Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Entrevista con Nancy Alonso

“Creo en el compromiso social de los escritores”

Cristina Hernández • La Habana

 
De las narradoras cubanas que comenzaron a publicar en la década del 90, Nancy Alonso fue una de las más certeras al retratar la condición social de una época dolorosa en que la crisis económica dejaba sus marcas en los valores morales de las nuevas generaciones. La circunstancia fue el sello que hila los primeros relatos con los que esta bióloga se aventuró a la escritura como tabla para salvarse del silencio y la desidia. Tirar la primera piedra (Letras Cubanas, 1997) y Cerrado por reparación (Premio Alba de Céspedes, 2004), ambos volúmenes de cuentos, toman a la realidad como objeto al abordar conflictos cotidianos para los habitantes de la Isla en los últimos 20 años.

Con beneplácito hemos recibido este 2009 una nueva estampida de historias firmadas por Alonso. Desencuentro, título que la Editorial Unión presenta en esta XVIII Feria Internacional del Libro, recoge 12 relatos donde los personajes se encuentran ante dilemas antológicos de la literatura: el amor, la incomunicación, los prejuicios, las distancias culturales.

En esta oportunidad, el libro explora conflictos que trascienden lo cotidiano, y se vuelven un canto a la aceptación del otro, una invitación a superar reservas espirituales y marchar a la búsqueda de la felicidad. Peculiar tratamiento gana, además, la relación homosexual, abordada aquí desde una perspectiva distinta a las tendencias más utilizadas por los escritores cubanos contemporáneos. Son cuentos en los que palpamos la íntegra bondad de la mujer que escribe y enfrenta, de manera responsable y ética, el acto de la creación.  

Y como las lecturas de los otros no siempre rescatan la intencionalidad de los autores, marchemos entonces a buscar los cauces con los que Nancy fue componiendo el universo de sus relatos.

Desencuentro mantiene el mismo estilo de sus dos libros anteriores; pero los temas comienzan a trasladarse hacia derroteros menos circunstanciales que en Tirar la primera piedra y Cerrado por reparación. ¿A qué se debe este desplazamiento? ¿La circunstancia histórica ha perdido importancia o es que son otros temas los que van
atrapando su interés?

Voy a revelarte algo: la mitad de los relatos de Desencuentro fueron escritos entre los años 1996 y 2002, un período en el que, además, escribí otros dos cuentos aún inéditos. Si tienes en cuenta que Tirar la primera piedra salió publicado en 1997 y Cerrado por reparación en el 2002, es obvio que en el proceso creativo no ha existido tan marcado desplazamiento de temas.

La circunstancia histórica sigue siendo de mucho interés para mí, pero tal vez hice ya una catarsis que me permite atender más otros intereses que tengo desde que comencé a escribir. Aunque no te sorprendas si, complaciendo los reclamos de mis vecinos y amistades cercanas, escribo Cerrado por reparación II.

Considero que la principal diferencia de Desencuentro es que los conflictos se dan fundamentalmente entre los personajes y no, como en mis dos libros anteriores, entre aquellos y el entramado social.

Entre su segundo libro y este pasaron seis años, ¿por qué esperar tanto para volver a publicar?

Hace justo seis años que cuido a mi madre enferma y eso me ocupa mucho tiempo. Además, he estado enfrascada, con el apoyo de Grisel Terrón Quintero, en un proyecto investigativo que culmina este año con la publicación del Epistolario de Emilio Roig de Leuchsenring, el primer historiador de la Ciudad de La Habana. El fondo epistolar de Roig que se conserva en la Oficina del Historiador es de más de 14 000 cartas, y de ellas hemos seleccionado alrededor de 2 000 que saldrán agrupadas en cuatro volúmenes bajo el sello de Ediciones Boloña. Ha sido un trabajo de cuatro años; cuatro años de dedicación y también de mucho disfrute.

La factura final del libro Desencuentro lo convierte en una hermosa pieza visual gracias a las ilustraciones de Morante que acompañan cada uno de los relatos. ¿Cómo nació esta idea de ilustrar los textos?

Morante me comentó en una conversación telefónica que había escrito un minicuento con el tema de la muerte. Le hablé entonces de “Una muerte tranquila”, uno de los cuentos de Desencuentro. Se interesó por leer el libro, que estaba ya en proceso editorial, y me pidió que se lo mandara por correo electrónico. Días después me llamó para decirme que le habían gustado las historias y que quería hacer una ilustración para cada una, así como la cubierta del libro. En la editorial aceptaron su propuesta y Morante trabajó con un entusiasmo extraordinario. El resultado, como tú has dicho, es esa hermosa pieza visual. Siempre le estaré agradecida a Morante por este regalo que le ha hecho a mis textos.

La mayoría de estas historias dejan al lector una lección de vida. ¿Se trata de una actitud consciente al escribir literatura?

Si a ti como lectora te han dejado una lección de vida, y es para bien, me satisface muchísimo. Creo en el compromiso social de los escritores y en la función didáctica de la literatura. El reto es lograrlo sin didactismo “tecoso”.

El peculiar tratamiento de la homosexualidad es otro de los hallazgos del libro, pues sus personajes se enfrentan a conflictos comunes a todos los seres humanos. ¿Qué se propuso al introducir este tema en su literatura? ¿De qué posturas parte su enfoque?

Quise llamar la atención, ojalá lo haya logrado, sobre el hecho de que el amor no conoce fronteras de género. El propósito fue narrar historias cuyos personajes fueran homosexuales, pero que el conflicto pudiera darse también entre parejas heterosexuales. Para eso era necesario despojar los cuentos del enfrentamiento entre esos personajes homosexuales y la sociedad, aunque son muchas aún las manifestaciones hostiles contra la homosexualidad que hay que denunciar a través de todos los medios disponibles, entre los que está la literatura. También era necesario, en aras de no acentuar las diferencias, evadir el erotismo.

Por otra parte, en la literatura de los últimos años se ha abusado un poco del tema homoerótico, con subrayado especial de la promiscuidad y sordidez del ámbito homosexual, aún cuando estas son características humanas independientes de la preferencia sexual. Me propuse mostrar que la homosexualidad no está reñida con virtudes como lealtad, bondad, fortaleza de carácter y sentido de la responsabilidad. El amor entre la pareja lesbiana de “Créditos finales” es tan sólido como el del matrimonio heterosexual de “Huellas”

A pesar de que la primera vez que pensó en escribir pretendía
contar su experiencia internacionalista, no es hasta este libro que podemos descubrir historias sobre aquella experiencia. ¿Por qué esperar hasta ahora?

Realmente, Tirar la primera piedra incluye un cuento, “Falsos profetas”, que parte de la experiencia de una cooperante internacionalista en Etiopía. En Cerrado por reparación no hay ninguno con esas características porque con ese libro me propuse mostrar, con humor e ironía, las soluciones que damos los cubanos, particularmente los citadinos, a nuestros problemas cotidianos. Las vivencias africanas caen fuera de esa intención.

En Desencuentro aparecen dos historias, “Domicilio desconocido” y “Que Alá te proteja”, que tienen que ver con Etiopía, pero también con desencuentros humanos y por eso las incluí. De hecho, tengo otros dos cuentos “africanos” sin publicar que no armonizan con la concepción de los libros que he publicado.

Coménteme un poco acerca de su vida en África. ¿Cuánto le influyó como ser humano y cuánto de ello se puede convertir aún en literatura?

Por más que te cuente de mi vida durante casi dos años en África y trate de describirte la pobreza y la grandeza de Etiopía, estoy segura de que no alcanzarían las palabras para transmitirte mis vivencias en aquel país. Lo que puedo decirte es que esa etapa ha dejado una profunda huella en mí y que como ser humano soy un poquito mejor. Mucho quisiera transmutar esos recuerdos y emociones en literatura.

¿Por qué elegir desencuentros para contar?

Porque en la vida hay más desencuentros que encuentros. Cuando un encuentro se produce queda eliminada la concreción de un incalculable número de otros encuentros que, al no ser, son desencuentros. Quiero inquietar a los lectores con la especulación de cuán diferentes podrían ser sus vidas si por azar no montan en una guagua sino en otra, o si callan la frase que le quieren decir a alguien, o si no se dejan arrastrar por un impulso necio. El mundo real es solo uno de los infinitos mundos posibles.

Varios de los personajes de estos cuentos sufren el juego travieso del azar. ¿Cree usted en el infortunio de la casualidad, o solo se trata de una máscara tras la que se esconde nuestra inseguridad e incomunicación?

Creo firmemente en el infortunio de la casualidad y también en su fortuna. Si una amiga de mi madre no la hubiese sacado de la cama una noche de 1947 para salir a dar un paseo, mi madre no habría conocido a mi padre en la esquina de Zanja y Gervasio, yo no existiría, tampoco Desencuentro, y tú no estarías ahora haciéndome esta entrevista. En ese caso, el azar condujo a la fortuna de conocernos. Sin embargo, nuestras vidas no solo dependen de las contingencias, sino también de la voluntad de acción de cada uno de nosotros. Quienes se consideran un mero objeto del juego del azar, a veces por inseguridad, temores, incomunicación o por mero dogma, olvidan que somos sujetos que podemos modificar la realidad y a nosotros mismos como parte de ella.

Le propongo ahora adelantarnos al futuro, ¿cuáles son los proyectos inmediatos de Nancy Alonso, luego de Desencuentro? ¿Cómo visualiza su devenir próximo en la literatura? 

Mi proyecto inmediato siempre es el mismo: seguir contando historias, no desencontrarme con la literatura, organizar un nuevo libro de cuentos. En cuanto a cómo visualizo mi futuro en la literatura sería necesario acotar ese futuro. ¿Dentro de un año, un siglo? ¿Acaso dentro de 7 500 millones de años, cuando haya desaparecido nuestro sol y, por supuesto, nuestro planeta? Broma aparte, tu pregunta me hace recordar esa idea de que lo único seguro es el extravío. Borges lo dice de manera magistral en su poema “Un poeta menor”:

La meta es el olvido.
Yo he llegado antes

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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