Hace 15 años yo era atrevida
para escribir y tímida para
presentarme en público. Tenía un
hijo de dos años y otro en mi
barriga. Con un intento de libro
bajo el brazo (entre mi panza y
la mano de mi hijo nacido), me
dejé llevar por el entusiasmo de
mis amigas, y lo llevé tímida y
atrevidamente a la primera
edición de Pinos Nuevos. Me
animó y más tarde hizo la
presentación conjunta de todos
los Premios el por suerte
ineludible Pocho Fornet en uno
de esos gestos suyos que nunca
sabremos los escritores cómo
agradecerle lo suficiente.
Hace 15 días, yo era una
escritora que debía acompañar a
su libro más reciente en la
Feria de La Cabaña, sin
compromisos con otras autoras o
autores de esta ciudad, lo cual
me tranquilizaba mucho porque me
permitiría disfrutar en paz de
los trabajos de las otras y los
otros, sin abrumarme con
lecturas que luego tendría que
comentar.
Pero de todo esto ha pasado
mucho tiempo.
Mis hijos tienen 17 y 15 años, y
Greity González Rivera tuvo el
tímido atrevimiento de pedirme
que presentara su primer libro
de narraciones, Premio Pinos
Nuevos.
Escojo estos adjetivos por pura
adhesión a la realidad, a esa
“vida real” de la que habla esta
escritora en sus cuentos.
Permítaseme narrar el hecho de
su llamada:
Estaba yo como la mujer muy
común que narra 12 horas de su
vida (más tarde lo leí en el
libro que hoy presento) cuando
esta muchacha que cree que tener
cuarenta años es un exceso (así
dice en su cuento “Romance del
guajiro macho”) interrumpió mi
rutina para decirme que por
favor si fuera Usted tan amable
de… pero ay, qué pena, no sé
cómo le estoy pidiendo esto, con
la pena que me da pedirle que
por favor, si fuera usted tan
amable.
Niña, habla por favor, dije yo,
temblando al ver desmoronarse mi
sueño de no presentar a nadie en
esta Feria, mientras empezaban a
quemarse los frijoles que estaba
haciendo.
Así logré que me dijera que
deseaba que fuera yo quien
hablara de Tópicos, libro
que por supuesto yo no conocía.
Pero como tampoco había visto a
Greity en mi vida, pues dije sí,
cómo no, será un gusto, un
honor.
Confieso que luego de haber
rechazado otras propuestas de
trabajo para esta Feria, yo
misma me asombré al aceptar
esta, y me pregunté a mí misma
por qué lo había hecho.
Me dije -Mí misma ¿por qué
aceptas ahora, cuando te
disponías a visitar
tranquilamente las salas sin
tener nada que hacer además de
escuchar a los demás?
Las respuestas me llegaron tan
veloces como el “sí cómo no” que
había respondido a una
desconocida.
Primero, era una mujer quien me
había llamado, y la solidaridad
femenina es compulsiva. Luego,
era joven, y el privilegio de
ser madre de adolescentes me
dota de una admiración casi
obsesiva hacia el divino tesoro
del que hablara Darío, y por
último (pero no menos
importante), se trataba de un
Pino nuevo. En este caso, una
Pina.
En resumen, una especie de
obsesión-compulsión femenina,
sumada al hecho de querer
festejar los 15 años de mi
primer libro, me indujo a
decirle a esta tímida atrevida
que con aro, balde y paleta y
aunque cayeran raíles de punta,
yo estaría esta tarde con ella.
Como no soy ni seré jamás Pocho
Fornet, mis comentarios serán
pálidos al lado de los suyos,
pero me anima igual empeño en
estimular a las autoras y
autores que empiezan a surgir,
ahora que los primeros Pinos,
empezamos ay, a envejecer
biológicamente hablando.
Como no he venido esta tarde a
contar mis primeros cuentos, los
africanos, ni ustedes a
escuchar de mí, pues cumplo con
la promesa que hice a esta escritora que nació en el año
80 del pasado siglo, que un día
comprenderá que 40 años no son
nada, que tiene la timidez que
se agradece en un creador, y el
atrevimiento que se necesita
para seguir adelante. Es muy
importante tomar los premios
como lo que son: un escalón de
abajo y no la cima de la
escalera. No deben asumirse como
el final, sino como el inicio de
la subida, al mismo tiempo que
no nos dejamos apabullar por
ellos.
El libro Tópicos es
justamente eso: El inicio del
nacimiento de la carrera
literaria de Greity, y celebro
mucho que haya sido premiado.
Compuesto por 18 cuentos
de los cuales la tercera parte
son muy breves, muestra una mano
fuerte, de mujer con garra que
no será fácil doblegar. Dotado
de anécdotas tan actuales que
literalmente ocurrieron ayer
mismo o están pasando mientras
nosotras estamos aquí sentadas,
este libro es la revelación de
su autora en su doble condición
de creadora y persona.
La persona Greity que se desnuda
el alma (“¿cómo lograr una
narración que no revele datos de
mi propia vida?” se pregunta en
el cuento Tópicos, para
responderse ella misma “ uno es
lo que escribe y escribe como lo
que es” en “Problemática
actual”), que se transforma para
hablar con voz masculina (en
“Amor a primera vista” y en
“Espectáculo en tres actos”)
mientras conserva el pudor usual
de los escritores noveles.
Así fuimos todas y todos, Greity,
pero tranquila, ya soltarás las
amarras cuando te llegue el
momento, de manera que no
tendrás que aclarar nunca más
que “quiero que todos sepan que
ni soy feminista ni esto es un
alegato” como te ocurrió en el
cuento que da título al libro.
Particular comentario merece el
que considero el cuento más
logrado de todos: “Los dos John
de una Pocahontas del Caribe
Insular”. Ejemplar, diría yo.
Uno de esos cuentos que se
vuelven entrañables para
siempre. Valiente, salido del
corazón y muy pero que muy
femenino. Como esos personajes
de Chéjov a quien rindes
homenaje aún después de
declarar sin decoro (todo libro
es impúdico, querida, y
aprenderás a no temer a esa
desnudez) que el monumental
escritor era un genio machista.
Coraje te sobra, impulso
también.
No pretendo colmarte de elogios
ni aumentar tu timidez
felicitándote en público. Acudo
a tu atrevimiento para retarte
tímidamente a que sigas. No
encuentro mejor manera de
celebrar los primeros 15
años de los Pinos Nuevos que
empujándote en la arrancada,
exigiéndote más, y reclamando a
tu talento de escritora. |