Dicen que Jorge Ibarra o “el
loco Ibarra”, como le llamaban
en la Universidad de Oriente,
antes de zambullirse para
siempre en los libros de
historia, fue un audaz dirigente
estudiantil. Él y Frank País,
exigieron al rector de la
universidad su inmediata
renuncia al cargo de cónsul de
Guatemala en la ciudad de
Santiago de Cuba, pues el país
centroamericano se encontraba en
poder del coronel golpista
Carlos Castillo Armas, quien
había derrocado al legítimo
gobierno de Jacobo Arbenz. Dicha
protesta les valió a ambos
jóvenes una vejatoria sanción
que no estuvieron dispuestos a
cumplir, por lo que abandonaron
el centro de estudios.
Esta y muchas otras anécdotas
sobre el historiador, así como
la trayectoria de su prolífica
obra, fueron evocadas en un
homenaje ofrecido al Premio
Nacional de Ciencias Sociales
este domingo 15 de febrero en la
XVIII Feria Internacional del
Libro, dedicada al eminente
estudioso.
Fernando Martínez Heredia ―quien
se declaró un hermano de Jorge
Ibarra “en este largo camino de
la Revolución, del pensamiento
social crítico y del
conocimiento” ― realizó un
recorrido por sus obras y sus
ideas, las cuales, confesó, “han
sido una de las inspiraciones
principales para mi trabajo en
Historia y en Ciencia Social”.
Destacó el ensayista, que Ibarra
fue, junto a Manuel Moreno
Fraginals, uno de los
investigadores que sentó las
bases para el estudio de la
Historia de Cuba en los años 60,
época donde se comenzaba a
buscar un camino de pensamiento
que estuviese a la altura de
aquel emprendido por la sociedad
con el triunfo de la Revolución.
“Desde 1959, el poder
revolucionario estaba cambiando
las fibras y el mundo del país y
los historiadores, como todos
los que adquirían conciencia, se
ponía en función de vivir la
Revolución y escribir teniéndola
como brújula”. Agregó el
intelectual que Ibarra llevó a
cabo dos trabajos de suma
importancia en aquellos primeros
años: divulgar e incrementar el
número de conocedores de los
elementos esenciales “de las
luchas del pueblo cubano por la
liberación y la justicia
social”; e investigar y teorizar
acerca de los hechos que
conformaron la identidad cubana
en el contexto del dominio
colonial español.
Además, Martínez Heredia señaló
que la Revolución trajo sus
propios problemas, tendencias
que gangrenaban el proceso y que
a veces eran más nocivas que el
enemigo externo, especialmente
aquella “corriente que era
dominante en el marxismo:
teleológica, economicista,
autoritaria, distribuidora de
premios y castigos hacia el
pasado en nombre del futuro”. Y
agrega que “el marxista Jorge
Ibarra, tuvo que vérselas con
estos adversarios antiguos o
recientes y con sus
conspiraciones, y lo hizo
cumplidamente”.
Por su parte, Ambrosio Fornet
confesó ser “un admirador
incondicional de Ibarra desde
que en 1967, siendo yo editor de
la Editorial Nacional, tuve el
privilegio de editar y comentar
brevemente los ensayos de
Ideología mambisa”, analizó
elementos característicos del
estilo del historiador y su
estrategia discursiva,
apoyándose en el texto Notas
sobre nación e ideología que
es, a juicio del intelectual,
“quizá el ensayo más brillante
que se haya escrito sobre el
tema en la Cuba revolucionaria”.
Reconoce Fornet que en este
trabajo hubo un detalle que
captó su atención: “era que por
encima del cúmulo de datos y
sucesos se iba dibujando, como
el diseño de un tapiz, una
visión compleja de la historia y
sus personajes, que a mis ojos
de crítico literario adquiría la
intensidad de un discurso
novelesco”. Destaca que el
autor, sin agobiar a sus
lectores, daba muestras de
intentar abordarlo todo. “El
modo en que Ibarra iba
entretejiendo hechos y
personajes parecía responder a
ese mecanismo de la creación
dramática que consiste en
convertir el conjunto de sucesos
narrados en unidades de
sentido”.
Pedro Pablo Rodríguez, otro de
los panelistas, comentó la
relación que existe entre los
libros de Ibarra: José Martí
dirigente político e ideólogo
y Máximo Gómez frente al
imperialismo, ya que a su
entender uno podría considerarse
la continuación del otro, pues
en el segundo “analiza cómo
Gómez trató de dar continuidad
al proyecto martiano en los diez
últimos años de su vida”.
El momento más emotivo de la
jornada lo protagonizó la
doctora Fe Iglesias, quien no
pudo limitarse solo a comentar
el libro de Ibarra que le habían
asignado Cuba: 1898-1922,
partidos políticos y clases
sociales, sino que relató
varias anécdotas de sus años de
trabajo junto al “decano de los
historiadores cubanos”, como le
llaman sus compañeros. Donde,
según sus propias palabras,
jamás estuvieron de acuerdo,
pero se profesaron un afecto y
respeto mutuo. La historiadora
resaltó además, lo importante
que ha sido para la carrera de
Jorge Ibarra el apoyo
incondicional de su esposa Ana y
por último, a tono con la
sencillez de sus palabras, le
lanzó un cálido: “te quiero”. |