“El manga es como una bicicleta,
si se para, te caes”, dijo
Marcos Borcoski, más conocido
por Fyto Manga, para definir la
irrefrenable continuidad y
dinamismo de la historieta
japonesa, cuyas resonancias
sobrepasan con creces las
fronteras de la nación asiática
en que fue creada. Así lo
sostuvo en la presentación de
Cómics Chilenos, una
antología de la historieta
producida en la nación andina,
que llega a Cuba como parte de
las actividades de la XVIII
Feria del Libro. La frase,
adelanta dos características
indispensables para conocer a
este dibujante de 37 años, uno
de los más importantes
historietistas latinoamericanos
contemporáneos: es un amante
efusivo de la estética japonesa
en el cómic, a la vez que un
irrefrenable dibujante.
A los cinco años comenzó esa
pasión por llevar a imágenes
todas sus obsesiones. Era una
muchacho ensimismado, que pasaba
todo el tiempo dibujando; pero
el manga lo descubrió por amor.
Candy, protagonista de la famosa
serie de dibujos animados
asiáticos de los 80, fue su
idilio de adolescente. Lo dice
con orgullo, pues esa joven de
largos cabellos rubios y ojos
enormes le regaló el sentido
principal a su vida.
Él fue el primer
chileno en introducir ciento por
ciento la
estética del cómic japonés en su
país, allá por el año 1987, "una
época donde uno decía "manga" y
nadie entendía nada de nada".
El nombre de Fyto apareció de
muchacho, cuando buscaba una
firma corta y sonora con la que
identificarse, a lo que luego
añadió el elemento distintivo de
su carrera.
Aunque confiesa que lo que más
le gusta en el mundo es dibujar,
que lo haría en todo momento sin
importar el tiempo que le deje,
esta no es la única de sus
ocupaciones. También es graduado en
Comunicación Audiovisual,
director y productor de
películas, artista gráfico y
profesor de Story Board y
Animatic en la carrera de
Comunicación Multimedia y
Animación Digital de la Universidad UNIACC,
en su país. Actualmente se
dedica a las animaciones en
2d y 3d, sobre todo vinculadas a
la publicidad.
En 1994 Fyto creó su propio fanzine: BANZAI! MANGA (Viva el
manga!), una revistilla que comenzó a base de fotocopias
y rápidamente se convirtió en un magazine profesional
en el que aparte de su trabajo,
publicaron otros dibujantes
andinos como K-MAO,
los hermanos Santander,
Jade, Zina Waisman y Kobal,
"el
dibujante más distorsionado del
planeta", comentó.
Además, ha participado en diversos
eventos y seminarios en Japón,
país al que fue invitado por el
Ministerio de Relaciones
Exteriores en el año 2003 como
parte de una visita cultural.
Ahora se encuentra en Cuba como
invitado a la
XVIII Feria Internacional del
Libro, un encuentro que según
dice lo ha dejado impresionado.
Aunque el viaje es corto, no
deja de aprovechar la
oportunidad de intercambiar
influencias, dibujos y hasta
trazos con los artistas gráficos
de la isla, en una visita en la
que, tal vez, vayan naciendo
nuevos dibujos, porque el
secreto de su trabajo es no
poner frenos.
¿Por qué hacer mangas en Chile?
Esta es solo una manera de hacer cómics. El
espíritu de la historia, el
guión mismo, puede que sea
nacional, pero la técnica
japonesa me pareció muy
atractiva, muy rica en
expresividad. Yo comencé
a investigar el manga en el año 87,
un momento en que
nadie tenía idea de lo que
estábamos hablando. A mí me llamó la atención
conocer porqué los dibujantes japoneses
hacían sus cómics de esa manera:
los ojos grandes, la
peculiaridad al trazar el cabello; pero
después de eso, a medida que iba
investigando, descubrí una serie
de cualidades que lo hacían un
estilo único, sobre
todo en el aspecto cinemático.
Tengo vocación de cineasta, soy
comunicador audiovisual porque me gusta la
imagen en movimiento,
la televisión, el cine,
pero también dibujo. Entonces, una
manera maravillosa de unir esas
dos tendencias la encontré en el manga,
porque puedo hacer una película
a tiempo real usando la técnica
cinematográfica de los
dibujantes japoneses. Sus
personajes saben
actuar, tienen actitudes, y eso
resulta supermotivante.
¿Y usted, cómo llega a hacer
cómics?
Yo era un chico muy tímido, que
no tenía novia y me la
pasaba dibujando al contrario de
mis hermanos que salían a fiestas desde muy
jóvenes. Yo no y eso me
convirtió en una especie de
retraído que pasaba dibujando todo el día
. Por cosas del destino aparece
la serie de televisión: Candy, Candy;
la historia de una
niña huérfana que crece en un
orfanato, pero es muy optimista. Una
chica que por esfuerzo propio
sale adelante, con un espíritu superfuerte.
Era la mujer de mi vida, el
espíritu que yo buscaba, además
que me gustó porque era una
rubia de ojos verdes, con una
hermosa cabellera. Por eso me enamoré
y la
dibujaba todo el tiempo, y de
pronto todos los personajes que hacía tenían los ojos
grandes. Con el paso del
tiempo, cuando me di cuenta de
que estaba totalmente encantado
con ese estilo, empecé a
investigar y percibí que existía
una historieta así. Aquello era
un cómic romántico; pero descubrí que
existían otras historias de deporte, de
ciencia ficción, que había una forma
de diseñar personajes para un
público más amplio. De todo eso
salí yo. Esa es la idea, llegué
al cómic por amor.
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Usted se refirió al manga como
una revolución en la historieta
mundial. ¿Qué lo hace sostener
esta tesis?
Hay tres tipos de historietas:
la norteamericana, la europea y
la japonesa. Durante muchos
años, para nosotros en América
Latina, la Europea y la
norteamericana estuvieron
compitiendo por el lugar más
popular, para terminar ganando
la norteamericana. Pero nadie hablaba de
manga y entonces, los que
estábamos metidos
en estas tendencias, empezamos a
mirarlas y darnos cuenta de que
significaba la otra potencia del
cómic, escondida y rechazada por
muchos porque lo que llegaba en
Latinoamérica era
la versión en dibujos animados
del manga: el anime, su otra
cara.
En Japón la cosa es muy
industrializada, es increíble
la cantidad de material manga de
todo tipo que puedes encontrar,
y eso lo hace grande. El sistema
industrial de la historieta
japonesa es el más grande del
mundo, más que el de EE.UU. Entonces, los
que comenzamos a investigar
nos dimos cuenta de que esta cuestión era
monstruosa, gigantesca.
Los norteamericanos tienen
también sus aciertos, están muy
apoyados por la industria del
cine, de los súper héroes. Pero
el anime y el manga representan
una fuerza que les hace el peso.
¿Cómo se integra esta estética
a la historieta de su país?
En mi experiencia personal, te
digo que uso la técnica, los
personajes con ojos grandes,
estereotipos, íconos, gestos,
poses; pero la realidad puede
ser la de una familia de clase
media o pobre, o la historia de
un chico de un colegio en Chile,
o de un científico
chileno que inventa una máquina.
Es solo una manera de hacer, no
contamina. Además, nosotros
no tenemos una escuela chilena
de cómics que pueda reclamar que
yo use esta estética o la otra.
Creo que a la larga, de la
mezcla de los mangas y de los que
dibujan al estilo
norteamericano, va a salir algo
chileno.
¿Cuáles son las principales
dificultades de los dibujantes
de su país en la actualidad?
El tema de la publicación es muy
fuerte, porque nadie quiere
editar historietas. Es muy
difícil para nosotros vivir del
dibujo, porque las editoriales no
quieren saber de cómics, a no
ser que hablen de la historia de
Chile o de los problemas de la
juventud, y a mí me interesan
otras cosas, me interesa la
ciencia ficción y la onda
ciberpunk. Lo que hago es tratar
de autofinanciarme los libros como
puedo, pero eso me limita porque yo soy un artista,
no un negociante. |