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La narrativa ecuatoriana, uno de
los enclaves de mayor
potencialidad de la literatura
latinoamericana actual y
heredera de una vasta tradición
―Raúl
Pérez Torres, Jorge Dávila,
Jorge Velazco McKenzie o Eliécer
Cárdenas, por citar unos pocos―,
tiene su sitio en cada Feria del
Libro de La Habana.
En esta jornada, fueron
presentados y puestos a
disposición del público dos
títulos con propuestas
diferentes en cuanto género,
pero unidos por preocupaciones
similares: las dinámicas
sociales y políticas que
condicionan la vida del hombre
contemporáneo, ancladas en
procesos históricos de cuyo
devenir somos consecuencia.
Se trata de Acoso textual,
novela del poeta y narrador Raúl
Vallejo, y la trilogía Eloy
Alfaro, Luis Vargas y Carlos
Concha, escrita por Jorge
Pérez Concha, como parte de la
serie Biografías Centenario.
Como han coincidido algunos
estudiosos de la narrativa del
continente, la literatura
ecuatoriana se ha caracterizado
por ser esencialmente
costumbrista y, en general, muy
ligada a los sucesos
exclusivamente nacionales, con
narraciones que permiten inferir
cómo es y se desarrolla la vida
diaria del ciudadano común y
corriente. Sin embargo
―muestra
tal vez de la universalidad que
ha ido adquiriendo esta
narrativa―,
los textos presentados en la
Sala Guillén de La Cabaña
comparten la vocación de la
apertura, del traspaso de
fronteras.
Las biografías, según la
delegación ecuatoriana que las
presentó, están unidas no solo
por el parentesco del autor con
uno de los biografiados, sino
también por la visión
privilegiada de quien fue
testigo de los sucesos que se
dieron en la vida de los tres
hombres.
En sus páginas, la universalidad
radica en que el lector no
encontrará solamente referencias
a la vida de los biografiados,
sino que podrá también encontrar
―a
través de estas vidas―
referencias a las luchas
ecuatorianas del siglo pasado,
la reivindicación de sectores
populares preteridos
―como
los campesinos―
y de provincias poco conocidas
como Esmeraldas y Manabí, de
gran importancia en las gestas
del país latinoamericano.
Por su parte, la obra del
también Ministro de Educación y
Cultura de su país, Raúl Vallejo
Corral, constituye
―según
sus palabras―
una “novela epistolar, que
aborda la realidad de ese ser
posmoderno que somos todos, o al
menos, de la conciencia que
tenemos de esa fragmentación”.
La novela, estructurada a partir
de intercambios de e-mail
entre personas de diversas
latitudes
―de
quienes solo conocemos los
nicks que los identifican en
el chat―,
tiene al ciberespacio como
determinante de todas las
categorías narratológicas
―dígase
tiempo, espacio, protagonista,
narrador…. En sus páginas,
encontramos referencias no solo
a la enajenación y fragmentación
que el uso de la informática
puede ocasionar al ser humano,
además de frecuentes
cuestionamientos al papel de los
medios de comunicación, a la
marginalidad de nuestro idioma
en el mundo de la computación y
a la brecha que separa a los
países hispanohablantes del
primer mundo, en materia de
tecnologías. Todas estas
preocupaciones, a través de la
fina y lúcida ironía que
caracteriza la obra narrativa de
Vallejo.
En sus palabras de presentación,
el investigador y crítico
Emmanuel Tornés Reyes señaló que
es esta la primera obra de Raúl
Vallejo en género mayor,
ganadora del Premio Joaquín
Gallegos Lara a la mejor novela
ecuatoriana de 1999.
“No nos asombremos de ver una
obra que se nos multiplica de
continuo
―advirtió
Tornés. Nos permite ingresar en
un hermoso periplo de amor y en
sentidos ciberorgasmos, así como
en otras meditaciones privadas y
universales que conjugan en un
mismo tiempo problemas de ayer,
hoy y mañana”.
Invitaciones de sobra para que
el público devorara
―como
lo hizo―,
los ejemplares que esperaban por
su avidez al fondo de la sala.
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