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El ansia de consumo en las
sociedades occidentales
desarrolladas —y el bombardeo de
publicidad que le da sustento—
es cada vez más brutal y
deshumanizada. Los que no pueden
comprar, la mayoría, sueñan con
hacerlo y son arrastrados en la
corriente del hambre infinita
por lo que no se tiene. En esta
vorágine los valores esenciales
del hombre se diluyen, la
cultura se convierte en otra
mercancía y el pensamiento se
desvanece con el aniquilamiento
de la mirada crítica que valora
y discierne.
El panel “Cultura, consumo y
valores humanos”, que sesionó en
horas de la mañana en la sala
José Antonio Portuondo, reunió a
Carlo Frabetti, escritor
italiano residente en España,
autor de libros para jóvenes y
niños; Tania Licea,
representante de UNICEF en Cuba,
y Santiago Alba, ensayista
español, para reflexionar acerca
de estos temas en el mundo
contemporáneo, sobre todo en su
relación con la infancia y la
adolescencia y tomando a Cuba
como punto de partida.
En palabras de Fernando Rojas,
viceministro del Ministerio de
Cultura y moderador de la mesa,
la intención de este y otros
esfuerzos que se están haciendo
al respecto es “poder formar
valores en unas circunstancias
en que las nuevas generaciones
son cada vez más dependientes
para su información cultural de
los medios audiovisuales e
informáticos, en los cuales hay
un dominio hegemónico de los que
los niños y en general la
población cubana no escapan”.
Tania Licea, entre otros temas,
se refirió en su intervención a
un punto que luego sería
corroborado por los otros
ponentes: el reto de ofrecer
valores desde la cultura
evitando posiciones
intransigentes, que luego Carlo
Frabetti definiera como el
peligro de caer en puritanismos
como reacción extrema ante un
sistema tan perverso como el
capitalista. La investigadora
cubana explicaba: “Siempre
pienso que respecto a la
infancia y a la adolescencia, y
a la sociedad en general, es muy
importante no considerar la
cultura como algo cerrado, como
algo inamovible, como algo que
trata de perpetuar lo mejor del
pasado, sino también como cambio
y renovación, que no siempre
fluyen de una manera continua,
sino que a menudo pasan por
retrocesos, contradicciones,
conflictos que nos permiten
avanzar. Por tanto, cuando
hablamos de confluencias en este
momento de crisis de diversos
tipos a nivel global (...),
pienso en la crisis en el
sentido terrible que estamos
viviendo, pero también en el
sentido positivo: de las crisis
también se dan pasos para el
desarrollo”.
Santiago Alba basó su exposición
en una descripción de las
tendencias actuales en las
sociedades europeas, con la
esperanza de invitar a la
reflexión a un público cubano
que no puede vivir ajeno al
mundo contemporáneo en el cual
se inserta nuestra sociedad y
del que no puede evitar
influencias de una u otra forma:
“Se han borrado todas las
fronteras: entre guerra y paz,
entre civiles y militares, entre
muerte natural y muerte
artificial, y eso es porque
vivimos sometidos a un régimen
de producción generalizada de
mercancías que está minando
ininterrumpidamente la
consistencia misma de las cosas.
(...) Consumir significa
destruir (...) Una sociedad
llamada de consumo, que nos
presentan como lo más apetecible
del mundo, es una sociedad que
dedica todos y cada uno de los
minutos de su existencia y cada
una de sus operaciones a
reproducirse biológicamente. Es
decir, a saciar y a renovar el
hambre. Es una sociedad de
hambre generalizada, que no
distingue entre cosas de comer,
cosas de usar y cosas de mirar,
eso que los latinos llamaban
mirabilia, de donde viene
‘maravilla’, las cosas dignas de
ser miradas que también nos
comemos.”
Esta hambre frenética por
consumir que no deja tiempo para
pensar, en opinión de Carlo
Frabetti puede ser mantenida a
raya solo por la lectura, al
menos lo suficiente para tomar
una distancia y lograr
reflexionar en medio de este
bombardeo cuyo peor resultado no
es el propio consumo, sino
identificar a este con la
felicidad y la realización
personal: “En los países
capitalistas el único ámbito de
libertad, que ofrece una
posibilidad de realización
personal y búsqueda de la
identidad distinta a la de los
grandes medios, es la lectura.
(...) La lectura no solo es
importante para construir con
plenitud la propia identidad a
través del dominio del lenguaje,
sino también por ese papel de
trinchera que desgraciadamente
está jugando en un mundo
dominado por los medios de
contenido perverso. También hay
que tener en cuenta que incluso
cuando los medios audiovisuales
se utilizan de una forma
positiva para plantear una serie
de propuestas culturales
válidas, es un medio que, sobre
todo para niños y jóvenes, puede
resultar un poco adormecedor.
Por más que se diga que la
televisión, los videojuegos y
otros productos pueden ser
formativos y pueden ser aliados
de la lectura, nunca pueden
sustituirla. La lectura es el
único ámbito en el cual el niño
o el adolescente puede
sustraerse a un ritmo y un
tiempo impuesto por ellos
mismos”.
El encuentro fue considerado
provechoso por todos los
participantes, incluyendo el
público que interactuó con
varios comentarios y preguntas
pertinentes, sobre todo en su
empeño por alertar sobre
posibles peligros, alentar a
posibles soluciones, y mostrar
un panorama complejo en el que
solo a través de la
perseverancia y de acciones
radicales se conseguirá proteger
los valores humanos y
culturales. |