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En el primer día de encuentros
literarios y académicos de esta
XVIII Feria Internacional del
Libro de La Habana, la sala José
Antonio Portuondo de San Carlos
de la Cabaña reunió a un grupo
de reconocidos poetas chilenos
para presentar un panel sobre
este género en la literatura
contemporánea del país austral.
Carmen Berenguer, Elicura
Chihuailaf, Raúl Zurita, Omar
Lara y Reinaldo Lacámara como
moderador, representantes del
país invitado de honor a esta
feria, formaron una mesa de lujo
en la que diferentes estilos y
tendencias, múltiples formas de
entender y acercarse a la
poesía, ofrecieron a los
presentes una apreciación de los
derroteros de la lírica chilena.
A través de temas como la
identidad nacional, el pasado
bajo la dictadura, la
creatividad de la mujer poeta y
la misma naturaleza de la
vocación poética, los escritores
ofrecieron a modo de comentarios
algunas claves para comprender
por qué sus versos han
trascendido las fronteras de
Chile para ser reconocidos
internacionalmente.
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Elicura Chihuailaf (1952), poeta
de origen mapuche, ha
contribuido a que la poesía de
este pueblo indígena sea
conocida en el mundo. El origen
de sus versos puede encontrarse
en
la oralidad del pueblo mapuche,
según ha dicho, y en ellos
influyen la memoria y la
historia. “Es un pueblo que ha
tenido que vivir en constantes
luchas —afirmó en su
intervención— que nosotros
asumimos por ternura, en defensa
de la naturaleza y de la madre
tierra, como dice nuestra gente.
Le tocó a nuestro pueblo tener
una lucha de siglos en contra de
un imperialismo equivalente
entonces al estadounidense de
hoy, el imperialismo español,
que en Chile retoma sus bríos a
través de los grandes
empresarios que están generando
nuevamente una situación de
fuerte conflicto, con ayuda del
estado chileno, y que
indudablemente ha ido marcando
nuestra poesía y escritura,
también diversa y cada vez más
numerosa. Lo que no significa
que la poesía mapuche no haya
existido antes, sino que en
nuestras comunidades sigue
dándose lo mejor de ella a
través del canto”.
El poeta Omar Lara (1941) fundó
y dirigió el grupo y la revista
de poesía Trilce
—publicación que actualmente
está en su tercera época— en
1964, desde un exilio que duró
hasta 1981, y entre otros
premios obtuvo en 1975 el Casa
de las Américas de Poesía con su
libro
Oh buenas maneras.
Acaba de publicar en Ediciones
Holguín el cuaderno Vida,
toma mi mano, que será
presentado en la Feria del Libro
de esa provincia. Sobre la
insoslayable relación entre la
poesía chilena y la historia del
país comenta: “Mi pertenencia es
básicamente trilceana. Trilce
implica no solamente un
gesto grupal en Valdivia en
1964, sino también una postura
de ideas, una postura incluso
promocional de una cultura de
generación. (...) De ahí
provengo, de ahí nacieron una
serie de hechos: fui una víctima
del golpe de Estado, estuve
exiliado, estuve preso... cuento
esto porque de esa situación
también nacieron trabajos
literarios, proyectos incluso.
De hecho fuimos los primeros en
hacer una antología de la poesía
chilena, que se llamó Poesía
chilena de exilio y resistencia,
que comenzamos a preparar
casi inmediatamente después del
golpe como una manera de ir
preservando, pero sobre todo
reordenando una geografía de la
poesía chilena absolutamente
fragmentada, castigada y casi
desvanecida de la memoria”.
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Carmen Berenguer (1946),
recientemente ganadora del
Premio Iberoamericano de Poesía
Pablo Neruda 2008, presenta en
esta Feria el poemario
Naciste pintada, del Fondo
Editorial Casa de las Américas.
Además de relatar sus comienzos
en la poesía, su estancia en
EE.UU. cuando el golpe de Estado
y la evidencia de culpabilidad
que percibió en aquel país, en
su intervención se refirió a la
tradición literaria chilena y a
las nuevas generaciones de
escritores: “En los años 80
surge, por distintas formas, en
un lugar de rotunda opresión,
donde no se podía publicar sin
pedir permiso, un corpus
de poetas, precedentes o no, que
incorporaron otros elementos a
la página, como la visualidad.
Me estoy refiriendo a Raúl
Zurita, Gonzalo Millán, Gonzalo
Muñoz, Diego Maquieira, etc. En
ese entonces, esas lecturas,
para nosotros que éramos un
poquito más desarrapados, que
estábamos en la lucha y los
gremios porque nos había tocado
estar allí, provocaron un sismo
chileno, un sismo poético y de
vanguardias”.
Raúl Zurita (1950), Premio
Nacional de Literatura en 2000 y
poeta distinguido hace tres años
con el Premio de Poesía José
Lezama Lima de Casa de las
Américas, que desde la
publicación de Purgatorio
en 1979 se entronó, no sin
polémica, como uno de los
grandes poetas chilenos
contemporáneos, reflexionó sobre
la naturaleza de la poesía y de
la vocación artística en
general: “Cada vez me resulta
más difícil, en lo personal,
decir quién escribe, quién
empieza a escribir en un
lenguaje que aunque sea del más
radical conversacionalismo, de
la más radical antipoesía, no es
el lenguaje con el que uno se
toma un café. Empieza lo que la
tradición eclesiástica llama
‘hablar en lenguas’. Tengo la
sensación de que esa parte del
yo es cada vez más un residuo,
es solamente un receptáculo tal
vez consciente de fuerzas, de
voces, de ámbitos, de recuerdos,
de premoniciones que uno a duras
penas controla y vislumbra. Creo
que es bastante ilustrador el
hecho de que muchos poetas
inteligentes son muy buenos
críticos y capaces de formular
teorías formidables y, sin
embargo, son muy débiles al
explicar un poema propio. (...)
A los sonetos de Shakespeare le
importaban realmente muy poco
cuáles eran los afanes, las
tristezas, las ambiciones,
neurosis y alegrías de ese tal
Shakespeare, porque lo único que
querían era ser los sonetos de
Shakespeare”. |