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Cuál es el papel de las Ciencias
Sociales en el proceso
revolucionario cubano, fue una
de las interrogantes que
reunieron a cuatro destacados
intelectuales de la Isla: Jorge
Ibarra, Rafael Hernández,
Aurelio Alonso y Mayra Espina,
en un panel que sesionó este
viernes 13 de febrero en la
Feria Internacional del Libro
2009.
Bajo el nombre Ciencias Sociales
y Revolución el panel abordó,
desde distintos puntos de vista
profesionales, las dificultades,
retos y perspectivas del sector
en Cuba. Así como los derroteros
por los que ha atravesado a lo
largo de la historia.
Aurelio Alonso, director de la
revista Casa de las Américas,
recorrió brevemente la historia
del desarrollo de las Ciencias
Sociales en Cuba, desde la
consolidación de la nacionalidad
cubana en el siglo XIX, de la
mano de figuras como Félix
Varela, José Antonio Saco y José
de la Luz y Caballero, hasta el
proceso revolucionario que llega
a nuestros días. Dentro de este
recorrido, el intelectual puso
especial énfasis en los años 70
y 80 del siglo pasado, cuando se
erigieron numerosas
instituciones vinculadas a esta
rama del conocimiento, pero
adolecieron de burocratismo y
“trataron de embotellar el
pensamiento”. Sin embargo,
abrieron un espacio de trabajo
importante para el cientista
social.
En cambio, Rafael Hernández,
director de la revista Temas,
centró su intervención
exclusivamente en el período
revolucionario, al definir dos
tendencias que han anquilosado
el quehacer científico: el
dogmatismo y el sectarismo.
Según el politólogo, el primero
se caracteriza por rechazar como
herética o enemiga toda
refutación de aquellas verdades
esenciales que postula. “La
visión dogmática cierra el
universo del discurso y realiza
una lectura fundamentalista de
los textos canónicos”, remarcó.
Por otro lado, Hernández explicó
que los rasgos esenciales que
definen al sectarismo son la
intransigencia y la
introspección. Además, destacó
que se suele entender la
disciplina como obediencia y a
todo aquello que afecte el
unanimismo como un elemento
disgregador. “Tomar conciencia
de esta política puede ser un
primer paso para eliminarla”,
concluyó el escritor.
Refiriéndose a otra de las
condiciones que socavan a este
sector de las ciencias en Cuba,
el Premio Nacional de Ciencias
Sociales Jorge Ibarra resaltó la
poca difusión que ofrecen los
medios nacionales y afirmó que
resulta necesario ampliar el
fondo editorial con que cuentan
las instituciones
especializadas. Otro de los
ejemplos que brindó el
intelectual fue que no existe en
el país una revista de historia
con alcance nacional donde los
estudiosos puedan discutir los
problemas de su profesión.
La sociología, otra de las
ciencias que se incluye dentro
del catálogo de la rama, fue
defendida por la investigadora y
profesora universitaria Mayra
Espina, quien rechazó que se
vincule la disciplina con
tendencias burguesas, y destacó
la necesidad del proceso cubano
de autoanalizarse desde una
perspectiva integradora, que no
atomice el pensamiento y las
investigaciones sociológicas. |