Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Entrevista con Antonio López Sánchez

“El buen sabor de descubrir humanidades”

Helen Hernández • La Habana

Fotos: Equipo de La Jiribilla



La desigual mirada con que se ha escrito la historia de la cultura occidental ha ocultado por mucho tiempo el aporte de la mitad femenina a todas las manifestaciones del arte y el pensamiento. Si bien ellas lograron hacerse de un espacio a fuerza de talento y voluntad, no abundan las investigaciones donde se les reconozca. 

Por todo esto, siempre es grato el encuentro con textos que proponen una mirada “otra” a las mismas realidades, tal vez visitadas antes bajo la ignorancia de matices de género. Así sucede con el libro Trovadoras, del periodista y crítico Antonio López Sánchez, una de las entregas que trae a la XVIII Feria Internacional del Libro de Cuba la colección Mariposa de la Editorial Oriente.  

A través de la entrevista a sus principales protagonistas en activo, el autor se propone un repaso de la participación femenina en uno de las corrientes artísticas más importantes de la Isla, a la vez que profundiza en las marcas de género que van delineando en el acto de hacer canciones.

Aunque no se considera un especialista en estas teorías, el investigador logra apropiarse de herramientas feministas hasta alcanzar un acto de reflexión a dos voces, en la que el entrevistador sugiere, presenta realidades para hallar en sus interlocutoras interesantes respuestas acerca de su condición. El libro unifica dos de sus más grandes pasiones: “las mujeres y la trova, que es en definitiva otra mujer”, por lo que también nos permite conocer poco a poco a quien escribe, ya sea en las introducciones, bellamente escritas, o en las anécdotas que logra rescatar gracias a la argucia de su profesión. 

No es este el único texto en el que Tony, como prefieren llamarlo los más cercanos, ha ido recogiendo la historia de nuestros bardos. La canción de la Nueva Trova (Editorial Abril, 2001) une la entrevista y el ensayo para relatar el proceso continuo de la ya centenaria trova cubana. Además, sus trabajos críticos en diversas revistas culturales como La Jiribilla, Música Cubana, Esquife o Dédalo, van dejando la huella de cuanto concierto, presentación o evento trovero ocurre en esta isla. 

Ya en tu libro anterior investigabas los orígenes y el devenir de la Trova cubana, en especial de la Nueva Trova. ¿Qué te hizo regresar a esta historia, ahora para profundizar en sus protagonistas femeninas?  

En lo fundamental influye mucho el hecho de sumarme desde hace ya casi una década al colectivo periodístico de la Editorial de la Mujer. Esto supuso, dado el carácter especializado de las publicaciones de esta Editora (las revistas Mujeres y Muchacha y la página web Mujeres en Internet) mi acercamiento a ese amplio mundo que son las teorías feministas y de género. A partir de mi interés investigativo sobre la Trova y de la toma de conciencia que implica asumir y trabajar sobre la figura femenina desde otra perspectiva, más amplia y absolutamente diferente, solo quedaba entonces unir ambos senderos. 

En la introducción del libro, citas algunas investigaciones inéditas que acompañaban esta serie de entrevistas. ¿En qué consisten? ¿Has pensado en publicarlas?

La investigación tuvo, o tiene, pues las verdaderas investigaciones no acaban nunca, objetivos muy ambiciosos. El material total consiste en dos grandes ensayos: uno histórico que analiza y destaca la figura femenina, como parte activa por supuesto, dentro de todas las etapas de la Trova desde sus orígenes tradicionales, pasando por el filin y hasta la Nueva Trova en sus varias generaciones. El otro ensayo es un estudio acerca de la imagen de la mujer reflejada en las canciones de la Nueva Trova, desde sus inicios hasta la actualidad, en temas tales como la inclusión y participación de la mujer en la sociedad, el amor, las relaciones sexuales, la prostitución, el homosexualismo, la decisión de ser madres solteras, en fin..., varios temas.   

Esas son las páginas que por ahora permanecen inéditas. Y el publicarlas depende de voluntades que sobrepasan a la mía. De modo que lanzo desde acá mi botella con mensaje al mar editorial. Ojalá aparezca quien salve esos trabajos de la náufraga gaveta. 

Todo este estudio llevaba consigo una larga serie de entrevistas, como fuente de información unas y como producto comunicativo el resto, que incluyó a periodistas, musicólogos, estudiosos del género y de la música y, por supuesto, a las trovadoras. En lo principal estas últimas, son las que integran la serie que ahora publica la Editorial Oriente.  

El género, además de un saber teórico, supone una postura política, una actitud, un constante cuestionamiento a los órdenes simbólicos socialmente establecidos. Al acercarte a esta teoría, ¿cuánto ha cambiado tu perspectiva como profesional y como ser humano?  

Es obvio que todo aprendizaje implica cambios. Y aunque no me considero un experto en materias de género ni en teorías feministas (aunque a estas alturas me identifico y apoyo en muchos de sus postulados), sí considero que algo he aprehendido de estos saberes; durante mi estancia en la Editorial de la Mujer y durante toda la investigación para este libro. El considerar y aprender más a las mujeres, en sus esencias y porqués; el descubrirse además en las causas y azares que dictan, o a veces casi obligan, a determinados pensamientos y actuares; el entender devenires históricos, tradiciones enraizadas y saber que pueden ser cambiados si no consideran a la figura femenina en toda su capacidad: todo ese aprendizaje trae consigo entonces, por obvia justicia, el intentar colaborar en ese impostergable y necesario proceso de elevar más a la mujer, de ubicarla en un sitio más pleno, de que sea mejor su pertenencia, su estancia en el reino de este mundo. Pues lógicamente será más alta, más plena, mejor, la sociedad toda. 

Por supuesto, de esa toma de conciencia se desprenden cambios, de pensamiento, de comportamiento, y conlleva además que se amplía la capacidad de evaluar y de juzgar determinadas situaciones, de la academia y hasta de la propia vida diaria, pues se tienen más elementos de juicio. Y parafraseando de modo un poco festinado uno de esos geniales Despistes y franquezas escritos por Mario Benedetti, podría decirte la franqueza de que una vida entera de machismo no se redime con un libro feminista; pero algo es algo. 

Una de las preguntas recurrentes a tus entrevistadas es si existe un modo femenino de componer. Ahora te la traslado a ti. ¿Percibes alguna distinción en las mujeres que escriben canciones con respecto a sus colegas masculinos?   

Por alguna razón, no en las entrevistas sino en general, este tipo de pregunta tiende a la nefasta comparación que empuja hacia la idea de que “distinto es sinónimo de “mejor” o “peor” modo, en angustiosa e inútil comparación de calidades. Obviamente este no es el objetivo; hay buenas y malas mujeres como hay buenos y malos hombres en el arte y hasta en todo lo demás. Saber si hay un modo femenino de componer busca distinguir su sentido raigal, sus esencias, más allá de determinar si ese modo sería superior o inferior al de los hombres; idea de duelo comparativo intersexual que es una soberana tontería.  

Como escucha y como estudioso debo decir que sí, que hay diferencias en la manera de asumir la creación, la canción trovadoresca, entre mujeres y hombres. La lógica está en que como mismo hay tantas evaluaciones y gustos como evaluadores, cada artista desde su impronta de género, desde su visión del mundo, transmite esta postura, esta misma perspectiva a sus obras. Mujeres y hombres no somos educados, no percibimos ni somos percibidos, no vivimos del mismo modo; desde nuestros propios cuerpos biológicos, pasando por la vida toda, hasta nuestra espiritualidad. Y esas diferencias aparecen en el arte.   

De las respuestas del libro te citaría esta de Liuba María Hevia, que pedía que más allá de saber o percibir el género del que compone, detrás de la canción, detrás de la obra, hay que oír el gesto. Una idea que me parece fantástica y que va justamente a lo raigal, a las esencias que buscaba encontrar en el cuestionario con esa pregunta. De todas formas, las respuestas de mis entrevistadas son un amplio abanico de pluralidad de pensamientos al respecto; evidente demostración de esas mismas visiones y variedades de las que te hablaba. 

Varias veces los estudios que profundizan en la forma en que las mujeres se apropian del arte y el lenguaje han sido tildados de esencialistas. ¿Dónde radica la importancia de estudiar la producción cultural femenina según sus propias variables, de profundizar en la forma en que ellas cuentan el mundo a través de sus canciones? 

Sobre todo, y digo esto desde mi incompleta visión de amateur en lo que a materias de género se refiere, en ampliar y mejorar el conocimiento sobre esa producción cultural y por ende sobre la mujer como ser biológico, espiritual y como grupo social inserto en todas las esferas de la vida, pues el arte es un claro (y profundo, y anticipado, y analítico, entre otros muchos adjetivos) retrato de esta. Un modo de mantener ideas y actos de dominación, que pueden ir desde la simple negación a no tender una cama o fregar una vasija, hasta formas verdaderamente complejas y arraigadas de discriminación, violencia, explotación, humillación y en conclusión dominio sobre el sexo femenino, radica en mantener y ahondar la ignorancia. En la medida que se saben y descubren los principios y devenires de los actos, pensamientos y fenómenos, estos pueden ser cambiados. El saber, el ser cultos, nos hace más libres, diría el Maestro. La producción cultural femenina es, entre otras muchas cosas, de seguro uno de los reflejos del acto de ser mujer. De ahí que investigar cualquier tema que sirva para saber y profundizar más en las esencias, en ese ser en femenino, contribuye de seguro a que sepamos cómo (y que podamos) hacerlo mejor. Y te repito; eso hará mejor a la sociedad toda. 

¿A qué atribuyes que algunas de tus entrevistadas se rehúsen a ser estudiadas solo por su género, que no acepten la distinción femenina y mucho menos feminista para calificar sus obras? 

Retomo un poco una idea anterior: Se debe a la ignorancia. Aunque las luchas feministas tienen ya siglos en sus espaldas, en sus raíces y ramas teóricas, los postulados y estudios del género constituyen un saber relativamente nuevo. Y me atrevo a decir, porque me incluyo, que todavía es grandemente desconocido en muchas de sus esencias y objetivos. Por lo general, existe la idea de que ser feminista implica determinadas posturas en extremo radicales (quemar ajustadores o matar a los hombres porque todos son malos, se dice medio en broma y medio en serio), o hasta tener obligadas orientaciones sexuales, casi siempre de las “incorrectas”. No se conoce que no hay un feminismo, absoluto e impositivo, sino que hay feminismos, diversos y plurales.  

Esas negaciones se basan en el desconocimiento de los postulados básicos de esas teorías y en esas “reglas” y definiciones que el imaginario popular ha dictado; algunas de seguro armadas con toda la intención de desacreditar, más que a los feminismos o a sus defensoras, a sus luchas. Sin demasiados laberintos teóricos te diría que cualquier persona, hombre o mujer, que hace algo porque la mujer alcance esa merecida ubicación y emancipación que persigue en general toda lucha feminista, es en consecuencia feminista; en mayor o menor grado, pero lo es. Por lógica entonces, si una mujer defiende su marca de género, consciente o inconscientemente, no importa eso; si su proyección y comportamiento, sea trovadora o sea albañil, demuestra las capacidades y potencialidades femeninas, es una demostración viva de feminismo. Incluso aunque no lo sepa o hasta lo niegue. 

¿Cuáles son los principales aportes de las mujeres a la trova cubana de todos los tiempos? 

En tiempos fundacionales, y en todos los tiempos, el mero hecho de ser y estar dentro de la Trova, dejando sus huellas, su arte, a contrapelo de prejuicios y de los impedimentos que siempre tuvo y que todavía tiene la mujer, es ya de por sí un avance, un mérito. Creo que el aporte está también, a tono además con el carácter de una manifestación como la Trova, en las muchas excelentes canciones que han legado. Escuchando sus obras, o escuchando sus opiniones en esas entrevistas del libro, es fácil descubrir que en la canción trovadoresca cubana, que en el arte, las mujeres no son segundas de nadie. Por valía propia sus nombres y sus composiciones están ya inscritas de modo indeleble en la historia de esta manifestación creativa. 

Para los que no han leído el libro, ni sus hermosas introducciones, busquemos una definición sintética para cada una de tus entrevistadas y entrevistados, porque no puede olvidársenos el profesor Lino. ¿Cuánto dejó cada uno de ellos en ti? 

Una entrevista es una suerte de hacer el amor intelectual. Resulta necesario, para que funcione, contar con dos voluntades dispuestas y además con una persona que se deje escudriñar, que abra sus verdades o al menos aquellas verdades que una pregunta pueda alcanzar. Cada entrevista te deja el buen (o mal, aunque este no sea el caso), sabor de descubrir humanidades.

En esta ocasión, aun cuando todas las entrevistas un periodista las considera una especie de don divino, de regalo, hay varias experiencias inolvidables. Sin que esto signifique el encierro en la cárcel de las definiciones puedo mencionarte: la posibilidad de conocer y conversar personalmente con Sara González, una cubana en mayúsculas, con toda la buena hondura y gama que esto supone; con Liuba Maria Hevia, que confieso me pareció una estupenda y vivaz interlocutora y con Yamira Díaz, que me impresionó por su profunda lucidez y capacidad de diálogo y análisis. Asimismo, agradezco el poder dejar constancia de la exquisita amabilidad de Miriam Ramos, notable en sus palabras aún a través del correo electrónico; de las atenciones de Rita del Prado y de Lázara Rivadavia, muy diligentes en hacerme llegar sus respuestas; de la inagotable alegría de Marta Campos, incluso en el serio trance de responder una entrevista; de la sencilla y risueña sinceridad de Niuska Miniet; de la grata capacidad de darse de Teresita Fernández; de las inteligentes reflexiones de Heidi Igualada; del gran conocimiento de Isabel Moya Richard y, cómo no destacarlo, de la vasta sapiencia y noble magisterio de Lino Betancourt. Aprovecho además para resaltar que aunque no aparecen como entrevistados, a lo largo de la investigación también aportaron sus criterios figuras importantísimas como la musicóloga María Teresa Linares, la escritora y ensayista Margarita Mateo y el periodista Joaquín Borges Triana. A todos, que llegue mi más hondo agradecimiento.

La Trova cubana parece ser una de tus grandes obsesiones. ¿De dónde te viene ese afán por hurgar en la historia de nuestros bardos?  

La vida me regaló la posibilidad de poseer (o de que me posea; eso nunca se sabe del todo) la palabra escrita y de saber amar los sonidos de la música, pero también me hizo perder la guitarra en algún lugar demasiado lejano, al que costaría demasiadas aventuras regresar; tal como los clásicos viajes en pos del amor, del dragón o del anillo en las historias de fantasía. Entonces, queda el recurso de intentar llegar a ser buen trovadicto, ya que no pude a trovador.  

En el caso específico de este libro se unen además dos grandes razones. La primera: mi amor desmedido por las mujeres y por las canciones troveras, que son en definitiva otras mujeres. La segunda razón, está en que nunca fue tan necesario como ahora tratar de defender y difundir manifestaciones de verdadera búsqueda y raíz artística genuina, como lo es la Trova cubana. Ante tanta baratija intrascendente, que más que componer se comete, ante tanta bobería cantada; ante tanta violencia, machismo, vulgaridad, pobreza sonora y textual; ante tanto mito ilusorio de mundos llenos de autos lujosos y mujeres siempre satisfechas y rendidas ante el macho redentor, solvente y perdonavidas; mito que pretenden hacernos pasar por música, o peor, por arte e ideología, hay que entonces privilegiar las vertientes creativas autóctonas, verdaderas, de legítima valía. Y entre ellas, en nuestra música y nuestra cultura está, sin duda, la Trova.  

¿Qué significa para ti la palabra trovadora, o trovador?  

Un Quijote armado de alma hasta los dientes. O una Dulcinea, pero a caballo, con armadura, guitarra en ristre y el arte afilado al brazo; apuntando contra los molinos y contra los malos gigantes. De alguna manera, por lo de Quijote y alma, por irles a la contra a los molinos y a los malos gigantes, es también un espejo de lo que intento igualmente ser. 

Y a este libro, ¿qué proyectos siguen?
Muchos, también de Trova algunos y de otras cosas escritas. Pero no te los digo para no romper los hechizos. Y que lleguen y se den.

 

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