Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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ENCUENTRO CON ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR

Casa de las Américas: “Un bello pasado,
un presente creador y un futuro seguro”

Johanna Puyol • La Habana

 Fotos: Equipo de La Jiribilla

 


Cincuenta años de trabajo ininterrumpido y de excepcionales contribuciones como punto de encuentro de las culturas de toda Latinoamérica y el Caribe, hacen a la Casa de las Américas digna de los más altos homenajes, entre ellos los que ha recibido en esta XVIII Feria Internacional del Libro, que ha dedicado un extenso programa a la celebración del medio siglo de labor de tan prestigiosa institución.

No es de extrañar, asimismo, que un espacio dedicado a escritores y otras personalidades extranjeras de relevancia invitados a la Feria, como es Encuentro con..., diálogo conducido por Magda Resik, reciba de forma excepcional al poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, quien ha ejercido notablemente como presidente de la Casa de las Américas desde 1986 y es uno de los intelectuales más sólidos de la Isla, con una obra que es ya indispensable si se quiere reflexionar sobre la cultura pasada y presente del continente.
   

“Este no es un encuentro conmigo, es un encuentro con la Casa de las Américas”, aclaró con modestia al inicio mismo de la entrevista el autor de Caliban, y se concentró en lo adelante en la historia de la institución a la que dedicara la más grata e importante parte de su vida, según confesó —“Casa es un estado del alma”, citó en algún momento—, y en el carácter singular de su empeño integrador, renunciando con ello a la discusión de su obra personal, no de menor alcance.

Consecuente con tal afirmación, Retamar negó protagonismo y elogió la dirección colegiada y el eficaz equipo que actualmente hacen posibles las múltiples labores que enfrentan a diario. “La Casa no es una persona. Si alguna persona pudo ser la Casa, fue Haydée Santamaría”, afirmó sobre la fundadora que ha sido guía y ejemplo aun después de su muerte, con la que trabajó estrechamente desde que en 1965 se convirtiera en director de la revista Casa:

“Ella marcó para siempre con su impronta de fuego la Casa de las Américas: su audacia, su lealtad a la Revolución Cubana, su interés enorme por América Latina y el Caribe, su manera de combinar el rigor con la osadía... (...) La Casa ha ido creciendo en torno al núcleo que diseñó para siempre Haydée Santamaría. (...) Tenía una sensibilidad a flor de piel para las artes y la literatura. Yo diría que llevó a la Casa de las Américas, no la sabiduría académica que no tuvo ni le interesaba, sino la frescura de entrar en el mundo de la cultura sin anteojeras, sin prejuicios.”

La recordó como una inteligencia que desafiaba las normas y que luchó para preservar el espíritu creativo de la Casa enfrentando todo intento de censura o pensamiento dogmático.

Retamar también lamentó profundamente que Haydée no haya vivido para ver la nueva etapa que se abre en el continente, la unidad de los pueblos de Nuestra América que en gran medida ella hizo posible, como la hizo posible también el Che. Vivimos en un tiempo distinto, porque, como explicó complacido, “en estos momentos tenemos no solo buenas relaciones con escritores y artistas, sino también, lo que a menudo nos sorprende, buenas relaciones con los gobiernos, que es una novedad”.

La herencia de la Casa de las Américas se ha enriquecido con los años, ha ampliado sus miras para incluir el Caribe y otras zonas no hispanohablantes, y atesora las más variadas expresiones artísticas, tradicionales o contemporáneas, de prestigio o nacientes. Arrastra en esta pasión a sus fundadores y a los que se han sumado con el tiempo, intelectuales o no, creadores o no. Esa, reconoce Retamar, “es una de las razones por las cuales la Casa de las Américas tiene tal vitalidad, tal carácter vívido: porque sus tareas se acometen como se acometen las tareas de la creación artística”. También es una de las razones por las que el tiempo dedicado a la Casa no desmerece el dedicado a la creación personal.

A este equipo laborioso y en gran medida joven confió el futuro de la institución. Personas como Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias que organiza el Premio —“posiblemente la faena más importante”, reconoció Retamar—, tienen en sus manos el devenir de la Casa de las Américas. “Mientras cuente con compañeros como Jorge, como Caridad Tamayo, como Lourdes Benigni, sin nombrarlos a todos, está garantizado que la Casa tiene un porvenir. Casa de las Américas tiene un bello pasado, un presente creador y un futuro seguro”.

 

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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