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de 2009

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Entrevista con Fyto manga

La bicicleta del cómic

Helen Hernández Hormilla • La Habana

 Fotos: Equipo La Jiribilla

 


“El manga es como una bicicleta, si se para, te caes”, dijo Marcos Borcoski, más conocido por Fyto Manga, para definir la irrefrenable continuidad y dinamismo de la historieta japonesa, cuyas resonancias sobrepasan con creces las fronteras de la nación asiática en que fue creada. Así lo sostuvo en la presentación de Cómics Chilenos, una antología de la historieta producida en la nación andina, que llega a Cuba como parte de las actividades de la XVIII Feria del Libro. La frase, adelanta dos características indispensables para conocer a este dibujante de 37 años, uno de los más importantes historietistas latinoamericanos contemporáneos: es un amante efusivo de la estética japonesa en el cómic, a la vez que un irrefrenable dibujante.

A los cinco años comenzó esa pasión por llevar a imágenes todas sus obsesiones. Era una muchacho ensimismado, que pasaba todo el tiempo dibujando; pero el manga lo descubrió por amor. Candy, protagonista de la famosa serie de dibujos animados asiáticos de los 80, fue su idilio de adolescente. Lo dice con orgullo, pues esa joven de largos cabellos rubios y ojos enormes le regaló el sentido principal a su vida.

Él fue el primer chileno en introducir ciento por ciento la estética del cómic japonés en su país, allá por el año 1987, "una época donde uno decía "manga" y nadie entendía nada de nada". El nombre de Fyto apareció de muchacho, cuando buscaba una firma corta y sonora con la que identificarse, a lo que luego añadió el elemento distintivo de su carrera.

Aunque confiesa que lo que más le gusta en el mundo es dibujar, que lo haría en todo momento sin importar el tiempo que le deje, esta no es la única de sus ocupaciones. También es graduado en Comunicación Audiovisual, director y productor de películas, artista gráfico y profesor de Story Board y Animatic en la carrera de Comunicación Multimedia y Animación Digital de la Universidad UNIACC, en su país. Actualmente se dedica a las animaciones en  2d y 3d, sobre todo vinculadas a la publicidad. 

En 1994 Fyto creó su propio fanzine: BANZAI! MANGA (Viva el manga!), una revistilla que comenzó a base de fotocopias y rápidamente se convirtió en un magazine profesional en el que aparte de su trabajo, publicaron otros dibujantes andinos como K-MAO, los hermanos Santander,  Jade, Zina Waisman  y Kobal, "el dibujante más distorsionado del planeta", comentó. Además, ha participado en diversos eventos y seminarios en Japón, país al que fue invitado por el Ministerio de Relaciones Exteriores en el año 2003 como parte de una visita cultural.

Ahora se encuentra en Cuba como invitado a la XVIII Feria Internacional del Libro, un encuentro que según dice lo ha dejado impresionado. Aunque el viaje es corto, no deja de aprovechar la oportunidad de intercambiar influencias, dibujos y hasta trazos con los artistas gráficos de la isla, en una visita en la que, tal vez, vayan naciendo nuevos dibujos, porque el secreto de su trabajo es no poner frenos. 

¿Por qué hacer mangas en Chile?

Esta es solo una manera de hacer cómics. El espíritu de la historia, el guión mismo, puede que sea nacional, pero la técnica japonesa me pareció muy atractiva, muy rica en expresividad. Yo comencé a investigar el manga en el año 87, un momento en que nadie tenía idea de lo que estábamos hablando. A mí me llamó la atención conocer porqué los dibujantes japoneses hacían sus cómics de esa manera: los ojos grandes, la peculiaridad al trazar el cabello; pero después de eso, a medida que iba investigando, descubrí una serie de cualidades que lo hacían un estilo único, sobre todo en el aspecto cinemático.  

Tengo vocación de cineasta, soy comunicador audiovisual porque me gusta la imagen en movimiento,  la televisión,  el cine, pero también dibujo. Entonces, una manera maravillosa de unir esas dos tendencias la encontré en el manga, porque puedo hacer una película a tiempo real usando la técnica cinematográfica de los dibujantes japoneses. Sus personajes saben actuar, tienen actitudes, y eso resulta supermotivante.

¿Y usted, cómo llega a hacer cómics?

Yo era un chico muy tímido, que no tenía novia y me la pasaba dibujando al contrario de mis hermanos que salían a fiestas desde muy jóvenes. Yo no y eso me convirtió en una especie de retraído que pasaba dibujando todo el día . Por cosas del destino aparece la serie de televisión: Candy, Candy; la historia de una niña huérfana que crece en un orfanato, pero es muy optimista. Una chica que por esfuerzo propio sale adelante, con un espíritu superfuerte. Era la mujer de mi vida, el espíritu que yo buscaba, además que me gustó porque era una rubia de ojos verdes, con una hermosa cabellera. Por eso me enamoré y la dibujaba todo el tiempo, y de pronto todos los personajes que hacía tenían los ojos grandes. Con el paso del tiempo, cuando me di cuenta de que estaba totalmente encantado con ese estilo, empecé a investigar y percibí que existía una historieta así. Aquello era un cómic romántico; pero descubrí que existían otras historias de deporte, de ciencia ficción, que había una  forma de diseñar personajes para un público más amplio. De todo eso salí yo. Esa es la idea, llegué al cómic por amor. 

Usted se refirió al manga como una revolución en la historieta mundial. ¿Qué lo hace sostener esta tesis?

Hay tres tipos de historietas: la norteamericana, la europea y la japonesa. Durante muchos años, para nosotros en América Latina, la Europea y la norteamericana estuvieron compitiendo por el lugar más popular, para terminar ganando la norteamericana. Pero nadie hablaba de manga y entonces, los que estábamos metidos en estas tendencias, empezamos a mirarlas y darnos cuenta de que significaba la otra potencia del cómic, escondida y rechazada por muchos porque lo que llegaba en Latinoamérica era la versión en dibujos animados del manga: el anime, su otra cara. 

En Japón la cosa es muy industrializada, es increíble la cantidad de material manga de todo tipo que puedes encontrar, y eso lo hace grande. El sistema industrial de la historieta japonesa es el más grande del mundo, más que el de EE.UU. Entonces, los que comenzamos a investigar nos dimos cuenta de que esta cuestión era monstruosa,  gigantesca. Los norteamericanos tienen también sus aciertos, están muy apoyados por la industria del cine, de los súper héroes. Pero el anime y el manga representan una fuerza que les hace el peso. 

¿Cómo se integra esta estética a la historieta de su país?

En mi experiencia personal, te digo que uso la técnica, los personajes con ojos grandes, estereotipos, íconos, gestos, poses; pero la realidad puede ser la de una familia de clase media o pobre, o la historia de un chico de un colegio en Chile, o de un científico chileno que inventa una máquina. Es solo una manera de hacer, no contamina. Además, nosotros no tenemos una escuela chilena de cómics que pueda reclamar que yo use esta estética o la otra. Creo que a la larga, de la mezcla de los mangas y de los que dibujan al estilo norteamericano,  va a salir algo chileno.  

¿Cuáles son las principales dificultades de los dibujantes de su país en la actualidad?

El tema de la publicación es muy fuerte, porque nadie quiere editar historietas. Es muy difícil para nosotros vivir del dibujo, porque las editoriales no quieren saber de cómics, a no ser que hablen de la historia de Chile o de los problemas de la juventud, y a mí me interesan otras cosas, me interesa la ciencia ficción y la onda ciberpunk. Lo que hago es tratar de autofinanciarme los libros como puedo, pero eso me limita porque yo soy un artista, no un negociante.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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