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Si se hubiera escrito
antes de los juegos del
segundo clásico que
Japón iba a dejar sin
carreras por 18 entradas
consecutivas al bateo
cubano, nadie lo hubiera
creído. Pero pasó.
Primero Daisuke
Matsuzaka que nos ha
ganado en las tres veces
que ha jugado con
nosotros, y tres días
después Hisahi Iwakuma
continuó con la misma
rima.
Tanto en uno como en
otro encuentro, entrada
tras entrada, los
lanzadores nipones
demostraron un dominio
absoluto sobre la
“toletería” antillana
que si bien jugó al
batazo en la primera
oportunidad, trató de
mover la bola en la
segunda, pero no pudo.
Los pocos hits que bateó
Cuba lo hizo luego de
tener dos out lo que no
permitía hacer jugadas
como cuando se conecta a
principio del inning.
El pícher abridor cubano
Yulieski Maya se
presentó en gran forma,
pero con un error de
Yoennis Céspedes en un
difícil fildeo en los
jardines, se produjeron
las dos primeras
carreras y el tirador
pinareño fue sustituido,
a mi juicio, de forma
prematura porque no le
habían hecho nada.
Ahora bien, ¿estaríamos
jugando todavía si los
píchers cubanos no
hubieran permitido
carreras? Porque más
allá de la efectividad o
no de los lanzadores, lo
que es evidente que
Japón nos amarra corto a
la ofensiva y que con la
defensa que ellos tienen
cada vez nos resulta más
difícil batear. Y si no
hay hits, no hay
carreras ni triunfo.
La envergadura de la
victoria la reconoció el
manager japonés
Tatsunori Hara quien al
final del tope declaró:
“Para Japón esto
significa mucho, es algo
muy importante para
nosotros y es algo que
es parte de la historia.
Sobre el equipo de Cuba
tengo que decir que lo
respeto mucho y fuimos
capaces de vencerlos...
es algo realmente que
vale mucho para
nosotros”.
A su vez Iwakuma, el
mejor picher nipón en
el último campeonato de
aquella nación, dijo:
“Estoy muy feliz por
haber logrado la
victoria, sé que Dice-K
(Matsuzaka) también lo
está, él hizo un gran
trabajo el domingo, y me
motivó a tratar de hacer
lo mismo, qué bueno que
pude lanzar un gran
juego, pero Japón jugó
como equipo y el
resultado fue la
victoria, estoy muy
feliz”.
Esta derrota, que saca a
nuestro equipo de la
discusión de las
medallas, equivale a que
por primera vez en 70
años, desde que en 1939
Cuba participara en la
Copa Mundial, el
conjunto de la mayor de
Las Antillas no está
entre los lugares
cimeros.
La dirección de béisbol
en Cuba debe tomar nota
de estas derrotas al
hilo ―Clásico Mundial
dos veces y Juegos
Olímpicos de Beijing―
frente a Japón y Corea
que han demostrado tener
un picheo y una defensa
que nos hace mucho daño.
No creo lo que hoy
publican algunos
comentaristas de que
estamos ante el declive
del béisbol en la Isla,
lo que pienso es que,
incluso con los
peloteros cubanos que
han jugado en las ligas
asiáticas, se debe
estudiar a fondo cómo
preparan los lanzadores
y en general su defensa.
Creo además que a
nuestros jugadores, a
cada uno y al conjunto,
lo estudian hasta la
saciedad y cuando un
lanzador realiza un
envío conoce las
debilidades del
bateador. ¿Tienen esa
información nuestros
pichers acerca de los
contrarios? Todos
sabemos que como ellos,
no.
Quedan cuatro grandes
equipos en la contienda:
Japón, Corea, EE.UU. y
Venezuela, pero a esos
juegos les faltará la
pimienta que siempre
pone en el terreno el
equipo Cuba. Otra vez
será. |