Como se ha hecho habitual, la
Feria Internacional del Libro de
La Habana se convierte en
espacio de debate, de
intercambio de experiencias y
perspectivas no solo del
acontecer literario o cultural
más amplio, sino también acerca
de las condiciones sociales,
económicas y políticas que
identifican al contexto
internacional y regional.
En esta XVIII edición, los dos
primeros días han sido dedicados
al Seminario Internacional La
crisis financiera global:
Impactos en la reforma de las
Naciones Unidas y en la
cooperación para el desarrollo,
organizado por la Facultad
Latinoamericana de Ciencias
Sociales (FLACSO), la Fundación
Carolina ―que promueve las
relaciones culturales y
científicas entre España y la
Comunidad Iberoamericana de
Naciones― y el gobierno de Cuba,
en función de propiciar un
debate rico en visiones y
propuestas en relación con la
actual crisis económica mundial,
así como las posibles
implicaciones del conflicto para
América Latina y el Caribe.
En un primer encuentro, el panel
estuvo integrado por Ricardo
Alacrón de Quesada, presidente
de la Asamblea Nacional del
Poder Popular; Osvaldo Martínez,
director del Centro de
Investigaciones de la Economía
Mundial (CIEM); Francisco Rojas,
secretario general de FLACSO y
Tomás Mayo, de la Fundación
Carolina.
En un primer momento de la
jornada, los panelistas
expusieron su visión respecto a
la crisis, la reforma que debe
operarse en el accionar de las
Naciones Unidas y la cooperación
Sur-Sur como la carta de triunfo
de los países en desarrollo.
Francisco Rojas recordó que la
actual crisis expresa sus
mayores resultados negativos en
el costo social que ya ha
empezado a avizorarse: aumento
del desempleo y de los índices
de pobreza, propiciados por la
reducción abrupta de los
ingresos. Por tal motivo, el
directivo de la FLACSO exhortó a
“recuperar una mirada de
carácter político que nos
permita enfrentar las reformas
del multilateralismo y la
cooperación sur-sur, recuperar
el debate plural y profundo (…)
para crecer e integrarnos”.
En este sentido, Ricardo Alarcón
reconoció como “urgente y
necesaria” una reforma del
sistema económico nacional que
se sustente en una
transformación radical de las
Naciones Unidas, como
organización rectora de las
relaciones entre los países. “No
se puede avanzar mucho en la
esfera de la cooperación si no
se avanza en las reformas de las
Naciones Unidas ―alertó en su
intervención―, ya que esta
organización tiene un enorme
significado que hay que
reivindicar y salvar.”
Por su parte, Osvaldo Martínez
comentó que solo estamos en la
primera etapa de la crisis y que
“lamentablemente queda mucho por
ver de ella”. El economista
identificó, además, al conflicto
como un proceso de destrucción
de las fuerzas productivas, con
serios embates en la economía
financiera y real de todos los
países.
Finalmente, los aspectos
negativos de la crisis ―antes
señalados en el plano teórico―,
fueron apellidados con cifras:
Según datos del CIEM,
actualmente existen unos 1 400
millones de personas en
condiciones de pobreza extrema y
unos 963 millones de
hambrientos, consecuencia de lo
que Osvaldo Martínez denominó
“falta de ética y
deshumanización” de las
soluciones coyunturales, que se
ha puesto de relieve en las
medidas contra la crisis.
La segunda y última jornada del
Seminario dio inicio en la Sala
Nicolás Guillén con la ponencia
Crisis financiera
internacional.
Consecuencias para América
Latina y el Caribe, a cargo
de Ricardo Ripstein,
subsecretario de Desarrollo del
Espacio del Libre Comercio de la
Secretaría General de la ALADI.
En el encuentro, quedó claro que
la crisis económica hilvana los
debates de especialistas
alrededor de cuatro preguntas
básicas: qué provocó la crisis,
cuál es su naturaleza exacta,
qué políticas implementan
quienes la generaron y cuán
efectivas pueden ser, cuáles son
los efectos de la recesión sobre
América Latina y el Caribe y qué
se proponen nuestros gobiernos
como medidas.
Para Ripstein, la actual crisis
contribuye a frenar ―al mismo
tiempo en que debería
propiciarla― la integración
regional entre los 28 países que
conforman Latinoamérica. Sin
embargo, reconoció que los
gobiernos del Continente “han
empezado ya a asumirla,
paulatinamente, conscientes de
que la cooperación es el único
antídoto para nuestras
naciones”.
Por su parte, Antonio Romero,
director de Relaciones para la
Integración y Cooperación del
Sistema Económico
Latinoamericano y del Caribe (SELA),
planteó que, a pesar de la
unidad que caracteriza a la
región en muchos factores, serán
las diferencias entre los países
quienes determinen la medida en
que impacte sobre ellos la
crisis. Entre estas diferencias,
Romero señaló el grado de
apertura externa de cada nación;
el nivel, tamaño y dinamismo de
sus mercados; la solidez de sus
recursos humanos e innovaciones;
el saldo de sus finanzas y el
nivel de desarrollo de sus
esferas productivas.
Para el investigador, “la crisis
aún no ha mostrado sus
verdaderas consecuencias; pero
ya queda claro que una
aceleración de su impacto
contribuiría a acentuar las
desigualdades entre empresas,
sectores sociales y países”.
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Como respuestas que se hacen
urgentes, Romero identificó las
acciones en tres “frentes”
fundamentales: nacional,
regional y mundial. A nivel
doméstico, reconoce que es
preciso combinar políticas que
acorten la coyuntura, que
diseñen estrategias a mediano y
largo plazos: “entre ellas, la
correcta distribución fiscal y
monetaria, así como priorizar la
asistencia financiera a los
sectores económicos y sociales
más desfavorecidos. Es decir,
se impone la revisión de las
políticas de liberalización
financiera que han sido
adoptadas en los últimos años”.
En relación con estrategias
regionales, reconoció que “lo
más importante es apoyar el
desarrollo y la integración de
la región; reactivar, fortalecer
y generalizar fondos financieros
regionales y acuerdos de pago
entre los países; así como
articular debates entre nuestros
gobiernos, de modo que la
unificación de voces repercuta
en que los intereses del
Continente sean tomados en
cuenta”.
Casi al final del encuentro, el
director de la División de
Comercio Internacional e
Integración de la CEPAL, Osvaldo
Rosales, ofreció un panorama del
estado en que se encuentra
América Latina para enfrentar
esta crisis, reconocida como la
mayor que ha visto el mundo
desde la década del 30.
Rosales explicó que en el año
2008, América Latina y el Caribe
experimentaron un crecimiento de
4,6%, lo que constituye su sexto
año consecutivo de ascenso. “Por
tanto ―afirmó― está mejor
preparada que en otras ocasiones
para enfrentar la crisis, aunque
no dejará de recibir su
impacto”.
De esta forma, investigadores
latinoamericanos y de otras
partes del mundo se reúnen en
función de confrontar criterios,
valoraciones y propuestas, que
no solo hacen del público que
los escucha personas más
preparadas y clarividentes,
sino que contribuyan a
instrumentar lo que parece ser
criterio común: aprender de
crisis previas y pensar en el
futuro, más allá de las
coyunturas. |