiente,
Jeux de plage, que
obtuvieron premios en varios festivales
franceses. Su primer largo,
Recursos humanos (1999),
cuenta dos vertientes de un mismo
conflicto: paterno-filial y laboral.
Cantet descubrió algunas de las claves
dominantes de su filmografía desde
Recursos humanos, nominada
al Premio César como mejor opera
prima y guión, además del galardón
que otorga el Festival de San Sebastián
al mejor nuevo realizador. Su segundo
intento presenta otra búsqueda de un
hombre de su tiempo y su lugar en el
mundo.
El empleo del tiempo (2001)
se inspiraba en un caso real descrito en
la novela
El adversario, de Emmanuel
Carrère, y alcanzó el León de oro en el
Festival de Venecia, además de una
postulación como mejor guión en los
Premios de cine Europa.
Cantet se alejó de sus entornos y
personajes más conocidos en su tercera
película,
Hacia el sur (2005), que se
ambienta en Haití —pero se rodó en
República Dominicana— a finales de los
años 70, cuando aquella isla constituía
un destino turístico muy solicitado, y
cuenta la historia de dos
norteamericanas de unos 50 años, una de
ellas interpretada por la extraordinaria
Charlotte Rampling. Sobre
Entre les murs (que concursó
por el Oscar, el Spirit y el Premio de
la industria de cine británico) el autor
quiso reforzar una especie de marco
documental y ofrecer sus complejas
meditaciones sobre la enseñanza, la
democracia y la multiculturalidad.
Procedente de México, donde recibió un
hermoso homenaje, cuyo catálogo con
chispeantes elogios de Pedro Almodóvar
leyó a todos, William Klein fue el
protagonista de un conversatorio con
estudiantes y profesores de todas las
especialidades, a propósito de su
filmografía trascendental y de su
impronta en el mundo de la plástica y de
la fotografía contemporáneas.
Klein explicó que siempre soñó con
París, pero que cuando llegó a esa
ciudad, a finales de los años 40, ya no
existía la vanguardia intelectual como
él la imaginaba, y por lo tanto tuvo que
inventarse su propio modo de hacer arte
y fotografía. Primero, rompió con la
fotografía sentimental y “humanista” que
se hacía en Francia por aquella época, y
buscó imágenes más sucias,
contraculturales. Su libro de fotos
sobre Nueva York le valió el acceso al
cine, en filmes experimentales,
abstractos. Sus primeras obras para el
cine tienen reputación mundial por haber
ideado la iconografía del arte pop.
Hablando sobre su filme más famoso,
¿Quién eres tú, Polly Magoo?,
aseguró que nunca quiso hacer una
película sobre la moda, sino sobre los
medios, la televisión, la prensa, y
aseguró que solo había hecho una
película sobre las cosas que conocía
bien. Por eso, Pret-a-Porter (de
Robert Altman), un filme con el cual
pudiera tener algún parecido su propia
obra, le parece superficial y
convencional, porque Altman estaba
mostrando cosas que desconocía.
Nacido en Nueva York, EE.UU., en 1928,
Klein ha sido pintor, fotógrafo,
ilustrador y reportero, además de
cineasta. A finales de los años 40
visitó París, estudió Historia del Arte
en la Sorbona, y allí se quedó a vivir,
bajo la influencia de artistas de la
vanguardia pictórica. Fue fotógrafo de
la revista Vogue, a finales de
los años 50, cuando también se contaba a
Jean Cocteau entre los colaboradores.
En los años 60 se situó entre los
mejores directores del mundo gracias a
títulos como
Muhammad Ali, the Greatest
(1969),
Loin du Vietnam (1967),
Qui êtes-vous, Polly Maggoo?
(1966) y
Cassius le grand (1964).
Posteriormente regresó a su oficio de
fotógrafo, mientras se mantuvo
dirigiendo esporádicamente sobre todo
documentales y filmes de vanguardia como
In and Out of Fashion
(1998),
Babilée '91 (1992),
The Little Richard Story
(1980) y
Eldridge Cleaver (1970).
La cantante y actriz alemana Hanna
Schygulla, que ha visitado Cuba y la
Escuela en varias ocasiones, repitió su
recorrido y comprobó cuánto ha cambiado
la institución desde sus visitas
anteriores hasta hoy. En animada
conversación con profesores y
estudiantes, con amigos de muchos años,
la célebre actriz expresó en varios
idiomas su satisfacción, y no dejó de
mirarlo todo con esa expresión de
asombro e ingenuidad que les comunicó a
sus mejores personajes de la gran
pantalla. Mucha fue la sorpresa de
muchos cuando encontraron, en el comedor
y en los pasillos de la EICTV, un rostro
y un glamour que conocían del cine
mitológico de Fassbinder.
El primer contacto realmente intenso de
Schygulla con Cuba, y con la Fundación
del Nuevo Cine Latinoamericano, fue en
1986, el mismo año cuando nació la
Escuela. En ese año filmó en Cuba
El verano feliz de la Señora Forbes,
dirigida por el mexicano Jaime Humberto
Hermosillo, que no era su primera
película de habla hispana, pues Carlos
Saura la había dirigido en
Antonieta, de 1982.
Nacida en 1943, de padres de ascendencia
polaca, la Schygulla estudió lenguas
romances y tomaba clases de actuación en
su tiempo libre, hasta que fue
descubierta en el cine y el teatro por
Rainer Werner Fassbinder, uno de los
principales animadores del nuevo cine
alemán. Juntos hicieron algunas de las
mejores películas alemanas de principios
de los años 70 (Mercader
de las cuatro estaciones, Las amargas
lágrimas de Petra Von Kant)
hasta
Effi Briest (1974) por la
cual se separaron hasta la brillante
reconciliación que significó
El matrimonio de María Braun,
en 1978 y Lilli Marleen, en 1981,
dos obras maestras del cine alemán de
todos los tiempos.
Luego del fallecimiento de Fassbinder,
Schygulla se mudó a París y actuó en
excelentes películas de directores
franceses, italianos, españoles,
mexicanos y norteamericanos, aunque su
lugar en la historia del cine estaba
garantizado desde la época de Fassbinder.
Después de un largo período donde su
carrera perdió el brillo de otrora, tuvo
un regreso primero en el 2000, en
Die Werckmeisterschen Harmonien,
de Bèla Tarr, y luego en
The Edge of Heaven (2007)
dirigido por Fatih Akin, que le valió
ser aclamada nuevamente entre las
mejores actrices de Europa.
Román Gubern (Barcelona, 1934) es,
además de escritor e historiador de cine
español, una de la principales voces de
los estudios de la imagen en nuestra
lengua. El pasado 13 de marzo impartió
en la sala Glauber Rocha una charla
magistral para la comunidad, donde se
tocaron temas de la mayor actualidad,
como lo es la posición del cine frente a
las nuevas tecnologías; el momento
crítico del arte ante la crisis
económica mundial y la evolución de los
distintos géneros cinematográficos tras
su primer siglo de existencia. Gubern
habló de manera cálida y distendida
frente a un auditorio inquieto, lo que
desembocó en una charla que, más que
concluir, cuestionó y dejó puntos
suspensivos sobre el futuro del cine en
esta era de vertiginosos avances
tecnológicos. |