Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Camilo para mucho rato

Emilio Comas Paret • La Habana

 
Luego de leer con deleite y a veces apretando el sentimiento que se me sale por los ojos, las viñetas que a manera de entrevistas logra René Batista Moreno, mi amigo de los años, en el texto Camilo en el Frente Norte, les confieso que me asaltó una gran confusión de recuerdos, porque yo también tengo mis anécdotas de Camilo.

Recuerdo como uno de aquellos primeros meses de 1959 se apareció con su barba cristiana, su sombrero alón, dando grandes zancadas y siempre sonriendo, aquel hombre alto y delgado, rodeado de muchachos como si fuera un saltimbanqui de circo, (nunca sabré por qué los niños lo adoraban, o quizá sí y la respuesta sea: por todo). Iba rumbo al cuartel de la Marina de Guerra de Caibarién, pero había equivocado de calle y en lugar de avanzar por toda Goicuría, que lo llevaría directo al cuartel, lo hizo por Faife, la calle de mi casa y por eso yo, como otros muchachos más, lo seguí un buen rato y hasta creo que le di la mano, pero esto quizá sea obra de mi imaginación y mi deseo.

Después aparece otro recuerdo lleno de tensión y miedo, Camilo se ha perdido, su avión cayó en el mar, dicen que en el norte, entre Camagüey y Matanzas, y yo que ando en un barco, “El pensativo”, buscándolo por toda la cayería, registrando los mangles y fanguizales, husmeando su huella, su figura sonriente.

Enseguida viene otro recuerdo y estoy sentado frente al televisor, en casa de mi tía Adalberta en Santa Clara, se cumple hoy un año de la pérdida de Camilo, pasan escenas en la tele y oigo los comentarios entre elogiosos y cariñosos, llenos de respeto, de aquel capitán Abon Lee, su enemigo en Yaguajay, que es el esposo de mi prima Caridad y que habla de Camilo y se le encandilan los ojos. Y yo que era muy joven entonces y muy tonto, no anoté lo que dijo y mucho menos lo pude grabar para la posteridad.

Y entonces vuelvo al libro y releo el relato de Enma Jardón Yanes en la página 115 y siento la voz de Camilo diciéndole: “Enma, ese chino es muy buen militar, es muy valiente y está peleando por su honor. No creo que pelee por otra cosa. De ser un cobarde ya hubiera rendido la plaza hace rato. Está bien que pelee, que no se rinda”.

Y pienso que eran tal para cual a pesar de las contradicciones o quizá por ellas mismas.

Apoyándose en la sencillez de los testimonios, a veces de personajes importantes como Félix Torres o Simanca, y otras de humildes campesinos de la zona, René nos regala una historia aparentemente intrascendente, no es la gran historia, es la historia de los que no escriben la historia.

Las anécdotas contadas permiten conocer la intimidad del campamento rebelde, la vida cotidiana de los hombres, sus vicisitudes y conflictos.

La entrevista final tiene muchas lecturas, el destino nos jugó a todos la conocida mala pasada, o la muerte, “que no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”, desaparece de escena, o “hasta después de muertos somos útiles” nos sirve de asidero para que no se ausente para siempre aquel personaje de leyenda, que escribió su última epopeya cuando desapareció sin rastros, para dejarnos la impresión de que no ha muerto, que anda por otros lares sembrando y cultivando y demostrándonos aquella verdad inaudita: Camilo no ha muerto, vive y vivirá eternamente. 

Palabras en la presentación del libro Camilo en el Frente Norte, de René Batista Moreno (Ediciones Unión).

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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