Es febrero, y febrero, en Cuba,
es el mes de los libros. Desde
hacía días ya se olían los
vientos de feria. Muchas
librerías, cafés y pabellones
tenían movimientos inusuales.
Libros nuevos pasaban de mano en
mano, los anuncios desbordaban
los medios de comunicación,
llegaban escritores, ministros,
presidentes… los días en los que
el placer infinito de contar y
de leer, son motivo, más que
nunca, para unir hombres y
pueblos.
Tal vez por eso, ayer en la
mañana, cuando las naves de La
Cabaña comenzaban a llenarse de
libros, antes que los cordones
humanos se movieran hacia el
este de la ciudad, un grupo de
escritores y estudiantes
encontró en la literatura, en la
Feria que llegaba, un motivo de
encuentro.
Una lectura de cuentos del
narrador ecuatoriano Raúl
Vallejo —también Ministro de
Educación y Cultura de su país—,
convocada por el Taller de
Técnicas Narrativas que coordina
el profesor Emmanuel Tornés en
la Facultad de Comunicación de
la Universidad de La Habana, fue
el pretexto para reunir durante
más de dos horas a un grupo de
jóvenes junto varias
generaciones de escritores de
Cuba y Ecuador.
Fue en un ambiente íntimo, como
en esas cofradías del espíritu.
Se habló de literatura y de
utopías, de la mentirosa
realidad de los libros, de
poéticas y estéticas, de los
consejos que no existen para
aprender a escribir, de
preguntas que no tienen
respuesta…Se invocaron espíritus
tutelares: Poe, Capote,
Hemingway, Cortázar, el enorme
cronopio, a los 25 años de su
salto a la rayuela de las
estrellas.
Son los milagros que permite la
feria: unir en la sesión de
jueves de un taller de
narrativa, a aprendices de
periodistas y de escritores, a
críticos, ensayistas, maestros
de narrativa, a consagrados y
olvidados, a un ministro que
prefiere su condición de
literato.
Fue, quizá, el mejor prólogo
para esta fiesta de pueblos que
es también la Feria del Libro.
El tiempo “voló” como en un
relato fantástico. Después de
dos horas conversando sobre
cuentos, leyendo cuentos,
recordando cuentos, la magia de
la poesía se había realizado. Ya
la Feria podía comenzar. Salimos
de allí mejores seres humanos. |