Como expresó Mario Benedetti
en su prólogo a Poesías
de amor hispanoamericanas,
1
"En cada etapa,
hay muchos poetas que
decoran o hieren, que lloran
o festejan la
extraterritorialidad de su
amor. Sin embargo, las
sucesivas promociones de
lectores solo recuerdan a
unos pocos". No hay duda de
que en esa "capacidad
selectiva del oído popular"
están varios de los poemas
de amor de Pablo Neruda y de
Nicolás Guillén. ¿Quién que
es no recuerda —muchas veces
de memoria— el "Poema 20" de
Neruda o "Un poema de amor"
de Guillén? ¿Quién no ha
escogido alguna vez el verso
"Me gustas cuando callas
porque estás como ausente",
o "Es un amor de abismo en
primavera" para declarar un
sentimiento amoroso?
No intento en estas breves
palabras ejercer a ultranza
la comparatística para
señalar académicamente
similitudes y diferencias
entre estos dos grandes
poetas, lo que estaría fuera
de lugar en este homenaje y
ocuparía un tiempo del que
no dispongo. Pero hay
algunas cercanías que, por
interesantes, es conveniente
señalar:
Ambos surgen a la vida
poética desde un
posmodernismo con mucho de
romántico, aunque Pablo
fuera mucho más osado en
publicar, en tiempo, sus
primeros versos, con libros
como La canción de la
fiesta, Crepusculario, y
aun Veinte poemas de amor
y una canción desesperada,
que lo sitúa, a los 20
años, en la cúspide de la
poesía latinoamericana. Como
se sabe, Cerebro y
corazón (1922), de
Guillén, quedó, por voluntad
autoral, inédito durante
muchos años. Ambos, por otra
parte, trataron de buscar su
propia voz a partir de la
ruptura vanguardista. En el
caso del chileno, el ejemplo
es el enigmático poema
"Tentativas del hombre
infinito", de 1925, y el
cubano publicó, antes de
Motivos de son, un grupo
de poemas, como "El
aeroplano", "La voz
desconocida", "Reloj", entre
otros, que rompieron con su
poesía precedente. Para los
dos, el diálogo con Federico
García Lorca fue un
acontecimiento decisivo en
el rumbo de su poética, así
como la experiencia de la
Guerra civil española, en la
que, de alguna manera,
participaron.
Dentro de esas afinidades,
la menor no es que fueron
grandes amadores. No es de
extrañar, por eso, la
recurrencia —más bien el
reiterado regreso— al tema
amoroso de estos poetas tan
conscientemente involucrados
en lo social y político, de
lo que hicieron cómplices a
sus respectivas poéticas. No
es extraño, repito, no solo
porque —como defendía el Che
Guevara— el revolucionario
está movido por grandes
sentimientos de amor, sino
porque la expresión
literaria del amor —en
especial el de la pareja— es
consustancial a la poesía en
todos los tiempos, todas las
culturas, todas las
ideologías; por lo que este
tema en sus obras era
inevitable.
Hay, incluso, poemas
explícitos de esa condición.
En el caso de Neruda, desde
el temprano "Farewell", el
"yo amo" está presente, esa
vez con la pasión por el
sentimiento, más que por la
mujer.
Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se
acerca.
Amor divinizado que se va.
Para luego declarar su amor
a los más disímiles objetos,
personas, lugares. En "Oda a
las cosas", confiesa:
Amo
todas las cosas,
no solo
las supremas
sino
las
infinita
mente
chicas,
el dedal,
las espuelas,
los platos,
los floreros.
También en Guillén el "yo
amo" se reparte. En sus
primeros versos, aunque el
tono general es de dolor,
muerte y sufrimiento, se
hace explícita la
afirmación. En uno de los
poemas de Cerebro y
corazón, se lee:
Amo las soledades de la
aldea
y de la cripta, y el
silencio arcano
de los oscuros templos,
donde en vano
la luz de enfermos cirios
parpadea.
No obstante el pesimismo del
joven Guillén —que sospecho
más literario que real—, en
este poemario está implícito
el amor a diferentes cosas y
seres: la música, las
flores, a Jesucristo y, por
supuesto, a la mujer. En el
futuro, esa declaración de
amor incluiría hasta los
bares, que es como decir a
la amistad:
Amo los bares y tabernas
junto al mar,
donde la gente charla y bebe
sólo por beber y charlar.
[ ... ]
Allí la blanca ola
bate de la amistad;
una amistad de pueblo, sin
retórica,
una ola de ¡hola! y ¿cómo
estás?
Pero es precisamente la
mujer lo más "amado" por
estos poetas, y en su visión
también hay cercanías.
Alejados del canon
romántico-modernista del
retrato de la mujer, el
lenguaje figurado para
expresar su amor, o para
describirla, tiene su base
en lo telúrico, lo natural,
incluido lo geográfico;
reivindican palabras
cotidianas, consideradas por
aquellas corrientes como "no
poéticas". El cuerpo, en
ellos, tiene un peso que no
lleva a la idealización,
sino que funciona y vale por
sí mismo. Guillén, en uno de
sus conocidos madrigales,
habla de la sabiduría del
vientre sobre el cerebro, y
enarbola a la mujer negra
como símbolo de la selva,
con "ese caimán oscuro
nadando en el Zambeze de tus
ojos".
Creo que donde mejor se
percibe esa relación
metafórica con lo natural y
geográfico es en "Mujer
nueva":
Con el círculo ecuatorial
ceñido a la cintura como a
un pequeño mundo,
la negra, mujer nueva,
avanza en su ligera bata de
serpiente.
Coronada de palmas
como una diosa recién
llegada,
ella trae el anca fuerte,
la voz, el diente, la mañana
y el salto.
Pablo Neruda también
compara, en el Poema I de
Veinte poemas de amor...
a la mujer amada con la
naturaleza:
Cuerpo de mujer, blancas
colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje
te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la
tierra.
Y también, en "Oda como un
lamento":
Tú estás de pie, como la
tierra, llena
de dientes y relámpagos.
Tú propagas los besos y matas las hormigas.
Tú lloras de salud,
de cebolla, de abeja,
de abecedario ardiendo.
Tú eres como una
espada azul y verde
y ondulas al tocarte, como
un río.
Pero tampoco renuncian a lo
que la tradición poética
hispánica les aportó, y que
había sido reivindicada,
entre otros, por la
Generación del 27. Hay
reminiscencias de lo
barroco, en el poema XLIV de
100 sonetos de amor,
de Pablo Neruda:
Sabrás que no te amo y que
te amo
puesto que de dos
modos es la vida,
la
palabra es un ala del
silencio,
el
fuego tiene una mitad de
frío.
y en la "Tercera
canción", de Guillén:
Cuando no te tenía, te
tenía;
cuando quise tenerte, te
perdí.
Ay, dime si la culpa ha
sido mía,
y cómo
es que ha pasado todo así.
Como dije al principio,
estos poetas siempre vuelven
al amor. Aunque lo que
pudiéramos llamar "amor
universal" está presente,
explícita o implícitamente,
en toda su obra, el que le
dedican a la mujer cede
terreno durante un tiempo a
la poesía político-social, o
a las introspecciones; pero
resurge siempre. La
compilación de los poemas
amorosos de Nicolás Guillén
realizada por Fayad Jamís en
1964 demostró la presencia
—sobre todo a partir de
El son entero— de
este tratamiento en varios
de sus libros, pero también
denotó el menor porcentaje
de ellos en comparación con
la totalidad de los poemas
guilleneanos escritos hasta
entonces. Sin embargo,
cuando Ángel Augier
organizó, entre 1972 y 73,
la Obra poética,
incluyó otros de los
subsiguientes poemarios de
Guillén, o aparecidos en
distintas publicaciones
periódicas y aun algunos
inéditos, que han
incrementado sensiblemente
su número.
En el caso de Neruda, la
situación es similar: aunque
en las Residencias
hay poemas paradigmáticos
como "Tango del viudo" o
"Barcarola", el amor no fue
tema privilegiado después de
los Veinte poemas de amor
... hasta que en 1952
escribió Los versos del
capitán y más tarde, en
1959, los 100 poemas de
amor.
Quiero referirme
especialmente a dos
respectivos libros de
Guillén y Neruda, por lo que
tienen de semejanzas
circunstanciales, por su
ternura y por sus cualidades
poéticas. Se trata del ya
mencionado Los versos del
capitán, del gran
chileno, y En algún sitio
de la primavera, de
nuestro Guillén.
Ambos poemarios tuvieron
destinos similares. La
primera edición de los
Versos del capitán
(1952) constó solo de 50
ejemplares y apareció sin el
nombre del autor, que solo
fue revelado varios años
después. En algún sitio
de la primavera fue,
primero, un único ejemplar,
y un poco más tarde solo 11.
En el colofón de esta mínima
edición (citado por Ángel
Augier), dice:
"La edición original de este
poema consta de un ejemplar
escrito a máquina, ilustrado
con un dibujo de
Portocarrero y un texto
musical de Argeliers León.
La presente edición se
compone de once ejemplares
[...] fuera de comercio. Lo
escribió Nicolás Guillén y
fue impreso... etc., etc."
Solo después de la muerte de
Guillén este libro-poema ha
sido conocido por el gran
público. En ambos casos,
estos amadores y seductores
hombres quisieron expresar
sus sentimientos a sus
entonces amadas por medio de
su mejor argumento: la
poesía; pero ninguno quería
herir a su pareja —"no hacer
sufrir a quien vive
conmigo", como diría una
canción de Nelson Ned.
Confesos culpables de no ser
"hombres puros", y
enamorados del amor, tanto
uno como el otro eran
capaces de compartido. No
dejaron de amar a su
compañera por vivir una
nueva pasión.
Poemas como "Matilde", de
Neruda, y "Rosa tú,
melancólica", de Guillén son
muestras del amor que por
sus esposas sentían. No
querer hacer pública una
obra dedicada a otra mujer,
no exponer poéticamente su
infidelidad, es también
demostración de ello.
Otra de las similitudes de
estos dos poemarios es que
el objeto lírico, la mujer
de que se trata en ellos,
es, además de la amante, la
compañera de luchas e
ideología. Neruda dice:
Pero levántate tú, levántate
y salgamos reunidos
a luchar cuerpo a cuerpo
contra las telarañas del
malvado,
contra el
sistema que reparte el
hambre,
contra la organización de la
miseria.
Y Guillén:
Tal vez sepas muy bien,
o tal vez no lo sepas,
de qué manera me gustaba
verte en las tardes, cuando
ya te ibas,
ordenar tus papeles,
cerrar tu maquinita,
guardar los afilados
lápices, y luego todavía
(las seis en el reloj de la
oficina)
preparar con recortes de
revistas,
flores, fotografías,
y unas letrazas de pasquín,
el mural de tu escuela
nocturna, compañera.
(Sonriente miliciana,
cumplida ya tu guardia
volviendo en la mañana).
Se acercan también Los
versos del capitán y
En algún sitio de la
primavera en el trabajo
metafórico, que se basa,
fundamentalmente, en el
lenguaje cotidiano sin
renunciar a la tensión
lírica; en el verso blanco,
en la naturalidad.
Estos dos libros, sin
embargo, son diferentes en
cuanto a la ocasión que los
motivaron. En algún
sitio... es una elegía
ante la ruptura de una
relación, una despedida
nostálgica, la vivencia del
duelo, cuando se sufre la
pérdida definitiva.