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Desde hace días se viene
pactando, como por
inercia, una tregua
entre los amigos
contrincantes de
discusiones beisboleras.
Los nombres de nuestras
grandes pasiones:
Industriales, Santiago,
Villa Clara, Pinar,
fueron desvaneciéndose
ante la selección del
equipo de las cuatro
letras. Por un tiempo
Paquita, Arturo Arango,
Codina, Omar Valiño,
Bladimir Zamora y otros…
“anticapitalinos” no
enviarán señas, en
discusiones, artículos,
llamadas o correos,
contra los azules; son
días en que Alexis Díaz
Pimienta, Grillo y yo no
tendremos que conspirar
para replicarles en
nombre de los
Industriales, ahora
Cepeda, Vera, Yulieski,
Lazo, Maya, Olivera, o
Céspedes, son tan míos
como de ellos. Claro que
vendrán otras
discusiones, pero desde
el mismo lado de la
trinchera: Cuba. Creo
que estamos más o menos
de acuerdo en varios
puntos —ya dirán en sus
artículos:
1. Los que están en el
equipo seleccionado son
los mejores, y se lo
han ganado, más allá de
algún nombre que alguno
quisiera incluir.
2. Esta selección es
superior a la del
Clásico anterior. Mejor
defensa, especialmente
en los jardines, más
poderío en el bateo, un
equipo más rápido, y
donde realmente la
alineación regular es un
dolor de cabeza, hay
varios line up, —cuatro
o cinco— que serían
incuestionables (aunque
cuestionado, pues
precisamente por ser
varias las posibilidades
ideales, no faltarán los
que blasfemen sobre la
variante que se decida);
el pitcheo está mejor
balanceado y determinado
en sus roles (abridores,
relevos intermedios y
cerradores) y varios de
esos brazos estelares
llegan aquí con más
experiencia.
3. Ya estuvimos en el
Clásico anterior, nos
probamos contra ese
nivel supremo y
mostramos que salimos al
terreno de tú a tú; y
muchos de esos que
integran nuestro equipo
repiten esta vez, lo
cual será muy útil para
el espíritu colectivo.
Esto tiene como
agravante que los
contrarios ya no saldrán
contra nosotros creyendo
que van a coger mango
bajito; ahora van a
salir a comernos.
4. El equipo Cuba ha
lucido bien en esta
etapa de entrenamiento.
Es cierto que los
equipos mexicanos se
encuentran en una etapa
precontienda, y el nivel
(una triple A) es
lógicamente inferior al
que enfrentaremos desde
el domingo, pero son
peloteros profesionales,
que saben jugar béisbol;
por otra parte, los
nuestros han estado en
el proceso de adaptación
a la altura y buscando
su forma óptima física y
psíquica lo cual debe
llegar a su punto
climático desde el
domingo. Y se han visto
ajustados al bate, con
una defensa
impenetrable, y bien el
pitcheo, a pesar de ser
encuentros para probar a
todos los jugadores y no
con el objetivo de
ganar.
Esto no quiere decir que
ya estamos en la final
discutiendo la copa del
Clásico, habrá que salir
cada día al terreno con
todo el espíritu y el
talento, a batallar
contra mejores y más
preparados rivales, sin
confiar en supuesto
enemigo débil. Muchos se
dejan llevar por la
aseveración, cierta, de
que poseemos un mejor
team que en el torneo
anterior, y de ahí
deducen que entonces
debemos ser los
campeones; a eso vamos,
pero desde ya, digo que
debemos valorar más que
por el lugar que se
obtenga, por la pelota
que se juegue. El nivel
del evento es el máximo
y al menos de diez
equipos, de esos 16
convocados, tienen
nóminas para ser
campeón; no faltará el
lanzador que salga en su
día y le agüe la fiesta
a algún superfavorito.
Pero bien, el tan
esperado momento llegó;
ya estamos en el Segundo
Clásico Mundial de
Béisbol. Por supuesto,
me desperté en la
madrugada para gozar de
los primeros instantes
del juego en el Tokio
Dom donde Japón se vio
discreto ante el más
débil contrincante de
grupo, China. Brillante
en la defensa, bien el
pitcheo —aunque la
batería rival no es
medidor— una pobre
ofensiva, apenas 5 hits,
los mismos que sus
contrarios, y un corrido
de bases como de
novatos, un corredor
cogido entre tercera y
home, otro que salió al
suicidio para tercera
con rolling al campo
corto y uno capturado
intentando anotar con un
roletazo, ciertamente
algo movido, al
torpedero pero con el
cuadro cerrado. Claro
que Japón debe ir
subiendo ritmo de juego,
pues trae una nómina con
todas sus grandes
estrellas.
Cuba también comenzó su
participación en el
Clásico, pues Jorge
Pérez, el árbitro
cubano, impartió
justicia, con gran
acierto, en la primera
almohadilla.
Así que, se rompió el
estambre, ya estamos en
Clásico y comienza a
caldearse el ambiente de
discusiones, con la
bandera nacional
hondeando para todos. |