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De las narradoras cubanas que
comenzaron a publicar en la
década del 90, Nancy Alonso fue
una de las más certeras al
retratar la condición social de
una época dolorosa en que la
crisis económica dejaba sus
marcas en los valores morales de
las nuevas generaciones. La
circunstancia fue el sello que
hila los primeros relatos con
los que esta bióloga se aventuró
a la escritura como tabla para
salvarse del silencio y la
desidia. Tirar la primera
piedra (Letras Cubanas,
1997) y Cerrado por
reparación (Premio Alba de
Céspedes, 2004), ambos volúmenes
de cuentos, toman a la realidad
como objeto al abordar
conflictos cotidianos para los
habitantes de la Isla en los
últimos 20 años.
Con beneplácito hemos recibido
este 2009 una nueva estampida de
historias firmadas por Alonso.
Desencuentro, título que
la Editorial Unión presenta en
esta XVIII Feria Internacional
del Libro, recoge 12 relatos
donde los personajes se
encuentran ante dilemas
antológicos de la literatura: el
amor, la incomunicación, los
prejuicios, las distancias
culturales.
En esta oportunidad, el libro
explora conflictos que
trascienden lo cotidiano, y se
vuelven un canto a la aceptación
del otro, una invitación a
superar reservas espirituales y
marchar a la búsqueda de la
felicidad. Peculiar tratamiento
gana, además, la relación
homosexual, abordada aquí desde
una perspectiva distinta a las
tendencias más utilizadas por
los escritores cubanos
contemporáneos. Son cuentos en
los que palpamos la íntegra
bondad de la mujer que escribe y
enfrenta, de manera responsable
y ética, el acto de la creación.
Y como las lecturas de los otros
no siempre rescatan la
intencionalidad de los autores,
marchemos entonces a buscar los
cauces con los que Nancy fue
componiendo el universo de sus
relatos.
Desencuentro mantiene
el mismo estilo de sus dos
libros anteriores; pero los
temas comienzan a trasladarse
hacia derroteros menos
circunstanciales que en Tirar
la primera piedra y
Cerrado por reparación. ¿A
qué se debe este desplazamiento?
¿La circunstancia histórica ha
perdido importancia o es que son
otros temas los que van
atrapando su interés?
Voy a revelarte algo: la mitad
de los relatos de
Desencuentro fueron escritos
entre los años 1996 y 2002, un
período en el que, además,
escribí otros dos cuentos aún
inéditos. Si tienes en cuenta
que Tirar la primera piedra
salió publicado en 1997 y
Cerrado por reparación en el
2002, es obvio que en el proceso
creativo no ha existido tan
marcado desplazamiento de temas.
La circunstancia histórica sigue
siendo de mucho interés para mí,
pero tal vez hice ya una
catarsis que me permite atender
más otros intereses que tengo
desde que comencé a escribir.
Aunque no te sorprendas si,
complaciendo los reclamos de mis
vecinos y amistades cercanas,
escribo Cerrado por
reparación II.
Considero que la principal
diferencia de Desencuentro
es que los conflictos se dan
fundamentalmente entre los
personajes y no, como en mis dos
libros anteriores, entre
aquellos y el entramado social.
Entre su segundo libro y este
pasaron seis años, ¿por qué
esperar tanto para volver a
publicar?
Hace justo seis años que cuido a
mi madre enferma y eso me ocupa
mucho tiempo. Además, he estado
enfrascada, con el apoyo de
Grisel Terrón Quintero, en un
proyecto investigativo que
culmina este año con la
publicación del Epistolario
de Emilio Roig de Leuchsenring,
el primer historiador de la
Ciudad de La Habana. El fondo
epistolar de Roig que se
conserva en la Oficina del
Historiador es de más de 14 000
cartas, y de ellas hemos
seleccionado alrededor de 2 000
que saldrán agrupadas en cuatro
volúmenes bajo el sello de
Ediciones Boloña. Ha sido un
trabajo de cuatro años; cuatro
años de dedicación y también de
mucho disfrute.
La factura final del libro
Desencuentro lo convierte en
una hermosa pieza visual gracias
a las ilustraciones de Morante
que acompañan cada uno de los
relatos. ¿Cómo nació esta idea
de ilustrar los textos?
Morante me comentó en una
conversación telefónica que
había escrito un minicuento con
el tema de la muerte. Le hablé
entonces de “Una muerte
tranquila”, uno de los cuentos
de Desencuentro. Se
interesó por leer el libro, que
estaba ya en proceso editorial,
y me pidió que se lo mandara por
correo electrónico. Días después
me llamó para decirme que le
habían gustado las historias y
que quería hacer una ilustración
para cada una, así como la
cubierta del libro. En la
editorial aceptaron su propuesta
y Morante trabajó con un
entusiasmo extraordinario. El
resultado, como tú has dicho, es
esa hermosa pieza visual.
Siempre le estaré agradecida a
Morante por este regalo que le
ha hecho a mis textos.
La mayoría de estas historias
dejan al lector una lección de
vida. ¿Se trata de una actitud
consciente al escribir
literatura?
Si a ti como lectora te han
dejado una lección de vida, y es
para bien, me satisface
muchísimo. Creo en el compromiso
social de los escritores y en la
función didáctica de la
literatura. El reto es lograrlo
sin didactismo “tecoso”.
El peculiar tratamiento de la
homosexualidad es otro de los
hallazgos del libro, pues sus
personajes se enfrentan a
conflictos comunes a todos los
seres
humanos. ¿Qué se propuso
al introducir este tema en su
literatura? ¿De qué posturas
parte su enfoque?
Quise llamar la atención, ojalá
lo haya logrado, sobre el hecho
de que el amor no conoce
fronteras de género. El
propósito fue narrar historias
cuyos personajes fueran
homosexuales, pero que el
conflicto pudiera darse también
entre parejas heterosexuales.
Para eso era necesario despojar
los cuentos del enfrentamiento
entre esos personajes
homosexuales y la sociedad,
aunque son muchas aún las
manifestaciones hostiles contra
la homosexualidad que hay que
denunciar a través de todos los
medios disponibles, entre los
que está la literatura. También
era necesario, en aras de no
acentuar las diferencias, evadir
el erotismo.
Por otra parte, en la literatura
de los últimos años se ha
abusado un poco del tema
homoerótico, con subrayado
especial de la promiscuidad y
sordidez del ámbito homosexual,
aún cuando estas son
características humanas
independientes de la preferencia
sexual. Me propuse mostrar que
la homosexualidad no está reñida
con virtudes como lealtad,
bondad, fortaleza de carácter y
sentido de la responsabilidad.
El amor entre la pareja lesbiana
de “Créditos finales” es tan
sólido como el del matrimonio
heterosexual de “Huellas”
A pesar de que la primera vez
que pensó en escribir pretendía
contar su experiencia
internacionalista, no es hasta
este libro que podemos descubrir
historias sobre aquella
experiencia. ¿Por qué esperar
hasta ahora?
Realmente, Tirar la primera
piedra incluye un cuento,
“Falsos profetas”, que parte de
la experiencia de una cooperante
internacionalista en Etiopía. En
Cerrado por reparación no
hay ninguno con esas
características porque con ese
libro me propuse mostrar, con
humor e ironía, las soluciones
que damos los cubanos,
particularmente los citadinos, a
nuestros problemas cotidianos.
Las vivencias africanas caen
fuera de esa intención.
En Desencuentro aparecen
dos historias, “Domicilio
desconocido” y “Que Alá te
proteja”, que tienen que ver con
Etiopía, pero también con
desencuentros humanos y por eso
las incluí. De hecho, tengo
otros dos cuentos “africanos”
sin publicar que no armonizan
con la concepción de los libros
que he publicado.
Coménteme un poco acerca de su
vida en África. ¿Cuánto le
influyó como ser humano y cuánto
de ello se puede convertir aún
en literatura?
Por más que te cuente de mi vida
durante casi dos años en África
y trate de describirte la
pobreza y la grandeza de
Etiopía, estoy segura de que no
alcanzarían las palabras para
transmitirte mis vivencias en
aquel país. Lo que puedo decirte
es que esa etapa ha dejado una
profunda huella en mí y que como
ser humano soy un poquito mejor.
Mucho quisiera transmutar esos
recuerdos y emociones en
literatura.
¿Por qué elegir desencuentros
para contar?
Porque en la vida hay más
desencuentros que encuentros.
Cuando un encuentro se produce
queda eliminada la concreción de
un incalculable número de otros
encuentros que, al no ser, son
desencuentros. Quiero inquietar
a los lectores con la
especulación de cuán diferentes
podrían ser sus vidas si por
azar no montan en una guagua
sino en otra, o si callan la
frase que le quieren decir a
alguien, o si no se dejan
arrastrar por un impulso necio.
El mundo real es solo uno de los
infinitos mundos posibles.
Varios de los personajes de
estos cuentos sufren el juego
travieso del azar. ¿Cree usted
en el infortunio de la
casualidad, o solo se trata de
una máscara tras la que se
esconde nuestra inseguridad e
incomunicación?
Creo firmemente en el infortunio
de la casualidad y también en su
fortuna. Si una amiga de mi
madre no la hubiese sacado de la
cama una noche de 1947 para
salir a dar un paseo, mi madre
no habría conocido a mi padre en
la esquina de Zanja y Gervasio,
yo no existiría, tampoco
Desencuentro, y tú no
estarías ahora haciéndome esta
entrevista. En ese caso, el azar
condujo a la fortuna de
conocernos. Sin embargo,
nuestras vidas no solo dependen
de las contingencias, sino
también de la voluntad de acción
de cada uno de nosotros. Quienes
se consideran un mero objeto del
juego del azar, a veces por
inseguridad, temores,
incomunicación o por mero dogma,
olvidan que somos sujetos que
podemos modificar la realidad y
a nosotros mismos como parte de
ella.
Le propongo ahora
adelantarnos al futuro, ¿cuáles
son los
proyectos inmediatos de Nancy
Alonso, luego de Desencuentro?
¿Cómo visualiza su devenir
próximo en la literatura?
Mi proyecto inmediato siempre es
el mismo: seguir contando
historias, no desencontrarme con
la literatura, organizar un
nuevo libro de cuentos. En
cuanto a cómo visualizo mi
futuro en la literatura sería
necesario acotar ese futuro.
¿Dentro de un año, un siglo?
¿Acaso dentro de 7 500 millones
de años, cuando haya
desaparecido nuestro sol y, por
supuesto, nuestro planeta? Broma
aparte, tu pregunta me hace
recordar esa idea de que lo
único seguro es el extravío.
Borges lo dice de manera
magistral en su poema “Un poeta
menor”:
La meta es el olvido.
Yo he llegado antes
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