Para los jóvenes escritores de
inicios de la década del 90, las
posibilidades de publicar
parecían, más que remotas,
imposibles. Una fuerte
contracción en la industria del
libro, la cual en 1993 había
pasado de más de 50 millones
anuales a solo un millón, era el
resultado palpable de una crisis
económica con incidencia en
todos los sectores del país. Fue
entonces cuando se gestó un
proyecto donde se hizo patente
la solidaridad de aquellos que,
desde otras fronteras, aún
soñaban gracias a Cuba. Una
iniciativa que permitió sacar
del anonimato a cien autores de
todos los géneros literarios con
una única condición: debían ser
totalmente inéditos.
A grandes rasgos esa es la
génesis de una de los certámenes
que desde 1994 ha marcado el
pulso de la joven literatura
cubana. La colección Pinos
Nuevos trajo a la luz en uno de
los momentos más complejos de
nuestra historia reciente,
textos memorables y autores que
hoy constituyen figuras
imprescindibles para la
intelectualidad cubana.
Así lo recordaron varios de
aquellos primeros ganadores del
premio, en el panel organizado
en la XVIII Feria Internacional
del Libro de Cuba a propósito de
los 15 años de esta colección.
Edel Morales, Zaida Capote,
Laidi Fernández, Bruno Enríquez
y Jesús Lozada, tienen en común
la experiencia de haber llegado
juntos a la letra impresa
gracias a la idea salida de la
voluntad del izquierdista
argentino Aurelio Narrat, quien
con solo una imprenta y muchos
amigos, se propuso conservar la
producción de los intelectuales
jóvenes cubanos, condenada por
entonces a permanecer en las
gavetas hasta tanto terminase la
terrible circunstancia.
El escritor Jorge Timossi lo
secundó en el empeño desde esta
orilla, si bien prefiere no
personalizar voluntades, pues,
como explicó en el encuentro, la
idea de publicar un centenar de
libros de escritores
desconocidos, acompañados en la
portada de un joven artista
plástico, dependió de muchas
manos. En palabras del poeta
Edel Morales: “Existe una
confraternidad entre los autores
premiados por nacimos del mismo
vientre”. Alex Pausides, Jorge
Fernández Era, Arístides Vega
Chapú, Alexis Slachter, Jorge
Ibarra, Thalía Fung, Gina Picart,
Alberto Ajón, Ernesto Santana,
Roberto Zurbano, Eduardo del
Llano, Jorge Fornet o Sigfredo
Ariel; fueron otros de los
autores de aquella primera
oleada renovadora, que el propio
año 1994 viajó a Buenos Aires
junto a una pequeña
representación de solo ocho
laureados.
“La gente de argentina estaba
intentando tocar esta isla más
que a nosotros”, evocó el poeta
Jorge Lozada, para quien aquel
libro primigenio “hizo la luz”
en un momento de oscuridad
evidente. “Fue una iniciativa
descomunal, porque nos cambió la
vida”, sentenció la narradora
Laidi Fernández luego de reseñar
su experiencia para llegar al
certamen. Aunque médica de
profesión, la presencia de
Dolly y otros cuentos
africanos, la trajo
definitivamente al camino de la
literatura. “Luego de 15 años,
cuando uno mira el listado de
los premiados, vemos con
regocijo que la mayoría ha
seguido escribiendo”.
La ensayista Zaida Capote Cruz
coincide en que aquella
experiencia constituye la
llegada pública de toda una
generación a las letras cubanas,
un hito inexcusable en el paso a
nuevas estéticas, tópicos y
tendencias. “Nos dio confianza
para saber que se podía vivir en
Cuba y escribir. Demostraron que
era posible llevar a cabo
grandes hazañas culturales, en
lo que constituye una colección
muy importante en la historia de
la cultura cubana de los 90. Era
la eclosión que hacía falta para
rescatar a tanta gente para la
que no había un espacio
definido.”
|
 |
Por su parte, el libro del
científico Bruno Enríquez
abordaba los mitos terrestres
sobre el planeta Marte, como
ejemplo de la tendencia
mantenida durante estos 15 años
de divulgar la ciencia. En la
velada, salió a relucir también
el rigor de los jurados que
eligió 25 libros de cada uno de
los géneros: poesía, literatura
infantil, narrativa y ensayo.
Por solo citar un ejemplo, los
poetas pasaron por la lectura de
Eliseo Diego, Fina García Marruz
y Roberto Fernández Retamar,
tres de los grandes hacedores de
versos de esta isla.
Para el año 2000 la industria
del libro se fue revitalizando,
con la aparición de otros
Premios como el Calendario o la
reapertura del David, por lo que
el Pinos Nuevos se transformó en
un certamen anual que galardona
un título en los mismos cuatro
géneros. Como dijera Laidi
Fernández, nada mejor para
honrar la memoria de este evento
de la cultura cubana que la
continuidad que supone presentar
en esa misma sala, justo detrás
del panel, los más recientes
Pinos, prueba fehaciente de que
la literatura en Cuba
continuamente reverdece. |