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de 2009

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Quince años de Pinos Nuevos

Helen Hernández Hormilla • La Habana

 
Para los jóvenes escritores de inicios de la década del 90, las posibilidades de publicar parecían, más que remotas, imposibles. Una fuerte contracción en la industria del libro, la cual en 1993 había pasado de más de 50 millones anuales a solo un millón, era el resultado palpable de una crisis económica con incidencia en todos los sectores del país. Fue entonces cuando se gestó un proyecto donde se hizo patente la solidaridad de aquellos que, desde otras fronteras, aún soñaban gracias a Cuba. Una iniciativa que permitió sacar del anonimato a cien autores de todos los géneros literarios con una única condición: debían ser totalmente inéditos.
 

A grandes rasgos esa es la génesis de una de los certámenes que desde 1994 ha marcado el pulso de la joven literatura cubana. La colección Pinos Nuevos trajo a la luz en uno de los momentos más complejos de nuestra historia reciente, textos memorables y autores que hoy constituyen figuras imprescindibles para la intelectualidad cubana.

Así lo recordaron varios de aquellos primeros ganadores del premio, en el panel organizado en la XVIII Feria Internacional del Libro de Cuba a propósito de los 15 años de esta colección. Edel Morales, Zaida Capote, Laidi Fernández, Bruno Enríquez y Jesús Lozada, tienen en común la experiencia de haber llegado juntos a la letra impresa gracias a la idea salida de la voluntad del izquierdista argentino Aurelio Narrat, quien con solo una imprenta y muchos amigos, se propuso conservar la producción de los intelectuales jóvenes cubanos, condenada por entonces a permanecer en las gavetas hasta tanto terminase la terrible circunstancia.                                                                     

El escritor Jorge Timossi lo secundó en el empeño desde esta orilla, si bien prefiere no personalizar voluntades, pues, como explicó en el encuentro, la idea de publicar un centenar de libros de escritores desconocidos, acompañados en la portada de un joven artista plástico, dependió de muchas manos. En palabras del poeta Edel Morales: “Existe una confraternidad entre los autores premiados por nacimos del mismo vientre”. Alex Pausides, Jorge Fernández Era, Arístides Vega Chapú, Alexis Slachter, Jorge Ibarra, Thalía Fung, Gina Picart, Alberto Ajón, Ernesto Santana, Roberto Zurbano, Eduardo del Llano, Jorge Fornet o Sigfredo Ariel; fueron otros de los autores de aquella primera oleada renovadora, que el propio año 1994 viajó a Buenos Aires junto a una pequeña representación de solo ocho laureados.

“La gente de argentina estaba intentando tocar esta isla más que a nosotros”, evocó el poeta Jorge Lozada, para quien aquel libro primigenio “hizo la luz” en un momento de oscuridad evidente. “Fue una iniciativa descomunal, porque nos cambió la vida”, sentenció la narradora Laidi Fernández luego de reseñar su experiencia para llegar al certamen. Aunque médica de profesión, la presencia de Dolly y otros cuentos africanos, la trajo definitivamente al camino de la literatura. “Luego de 15 años, cuando uno mira el listado de los premiados, vemos con regocijo que la mayoría ha seguido escribiendo”.

La ensayista Zaida Capote Cruz coincide en que aquella experiencia constituye la llegada pública de toda una generación a las letras cubanas, un hito inexcusable en el paso a nuevas estéticas, tópicos y tendencias. “Nos dio confianza para saber que se podía vivir en Cuba y escribir. Demostraron que era posible llevar a cabo grandes hazañas culturales, en lo que constituye una colección muy importante en la historia de la cultura cubana de los 90. Era la eclosión que hacía falta para rescatar a tanta gente para la que no había un espacio definido.”

Por su parte, el libro del científico Bruno Enríquez abordaba los mitos terrestres sobre el planeta Marte, como ejemplo de la tendencia mantenida durante estos 15 años de divulgar la ciencia. En la velada, salió a relucir también el rigor de los jurados que eligió 25 libros de cada uno de los géneros: poesía, literatura infantil, narrativa y ensayo. Por solo citar un ejemplo, los poetas pasaron por la lectura de Eliseo Diego, Fina García Marruz y Roberto Fernández Retamar, tres de los grandes hacedores de versos de esta isla.

Para el año 2000 la industria del libro se fue revitalizando, con la aparición de otros Premios como el Calendario o la reapertura del David, por lo que el Pinos Nuevos se transformó en un certamen anual que galardona un título en los mismos cuatro géneros.  Como dijera Laidi Fernández, nada mejor para honrar la memoria de este evento de la cultura cubana que la continuidad que supone presentar en esa misma sala, justo detrás del panel, los más recientes Pinos, prueba fehaciente de que la literatura en Cuba continuamente reverdece.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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