Los niños que leyeron en su
primera edición cubana
Malditas matemáticas, o
algunas de las historias del
enano Ulrico (Ulrico y la
flecha de cristal, La
magia más poderosa, etc.)
deben estar llegando a la edad
de encontrar a Calvina,
una nueva entrega de Carlo
Frabetti, esta vez para
adolescentes. Una novela
inquietante, plena de humor,
ironía, suspense, que en
su ruptura acompaña la
maduración de los pequeños
lectores que ya van creciendo,
comenzará la noche en que
Lucrecio el Rata intente un
allanamiento de morada en la
casa de Calvino, y Calvino
responda con un allanamiento
existencial en el caso de
Lucrecio. ¿Y en realidad todo
empezará esa noche? ¿Y en
realidad?
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Mientras, textos como La
magia más poderosa
presuponían todo el tiempo que
lo que pudiéramos considerar
mágico no es sino ilusorio,
moviéndose entre los márgenes
del “no creer”, esta vez, con
Calvina, junto a una
frecuente búsqueda y aparición
de explicaciones racionales,
aunque peculiares —lógica del
disparate—, emerge una nueva
posibilidad, la libertad para
“querer creer”. “[…L]as cosas no
son esto o lo otro: a menudo son
esto y lo otro”, explica un
personaje en uno de los primeros
capítulos, desde uno de los
tantos espacios que en este
libro parecen una cosa y son
otra, el manicomio biblioteca,
¿o al revés?
Junto a la ambigüedad o la
dualidad, la verosimilitud marca
particularmente a Calvina,
cuya trama fluye más en el
contexto de lo peculiar que en
la ficcionalidad. Los personajes
son en general personas que
pudiéramos conocer en nuestro
día a día: un niño, un par de
delincuentes, una bibliotecaria,
un plomero, si bien casi todos
con el rasgo común de amar los
libros ¿con locura? La magia,
por su parte, surge y se
desvanece con el enano Licuro
que, por cierto, a partir de un
punto ya no vuelve a aparecer,
lo que hace pensar que bien
pudiera regresar en cualquier
nueva propuesta de Frabetti,
como lo hace su similar Ulrico.
Una curiosidad de Calvina está
en que su progresión dramática
está dada por una dinámica de lo
sorpresivo, en ocasiones por
encima de lo sorprendente, como
recurso del suspense. Ya
no solo es cuestión de que la
trama vaya proponiendo
incógnitas de postergada
solución, sino que cierto ritmo
interno avisa al lector que es
hora de esperar un nuevo asombro
que torne la historia aún más
delirante. Esto desde el propio
título, el nombre de un
personaje ausente durante
páginas y páginas, y que al cabo
de tantas situaciones
inesperadas y desdoblamientos se
convierte en la promesa de algo
auténticamente impredecible y
tal vez escabroso. Sí, porque
Calvina, aún en el humor y
la ironía, por momentos
incursiona en la literatura de
horror, que junto a las
complejidades narrativas y
filosóficas de la historia,
ampliamente justifica la
inserción de este libro en la
colección Veintiuno, la
biblioteca para adolescentes de
la Editorial Gente Nueva.
Dentro de su colección,
Calvina dialoga con el
título que del propio autor
viera la luz el pasado año El
cuervo dijo nunca más, en
tanto el de 2008 funciona como
una introducción al gusto por la
poesía, y esta vez la
bibliofilia de los personajes
incita con alusiones, más que
con intertextos, a la lectura de
los clásicos de la narrativa
para niños y jóvenes, incluso a
la aproximación a aquellos
textos que en su momento no
fueron concebidos para estas
edades, pero que hoy sí se
consideran parte de su
patrimonio cultural. Por su
parte, las ilustraciones,
excelentes en su
caracterización, enriquecen las
propuestas con los títulos de
algunos clásicos para adultos.
Entre las regularidades formales
de la obra de Frabetti presentes
en esta obra está el ejercicio
de la lógica y la retórica en
los parlamentos, con enunciados
que, al asumirse con
literalidad, dan lugar al
absurdo y, en consecuencia, el
ridículo de quien da por sentado
lo convencional, donde llama la
atención un cierto gusto por la
humillación del interlocutor,
que se neutraliza con valores
éticos manifiestos incluso en
los personajes del bajo mundo;
rateros, pero amigos fieles.
También persiste la promoción de
las nuevas tecnologías como
fuente de información que lejos
de sustituir al libro se vuelven
sus análogos.
Finalmente, más que tanta
caracterización que ya viene
sobrando, valga la invitación de
la mañana en que Lucrecio el
rata se levanta temprano para ir
al manicomio biblioteca, pero
llega a la biblioteca manicomio
para volverse a acostar: “[…]
vamos […] donde están los libros
alocados. Los libros escritos
por locos maravillosos o que
tratan sobre lo que las personas
vulgares llaman locura”.
Disfruta, lector adolescente,
lector adulto, esta historia
doblemente loca. |