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Amigos de la presidencia,
Delegación chilena,
Amigos y amigas aquí presentes
en esta XVIII Feria
Internacional del Libro de La
Habana:
Primero que nada quisiera
agradecer este honor que nos han
conferido al invitarnos
justamente como el país
principal en esta maravillosa
Feria Internacional. Quiero
agradecer porque entiendo que
esta invitación no es solo a
esta Presidenta de Chile, ni a
nuestras letras, ni a los
escritores y escritoras que hoy
nos acompañan, sino al conjunto
de la cultura de un país. Mi
país, que ha tenido, como todos
en nuestra América, momentos
luminosos, momentos difíciles,
duras derrotas, pero también
momentos de triunfo. Porque la
cultura chilena del siglo XX, de
la cual todos los que estamos
hoy aquí como invitados somos
hijos y herederos, se construyó
sobre la base de la lucha
constante de nuestro pueblo por
mejores niveles de vida, por
mayores niveles de
participación, por establecer
ciertos mínimos de justicia
social, que cuando celebrábamos
ya nuestro primer centenario
como país independiente en 1910,
estaban aún muy lejos de
alcanzarse.
Lo mejor de nuestras letras, de
nuestras artes, de nuestra
música, fue expresando y
solidarizándose con ese proceso
de construcción, por una
sociedad más libre y más justa,
más igualitaria. Y tal como nos
recordaba nuestro Director de la
Casa de las Américas, pienso en
Pablo Neruda, en Manuel Rojas,
pienso en Violeta Parra, en
Víctor Jara, en Gabriela
Mistral, en Roberto Matta, por
mencionar algunos de los
insignes escritores y poetas y
poetisas de nuestro país. Y fue
ese proceso el que se vio
truncado brutalmente en 1973
cuando chilenas y chilenos
fuimos testigos de cómo la
fuerza avasallaba no solo a
nuestras instituciones y nuestra
convivencia, sino también a
nuestra cultura, por años,
severamente maltratada,
reprimida, censurada y por ende
empobrecida. Nuestro escritores,
nuestros músicos, actores y
actrices, cineastas, se vieron
obligados a malvivir, a
exiliarse, a idear estrategias
de supervivencia no solo
materiales, sino intelectuales y
creativas, mientras nuestras
industrias culturales —el disco,
el libro, el cine— eran borradas
de un manotazo por razones
mezquinamente ideológicas.
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Cuántos de nuestros jóvenes se
formaron creativamente casi en
la clandestinidad, orientados
por el “boca a boca”, escarbando
entre libros de ocasión,
copiando una y mil veces citas
de Víctor Jara, o Inti Illimani,
o Quilapayún; pasándose de mano
en mano los libros o textos de
autores prohibidos, y —quiero
decirlo en un momento como este—
a Silvio Rodríguez, a Pablo
Milanés, a Noel Nicola, a la
Nueva Trova, cuya estética
innovadora marcó entonces a
fuego y acompañó e iluminó a
miles y miles de jóvenes que
luchaban en Chile y en el exilio
contra la dictadura. Y revertir
esa inercia brutal de la
dictadura sobre las ideas, sobre
la creatividad, no fue fácil.
Nuestras universidades, por
ejemplo, aún no se reponen del
todo de la sangría material e
intelectual a la que fueron
sometidas. Creo que a Chile
todavía le faltan algunos años
para asumir, desde la creación,
la palabra, la escena, el cine,
el tremendo quiebre que
significaron 17 años de
autoritarismo, el camino que
luego hemos construido para
reencontrarnos con nuestra
identidad, diversa por un lado y
plural por otro.
Esa identidad diversa y plural
hoy la compartimos con ustedes
aquí, con la alegría de saber
que hemos podido reencontrarnos
con nuestro destino
latinoamericano, y que hemos
sido capaces de generar las
condiciones para que florezca
una cultura de vida donde por
mucho tiempo campeó la cultura
de la muerte.
Ese es el Chile que hoy llega a
La Habana, un Chile que busca
caminos y respuestas, que crea y
trabaja, que abre sus brazos
fraternos a esta Latinoamérica
que canta y crea con diversas
voces y matices del río Bravo
hasta la Patagonia, del Pacífico
al Atlántico, de los Andes al
Caribe. Es el mismo Chile que
Gabriela Mistral trajo consigo
en sus muchas visitas a esta
Isla que tanto amó y cuya
realidad fue capaz de aprehender
por adelantado gracias a la
lectura de Martí. Así decía
Gabriela:
“En Martí me había sido
anticipada Cuba, como en el
viento marino se anticipan los
aromas de la tierra todavía
lejana. Pero yo no sé hasta qué
punto José Martí expresó a su
Isla, con su ardor y sus
suavidades inefables, y no
sabía, tampoco, hasta qué punto
los cubanos todos prolongan en
la carne de su corazón estos
atributos de la Isla y de su
insigne artista: la generosidad,
la efusión.”
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Qué profunda verdad hay en estas
palabras de la Mistral, tan
pródiga en sabias intuiciones.
Porque la literatura, como el
arte en general, cuando es
verdadero, cuando expresa la
verdad y la libertad de todo un
pueblo, anticipa y lleva en sí
la historia y la realidad de ese
pueblo, con sus preguntas, sus
búsquedas, sus alegrías y sus
dolores. Espero que quienes hoy
nos acompañan tengan para
ustedes, hermanas y hermanos de
Cuba, un efecto como ese: que
puedan apreciar y sentir a Chile
en las obras de Pedro Lemebel,
de Carmen Berenguer, de Elicura
Chihuailaf, por nombrar solo
algunos de los que aquí estarán
presentes; que puedan vernos
también en la magnífica muestra
Matilde Pérez que inauguráramos
ayer en la Casa de las Américas;
en la música de nuestras
orquestas, de nuestros
trovadores, nuestros
organilleros y chinchineros.
Porque de esa manera estaremos
así, un poco más cerca. Nos
conoceremos mejor y podremos
construir un futuro común más
rico, más pleno, más de
hermanos.
Muchas gracias
Intervención de la Presidenta
chilena en la inauguración de la
XVIII Feria del Libro de La
Habana en San Carlos de la
Cabaña, el 12 de febrero de
2009. |