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Y yo que pensé que con Llorar
es un placer ya se había
agotado de las radionovelas y de
la radio en la Cuba republicana.
Por eso cuando Reynaldo González
me llamó para muy amablemente
solicitarme que le presentara su
último libro en esta, la XVIII
Feria Internacional del Libro,
me sorprendí doblemente:
primero, porque se trata de un
libro que parecía abordar un
tema muy similar a Llorar es
un placer, pero en esta
ocasión enfocado desde un
estudio de caso, el de Félix B.
Caignet. Y segundo: porque, o
mejor, por qué me escogía a mí
entre tantos buenos candidatos
posibles y probables para
comentar y presentar su nuevo
texto. Cuando finalmente ambos
nos encontramos para hablar del
asunto me percaté de dos cosas
también: primero, que El más
humano de los autores, es
decir, este nuevo libro de
Reynaldo, es en verdad un
festín, un banquete suntuoso
para públicos muy diversos. Y
segundo: que yo tenía ante mi un
reto imposible: el de nombrar lo
innombrable, el de presentar lo
inefable. Y aunque esto último
me sirva también de parche para
encubrir mi temor de no estar a
su altura en esta presentación,
de todos modos voy a intentar
presentarles y comentarles
aquello que debe ser leído.
El más humano de los autores
es un texto genéricamente
incalificable porque contiene en
sí mismo muchos géneros
escriturales al mismo tiempo.
Creo que es ante todo un reporte
de investigación científica.
Reynaldo González recurre a
múltiples disciplinas
científicas, como la
antropología cultural, la
semiótica, la teoría de la
comunicación, los medias
studies, el análisis
literario, la historia, la
psicología, y a toda la
tradición frankfortiana,
británica y latinoamericana de
estudios culturales, para
descubrir y describir la
dinámica entre costumbres y
cultura popular, por una parte,
versus estilos de vida y cultura
de masas, por la otra, a partir
del fenómeno Caignet. Reynaldo
González se propone y logra con
acierto visualizar críticamente
la complejísima madeja de
relaciones entre la vida de
Félix B. Caignet y su obra, y
entre éstas y el mundo de los
medios de comunicación (radio,
cine, prensa y televisión),
dentro de las circunstancias
socioeconómicas y políticas de
aquella época.
En ese sentido hay que decir que
El más humano de los autores
es un riguroso y bien
documentado texto científico,
que no dudo en recomendar para
su consulta a estudiantes y
profesores universitarios, en
particular a los de las
especialidades de Arte y de
Comunicación. Mas este reporte
científico se haya cubierto —que
no sepultado— por otros géneros
textuales. Porque este libro es
una vibrante crónica
periodística a la vez que
resulta en un ensayo
personalísimo. Además este
volumen contiene poesía de
diferente calibre diseminada
dentro de la prosa literaria del
género histórico-biográfico,
prosa que vehicula la voz de su
autor, quien hábilmente articula
pasajes al estilo de las novelas
detectivescas, con ribetes de
tragedia como, por ejemplo, la
descripción-narración de las
circunstancias de la muerte de
la actriz María Valero, o
segmentos con un estilo cercano
al de las crónicas rojas de
antaño, como sucede en el
capítulo dedicado a la vida,
pasión y muerte de Amado
Trinidad Velasco. Y hasta la
propia estética de las
radionovelas y de las novelas
del corazón, plagadas de lugares
comunes, barroquismos gratuitos
e imaginería sensiblera y cursi
encuentra en este libro su punto
climático y paradigmático a
través de esa fotonovela de
El derecho de nacer, que
Reynaldo González recompone a
partir de la versión
cinematográfica mexicana de la
famosa radionovela e incorpora a
su libro. Sin embargo la
polifonía de El más humano de
los autores radica
principalmente en la
concurrencia de muchas otras
voces dentro del mismo texto.
Así, junto al hilo conductor de
la prosa de Reynaldo González,
se abren convenientemente otros
espacios para textos de
periodistas, críticos,
académicos, narradores, en fin,
textos que como hipervínculos de
multimedia, llevan al lector por
otros senderos de información
relativa al cuerpo central del
libro. Debe destacarse en estas
citas y “páginas prestadas” la
presencia de reconocidas
personalidades del ámbito
artístico-intelectual nacional e
internacional como Alejo
Carpentier, Nicolás Guillen,
Marcelo Pogolotti, Lisandro
Otero, Nara Araujo, Rine Leal,
Luciano Castillo, Alberto
Luberto, Sigfredo Ariel, Orlando
Castellano, Román Gubern, Manuel
Puig, Manuel Vázquez Montalbán,
Hermann Broch, Milán Kundera,
Humberto Eco, Meri Lao, Silvia
Oroz, y muchos otros, que
contribuyeron con sus voces al
desarrollo coral del libro de
Reynaldo.
Este carácter polifónico, tal
vez carnavalesco en el sentido
bajtiniano del término, se
potencia en este volumen por el
trabajo de edición con que fue
estructurado. La edición
interior del texto estuvo en
manos del propio autor con la
colaboración de varios colegas
de Ediciones Unión, como Olga
Martha Pérez, Beatriz Pérez y
Sigfredo Ariel Pérez, en el
tratamiento digital de las
imágenes. Reynaldo me contó que
él quiso armar este libro suyo
como si fuera una revista,
aprovechando su basta
experiencia en redacciones de
ese formato impreso, por mal
llamarlo de alguna manera. Para
mí este libro de Reynaldo se
asemeja más a una de esas
enciclopedias modernas, tan
influidas por la estructura de
las multimedias contemporáneas,
llenas de recuadros,
ilustraciones, caricaturas,
anuncios publicitarios, citas, y
textos paralelos que aligeran y
amplían la lectura lineal del
bloque principal del texto.
El más humano de los autores
invita al lector a recorrer casi
indolentemente, como muchos
suelen hacer en las revistas, su
contenido sorprendente y
erudito. Nada falta y nada
sobra. Es una pieza de
arquitectura precisa, compleja y
moderna (o post-post moderna),
donde confluyen el
entretenimiento, la parodia, la
crítica, la reconstrucción
histórica, la reflexión teórica
y hasta un velado didactismo o
mejor, una cierta vocación
pedagógica del autor, quien a
través de esta mirada al pasado
ilumina zonas del presente.
Y Reynaldo lo hace con elegancia
y estilo, con fina ironía, por
momentos con admiración y con
leve —y paradójica— nostalgia,
pero siempre divirtiéndose y
divirtiéndonos con la estética
kitsch —tan cara a la
radionovela y a ciertos rituales
y escenarios culturales— la cual
maneja hábilmente para deleite
del lector ilustrado. Su libro
alcanza esa rara cualidad de ser
simultáneamente una opera
aperta o fermatta. Para
utilizar un símil
cinematográfico, El más
humano de los autores es
como un filme de Almodóvar, o
tal vez uno de Tarantino, donde
un cierto público disfruta y
vibra con la narración de
superficie (los chismes de la
época, las intimidades de
personajes, la rivalidades y
pasiones reales), en tanto que
otro tipo de público guiado por
el mismo texto ve a través de la
superficie textual no solo los
otros sentido subyacentes en él,
sino también las estrategias y
las claves a nivel de la
enunciación para descomponer/
recomponer todos esos sentidos.
Tal vez habría que incluir en
este texto, atendiendo a los
disímiles intereses y
motivaciones de los posibles
lectores, una suerte de
paratexto cortazareano que nos
recomendara diferentes
recorridos de lecturas a partir
de la sintaxis lineal y
—aparentemente— fracturada o
paralela de su contenido.
Llegado a este punto, me atrevo
a recomendar una lectura
comparada de El más humano de
los autores y Llorar es
un placer, y observar cómo
mutuamente se complementan ambos
textos y disfrutar así de las
múltiples aristas que el tema
posee y que Reynaldo González ha
sabido sabiamente develar. Mucho
se agradece esta obra, que viene
a llenar el vacío que existe,
cada vez más preocupante, sobre
los estudios de los medios en
Cuba, y sobre todo el vacío casi
irremediable de los estudios
sobre la radio cubana desde 1922
hasta la fecha. Porque la radio
en Cuba sigue teniendo una
dinámica muy particular, de
corte social, político,
artístico, en fin, cultural, que
involucra a todos los géneros y
estilos radiales, muchos de
ellos prácticamente extinguidos
ya en buena parte del planeta.
Nuestros “fósiles” radiales como
la radionovela, el radioteatro,
el radiodocumental, las comedias
radiales, entre otros, son el
resultado de la continuidad de
lo fundado en aquellos tiempos y
que tienen el deber social de
invitarnos a pensar y debatir
estos tiempos de hoy.
En suma, Reynaldo González
indudablemente ha alcanzado y
cimentado una dimensión otra
como artista y crítico cultural,
que este texto que hoy
presentamos viene a ratificar.
Es esa condición que casi
siempre le ha sido ajena a
autores como Benjamín, Adorno,
Horkheimer o Hall, y que hacen
de Reynaldo para suerte nuestra,
un ilustrado tropical o lo que
es igual un jodedor ilustrado.
Palabras de
presentación del libro El más
humano de los autores, de
Reynaldo González. |