Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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LUIS MARRÉ, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA 2008

A quien con nosotros va

Marianela González • La Habana
Fotos: Equipo de La Jiribilla

 

En Cuba, hablar de Luis Marré es volver sobre las revistas literarias más importantes de los años 50, a los aires conversacionales de la segunda mitad del siglo XX y a la renovación vanguardista que los precedió para instaurarse ya para siempre en el límite entre lo clásico perenne y lo nuevo desafiante.
 

Sus poesías, narraciones, traducciones y crónicas, conjugan las virtudes de “lo esencial heroico”, como nos recuerda Nancy Morejón; son muestra de “cómo la humildad y la elegancia en el hacer permiten a un autor llegar a este día de máxima felicidad, de homenaje público”. De la estirpe de Nicolás Guillén, Zacarías Tallet, Félix Pita, Eliseo Diego, Dulce María, Portuondo, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Pablo Armando Fernández…, Luis Marré recibió hoy el mayor lauro de las letras cubanas: el Premio Nacional de Literatura 2008.

Contó la escritora Nancy Morejón también laureada con el Premio en el 2001, en sus palabras de elogio, que ha “visto a Marré frente a un libro como quien está en una fiesta de silencio, en una fiesta de la que solo puede brotar una experiencia de la poesía como la suya”.

De esa experiencia, han resultado obras casi indefinibles, de extraordinario valor comunicativo: una decena de poemarios, dos antologías de su propia poesía y una novela. Entre ellos,  Los ojos en el fresco (1963), Habanera y otras letras (1970), Voy a hablar de la dicha (1977) y A quien conmigo va (2001).
 

Sobre el primero, “ese inmenso libro mayor de nuestra poesía”, recordó Nancy: “más leído que adulado, ese cuaderno inauguró formas inéditas de abordar un paisaje urbano en cuyas entrañas ya estaba latiendo la semilla de la más acabada poesía conversacional de los años 60, en particular de mi generación”.

Para Marré, quien celebra también sus 80 años, la entrega del Premio fue una oportunidad para recordar la infancia campesina de Guanabacoa; al padre que le descubrió al Cucalambé, a Heredia y a Martí cuando tenía seis años; y a sus grandes amores: la familia, la tierra en que nació y la poesía.  

“Nunca he dejado de soñar”, advirtió. Los sabemos por su obra y sus palabras lúcidas y concretas, no por ello exentas de la exquisita fantasía que rodea a los creadores. El Premio, como ha dicho, no lo hará mejor ni peor poeta; pero quienes lo vimos hoy recibirlo no podemos más que recordar uno de sus poemas y desearle, con sus mismas palabras, que no sean cerrados sus ojos, que no le falten rosas ni albahacas. Que no se quede mudo.

 

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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