Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Neruda y Guillén sobre el amor

Denia García Ronda • La Habana

 

Como expresó Mario Benedetti en su prólogo a Poesías de amor hispanoamericanas, 1 "En cada etapa, hay muchos poetas que decoran o hieren, que lloran o festejan la extraterritorialidad de su amor. Sin embargo, las sucesivas promociones de lectores solo recuerdan a unos pocos". No hay duda de que en esa "capacidad selectiva del oído popular" están varios de los poemas de amor de Pablo Neruda y de Nicolás Guillén. ¿Quién que es no recuerda —muchas veces de memoria— el "Poema 20" de Neruda o "Un poema de amor" de Guillén? ¿Quién no ha escogido alguna vez el verso "Me gustas cuando callas porque estás como ausente", o "Es un amor de abismo en primavera" para declarar un sentimiento amoroso?

No intento en estas breves palabras ejercer a ultranza la comparatística para señalar académicamente similitudes y diferencias entre estos dos grandes poetas, lo que estaría fuera de lugar en este homenaje y ocuparía un tiempo del que no dispongo. Pero hay algunas cercanías que, por interesantes, es conveniente señalar:

Ambos surgen a la vida poética desde un posmodernismo con mucho de romántico, aunque Pablo fuera mucho más osado en publicar, en tiempo, sus primeros versos, con libros como La canción de la fiesta, Crepusculario, y aun Veinte poemas de amor y una canción desesperada, que lo sitúa, a los 20 años, en la cúspide de la poesía latinoamericana. Como se sabe, Cerebro y corazón (1922), de Guillén, quedó, por voluntad autoral, inédito durante muchos años. Ambos, por otra parte, trataron de buscar su propia voz a partir de la ruptura vanguardista. En el caso del chileno, el ejemplo es el enigmático poema "Tentativas del hombre infinito", de 1925, y el cubano publicó, antes de Motivos de son, un grupo de poemas, como "El aeroplano", "La voz desconocida", "Reloj", entre otros, que rompieron con su poesía precedente. Para los dos, el diálogo con Federico García Lorca fue un acontecimiento decisivo en el rumbo de su poética, así como la experiencia de la Guerra civil española, en la que, de alguna manera, participaron.

Dentro de esas afinidades, la menor no es que fueron grandes amadores. No es de extrañar, por eso, la recurrencia —más bien el reiterado regreso— al tema amoroso de estos poetas tan conscientemente involucrados en lo social y político, de lo que hicieron cómplices a sus respectivas poéticas. No es extraño, repito, no solo porque —como defendía el Che Guevara— el revolucionario está movido por grandes sentimientos de amor, sino porque la expresión literaria del amor —en especial el de la pareja— es consustancial a la poesía en todos los tiempos, todas las culturas, todas las ideologías; por lo que este tema en sus obras era inevitable.

Hay, incluso, poemas explícitos de esa condición. En el caso de Neruda, desde el temprano "Farewell", el "yo amo" está presente, esa vez con la pasión por el sentimiento, más que por la mujer.

                            Amo el amor que se reparte
                               en besos, lecho y pan.
                            Amor que puede ser eterno
                                y puede ser fugaz.

                             amor que quiere libertarse
                                  para volver a amar.
                          Amor divinizado que se acerca.
                            Amor divinizado que se va.

Para luego declarar su amor a los más disímiles objetos, personas, lugares. En "Oda a las cosas", confiesa:

                                            Amo
                                      todas las cosas,
                                           no solo
                                       las supremas
                                            sino
                                             las
                                          infinita
                                           mente
                                           chicas,
                                          el dedal,
                                        las espuelas,
                                          los platos,
                                         los floreros.

También en Guillén el "yo amo" se reparte. En sus primeros versos, aunque el tono general es de dolor, muerte y sufrimiento, se hace explícita la afirmación. En uno de los poemas de Cerebro y corazón, se lee:

                          Amo las soledades de la aldea
                         y de la cripta, y el silencio arcano
                       de los oscuros templos, donde en vano
                        la luz de enfermos cirios parpadea.

No obstante el pesimismo del joven Guillén —que sospecho más literario que real—, en este poemario está implícito el amor a diferentes cosas y seres: la música, las flores, a Jesucristo y, por supuesto, a la mujer. En el futuro, esa declaración de amor incluiría hasta los bares, que es como decir a la amistad:

                             Amo los bares y tabernas
                                       junto al mar,
                           donde la gente charla y bebe
                               sólo por beber y charlar.
                                          [ ... ]
                                 Allí la blanca ola
                                bate de la amistad;
                      una amistad de pueblo, sin retórica,
                        una ola de ¡hola! y ¿cómo estás?

Pero es precisamente la mujer lo más "amado" por estos poetas, y en su visión también hay cercanías. Alejados del canon romántico-modernista del retrato de la mujer, el lenguaje figurado para expresar su amor, o para describirla, tiene su base en lo telúrico, lo natural, incluido lo geográfico; reivindican palabras cotidianas, consideradas por aquellas corrientes como "no poéticas". El cuerpo, en ellos, tiene un peso que no lleva a la idealización, sino que funciona y vale por sí mismo. Guillén, en uno de sus conocidos madrigales, habla de la sabiduría del vientre sobre el cerebro, y enarbola a la mujer negra como símbolo de la selva, con "ese caimán oscuro nadando en el Zambeze de tus ojos".

Creo que donde mejor se percibe esa relación metafórica con lo natural y geográfico es en "Mujer nueva":

                              Con el círculo ecuatorial
                ceñido a la cintura como a un pequeño mundo,
                               la negra, mujer nueva,
                   avanza en su ligera bata de serpiente.
                              Coronada de palmas
                     como una diosa recién llegada,
                              ella trae el anca fuerte,
                     la voz, el diente, la mañana y el salto.

Pablo Neruda también compara, en el Poema I de Veinte poemas de amor... a la mujer amada con la naturaleza:

   Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
      te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
         Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
        y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.
         Y también, en "Oda como un lamento":
         Tú estás de pie, como la tierra, llena
                    de dientes y relámpagos.
       Tú propagas los besos y matas las hormigas.
           Tú lloras de salud, de cebolla, de abeja,
                    de abecedario ardiendo.
           Tú eres como una espada azul y verde
               y ondulas al tocarte, como un río.

Pero tampoco renuncian a lo que la tradición poética hispánica les aportó, y que había sido reivindicada, entre otros, por la Generación del 27. Hay reminiscencias de lo barroco, en el poema XLIV de 100 sonetos de amor, de Pablo Neruda:

           Sabrás que no te amo y que te amo
           puesto que de dos modos es la vida,
             la palabra es un ala del silencio,
             el fuego tiene una mitad de frío.
           y en la "Tercera canción", de Guillén:
                Cuando no te tenía, te tenía;
               cuando quise tenerte, te perdí.
          Ay, dime si la culpa ha sido mía,
             y cómo es que ha pasado todo así.

Como dije al principio, estos poetas siempre vuelven al amor. Aunque lo que pudiéramos llamar "amor universal" está presente, explícita o implícitamente, en toda su obra, el que le dedican a la mujer cede terreno durante un tiempo a la poesía político-social, o a las introspecciones; pero resurge siempre. La compilación de los poemas amorosos de Nicolás Guillén realizada por Fayad Jamís en 1964 demostró la presencia —sobre todo a partir de El son entero de este tratamiento en varios de sus libros, pero también denotó el menor porcentaje de ellos en comparación con la totalidad de los poemas guilleneanos escritos hasta entonces. Sin embargo, cuando Ángel Augier organizó, entre 1972 y 73, la Obra poética, incluyó otros de los subsiguientes poemarios de Guillén, o aparecidos en distintas publicaciones periódicas y aun algunos inéditos, que han incrementado sensiblemente su número.

En el caso de Neruda, la situación es similar: aunque en las Residencias hay poemas paradigmáticos como "Tango del viudo" o "Barcarola", el amor no fue tema privilegiado después de los Veinte poemas de amor ... hasta que en 1952 escribió Los versos del capitán y más tarde, en 1959, los 100 poemas de amor.

Quiero referirme especialmente a dos respectivos libros de Guillén y Neruda, por lo que tienen de semejanzas circunstanciales, por su ternura y por sus cualidades poéticas. Se trata del ya mencionado Los versos del capitán, del gran chileno, y En algún sitio de la primavera, de nuestro Guillén.

Ambos poemarios tuvieron destinos similares. La primera edición de los Versos del capitán (1952) constó solo de 50 ejemplares y apareció sin el nombre del autor, que solo fue revelado varios años después. En algún sitio de la primavera fue, primero, un único ejemplar, y un poco más tarde solo 11. En el colofón de esta mínima edición (citado por Ángel Augier), dice:

"La edición original de este poema consta de un ejemplar escrito a máquina, ilustrado con un dibujo de Portocarrero y un texto musical de Argeliers León. La presente edición se compone de once ejemplares [...] fuera de comercio. Lo escribió Nicolás Guillén y fue impreso... etc., etc."

Solo después de la muerte de Guillén este libro-poema ha sido conocido por el gran público. En ambos casos, estos amadores y seductores hombres quisieron expresar sus sentimientos a sus entonces amadas por medio de su mejor argumento: la poesía; pero ninguno quería herir a su pareja —"no hacer sufrir a quien vive conmigo", como diría una canción de Nelson Ned. Confesos culpables de no ser "hombres puros", y enamorados del amor, tanto uno como el otro eran capaces de compartido. No dejaron de amar a su compañera por vivir una nueva pasión.

Poemas como "Matilde", de Neruda, y "Rosa tú, melancólica", de Guillén son muestras del amor que por sus esposas sentían. No querer hacer pública una obra dedicada a otra mujer, no exponer poéticamente su infidelidad, es también demostración de ello.

Otra de las similitudes de estos dos poemarios es que el objeto lírico, la mujer de que se trata en ellos, es, además de la amante, la compañera de luchas e ideología. Neruda dice:

                         Pero levántate tú, levántate
                        y salgamos reunidos
                     a luchar cuerpo a cuerpo
                contra las telarañas del malvado,
            contra el sistema que reparte el hambre,
              contra la organización de la miseria.

Y Guillén:

                          Tal vez sepas muy bien,
                            o tal vez no lo sepas,
                       de qué manera me gustaba
                 verte en las tardes, cuando ya te ibas,
                           ordenar tus papeles,
                            cerrar tu maquinita,
                            guardar los afilados
                         lápices, y luego todavía
                  (las seis en el reloj de la oficina)
                 preparar con recortes de revistas,
                              flores, fotografías,
                        y unas letrazas de pasquín,
                           el mural de tu escuela
                           nocturna, compañera.
                           (Sonriente miliciana,
                          cumplida ya tu guardia
                          volviendo en la mañana).

Se acercan también Los versos del capitán y En algún sitio de la primavera en el trabajo metafórico, que se basa, fundamentalmente, en el lenguaje cotidiano sin renunciar a la tensión lírica; en el verso blanco, en la naturalidad.

Estos dos libros, sin embargo, son diferentes en cuanto a la ocasión que los motivaron. En algún sitio... es una elegía ante la ruptura de una relación, una despedida nostálgica, la vivencia del duelo, cuando se sufre la pérdida definitiva.

 

          La forma de la muerte no es una calavera.
                          Es tu ausencia
                 como una llanura calcinada. 
             Una llanura a sol y fuego por el día,
                  reverberante y sin un árbol.
                          Una llanura
                 damasquinada por la luna.
                    Una extensión metálica
                    en la frialdad nocturna.
                               [ ... ]
                ¿Me oyes, me estás oyendo?
                   Ayer no más, el mismo,
                    el tuyo para siempre.

Por el contrario, Neruda, en sus Versos del capitán expresa la plenitud de la relación, la epifanía amorosa entre un hombre maduro, experimentado y una mujer joven. Lo que prima entonces es la sensualidad, la conquista sexual, incluso el frenesí; pero también la ternura ("y allí tu capitán/ te esperará con flores en el pecho"); es, pudiéramos decir, la felicidad, el éxtasis por un amor en plena efervescencia.

                           Pequeña
                             rosa,
                       Rosa pequeña,
                           a veces,
                   diminuta y desnuda,
                            parece
                  que en una mano mía
                            cabes,
   que así voy a cerrarte y a llevarte a mi boca,
                       pero de pronto
   mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios;
                        has crecido,
        suben tus hombros como dos colinas,
          tus pechos se pasean por mi pecho,
       mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
       línea de luna nueva que tiene tu cintura:
  en el amor como agua de mar te has desatado:
     mido apenas los ojos más extensos del cielo
     y me inclino a tu boca para besar la tierra.

El primero, por tanto, no enfatiza el erotismo, los cuerpos, el amor carnal. El segundo los describe, los proclama.

En los poemas de amor de estos dos inmensos poetas se cumple lo de su poesía toda: el de ser —como arguyó José Carlos Rovira para Neruda— "formadores de lenguajes imprescindibles en la dimensión de nuestra lengua y nuestro siglo". Poetas de múltiples temáticas, impresos indeleblemente en la memoria poética de América y en la selectividad de los lectores, quedarán —se quedan— también como los autores de obras que han servido —sirven— para gritar el amor.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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