Cincuenta años de trabajo
ininterrumpido y de
excepcionales contribuciones
como punto de encuentro de las
culturas de toda Latinoamérica y
el Caribe, hacen a la Casa de
las Américas digna de los más
altos homenajes, entre ellos los
que ha recibido en esta XVIII
Feria Internacional del Libro,
que ha dedicado un extenso
programa a la celebración del
medio siglo de labor de tan
prestigiosa institución.
No es de extrañar, asimismo, que
un espacio dedicado a escritores
y otras personalidades
extranjeras de relevancia
invitados a la Feria, como es
Encuentro con..., diálogo
conducido por Magda Resik,
reciba de forma excepcional al
poeta y ensayista Roberto
Fernández Retamar, quien ha
ejercido notablemente como
presidente de la Casa de las
Américas desde 1986 y es uno de
los intelectuales más sólidos de
la Isla, con una obra que es ya
indispensable si se quiere
reflexionar sobre la cultura
pasada y presente del
continente.
|
 |
“Este no es un encuentro
conmigo, es un encuentro con la
Casa de las Américas”, aclaró
con modestia al inicio mismo de
la entrevista el autor de
Caliban, y se concentró en
lo adelante en la historia de la
institución a la que dedicara la
más grata e importante parte de
su vida, según confesó —“Casa es
un estado del alma”, citó en
algún momento—, y en el carácter
singular de su empeño
integrador, renunciando con ello
a la discusión de su obra
personal, no de menor alcance.
Consecuente con tal afirmación,
Retamar negó protagonismo y
elogió la dirección colegiada y
el eficaz equipo que actualmente
hacen posibles las múltiples
labores que enfrentan a diario.
“La Casa no es una persona. Si
alguna persona pudo ser la Casa,
fue Haydée Santamaría”, afirmó
sobre la fundadora que ha sido
guía y ejemplo aun después de su
muerte, con la que trabajó
estrechamente desde que en 1965
se convirtiera en director de la
revista Casa:
“Ella marcó para siempre con su
impronta de fuego la Casa de las
Américas: su audacia, su lealtad
a la Revolución Cubana, su
interés enorme por América
Latina y el Caribe, su manera de
combinar el rigor con la
osadía... (...) La Casa ha ido
creciendo en torno al núcleo que
diseñó para siempre Haydée
Santamaría. (...) Tenía una
sensibilidad a flor de piel para
las artes y la literatura. Yo
diría que llevó a la Casa de las
Américas, no la sabiduría
académica que no tuvo ni le
interesaba, sino la frescura de
entrar en el mundo de la cultura
sin anteojeras, sin prejuicios.”
La recordó como una inteligencia
que desafiaba las normas y que
luchó para preservar el espíritu
creativo de la Casa enfrentando
todo intento de censura o
pensamiento dogmático.
Retamar también lamentó
profundamente que Haydée no haya
vivido para ver la nueva etapa
que se abre en el continente, la
unidad de los pueblos de Nuestra
América que en gran medida ella
hizo posible, como la hizo
posible también el Che. Vivimos
en un tiempo distinto, porque,
como explicó complacido, “en
estos momentos tenemos no solo
buenas relaciones con escritores
y artistas, sino también, lo que
a menudo nos sorprende, buenas
relaciones con los gobiernos,
que es una novedad”.
La herencia de la Casa de las
Américas se ha enriquecido con
los años, ha ampliado sus miras
para incluir el Caribe y otras
zonas no hispanohablantes, y
atesora las más variadas
expresiones artísticas,
tradicionales o contemporáneas,
de prestigio o nacientes.
Arrastra en esta pasión a sus
fundadores y a los que se han
sumado con el tiempo,
intelectuales o no, creadores o
no. Esa, reconoce Retamar, “es
una de las razones por las
cuales la Casa de las Américas
tiene tal vitalidad, tal
carácter vívido: porque sus
tareas se acometen como se
acometen las tareas de la
creación artística”. También es
una de las razones por las que
el tiempo dedicado a la Casa no
desmerece el dedicado a la
creación personal.
|
 |
A este equipo laborioso y en
gran medida joven confió el
futuro de la institución.
Personas como Jorge Fornet,
director del Centro de
Investigaciones Literarias que
organiza el Premio
—“posiblemente la faena más
importante”, reconoció Retamar—,
tienen en sus manos el devenir
de la Casa de las Américas.
“Mientras cuente con compañeros
como Jorge, como Caridad Tamayo,
como Lourdes Benigni, sin
nombrarlos a todos, está
garantizado que la Casa tiene un
porvenir. Casa de las Américas
tiene un bello pasado, un
presente creador y un futuro
seguro”. |