A pesar de lo mucho que tanto en
Cuba, como en otros lugares se
ha escrito a favor y en contra
de los concursos literarios como
mecanismos de estímulo a la
creación, estoy a favor de todo
lo que nos convoque a pensarnos,
construirnos y comprendernos en
lo que somos y lo que podemos
ser; a favor de cualquier
esfuerzo subversivo, rebelde y
emancipador, y de todas las
formas que los hagan posible,
entre ellas a través de
concursos.
Hace 50 años en el Caribe
recomenzó la marcha a
contracorriente que en las
postrimerías del siglo XVIII
convirtió una revuelta de
esclavos en epopeya de
liberación nacional,
cuestionando un estado de cosas
que parecía inmutable. Hace 50
años Rafael Correa no había sido
concebido, Evo Morales era aún
el anuncio de una nueva vida en
el vientre materno y Hugo Chávez
trataba de desentrañar el
misterio encerrado en libros que
no podía leer.
Este premio, que también es una
marcha a contracorriente, se
convocó por primera vez el año
en que el pueblo venezolano dijo
el “no” más importante de su
historia y que Evo Morales
comenzó la batalla política que
también por primera vez llevaría
a un indígena de origen aymara a
la presidencia de Bolivia.
Mientras que en otros lugares
—Argentina, Brasil...— fuerzas
políticas opuestas a los
experimentos neoliberales de los
80 llegaban o empezaban a
consolidarse en el poder. De
modo que este concurso, al
surgir, demostró cinco años
atrás estar en sintonía con la
idea de que es posible llegar
pensando y marchando a
contracorriente.
El concurso vino a acompañar esa
marcha que cada vez es más
nutrida, más compacta, más
acompasada, y que representa hoy
en nuestra región la corriente
principal, porque es la
portadora de los cambios. El
premio es cada vez más motivador
en la medida que la práctica
social de nuestros pueblos,
siempre adelantada a la
intelección teórica de la
realidad, pone a prueba nuestras
convicciones, reta a nuestro
intelecto y estimula nuestra
capacidad de soñar.
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Agradezco por ello en nombre de
todos los premiados la
oportunidad de sumar nuestro
modesto aporte al creciente
caudal que más temprano que
tarde será portentosa corriente
sin que pierda por ello un átomo
de su carácter cuestionador y de
su capacidad transformadora. Nos
sentimos honrados, quizá un
tanto vanidosos, de haber
contado con un jurado tan
prestigioso, cuyos miembros
sobreponen a su sólida obra
intelectual su indeclinable
compromiso con las mejores
causas, y les damos las gracias
además por la solidaridad, el
respeto y el afecto que una vez
más les ha traído a Cuba.
Muchas gracias a todos.
Palabras de
agradecimiento de la ganadora
del Segundo Premio Pensar a
Contracorriente 2008, en la
ceremonia del 15 de febrero en
la sala Nicolás Guillén de San
Carlos de La Cabaña, en la XVIII
Feria Internacional del Libro de
La Habana.
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