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En Cuba, hablar de Luis Marré es
volver sobre las revistas
literarias más importantes de
los años 50, a los aires
conversacionales de la segunda
mitad del siglo XX y a la
renovación vanguardista que los
precedió para instaurarse
―ya
para siempre―
en el límite entre lo clásico
perenne y lo nuevo desafiante.
Sus poesías, narraciones,
traducciones y crónicas,
conjugan las virtudes de “lo
esencial heroico”, como nos
recuerda Nancy Morejón; son
muestra de “cómo la humildad y
la elegancia en el hacer
permiten a un autor llegar a
este día de máxima felicidad, de
homenaje público”. De la estirpe
de Nicolás Guillén, Zacarías
Tallet, Félix Pita, Eliseo
Diego, Dulce María, Portuondo,
Cintio Vitier, Fina García
Marruz, Pablo Armando
Fernández…, Luis Marré recibió
hoy el mayor lauro de las letras
cubanas: el Premio Nacional de
Literatura 2008.
Contó la escritora Nancy Morejón
―también
laureada con el Premio en el
2001―,
en sus palabras de elogio, que
ha “visto a Marré frente a un
libro como quien está en una
fiesta de silencio, en una
fiesta de la que solo puede
brotar una experiencia de la
poesía como la suya”.
De esa experiencia, han
resultado obras casi
indefinibles, de extraordinario
valor comunicativo: una decena
de poemarios, dos antologías de
su propia poesía y una novela.
Entre ellos, Los ojos en el
fresco (1963), Habanera y
otras letras (1970), Voy
a hablar de la dicha
(1977) y A quien conmigo va
(2001).
Sobre el primero, “ese inmenso
libro mayor de nuestra poesía”,
recordó Nancy: “más leído que
adulado, ese cuaderno inauguró
formas inéditas de abordar un
paisaje urbano en cuyas entrañas
ya estaba latiendo la semilla de
la más acabada poesía
conversacional de los años 60,
en particular de mi generación”.
Para Marré, quien celebra
también sus 80 años, la entrega
del Premio fue una oportunidad
para recordar la infancia
campesina de Guanabacoa; al
padre que le descubrió al
Cucalambé, a Heredia y a Martí
cuando tenía seis años; y a sus
grandes amores: la familia, la
tierra en que nació y la
poesía.
“Nunca he dejado de soñar”,
advirtió. Los sabemos por su
obra y sus palabras lúcidas y
concretas, no por ello exentas
de la exquisita fantasía que
rodea a los creadores. El
Premio, como ha dicho, no lo
hará mejor ni peor poeta; pero
quienes lo vimos hoy recibirlo
no podemos más que recordar uno
de sus poemas y desearle, con
sus mismas palabras, que no sean
cerrados sus ojos, que no le
falten rosas ni albahacas. Que
no se quede mudo. |