Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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El universo de la escritura

Raúl Zurita • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

 

ENTREVISTA CON EL POETA CHILENO RAÚL ZURITA: Una relación de amor


Partiendo de la base de que la poesía y el arte en general son distintas aproximaciones de lo real y que, por supuesto, no hay nunca una última versión, sino que esa versión es en cierto sentido la que se va construyendo entre todos, en ese sentido quería compartir una frase de un gran nuevo poeta que está acá, Héctor Hernández Montesinos, que en una conversación sobre poesía dijo que esta era una respuesta a preguntas que todavía no se habían formulado. Me pareció una de las grandes síntesis sobre este extraño quehacer que es precisamente la poesía.
 

Cada vez me resulta más difícil, en lo personal, decir quién escribe. Quién es el que se toma de repente la palabra y empieza a escribir en un lenguaje, que aunque sea del más radical conversacionalismo, de la más radical poesía, no es el lenguaje con el cual uno se sube a una guagua —como dicen ustedes—, o a una micro —como decimos nosotros. No es el lenguaje con el cual uno se toma un café. Aunque sea extremadamente parecido, no es. Empieza lo que la tradición eclesiástica llama “hablar en lenguas”. Cada vez más tengo la sensación de que la parte del yo es cada vez más un receptáculo tal vez consciente de fuerzas, de voces, de ámbitos y recuerdos, de nostalgias y premoniciones que uno a duras penas controla y vislumbra.

Creo que es bastante ilustrador el hecho de que muchos poetas inteligentes son muy buenos críticos y capaces de elaborar teorías formidables, pero son muy débiles a la hora de explicar un poema suyo. A los sonetos de Shakespeare les importaban realmente muy poco cuáles eran los afanes, las tristezas, las ambiciones, neurosis y alegrías de ese tal Shakespeare, porque lo único que querían era ser los sonetos de Shakespeare.

No digo que esto lo haya pensado desde siempre. Si me hubieran preguntado hace cinco años atrás sobre la poesía hubiera dicho que es un interlocutor. Ahora, realmente no lo sé. Dentro de esa parcialidad, dentro de esos necesarios espacios mínimos en los cuales uno puede vislumbrar ciertas cosas, en la poesía hay que tratar de ser lo más consciente posible, aplicar la máxima racionalidad, la máxima estructura, porque de todas maneras aquello que se llama el inconsciente, el duende —como quieran llamarlo— va a hacer lo que quiera finalmente. Es como si uno fuera arrasado por el mar de la duda. Realmente ese mar general del habla produce de pronto pequeños destellos que son los verbos de Platón, que son los Evangelios, que son James Joyce, Otelo, la Divina Comedia, Lezama Lima, que pertenecen a ese mar general del habla en el cual estamos concernidos y de una u otra forma buscamos afanosamente, a veces con desesperación, las señas de un posible destino o de una posible identidad, un posible lugar hacia el cual estuviésemos marchando.

Vuelvo a la respuesta de Hernández Montecinos de que la poesía es una respuesta a preguntas que todavía no se han formulado. O sea, todo el infinito espacio del porvenir y de lo pasado que no conocemos nos lanza en esta aventura radical de las palabras, y allí vamos reconociendo ciertos poemas, versos y trazos, ciertos diálogos que sentimos que también fueron escritos por nosotros hace miles de años.

Recuerdo mi propia experiencia, las cosas que me han maravillado, que me han deslumbrado: desde un verso de Pound hasta una película de Chaplin, hasta un afiche. Son tan variadas, tan contradictorias, tan multifacéticas las cosas por las que uno se impresiona. Recuerdo, y siento que en este mar general vamos encontrando trozos, y que realmente no existe eso que se llama “las influencias”, no existe esa versión más sutil que habla del paratexto o la intertextualidad. Por supuesto, no existe el plagio, no existe la copia. Lo que existe es que en el momento en que se es ocupado, se es ocupado por la totalidad de la escritura. Cada vez que uno está escribiendo se suspende en cierto sentido la existencia y por eso se suspende también, aunque sea por un segundo, la muerte. El momento en que se escribe es el mismo en que está escribiendo Platón, Homero, Shakespeare, mi amiga Carmen Berenguer, mi contemporáneo Maquieira, se mueve todo el universo de la escritura en cada poema que uno escribe.

También me apego, por historia, por un fervor, por autores que admiro tanto, a la definición de poesía chilena, pero entiendo por poesía chilena todo aquello que me ha conmovido profundamente. 

Palabras de Raúl Zurita en el panel sobre Poesía chilena contemporánea, que tuvo lugar en la sala José Antonio Portuondo de San Carlos de La Cabaña el 13 de febrero, en el contexto de la XVIII Feria Internacional del Libro de La Habana.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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