Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Crisis financiera internacional 

Aprender del pasado y mirar al futuro

Marianela González • La Habana

Fotos: Equipo de La Jiribilla



Como se ha hecho habitual, la Feria Internacional del Libro de La Habana se convierte en espacio de debate, de intercambio de experiencias y perspectivas no solo del acontecer literario o cultural más amplio, sino también acerca de las condiciones sociales, económicas y políticas que identifican al contexto internacional y regional.

En esta XVIII edición, los dos primeros días han sido dedicados al Seminario Internacional La crisis financiera global: Impactos en la reforma de las Naciones Unidas y en la cooperación para el desarrollo, organizado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), la Fundación Carolina ―que promueve las relaciones culturales y científicas entre España y la Comunidad Iberoamericana de Naciones― y el gobierno de Cuba, en función de propiciar un debate rico en visiones y propuestas en relación con la actual crisis económica mundial, así como las posibles implicaciones del conflicto para América Latina y el Caribe.

En un primer encuentro, el panel estuvo integrado por Ricardo Alacrón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; Osvaldo Martínez, director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM); Francisco Rojas, secretario general de FLACSO  y Tomás Mayo, de la Fundación Carolina.

En un primer momento de la jornada, los panelistas expusieron su visión respecto a la crisis, la reforma que debe operarse en el accionar de las Naciones Unidas y la cooperación Sur-Sur como la carta de triunfo de los países en desarrollo.

Francisco Rojas recordó que la actual crisis expresa sus mayores resultados negativos en el costo social que ya ha empezado a avizorarse: aumento del desempleo y de los índices de pobreza, propiciados por la reducción abrupta de los ingresos. Por tal motivo, el directivo de la FLACSO exhortó a “recuperar una mirada de carácter político que nos permita enfrentar las reformas del multilateralismo y la cooperación sur-sur, recuperar el debate plural y profundo (…) para crecer e integrarnos”.   

En este sentido, Ricardo Alarcón reconoció como “urgente y necesaria” una reforma del sistema económico nacional que se sustente en una transformación radical de las Naciones Unidas, como organización rectora de las relaciones entre los países. “No se puede avanzar mucho en la esfera de la cooperación si no se avanza en las reformas de las Naciones Unidas ―alertó en su intervención―, ya que esta organización tiene un enorme significado que hay que reivindicar y salvar.”

Por su parte, Osvaldo Martínez comentó que solo estamos en la primera etapa de la crisis y que “lamentablemente queda mucho por ver de ella”. El economista identificó, además, al conflicto como un proceso de destrucción de las fuerzas productivas, con serios embates en la economía financiera y real de todos los países.

Finalmente, los aspectos negativos de la crisis ―antes señalados en el plano teórico―, fueron apellidados con cifras:

Según datos del CIEM, actualmente existen unos 1 400 millones de personas en condiciones de pobreza extrema y unos 963 millones de hambrientos, consecuencia de lo que Osvaldo Martínez denominó “falta de ética y deshumanización” de las soluciones coyunturales, que se ha puesto de relieve en las medidas contra la crisis.

La segunda y última jornada del Seminario dio inicio en la Sala Nicolás Guillén con la ponencia Crisis financiera internacional. Consecuencias para América Latina y el Caribe, a cargo de Ricardo Ripstein, subsecretario de Desarrollo del Espacio del Libre Comercio de la Secretaría General de la ALADI.

En el encuentro, quedó claro que la crisis económica hilvana los debates de especialistas alrededor de cuatro preguntas básicas: qué provocó la crisis, cuál es su naturaleza exacta, qué políticas implementan quienes la generaron y cuán efectivas pueden ser, cuáles son los efectos de la recesión sobre América Latina y el Caribe y qué se proponen nuestros gobiernos como medidas.

Para Ripstein, la actual crisis contribuye a frenar ―al mismo tiempo en que debería propiciarla― la integración regional entre los 28 países que conforman Latinoamérica. Sin embargo, reconoció que los gobiernos del Continente “han empezado ya a asumirla, paulatinamente, conscientes de que la cooperación es el único antídoto para nuestras naciones”.

Por su parte, Antonio Romero, director de Relaciones para la Integración y Cooperación del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA), planteó que, a pesar de la unidad que caracteriza a la región en muchos factores, serán las diferencias entre los países quienes determinen la medida en que impacte sobre ellos la crisis. Entre estas diferencias, Romero señaló el grado de apertura externa de cada nación; el nivel, tamaño y dinamismo de sus mercados; la solidez de sus recursos humanos e innovaciones; el saldo de sus finanzas y el nivel de desarrollo de sus esferas productivas.

Para el investigador, “la crisis aún no ha mostrado sus verdaderas consecuencias; pero ya queda claro que una aceleración de su impacto contribuiría a acentuar las desigualdades entre empresas, sectores sociales y países”.

Como respuestas que se hacen urgentes, Romero identificó las acciones en tres “frentes” fundamentales: nacional, regional y mundial. A nivel doméstico, reconoce que es preciso combinar políticas que acorten la coyuntura, que diseñen estrategias a mediano y largo plazos: “entre ellas, la correcta distribución fiscal y monetaria, así como priorizar la asistencia financiera a los sectores económicos y sociales más desfavorecidos.  Es decir, se impone la revisión de las políticas de liberalización financiera que han sido adoptadas en los últimos años”. En relación con estrategias regionales, reconoció que “lo más importante es apoyar el desarrollo y la integración de la región; reactivar, fortalecer y generalizar fondos financieros regionales y acuerdos de pago entre los países; así como articular debates entre nuestros gobiernos, de modo que la unificación de voces repercuta en que los intereses del Continente sean tomados en cuenta”.

Casi al final del encuentro, el director de la División de Comercio Internacional e Integración de la CEPAL, Osvaldo Rosales, ofreció un panorama del estado en que se encuentra América Latina para enfrentar esta crisis, reconocida como la mayor que ha visto el mundo desde la década del 30.

Rosales explicó que en el año 2008, América Latina y el Caribe experimentaron un crecimiento de 4,6%, lo que constituye su sexto año consecutivo de ascenso. “Por tanto ―afirmó― está mejor preparada que en otras ocasiones para enfrentar la crisis, aunque no dejará de recibir su impacto”.

De esta forma, investigadores latinoamericanos y de otras partes del mundo se reúnen en función de confrontar criterios, valoraciones y propuestas, que no solo hacen del público que los escucha personas más preparadas y clarividentes, sino  que contribuyan a instrumentar lo que parece ser criterio común: aprender de crisis previas y pensar en el futuro, más allá de las coyunturas.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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