Buenas tardes, primero que nada
quiero agradecer a Casa de las
Américas, a Vivian Martínez
Tabares y a María de la Luz
Hurtado por darnos esta
Antología de teatro chileno,
y al Instituto Cubano del Libro,
a Jaime Triana y al Consejo
Nacional de la Cultura y las
Artes por otorgamos su apoyo
para estar aquí hoy, conversando
con ustedes de teatro chileno,
lo que me alegra mucho.
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El título de esta breve reseña
es "La dramaturgia de la
escena", pues en ella pretendo
bosquejar sintéticamente algunos
de los tipos de producción
dramatúrgica que actualmente se
utilizan en Chile, haciendo
hincapié en los métodos de
escritura que nacen de la mano
del proceso de puesta en escena.
Al leer la cartelera santiaguina
aparecen varias creaciones de
directores que escriben sus
propias obras, dramaturgos que
montan sus textos y aunque he
oído decir varias veces que esta
modalidad es arriesgada, hay
veces que estas autorías han
generando excelentes obras
teatrales, despertado la
atención de la crítica y el
público, varias de ellas
presentes en la Antología de
teatro chileno que nos
convoca.
La naturaleza de la dramaturgia
y la dirección son muy
distintas, y ya han sido
comentados los desacuerdos y
buenas relaciones creativas
entre dramaturgos y directores
en la historia teatral, así como
la importancia de ambos para
construir teatro. Lo interesante
es que cuando se mezclan al
mismo tiempo en un proceso,
hablamos de una forma de
producción que hoy se adopta
frecuentemente, que está
validada y que es el método de
varios de los creadores
chilenos, incluyendo el teatro
emergente.
Al parecer, de manera general,
en la dramaturgia creada durante
la puesta en escena, lo
primordial es que lo escrito
funcione como teatro, es decir,
mientras ocurre en el escenario,
y sus creadores tratan en mayor
o menor manera, que así sea. Su
validación la entrega la escena
misma en la medida que funciona
o no, en conjunto con todas las
demás áreas expresivas que
implica la creación teatral.
¿A qué necesidad responden estas
formas de escribir dramaturgia?
¿Qué lineamientos hay detrás de
estas opciones?
Se podría suponer que la
existencia de los dramaturgos
que dirigen sus obras, responde
a la necesidad de ver convertido
su propio texto en teatro, y en
que, casi siempre por su
formación como actores,
necesitan que el texto ocurra en
el escenario para que cobre
sentido. Hay varias herramientas
que estos autores de la escena
utilizan con distintos énfasis
para diferenciarse entre sí.
Algunos relatan, crean mundo y
entregan contenido, en un gran
porcentaje a partir del texto
dicho. La palabra es acción,
tiene riqueza, belleza, ritmo,
poesía, originalidad y potencia,
nombran lo que nadie puede
decir, ellos ponen palabras a
los sentimientos o ideas
inexpresables, sobresalen por
conceptualizar, convocar mundos
e imágenes a partir de lo dicho.
Seguramente el 90% de la obra
los personajes estarán
utilizando la palabra de diversa
manera, ya sea poética,
metafórica o llenos de ironía.
De esa forma construyen ficción
y traspasan contenidos
ideológicos. Nos involucramos
con su lenguaje, por cómo se
dicen las cosas, pues tienen un
sello único.
El segundo énfasis que
identifico, se encuentra en las
inquietudes visuales y de
producción escénica, donde se
crea una dramaturgia silenciosa,
y aunque la palabra no sea lo
más relevante en la construcción
de su propuesta escénica, lo es
la dramaturgia como construcción
de relato visual, pues la
concatenación de gestos,
acciones físicas, luz,
movimiento e imágenes implican
una dramaturgia silenciosa que
articula los sucesos que vemos,
y que organizan los elementos
escénicos en el espacio a fin de
contar algo o representar puntos
de vista y conceptos. Acá el
énfasis no está en la palabra,
sino en la dramaturgia de una
serie de gestos, acciones,
espacialidades y movimientos que
al ser vistos son decodificados
creando ficción y relato.
La dramaturgia puede ser una
partitura de imágenes a
representar, y no necesariamente
palabras para ser dichas. Aquí
posiblemente se borra el límite
entre la dramaturgia y las
imágenes escénicas que va
creando el director para contar
algo. Este autor relata con el
cuerpo de los actores, la
gestualidad, el ritmo, el
sonido, las acciones y los
elementos escenográficos, lo
nacido de cada ensayo. Su
escrito al final del proceso,
puede llegar a asimilarse a un
guión que describe innumerables
imágenes y acciones, o a un
punteo de circunstancias dadas,
como una estructura o un
esqueleto que se desarrollará
hasta convertirse en carne en el
transcurso de los ensayos con
los actores. Acá la palabra es
menos relevante, pues el
lenguaje de la obra se crea en
la propuesta de dirección, la
materialidad de la escena y la
interacción con los actores y
demás colaboradores artísticos.
Aunque mayormente este lenguaje
no esté escrito en las palabras,
es dramaturgia. El autor puede
empezar los ensayos sin un texto
escrito por completo, pero lo
irá creando poniendo toda la
atención a lo que ocurre en
escena y a su visualidad. El
impulso que recoge es concreto a
partir de las acciones que va
probando con los actores. En
parte es una dramaturgia fugaz,
que muere al mismo tiempo que va
ocurriendo, razón por la cual,
al leer el texto después de
presenciar la función, algo nos
parecerá incompleto, y es que
justamente falta lo que fue
relatado durante la
materialización de la escena. De
esta manera, la propuesta de
dirección se enlaza con la
dramaturgia produciendo una obra
que no puede ser contada solo a
través de su texto, pues la
visualidad es parte fundamental
del relato.
Si quisiéramos retener esta
dramaturgia fugaz, tendríamos
que llegar a incluir detalles
descriptivos de la puesta en
escena como un novelista o un
guión de cine e incluso explicar
la propuesta de dirección dentro
del texto. Si pensamos que el
teatro es fundamentalmente
escénico, y entendemos eso
sintéticamente como la suma de
lo corporal, lo sonoro, lo
presencial y principalmente lo
visual del teatro, descubrimos
que hay dramaturgia en cada uno
de sus componentes, todos
relatan en forma simultánea,
como en una orquesta lo es la
realización de una gran
partitura.
Al poner énfasis en la
visualidad del teatro, entramos
al reino de la imagen,
potenciando el grado de interés
que provoca en el espectador lo
que está mirando, despertando el
interés estético, la atención
visual, regulada a partir de
esta dramaturgia que ocurre en
el momento.
Concebir una obra es una
continua dialéctica entre la
naturaleza del imaginario y la
realidad, de lo abstracto y lo
concreto, donde los esfuerzos
creativos desembocan en el
proceso de objetivación, es
decir, sacar lo que tengo y
ponerlo frente a mí en un texto
o un escenario. Se trata de
convertir ideas, intuiciones e
imágenes, en lo concreto de las
palabras, estructuras, cuerpos,
voces, acciones, formas
observables en el tiempo y en el
espacio. La dialéctica interna
de un creador, va y viene entre
la idea y la realidad. Todo va
al escenario donde tenemos la
posibilidad de experimentar para
que los textos funcionen como
teatro, más allá de que
funcionen como escrito. Trabajar
la dramaturgia desde la escena
tiene la ventaja que permite ver
lo que está pasando y probar
continuamente, como un traje
hecho a la medida, si lo escrito
es compatible, por ejemplo, con
las circunstancias dadas del
equipo de trabajo.
Cuando un dramaturgo crea el
texto durante el proceso de
ensayos, está invirtiendo el
clásico eje desde donde se
articula la producción
dramatúrgica. El autor durante
los ensayos, recogerá, se
alimentará de las inquietudes
planteadas por un director y su
equipo para crear el texto y no
al revés, como suele ser, que el
director y su equipo se
alimentan del texto creado por
el dramaturgo, con anterioridad
al proceso de ensayos.
En este caso, el dramaturgo
ejerce su autoría en la creación
del lenguaje, en el cómo se
dirán las cosas, en mantener su
sello personal aunque se vea
invadido por los estímulos que
le entrega el grupo. Pienso por
ejemplo en “HP”, de Luis
Barrales, obra presente en esta
antología, pues es una excelente
muestra de un dramaturgo
integrado en el proceso de
ensayos. Barrales escribe a
partir de una noticia que fue
muy popular en Chile, el
asesinato Hans Pozo, quien fue
descuartizado y sus miembros
esparcidos por distintos lugares
de Santiago. Barrales recibe los
aportes del grupo en los ensayos
y conoce las intenciones
escénicas de la directora. Lo
interesante es que aunque el
dramaturgo se haya envuelto en
el proceso con todos, logra
construir una autoría en el
lenguaje, es decir, no pierde su
identidad como autor, al
contrario, las palabras
formuladas durante el proceso de
ensayos suenan muy bien
digeridas por todo el elenco y
quizá debido a la múltiple
cantidad de personas que han
intervenido en el proceso, deja
espacios abiertos donde nosotros
como espectadores terminamos de
completar y apropiamos de esta
obra.
La producción teatral chilena
nos indica que es muy sano y
feliz para el teatro que los
dramaturgos se vinculen
directamente con el proceso de
creación de la puesta en escena.
Son dramaturgias que se
completan con la escena y que
nacen para convertirse en
teatro.
Va a depender de cada cual, como
enfrentar la hoja en blanco,
como enfrentar la dramaturgia.
Lo que sí queda claro es que de
cualquier forma, la dramaturgia
es impostergable, aunque se
escriba durante los ensayos o
aunque en el resultado final no
hayan palabras, siempre habrá
acciones, cualquiera que sea el
paradigma de fondo, ya sea de
ficción o no y cualquiera sea la
poética a la que nos
aproximemos, la dramaturgia es
impostergable para el teatro.
Intervención de Ana López
Montaner |