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Luego de leer con deleite y a
veces apretando el sentimiento
que se me sale por los ojos, las
viñetas que a manera de
entrevistas logra René Batista
Moreno, mi amigo de los años, en
el texto Camilo en el Frente
Norte, les confieso que me
asaltó una gran confusión de
recuerdos, porque yo también
tengo mis anécdotas de Camilo.
Recuerdo como uno de aquellos
primeros meses de 1959 se
apareció con su barba cristiana,
su sombrero alón, dando grandes
zancadas y siempre sonriendo,
aquel hombre alto y delgado,
rodeado de muchachos como si
fuera un saltimbanqui de circo,
(nunca sabré por qué los niños
lo adoraban, o quizá sí y la
respuesta sea: por todo). Iba
rumbo al cuartel de la Marina de
Guerra de Caibarién, pero había
equivocado de calle y en lugar
de avanzar por toda Goicuría,
que lo llevaría directo al
cuartel, lo hizo por Faife, la
calle de mi casa y por eso yo,
como otros muchachos más, lo
seguí un buen rato y hasta creo
que le di la mano, pero esto
quizá sea obra de mi imaginación
y mi deseo.
Después aparece otro recuerdo
lleno de tensión y miedo, Camilo
se ha perdido, su avión cayó en
el mar, dicen que en el norte,
entre Camagüey y Matanzas, y yo
que ando en un barco, “El
pensativo”, buscándolo por toda
la cayería, registrando los
mangles y fanguizales, husmeando
su huella, su figura sonriente.
Enseguida viene otro recuerdo y
estoy sentado frente al
televisor, en casa de mi tía
Adalberta en Santa Clara, se
cumple hoy un año de la pérdida
de Camilo, pasan escenas en la
tele y oigo los comentarios
entre elogiosos y cariñosos,
llenos de respeto, de aquel
capitán Abon Lee, su enemigo en
Yaguajay, que es el esposo de mi
prima Caridad y que habla de
Camilo y se le encandilan los
ojos. Y yo que era muy joven
entonces y muy tonto, no anoté
lo que dijo y mucho menos lo
pude grabar para la posteridad.
Y entonces vuelvo al libro y
releo el relato de Enma Jardón
Yanes en la página 115 y siento
la voz de Camilo diciéndole:
“Enma, ese chino es muy buen
militar, es muy valiente y está
peleando por su honor. No creo
que pelee por otra cosa. De ser
un cobarde ya hubiera rendido la
plaza hace rato. Está bien que
pelee, que no se rinda”.
Y pienso que eran tal para cual
a pesar de las contradicciones o
quizá por ellas mismas.
Apoyándose en la sencillez de
los testimonios, a veces de
personajes importantes como
Félix Torres o Simanca, y otras
de humildes campesinos de la
zona, René nos regala una
historia aparentemente
intrascendente, no es la gran
historia, es la historia de los
que no escriben la historia.
Las anécdotas contadas permiten
conocer la intimidad del
campamento rebelde, la vida
cotidiana de los hombres, sus
vicisitudes y conflictos.
La entrevista final tiene muchas
lecturas, el destino nos jugó a
todos la conocida mala pasada, o
la muerte, “que no es verdad
cuando se ha cumplido bien la
obra de la vida”, desaparece de
escena, o “hasta después de
muertos somos útiles” nos sirve
de asidero para que no se
ausente para siempre aquel
personaje de leyenda, que
escribió su última epopeya
cuando desapareció sin rastros,
para dejarnos la impresión de
que no ha muerto, que anda por
otros lares sembrando y
cultivando y demostrándonos
aquella verdad inaudita: Camilo
no ha muerto, vive y vivirá
eternamente.
Palabras en la presentación del
libro Camilo en el Frente
Norte, de René Batista
Moreno (Ediciones Unión).
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