|
Los libros de la península han sido
para nosotros el recuerdo de los
clásicos: las andanzas del
Cid y del Quijote, los amores a
lo Celestina, las batallas
barrocas de Quevedo y Góngora,
del castellano antiguo. Por años, la literatura española
fue, para nosotros, la
que se escribía en el idioma que
hablamos, la que más se acercaba
a los manuales y, también, la
única que era aceptada por las
hegemonías de la cultura.
Hablar de letras gallegas era un
terreno solo para estudiosos.
Galicia, para nosotros, no era
espacio para la literatura. La
visión de esa tierra parecía
detenida en el recuerdo. Para
muchos solo evocaba una ciudad
campestre de la Península, llena
de construcciones añejas y
sonidos de gaitas, con gente que
huía de las guerras y el
franquismo hacia una Isla en el
Caribe en busca de sosiego y de
fortuna.
Pero eso ha cambiado. La cultura
gallega fue la invitada hace dos
años a la Feria de La Habana, y todavía andan
por ahí testimonios de
ese nuevo encuentro,
algunos envueltos en bolsos
verdes o apuntados en cuadernos
de notas o marcadores con los
colores de esa región.
El gallego ha
dejado de ser una lengua lejana.
No es de esos
idiomas que los tiempos o las
tecnologías nos imponen. Pero
redescubrirlo ha sido viajar
hacia la semilla, volver sobre
los pasos de lo que somos y
encontrar esa identidad
múltiple desde otra tierra, de
la que también nos llegan
esencias y costumbres,
tradiciones y memorias, desde la
llegada hace ya siglos de
nuestros predecesores.
Ahora vuelve Galicia a la Feria,
recogida en la palabra y los
cuentos de sus más jóvenes
narradores. Antología de la
nueva narrativa gallega, una
compilación de los escritores
Xavier Cid y Anxos Sumai, trae
a Cuba otra vez, como su título
lo indica, las preocupaciones,
aventuras y tendencias más
actuales de los jóvenes
narradores de esta región en el
mundo de las letras.
En su presentación,
se habló otra vez de nuestros
lazos con esta región,
de nuestra relación de cultura y
de vida y, también, de lo que
significa para los dos pueblos
hacer de la literatura un
pretexto de encuentro.
Es una preocupación y casi una
obligación, se dijo allí, que
las letras gallegas venzan las
barreras que la lengua les
impone y puedan, de una buena
vez, mostrar a través de la voz
y las inquietudes de sus jóvenes
escritores, la imagen y la
grandeza de un pueblo que ha
sabido mantener su identidad y
su cultura a pesar de todos los
contratiempos. |