Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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ENCUENTRO CON... JOSTEIN GAARDER

Todos nacemos filósofos

Johanna Puyol • La Habana

Fotos: Equipo de La Jiribilla

 


“Un buen libro para los niños y los jóvenes siempre será un buen libro también para los adultos”, dijo Jostein Gaarder hoy cuando fue entrevistado en el espacio Encuentro con..., y quienes han leído su admirado El mundo de Sofía solo podrán coincidir con él. El autor noruego y su famosa obra son la mejor prueba de esta máxima, pues esta novela dedicada a los jóvenes, con un inesperado éxito que  cambió la percepción que muchos tenían de la filosofía, se ha convertido en un clásico de la literatura mundial y ha sido disfrutada por lectores de toda condición y edad por todo el orbe.

La presencia de Gaarder en la XVIII Feria Internacional del Libro se debe a la feliz circunstancia de la presentación aquí de su libro El misterio del solitario, publicado para Cuba por la Editorial Gente Nueva. El misterio... fue publicado originalmente en Noruega en 1990, antes del suceso inmenso que fue El mundo de Sofía; sin embargo, el autor declara que es quizá su libro más importante, su preferido, e incluso superior en calidad literaria a su obra más conocida. “Es un libro para todas las edades, desde los diez años hasta los cien”, afirmó en una intervención efusiva y llena de pasión que la barrera de la traducción no pudo disminuir y que mantuvo al público divertido y pendiente de sus palabras.

En el encuentro, que transcurrió en la sala Nicolás Guillén de la sede, compartió escenario con Enrique Pérez Díaz, director de la Editorial Gente Nueva, también escritor de literatura infantil; Kirsti Baggethun, su traductora al castellano para la Editorial Siruela e intérprete en esta ocasión; Magda Resik, la periodista y entrevistadora, y entre el público, Trond Giske, ministro de Cultura y Asuntos Eclesiásticos de Noruega.

Según Enrique Pérez, cuya editorial también fue la encargada de publicar en Cuba El mundo de Sofía, esta nueva publicación es otra aproximación del narrador noruego al misterio de la existencia. Relata el viaje de un niño con su padre a través de Europa para encontrar a su madre desaparecida, que se convierte también en un viaje de fantásticos encuentros y de enigmas que no siempre obtienen respuesta, pues Gaarder cree firmemente que la propia vida y el universo que nos rodea son enigmáticos y no hay respuestas para ellos. El pequeño protagonista lee a su vez un libro que abre ante sí un mundo increíble en el que las cartas de la baraja cobran vida. Entre 52 personajes-barajas que viven pero carecen de razón para cuestionar su existencia, aparece el comodín, el bufón, que pregunta por primera vez: “¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?”.

“El comodín está, por supuesto, simbolizando al filósofo —nos revela Jostein Gaarder con una sonrisa cómplice. Hace preguntas sobre cosas para las cuales los demás están completamente ciegos. (...) Debo confesar que me siento identificado con el comodín. Él comprende cuánto no comprende, al igual que el bufón de Atenas, Sócrates, sabía que no sabía nada. (...) Es necesario hacer preguntas. Las preguntas son siempre más necesarias que las respuestas. Las preguntas apuntan hacia adelante, mientras que las respuestas miran hacia atrás. Por supuesto, a veces las preguntas pueden ser más peligrosas.”

Acerca de esta particularidad en la naturaleza del filósofo, la compara con una costumbre muy extendida en Noruega: al lanzar a un bebé apenas acabado de nacer a una piscina, el pequeño nada instintiva y naturalmente porque ha nacido con la capacidad de hacerlo. Si se espera a que crezca sin practicar esta habilidad, debe luego aprender a nadar con asistencia, técnicas y flotadores.

“Todos nacemos comodines, todos nacemos filósofos. A medida que crecemos, nos convertimos más y más en diamantes, tréboles, picas y corazones; pero en el interior de cada uno de nosotros vive un vibrante comodín. Solo debemos mantenernos en contacto con nuestro comodín, nuestro niño, nuestro filósofo interior. Los niños preguntan y preguntan por qué titilan las estrellas y por qué tiene trompa el elefante, y los padres les responden que no saben... ser curiosos es importante para los filósofos, aunque pueda irritar a los padres. (...) Ser filósofo es no crecer nunca, que significa no acostumbrarse al mundo. ¿Qué es importante para un filósofo?: permanecer —no volverse— curioso.”

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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