Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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El más humano de los autores 

Dialéctica de la ilustración 

Mario Masvidal Saavedra • La Habana

Foto: Equipo de La Jiribilla


Y yo que pensé que con Llorar es un placer ya se había agotado de las radionovelas y de la radio en la Cuba republicana. Por eso cuando Reynaldo González me llamó para muy amablemente solicitarme que le presentara su último libro en esta, la XVIII Feria Internacional del Libro, me sorprendí doblemente: primero, porque se trata de un libro que parecía abordar un tema muy similar a Llorar es un placer, pero en esta ocasión enfocado desde un estudio de caso, el de Félix B. Caignet. Y segundo: porque, o mejor, por qué me escogía a mí entre tantos buenos candidatos posibles y probables para comentar y presentar su nuevo texto. Cuando finalmente ambos nos encontramos para hablar del asunto me percaté de dos cosas también: primero, que El más humano de los autores, es decir, este nuevo libro de Reynaldo, es en verdad un festín, un banquete suntuoso para públicos muy diversos. Y segundo: que yo tenía ante mi un reto imposible: el de nombrar lo innombrable, el de presentar lo inefable. Y aunque esto último me sirva también de parche para encubrir mi temor de no estar a su altura en esta presentación, de todos modos voy a intentar presentarles y comentarles aquello que debe ser leído.

El más humano de los autores es un texto genéricamente incalificable porque contiene en sí mismo muchos géneros escriturales al mismo tiempo. Creo que es ante todo un reporte de investigación científica. Reynaldo González recurre a múltiples disciplinas científicas, como la antropología cultural, la semiótica, la teoría de la comunicación, los medias studies, el análisis literario, la historia, la psicología, y a toda la tradición frankfortiana, británica y latinoamericana de estudios culturales, para descubrir y describir la dinámica entre costumbres y cultura popular, por una parte, versus estilos de vida y cultura de masas, por la otra, a partir del fenómeno Caignet. Reynaldo González se propone y logra con acierto visualizar críticamente la complejísima madeja de relaciones entre la vida de Félix B. Caignet y su obra, y entre éstas y el mundo de los medios de comunicación (radio, cine, prensa y televisión), dentro de las circunstancias socioeconómicas y políticas de aquella época.

En ese sentido hay que decir que El más humano de los autores es un riguroso y bien documentado texto científico, que no dudo en recomendar para su consulta a estudiantes y profesores universitarios, en particular a los de las especialidades de Arte y de Comunicación. Mas este reporte científico se haya cubierto —que no sepultado— por otros géneros textuales. Porque este libro es una vibrante crónica periodística a la vez que resulta en un ensayo personalísimo. Además este volumen contiene poesía de diferente calibre diseminada dentro de la prosa literaria del género histórico-biográfico, prosa que vehicula la voz de su autor, quien hábilmente articula pasajes al estilo de las novelas detectivescas, con ribetes de tragedia como, por ejemplo, la descripción-narración de las circunstancias de la muerte de la actriz María Valero, o segmentos con un estilo cercano al de las crónicas rojas de antaño, como sucede en el capítulo dedicado a la vida, pasión y muerte de Amado Trinidad Velasco. Y hasta la propia estética de las radionovelas y de las novelas del corazón, plagadas de lugares comunes, barroquismos gratuitos e imaginería sensiblera y cursi encuentra en este libro su punto climático y paradigmático a través de esa fotonovela de El derecho de nacer, que Reynaldo González recompone a partir de la versión cinematográfica mexicana de la famosa radionovela e incorpora a su libro. Sin embargo la polifonía de El más humano de los autores  radica principalmente en la concurrencia de muchas otras voces dentro del mismo texto. Así, junto al hilo conductor de la prosa de Reynaldo González, se abren convenientemente otros espacios para textos de periodistas, críticos, académicos, narradores, en fin, textos que como hipervínculos de multimedia, llevan al lector por otros senderos de información relativa al cuerpo central del libro. Debe destacarse en estas citas y “páginas prestadas” la presencia de reconocidas personalidades del ámbito artístico-intelectual nacional e internacional como Alejo Carpentier, Nicolás Guillen, Marcelo Pogolotti, Lisandro Otero, Nara Araujo, Rine Leal, Luciano Castillo, Alberto Luberto, Sigfredo Ariel, Orlando Castellano, Román Gubern, Manuel Puig, Manuel Vázquez Montalbán, Hermann Broch, Milán Kundera, Humberto Eco, Meri Lao, Silvia Oroz, y muchos otros, que contribuyeron con sus voces al desarrollo coral del libro de Reynaldo.

Este carácter polifónico, tal vez carnavalesco en el sentido bajtiniano del término, se potencia en este volumen por el trabajo de edición con que fue estructurado. La edición interior del texto estuvo en manos del propio autor con la colaboración de varios colegas de Ediciones Unión, como Olga Martha Pérez, Beatriz Pérez y Sigfredo Ariel Pérez, en el tratamiento digital de las imágenes. Reynaldo me contó que él quiso armar este libro suyo como si fuera una revista, aprovechando su basta experiencia en redacciones de ese formato impreso, por mal llamarlo de alguna manera. Para mí este libro de Reynaldo se asemeja más a una de esas enciclopedias modernas, tan influidas por la estructura de las multimedias contemporáneas, llenas de recuadros, ilustraciones, caricaturas, anuncios publicitarios, citas, y textos paralelos que aligeran y amplían la lectura lineal del bloque principal del texto. El más humano de los autores invita al lector a recorrer casi indolentemente, como muchos suelen hacer en las revistas, su contenido sorprendente y erudito. Nada falta y nada sobra. Es una pieza de arquitectura precisa, compleja y moderna (o post-post moderna), donde confluyen el entretenimiento, la parodia, la crítica, la reconstrucción histórica, la reflexión teórica y hasta un velado didactismo o mejor, una cierta vocación pedagógica del autor, quien a través de esta mirada al pasado ilumina zonas del presente.

Y Reynaldo lo hace con elegancia y estilo, con fina ironía, por momentos con admiración y con leve —y paradójica— nostalgia, pero siempre divirtiéndose y divirtiéndonos con la estética kitsch —tan cara a la radionovela y a ciertos rituales y escenarios culturales— la cual maneja hábilmente para deleite del lector ilustrado. Su libro alcanza esa rara cualidad de ser simultáneamente una opera aperta o fermatta. Para utilizar un símil cinematográfico, El más humano de los autores  es como un filme de Almodóvar, o tal vez uno de Tarantino, donde un cierto público disfruta y vibra con la narración de superficie (los chismes de la época, las intimidades de personajes, la rivalidades y pasiones reales), en tanto que otro tipo de público guiado por el mismo texto ve a través de la superficie textual no solo los otros sentido subyacentes en él, sino también las estrategias y las claves a nivel de la enunciación para descomponer/ recomponer todos esos sentidos.

Tal vez habría que incluir en este texto, atendiendo a los disímiles intereses y motivaciones de los posibles lectores, una suerte de paratexto cortazareano que nos recomendara diferentes recorridos de lecturas a partir de la sintaxis lineal y —aparentemente— fracturada o paralela de su contenido.

Llegado a este punto, me atrevo a recomendar una lectura comparada de El más humano de los autores y Llorar es un placer, y observar cómo mutuamente se complementan ambos textos y disfrutar así de las múltiples aristas que el tema posee y que Reynaldo González ha sabido sabiamente develar. Mucho se agradece esta obra, que viene a llenar el vacío que existe, cada vez más preocupante, sobre los estudios de los medios en Cuba, y sobre todo el vacío casi irremediable de los estudios sobre la radio cubana desde 1922 hasta la fecha. Porque la radio en Cuba sigue teniendo una dinámica muy particular, de corte social, político, artístico, en fin, cultural, que involucra a todos los géneros y estilos radiales, muchos de ellos prácticamente extinguidos ya en buena parte del planeta. Nuestros “fósiles” radiales como la radionovela, el radioteatro, el radiodocumental, las comedias radiales, entre otros, son el resultado de la continuidad de lo fundado en aquellos tiempos y que tienen el deber social de invitarnos a pensar y debatir estos tiempos de hoy.

En suma, Reynaldo González indudablemente ha alcanzado y cimentado una dimensión otra como artista y crítico cultural, que este texto que hoy presentamos viene a ratificar. Es esa condición que casi siempre le ha sido ajena a autores como Benjamín, Adorno, Horkheimer o Hall, y que hacen de Reynaldo para suerte nuestra, un ilustrado tropical o lo que es igual un jodedor ilustrado.

Palabras de presentación del libro El más humano de los autores, de Reynaldo González.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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