Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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La Feria... un humano derecho respetado en Cuba

Paquita Armas Fonseca • La Habana

 
Si los ingleses no hubieran atacado y tomado La Habana en el siglo XVIII, quizá la Feria del Libro hoy tendría otra sede. Porque ese imponente parque, sede desde el año 2000 de la gran fiesta de la literatura, nació como fortaleza debido a que la capital cubana era presa fácil de ataques marítimos.
 

Cuando los ingleses se retiraron, el rey Carlos III mandó a construir la fortaleza. Los trabajos comenzaron en 1763 y terminaron en 1774, luego que más de mil 700 esclavos  y prisioneros en su mayoría, sudaran a mares para edificar los fosos, las murallas, los fuertes, toda esa gran estructura militar que en su época fue la más avanzada de América Latina. Los planos fueron hechos por el ingeniero francés M. De Valliére con dibujos suministrados por M. Ricaud de Targale. El terreno lo donó Don Agustín de Sotolongo y las obras fueron dirigidas por el ingeniero militar Silvestre Abarca.
 

Por el nombre del monarca de la época y por el cerro lleno de cabañas tomó el nombre que aún conserva. Tiene un estilo ecléctico con influencias francesa, italiana y holandesa; su construcción costó 14 millones de duros, una verdadera fortuna para la época y en buena lid es un polígono de 420 metros de exteriores compuesto por baluartes, terrazas, caponeras, y revellines flanqueados, fosos, camino cubierto, cuarteles y almacenes que han tenido diversos usos.

Durante las guerras de independencia sirvió de prisión: por allí pasaron José Martí Pérez y Fermín Valdés Domínguez en 1870; el negro liberto José Antonio Aponte, en 1812, y el poeta Juan Clemente Zenea y Fornaris corrió la misma suerte en 1871.

En 1959 fue el lugar de la Comandancia de Ernesto Guevara, hoy esas habitaciones forman un museo. Luego de restaurar el recinto total, de 1986 a 1991, ha devenido el Parque Histórico Militar Morro-Cabaña, con una rica colección de armas antiguas que lo convierten en un espléndido museo y lugar donde se han enraizado tradiciones como la ceremonia del cañonazo.

Ya por nueve años ha sido escenario de las Ferias del Libro. Al principio no pocas objeciones recibió, pero hoy nadie imagina una Feria como la de La Habana fuera de La Cabaña.

Sus grandes extensiones sirven para que las visitas al parque sean en familias que además de comprar libros, pueden participar de conciertos, juegos para los más pequeños que van desde empinar papalotes hasta participar de las rondas de canciones clásicas.

Hay dos factores que ayudan a esas excursiones: el sistema de transporte fortalecido y las opciones gastronómicas en la propia instalación.

En esta edición hubo más de 260 editoriales representadas, Chile (con 46) y se destacan España, México y Perú, con la mayor presencia dentro del habla hispana. Se ocuparon más de 7 000 metros para el área de expoventa. Han asistido numerosos intelectuales invitados como el mexicano Paco Ignacio Taibo II y el noruego Jostein Gaarder, este último anduvo fascinado por la popularidad de la Feria.

En general, se han desarrollado más de 300 actividades que incluyen  eventos, seminarios y presentaciones de títulos, además de conciertos y muestras fotográficas y de la plástica.
 


Cuando termine la gran fiesta en La Cabaña, la Feria con los más de  mil títulos y unos siete millones de ejemplares, caminará por el resto del país, y en Ciudad de La Habana continuarán las ventas de libros en el Pabellón Cuba, el parque de La Maestranza y la Feria de Rancho Boyeros hasta el primero de marzo. Este año en el resto de Cuba de 42 localidades bajó a 16 debido a los destrozos económicos ocasionados por los huracanes en el 2008.
 

En cualquier otra nación, seguro que se habría eliminado de forma absoluta el jolgorio literario. La cultura es lo primero que restringen por causas económicas en sociedades que se precian de defender la libertad y los derechos humanos. Nuestro país, en ese sentido es un ejemplo: como no solo de pan vive el hombre, se han producido libros y se ha hecho su fiesta para alegrar el alma y que crezca el espíritu, como un humano derecho al que deberían acceder todos los terrícolas.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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