La desigual mirada con que se ha
escrito la historia de la
cultura occidental ha ocultado
por mucho tiempo el aporte de la
mitad femenina a todas las
manifestaciones del arte y el
pensamiento. Si bien ellas
lograron hacerse de un espacio a
fuerza de talento y voluntad, no
abundan las investigaciones
donde se les reconozca.
Por todo esto, siempre es grato
el encuentro con textos que
proponen una mirada “otra” a las
mismas realidades, tal vez
visitadas antes bajo la
ignorancia de matices de género.
Así sucede con el libro
Trovadoras, del periodista y
crítico Antonio López Sánchez,
una de las entregas que trae a
la XVIII Feria Internacional del
Libro de Cuba la colección
Mariposa de la Editorial
Oriente.
A través de la entrevista a sus
principales protagonistas en
activo, el autor se propone un
repaso de la participación
femenina en uno de las
corrientes artísticas más
importantes de la Isla, a la vez
que profundiza en las marcas de
género que van delineando en el
acto de hacer canciones.
Aunque no se considera un
especialista en estas teorías,
el investigador logra apropiarse
de herramientas feministas hasta
alcanzar un acto de reflexión a
dos voces, en la que el
entrevistador sugiere, presenta
realidades para hallar en sus
interlocutoras interesantes
respuestas acerca de su
condición. El libro unifica dos
de sus más grandes pasiones:
“las mujeres y la trova, que es
en definitiva otra mujer”, por
lo que también nos permite
conocer poco a poco a quien
escribe, ya sea en las
introducciones, bellamente
escritas, o en las anécdotas que
logra rescatar gracias a la
argucia de su profesión.
No es este el único texto en el
que Tony, como prefieren
llamarlo los más cercanos, ha
ido recogiendo la historia de
nuestros bardos. La canción
de la Nueva Trova (Editorial
Abril, 2001) une la entrevista y
el ensayo para relatar el
proceso continuo de la ya
centenaria trova cubana. Además,
sus trabajos críticos en
diversas revistas culturales
como La Jiribilla,
Música Cubana, Esquife
o Dédalo, van dejando la
huella de cuanto concierto,
presentación o evento trovero
ocurre en esta isla.
Ya en tu libro anterior
investigabas los orígenes y el
devenir de la Trova cubana, en
especial de la Nueva Trova. ¿Qué
te hizo regresar a esta
historia, ahora para profundizar
en sus protagonistas
femeninas?
En lo fundamental influye mucho
el hecho de sumarme desde hace
ya casi una década al colectivo
periodístico de la Editorial de
la Mujer. Esto supuso, dado el
carácter especializado de las
publicaciones de esta Editora
(las revistas Mujeres y
Muchacha y la página web
Mujeres en Internet) mi
acercamiento a ese amplio mundo
que son las teorías feministas y
de género. A partir de mi
interés investigativo sobre la
Trova y de la toma de conciencia
que implica asumir y trabajar
sobre la figura femenina desde
otra perspectiva, más amplia y
absolutamente diferente, solo
quedaba entonces unir ambos
senderos.
En la introducción del libro,
citas algunas investigaciones
inéditas que acompañaban esta
serie de entrevistas. ¿En qué
consisten? ¿Has pensado en
publicarlas?
La investigación tuvo, o tiene,
pues las verdaderas
investigaciones no acaban nunca,
objetivos muy ambiciosos. El
material total consiste en dos
grandes ensayos: uno histórico
que analiza y destaca la figura
femenina, como parte activa por
supuesto, dentro de todas las
etapas de la Trova desde sus
orígenes tradicionales, pasando
por el filin y hasta la Nueva
Trova en sus varias
generaciones. El otro ensayo es
un estudio acerca de la imagen
de la mujer reflejada en las
canciones de la Nueva Trova,
desde sus inicios hasta la
actualidad, en temas tales como
la inclusión y participación de
la mujer en la sociedad, el
amor, las relaciones sexuales,
la prostitución, el
homosexualismo, la decisión de
ser madres solteras, en fin...,
varios temas.
Esas son las páginas que por
ahora permanecen inéditas. Y el
publicarlas depende de
voluntades que sobrepasan a la
mía. De modo que lanzo desde acá
mi botella con mensaje al mar
editorial. Ojalá aparezca quien
salve esos trabajos de la
náufraga gaveta.
Todo este estudio llevaba
consigo una larga serie de
entrevistas, como fuente de
información unas y como producto
comunicativo el resto, que
incluyó a periodistas,
musicólogos, estudiosos del
género y de la música y, por
supuesto, a las trovadoras. En
lo principal estas últimas, son
las que integran la serie que
ahora publica la Editorial
Oriente.
El género, además de un saber
teórico, supone una postura
política, una actitud, un
constante cuestionamiento a los
órdenes simbólicos socialmente
establecidos. Al acercarte a
esta teoría, ¿cuánto ha cambiado
tu perspectiva como profesional
y como ser humano?
Es obvio que todo aprendizaje
implica cambios. Y aunque no me
considero un experto en materias
de género ni en teorías
feministas (aunque a estas
alturas me identifico y apoyo en
muchos de sus postulados), sí
considero que algo he
aprehendido de estos saberes;
durante mi estancia en la
Editorial de la Mujer y durante
toda la investigación para este
libro. El considerar y aprender
más a las mujeres, en sus
esencias y porqués; el
descubrirse además en las causas
y azares que dictan, o a veces
casi obligan, a determinados
pensamientos y actuares; el
entender devenires históricos,
tradiciones enraizadas y saber
que pueden ser cambiados si no
consideran a la figura femenina
en toda su capacidad: todo ese
aprendizaje trae consigo
entonces, por obvia justicia, el
intentar colaborar en ese
impostergable y necesario
proceso de elevar más a la
mujer, de ubicarla en un sitio
más pleno, de que sea mejor su
pertenencia, su estancia en el
reino de este mundo. Pues
lógicamente será más alta, más
plena, mejor, la sociedad toda.
Por supuesto, de esa toma de
conciencia se desprenden
cambios, de pensamiento, de
comportamiento, y conlleva
además que se amplía la
capacidad de evaluar y de juzgar
determinadas situaciones, de la
academia y hasta de la propia
vida diaria, pues se tienen más
elementos de juicio. Y
parafraseando de modo un poco
festinado uno de esos geniales
Despistes y franquezas
escritos por Mario Benedetti,
podría decirte la franqueza de
que una vida entera de machismo
no se redime con un libro
feminista; pero algo es algo.
Una de las preguntas recurrentes
a tus entrevistadas es si existe
un modo femenino de componer.
Ahora te la traslado a ti.
¿Percibes alguna distinción en
las mujeres que escriben
canciones con respecto a sus
colegas masculinos?
Por alguna razón, no en las
entrevistas sino en general,
este tipo de pregunta tiende a
la nefasta comparación que
empuja hacia la idea de que
“distinto” es sinónimo de
“mejor” o “peor” modo, en
angustiosa e inútil comparación
de calidades. Obviamente este no
es el objetivo; hay buenas y
malas mujeres como hay buenos y
malos hombres en el arte y hasta
en todo lo demás. Saber si hay
un modo femenino de componer
busca distinguir su sentido
raigal, sus esencias, más allá
de determinar si ese modo sería
superior o inferior al de los
hombres; idea de duelo
comparativo intersexual que es
una soberana tontería.
Como escucha y como estudioso
debo decir que sí, que hay
diferencias en la manera de
asumir la creación, la canción
trovadoresca, entre mujeres y
hombres. La lógica está en que
como mismo hay tantas
evaluaciones y gustos como
evaluadores, cada artista desde
su impronta de género, desde su
visión del mundo, transmite esta
postura, esta misma perspectiva
a sus obras. Mujeres y hombres
no somos educados, no percibimos
ni somos percibidos, no vivimos
del mismo modo; desde nuestros
propios cuerpos biológicos,
pasando por la vida toda, hasta
nuestra espiritualidad. Y esas
diferencias aparecen en el arte.
De las respuestas del libro te
citaría esta de Liuba María
Hevia, que pedía que más allá de
saber o percibir el género del
que compone, detrás de la
canción, detrás de la obra, hay
que oír el gesto. Una idea que
me parece fantástica y que va
justamente a lo raigal, a las
esencias que buscaba encontrar
en el cuestionario con esa
pregunta. De todas formas, las
respuestas de mis entrevistadas
son un amplio abanico de
pluralidad de pensamientos al
respecto; evidente demostración
de esas mismas visiones y
variedades de las que te
hablaba.
Varias veces los estudios que
profundizan en la forma en que
las mujeres se apropian del arte
y el lenguaje han sido tildados
de esencialistas. ¿Dónde radica
la importancia de estudiar la
producción cultural femenina
según sus propias variables, de
profundizar en la forma en que
ellas cuentan el mundo a través
de sus canciones?
Sobre todo, y digo esto desde mi
incompleta visión de amateur en
lo que a materias de género se
refiere, en ampliar y mejorar el
conocimiento sobre esa
producción cultural y por ende
sobre la mujer como ser
biológico, espiritual y como
grupo social inserto en todas
las esferas de la vida, pues el
arte es un claro (y profundo, y
anticipado, y analítico, entre
otros muchos adjetivos) retrato
de esta. Un modo de mantener
ideas y actos de dominación, que
pueden ir desde la simple
negación a no tender una cama o
fregar una vasija, hasta formas
verdaderamente complejas y
arraigadas de discriminación,
violencia, explotación,
humillación y en conclusión
dominio sobre el sexo femenino,
radica en mantener y ahondar la
ignorancia. En la medida que se
saben y descubren los principios
y devenires de los actos,
pensamientos y fenómenos, estos
pueden ser cambiados. El saber,
el ser cultos, nos hace más
libres, diría el Maestro. La
producción cultural femenina es,
entre otras muchas cosas, de
seguro uno de los reflejos del
acto de ser mujer. De ahí que
investigar cualquier tema que
sirva para saber y profundizar
más en las esencias, en ese ser
en femenino, contribuye de
seguro a que sepamos cómo (y que
podamos) hacerlo mejor. Y te
repito; eso hará mejor a la
sociedad toda.
¿A qué atribuyes que algunas de
tus entrevistadas se rehúsen a
ser estudiadas solo por su
género, que no acepten la
distinción femenina y mucho
menos feminista para calificar
sus obras?
Retomo un poco una idea
anterior: Se debe a la
ignorancia. Aunque las luchas
feministas tienen ya siglos en
sus espaldas, en sus raíces y
ramas teóricas, los postulados y
estudios del género constituyen
un saber relativamente nuevo. Y
me atrevo a decir, porque me
incluyo, que todavía es
grandemente desconocido en
muchas de sus esencias y
objetivos. Por lo general,
existe la idea de que ser
feminista implica determinadas
posturas en extremo radicales
(quemar ajustadores o matar a
los hombres porque todos son
malos, se dice medio en broma y
medio en serio), o hasta tener
obligadas orientaciones
sexuales, casi siempre de las
“incorrectas”. No se conoce que
no hay un feminismo, absoluto e
impositivo, sino que hay
feminismos, diversos y
plurales.
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Esas negaciones se basan en el
desconocimiento de los
postulados básicos de esas
teorías y en esas “reglas” y
definiciones que el imaginario
popular ha dictado; algunas de
seguro armadas con toda la
intención de desacreditar, más
que a los feminismos o a sus
defensoras, a sus luchas. Sin
demasiados laberintos teóricos
te diría que cualquier persona,
hombre o mujer, que hace algo
porque la mujer alcance esa
merecida ubicación y
emancipación que persigue en
general toda lucha feminista, es
en consecuencia feminista; en
mayor o menor grado, pero lo es.
Por lógica entonces, si una
mujer defiende su marca de
género, consciente o
inconscientemente, no importa
eso; si su proyección y
comportamiento, sea trovadora o
sea albañil, demuestra las
capacidades y potencialidades
femeninas, es una demostración
viva de feminismo. Incluso
aunque no lo sepa o hasta lo
niegue.
¿Cuáles son los principales
aportes de las mujeres a la
trova cubana de todos los
tiempos?
En tiempos fundacionales, y en
todos los tiempos, el mero hecho
de ser y estar dentro de la
Trova, dejando sus huellas, su
arte, a contrapelo de prejuicios
y de los impedimentos que
siempre tuvo y que todavía tiene
la mujer, es ya de por sí un
avance, un mérito. Creo que el
aporte está también, a tono
además con el carácter de una
manifestación como la Trova, en
las muchas excelentes canciones
que han legado. Escuchando sus
obras, o escuchando sus
opiniones en esas entrevistas
del libro, es fácil descubrir
que en la canción trovadoresca
cubana, que en el arte, las
mujeres no son segundas de
nadie. Por valía propia sus
nombres y sus composiciones
están ya inscritas de modo
indeleble en la historia de esta
manifestación creativa.
Para los que no han leído el
libro, ni sus hermosas
introducciones, busquemos una
definición sintética para cada
una de tus entrevistadas y
entrevistados, porque no puede
olvidársenos el profesor Lino.
¿Cuánto dejó cada uno de ellos
en ti?
Una entrevista es una suerte de
hacer el amor intelectual.
Resulta necesario, para que
funcione, contar con dos
voluntades dispuestas y además
con una persona que se deje
escudriñar, que abra sus
verdades o al menos aquellas
verdades que una pregunta pueda
alcanzar. Cada entrevista te
deja el buen (o mal, aunque este
no sea el caso), sabor de
descubrir humanidades.
En esta ocasión, aun cuando
todas las entrevistas un
periodista las considera una
especie de don divino, de
regalo, hay varias experiencias
inolvidables. Sin que esto
signifique el encierro en la
cárcel de las definiciones puedo
mencionarte: la posibilidad de
conocer y conversar
personalmente con Sara González,
una cubana en mayúsculas, con
toda la buena hondura y gama que
esto supone; con Liuba Maria
Hevia, que confieso me pareció
una estupenda y vivaz
interlocutora y con Yamira Díaz,
que me impresionó por su
profunda lucidez y capacidad de
diálogo y análisis. Asimismo,
agradezco el poder dejar
constancia de la exquisita
amabilidad de Miriam Ramos,
notable en sus palabras aún a
través del correo electrónico;
de las atenciones de Rita del
Prado y de Lázara Rivadavia, muy
diligentes en hacerme llegar sus
respuestas; de la inagotable
alegría de Marta Campos, incluso
en el serio trance de responder
una entrevista; de la sencilla y
risueña sinceridad de Niuska
Miniet; de la grata capacidad de
darse de Teresita Fernández; de
las inteligentes reflexiones de
Heidi Igualada; del gran
conocimiento de Isabel Moya
Richard y, cómo no destacarlo,
de la vasta sapiencia y noble
magisterio de Lino Betancourt.
Aprovecho además para resaltar
que aunque no aparecen como
entrevistados, a lo largo de la
investigación también aportaron
sus criterios figuras
importantísimas como la
musicóloga María Teresa Linares,
la escritora y ensayista
Margarita Mateo y el periodista
Joaquín Borges Triana. A todos,
que llegue mi más hondo
agradecimiento.
La Trova cubana parece ser
una de tus grandes obsesiones.
¿De dónde te viene ese afán por
hurgar en la historia de
nuestros bardos?
La vida me regaló la posibilidad
de poseer (o de que me posea;
eso nunca se sabe del todo) la
palabra escrita y de saber amar
los sonidos de la música, pero
también me hizo perder la
guitarra en algún lugar
demasiado lejano, al que
costaría demasiadas aventuras
regresar; tal como los clásicos
viajes en pos del amor, del
dragón o del anillo en las
historias de fantasía. Entonces,
queda el recurso de intentar
llegar a ser buen trovadicto, ya
que no pude a trovador.
En el caso específico de este
libro se unen además dos grandes
razones. La primera: mi amor
desmedido por las mujeres y por
las canciones troveras, que son
en definitiva otras mujeres. La
segunda razón, está en que nunca
fue tan necesario como ahora
tratar de defender y difundir
manifestaciones de verdadera
búsqueda y raíz artística
genuina, como lo es la Trova
cubana. Ante tanta baratija
intrascendente, que más que
componer se comete, ante tanta
bobería cantada; ante tanta
violencia, machismo, vulgaridad,
pobreza sonora y textual; ante
tanto mito ilusorio de mundos
llenos de autos lujosos y
mujeres siempre satisfechas y
rendidas ante el macho redentor,
solvente y perdonavidas; mito
que pretenden hacernos pasar por
música, o peor, por arte e
ideología, hay que entonces
privilegiar las vertientes
creativas autóctonas,
verdaderas, de legítima valía. Y
entre ellas, en nuestra música y
nuestra cultura está, sin duda,
la Trova.
¿Qué significa para ti la
palabra trovadora, o trovador?
Un Quijote armado de alma hasta
los dientes. O una Dulcinea,
pero a caballo, con armadura,
guitarra en ristre y el arte
afilado al brazo; apuntando
contra los molinos y contra los
malos gigantes. De alguna
manera, por lo de Quijote y
alma, por irles a la contra a
los molinos y a los malos
gigantes, es también un espejo
de lo que intento igualmente
ser.
Y a este libro, ¿qué proyectos
siguen?
Muchos, también de Trova algunos
y de otras cosas escritas. Pero
no te los digo para no romper
los hechizos. Y que lleguen y se
den. |